El
20 de julio es para los colombianos lo que
el 19 de abril de 1810 para los venezolanos.
Marca, con un valeroso grito de independencia,
la hora cero de una gesta que comienza a
correr las manecillas del reloj de la historia
patria. El deseo de la independencia absoluta
y el propósito de instaurar instituciones
políticas avanzadas con base en la
libertad, la igualdad, la representación
democrática van a animar los sueños,
los heroísmos, los sacrificios de
una patria grande, emprendedora, soberana.
Allá como acá el himno patrio
recuerda el difícil parto, ese "surco
de dolores que el bien germina", pero
también canta "su gloria inmarcesible,
su júbilo inmortal". Y allá
como acá, la bandera patria es santa,
flote en las manos que flotare, bajo cuyos
pliegues tricolores nos arropamos los que
están cerca y los que están
lejos, éstos con mayor nostalgia
de la madre ausente.
•
Hace poco un columnista de El Nacional,
Bruno Scheuren (venezolano de ascendencia
europea) escribió "Nos duele
Colombia " (25 junio 1999). Expresión
sincera que sale de quienes nos quieren
bien y se solidarizan con quienes sufrimos
por la coyuntura actual del país.
Cuando una familia sufre por alguna penalidad,
cualquier gesto de solidaridad y cualquier
palabra de comprensión es bienvenida
y se valora más que en circunstancias
normales. Hace 15 días, Mayra González,
la hija de 21 años del ingeniero
secuestrado en el avión de Avianca
por el ELN y que había fallecido
la semana anterior en manos de la guerrilla,
debido a un ataque cardíaco, leyó
un sentido y tembloroso mensaje que decía:
"Mucha gente se pregunta por qué
estamos presentes, si mi papá ya
está muerto. ESTAMOS AQUI PORQUE
NOS DUELE COLOMBIA, y porque queremos hacer
que todos repitan: no más secuestros,
no más desaparecidos". |
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•
Cuando aquí en Venezuela, miles de
corazones vibran al unísono con 10
millones de electores colombianos que en
1.077 municipios depositan su voto para
elegir democráticamente sus autoridades,
desafiando la intimidación y las
balas de 20.000 subversivos, el corazón
de la patria se agiganta. Cuando millares
de pañuelos blancos se agitan como
palomas de paz a la par con esos 800.000
que hace 2 semanas revolotearon como espumas
marinas a lo largo de las principales avenidas
de Bogotá, Cali, Bucaramanga, Valledupar,
Barranquilla..., exigiendo que la guerrilla
deshumanizada libere, cuanto antes y sin
pago de rescate, el total de secuestrados
del avión de Avianca, de la capilla
de Santa María en el Jardín,
del club de pesca náutica, y suelten
a los 4.200 secuestrados que todavía
retienen criminalmente contra todo Derecho
Humano Internacional, el horizonte de la
patria aclara sus nubarrones y presiente
el triunfo de las grandes mayorías
pacíficas del país sobre una
ínfima minoría violenta. Cuando
nuestros hermanos venezolanos se movilizaron
pronta y generosamente para enviar ayuda
humanitaria a Armenia y Pereira en el pasado
desastre telúrico que dejó
100.000 hogares derruídos y se indignan
justificadamente frente al reguero de ataudes
que día a día están
convirtiendo los campos fértiles
de Colombia en camposantos, se acrecienta
la voluntad colectiva de esos 40 millones
de compatriotas que no están dispuestos
a dejarse amortajar por una minoría
armada, resentida y apátrida, que
ya no tienen de revolucionarios sino el
apelativo desteñido, 20.000 ilusos,
con torva vocación de sepultureros
de un gran país. Nos duele Colombia,
sí! Pero el dolor solidariamente
compartido por nuestros hermanos y hermanas
venezolanos es señal de esa Fe grande,
que mueve montañas, y de esa gran
Esperanza, que abre caminos de solución.
Entre todos lograremos que Colombia vuelva
a ser lo que es y debe ser. El mal y las
tinieblas pueden tener su hora; pero el
bien y la justicia y la paz tienen su día
!
•
Y es que Colombia no es solamente esa retahila
diaria de crímenes, asaltos a pueblos
inocentes, secuestros de propíos
y extraños, voladuras de oleoductos,
asesinatos de antropólogos americanos,
exterminio (usando bombonas de gas como
bombas) de pequeñas comisarías
de policía que no hacen sino cumplir
su deber en poblaciones apartadas del territorio.
Colombia es también la tierra nutricia
de personajes contemporáneos como
García Márquez y Alvaro Mutis
(escritores); Fernando Botero, Alejandro
Obregón, Grau (pintores); Elkyn Patarroyo
y Llinás (científicos); Puyana
(clavincelista); Shakira, Carlos Vives (cantantes);
Sergio Cabrera (director de cine); Bonilla,
Zambrano, Montañito (relevos de fútbol);
Juan Pablo Montoya (corredor internacional
de autos)...La otra Colombia es el país
joven, lleno de recursos, de gente trabajadora
y entusiasta, que genera nuevos campos de
acción y mira su futuro con optimismo,
la que construye con laboriosidad un porvenir
mejor, a pesar de las actuales ataduras
limitantes.
•
Hoy, fijando la mirada ante la estatua del
Libertador que preside nuestra Plaza, ante
ese "hombre de las dificultades",
que a través de ellas supo alcanzar
las victorias, y teniendo al fondo como
telón la Fe cristiana de un pueblo
que de piedras contruye catedrales y con
vitrales escalinatas de eternidad, los aquí
colombianos seguimos apostando por el futuro..
Colombia pasa otro mal momento. Pero no
es el Apocalipsis.
Colombia es un país que ha mostrado
con hechos -por más de 90 años-
que sabe salir adelante de las situaciones
más negativas y conflictivas, situaciones
que para otros pueblos serían sencillamente
apabullantes. Los tropiezos de ahora no
son superiores a los que ha superado años
atrás. Colombia tiene una vitalidad
tropical de selva tupida y una salud de
liana trepadora, que ahoga saludablemente
los peores pronósticos. De los males
sabe sacar bienes y de los bienes un futuro
mejor. No existe nada irremediable. Colombia
tiene energías para superar sus limitaciones
y puede dar respuestas positivas. Colombia
es un país que, a pesar de lo presente
y del miedo actual, cree en el porvenir
!
20
de julio de 1999 |