| ALGUNOS
ASPECTOS POSITIVOS
Varios
especialistas hacen una presentación
seria, en 13 capítulos, de factores
reales que se dan en la sociedad colombiana
y que podrían aportar algo para armar
una respuesta, siempre inacabada, a la pregunta
clave: ¿por qué Colombia ha
sido capaz de mantenerse como un Estado
democrático, con un apreciable desarrollo
económico y social, no obstante el
desafío de guerrillas, terroristas,
carteles armados que trafican drogas ilícitas,
clientelismo, corrupción y altos
niveles de inequidad social y de concentración
de la propiedad? Es curioso, pero ninguno
alude a los grandes recursos naturales (que
también los hay) y mucho menos a
la dotación militar que el Estado
ha acumulado para su supervivencia interna,
en pie de fuerza de las tres armas, en flotillas
de Blackhawk y MI, en sofisticados medios
de comunicación y espionaje. Esto
parece no interesarles en la obra colectiva.
Subrayamos solamente algunos de los aspectos
presentados por ellos, dada nuestra limitación
de espacio.
La
tradición civilista
Para Malcolm Deas distinguido historiador
de la Universidad de Oxford, Colombia ha
tenido una larga tradición de subordinación
política y social del elemento militar
al civil, sin guerras con los vecinos o
intervenciones imperialistas. No quiere
ello decir que no haya habido sectarismo
bajo algunos gobiernos civiles.
La
tradición electoral
El historiador Eduardo Posada Carbó
subraya una “tradición longeva
y persistente” en Colombia en la que
el sufragio ha sido el elemento clave para
la conformación del poder. El sistema
ha sido competitivo desde los orígenes
mismos de la República. El recuento
histórico no deja dudas al respecto.
Rómulo Betancourt llamó a
Colombia “la universidad electoral
de América Latina”. En el siglo
pasado, fue el país no sólo
en las Américas sino en todo el mundo
donde más elecciones o comicios generales
hubo, para un promedio de uno cada dos años.
La transferencia pacífica del poder
es parte de la notable historia democrática
colombiana.
La
tradición de libertad de expresión
El historiador Jorge Orlando Melo afirma
que en la historia colombiana, los esfