Colombia : Fortalezas y desafíos
Logo Enrique Neira

 

 

     

UN PAÍS DE VITALIDAD TROPICAL

Colombia es un país que ha mostrado con hechos -por 100 años- que sabe salir adelante de las situaciones más negativas y conflictivas, situaciones que para otros pueblos serían sencillamente apabullantes. Los tropiezos de ahora no son superiores a los que ha superado años atrás, desde 1902. Colombia tiene una vitalidad tropical de selva tupida y una salud de liana trepadora, que ahoga saludablemente los peores pronósticos. De los males sabe sacar bienes y de los bienes un futuro mejor. No existe nada irremediable. Colombia tiene energías para superar sus limitaciones y puede dar respuestas positivas. Colombia es un país que, a pesar de lo presente y del miedo actual, cree en el porvenir! El Estado colombiano para atender a sus 45 millones de habitantes no tiene los enormes recursos de Venezuela. Pero no es ciertamente el escenario de un supuesto apocalipsis, aunque tampoco el de un bello paraíso a mediano plazo. En confirmación de lo anterior, quisiera hoy participar a mis lectores los resultados de un volumen que me acaba de llegar, titulado “Fortalezas de Colombia” (Fernando Cepeda Ulloa, editor, Bogotá, Editorial Ariel 2005, solicitable a Tower Records Colombia).

 

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ALGUNOS ASPECTOS POSITIVOS

Varios especialistas hacen una presentación seria, en 13 capítulos, de factores reales que se dan en la sociedad colombiana y que podrían aportar algo para armar una respuesta, siempre inacabada, a la pregunta clave: ¿por qué Colombia ha sido capaz de mantenerse como un Estado democrático, con un apreciable desarrollo económico y social, no obstante el desafío de guerrillas, terroristas, carteles armados que trafican drogas ilícitas, clientelismo, corrupción y altos niveles de inequidad social y de concentración de la propiedad? Es curioso, pero ninguno alude a los grandes recursos naturales (que también los hay) y mucho menos a la dotación militar que el Estado ha acumulado para su supervivencia interna, en pie de fuerza de las tres armas, en flotillas de Blackhawk y MI, en sofisticados medios de comunicación y espionaje. Esto parece no interesarles en la obra colectiva. Subrayamos solamente algunos de los aspectos presentados por ellos, dada nuestra limitación de espacio.

La tradición civilista
Para Malcolm Deas distinguido historiador de la Universidad de Oxford, Colombia ha tenido una larga tradición de subordinación política y social del elemento militar al civil, sin guerras con los vecinos o intervenciones imperialistas. No quiere ello decir que no haya habido sectarismo bajo algunos gobiernos civiles.

La tradición electoral
El historiador Eduardo Posada Carbó subraya una “tradición longeva y persistente” en Colombia en la que el sufragio ha sido el elemento clave para la conformación del poder. El sistema ha sido competitivo desde los orígenes mismos de la República. El recuento histórico no deja dudas al respecto. Rómulo Betancourt llamó a Colombia “la universidad electoral de América Latina”. En el siglo pasado, fue el país no sólo en las Américas sino en todo el mundo donde más elecciones o comicios generales hubo, para un promedio de uno cada dos años. La transferencia pacífica del poder es parte de la notable historia democrática colombiana.

La tradición de libertad de expresión
El historiador Jorge Orlando Melo afirma que en la historia colombiana, los esfuerzos de los diversos gobiernos por reducir la crítica o someter a los periódicos han fracasado repetidamente. Los más dramáticos intentos para restringir la libertad de los medios provienen no del Gobierno sino de grupos sociales (carteles de la droga, guerrillas, paramilitares).

La tradición partidista.
Para Mónica Pachón, el Congreso y los partidos en el nivel nacional representan una de las fortalezas institucionales más importantes del país. Y las nuevas normativas de la reforma política, que comenzarán a aplicarse para las elecciones del próximo Octubre reducirán la fragmentación y obligarán a reorganizarse y fortalecerse los partidos como insustituibles vehículos de la democracia.

Defensa del Derecho Internacional
Para Rodrigo Pardo (quien fuera Embajador en Caracas y Ministro de Relaciones Exteriores), la política exterior colombiana está también permeada por una larga tradición jurídica. Por eso “se basa en la defensa del derecho internacional”. “Su política internacional tiene otro gran hilo conductor y es la de buscar que sus relaciones con el mundo contribuyan al fortalecimiento del sistema democrático”. El Estado débil colombiano ha querido reforzarse, pero no por la vía de incrementar su Fuerza Pública. Ha buscado alianzas internacionales que le ayuden a confrontar lo que han sido sus grandes enemigos: el comunismo en los años 60 y 70, el problema de las drogas en los 80 y 90, y el terrorismo en este nuevo siglo. Como estos tres han sido los ejes importantes de la política exterior de EUA, la coincidencia es grande y explica la Hoja de ruta de Colombia apegada a la de Estados Unidos.

La transformación de Bogotá
Es una vitrina o espejo del proceso integral modernizador en que viene empeñado todo el país. Otras cuatro grandes ciudades están siguiendo el modelo: Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga Cinco administraciones capitalinas (Castro, Mockus, Peñaloza, Mockus, Garzón), de diferentes ideologías políticas, han venido siguiendo -con seriedad y honestidad- una bien diseñada planeación que le ha dado a Bogotá un estatuto jurídico-organizativo, financiación suficiente, recuperación del espacio público, reducción de la inseguridad, vialidad y transporte masivo, vivienda y servicios públicos, red de centros de salud, bibliotecas, colegios, parques y actividades culturales que llegan a los sectores populares. Para Julio Dávila, profesor de la Universidad de Londres, la transformación de la que fuera una ciudad-jungla y hoy es una metrópoli, bella, organizada, impactante y acogedora (¡basta visitarla!) se debe a un proceso continuado de profundos cambios sociales y materiales, bajo la batuta de burgomaestres innovativos y el apoyo fundamental de la ciudadanía.

Promoción de la mujer
En este campo son innegables los avances que ha obtenido Colombia, como lo reseñan estudios internacionales al estilo del realizado por The Women’s Leaderships Conference of the Americas en lo referente a su incorporación al ejercicio del poder político y en la administración pública. Para María Consuelo Cárdenas, el comportamiento de la mujer colombiana va logrando el equilibrio entre el excelente desempeño profesional y el balance hogar-trabajo, que permite ubicarla en la categoría de “la tercera mujer”, según la nomenclatura del filósofo francés Gilles Lipovetsky.

Desarrollo y empresariado
La llamada “década perdida” para todos los países de América Latina (años 80) no lo fue para Colombia. Registró una de las más altas tasas de crecimiento. Y sin ingentes ingresos petroleros, pero con su ‘nadadito de perro’, sigue hacia la orilla del desarrollo sin retroceder. Para Carlos Caballero, “entre los años treinta y finales del siglo XX, la economía colombiana creció de manera sostenida, a un ritmo promedio de 4,5% anual”. Colombia comparte con Brasil y Argentina la designación como uno de los países que cuentan con un mayor número de profesionales competentes, principalmente en los niveles corporativos más altos.

¿Dos revoluciones en una sola?
Se usa y abusa del término ‘revolución’. Una verdadera revolución es algo muy serio y de gran aliento. No es un juego de improvisación ni una aventura de aficionados. Requiere como mínimo tres ingredientes para ser, para hacerse y mantenerse: 1) Un nuevo orden que implica una ruptura radical con el anterior. 2) Un tipo de organización popular. 3) Un largo camino de formación ideológica y política de sus líderes, mandos medios y masas populares. En toda la historia de Colombia independiente no ha habido una sóla revolución. Por ello, se abusa del término generosamente cuando un grupo de especialistas, reunidos en Boston debatieron en un programa del canal 7 de TV –bajo la batuta de su conductor Alberto Vasallo- sobre la actual realidad “revolucionaria” de Colombia. Tomémoslo apenas como un deseo de subrayar ciertas tendencias fuertes de innovación y reformas que se están dando en el país vecino, en una coyuntura de buen liderazgo nacional –como es el del actual presidente Alvaro Uribe Vélez-, pero que no son propiamente ‘revoluciones’.

Transformación en los controles de mando
Cuando una comunidad entiende que su futuro está en sus manos y actúa consecuentemente, comienzan a verse comportamientos que se salen de lo ordinario. Las 110.000 entidades hoy existentes sin ánimo de lucro, los cientos de organizaciones no gubernamentales, las instancias de resistencia cívica frente a los grupos narco terroristas como la de los indios paeces en Cauca, las microempresas familiares por todas partes, los colegios en concesión en Bogotá, los consejos comunitarios semanales del actual gobierno, la gestión empresarial rompeparadigmas en industrias de software, moda internacional, palma africana y banano, son una muestra. Hay una fiebre de lo que comienza a llamarse ‘empoderamiento’, cuya temperatura va subiendo en Colombia .

Transformación cultural
Lleva ya un par de décadas y viene como reacción del país al conflicto interno. Son 50 años de conflicto desgarrador, con curvas elevadas de violencia, que han creado en Colombia y en los colombianos un espíritu emprendedor e innovador en el área cultural. Es un surplus de alma nacional y cultural que tiene una fuerza catalizadora inmensa, pues genera un efecto espejo que cambia la autoestima de un pueblo, con todas sus consecuencias buenas en laboriosidad, ahorro, desempeño profesional, organización social, confianza para las inversiones productivas. Nombres como García Márquez, Botero, Shakira y Juanes, Once Caldas, Silvia Tcherassi, Fanny Mickey, Betty la Fea, Catalina Sabino son apenas hitos de este mar en alza.

28 febrero 2005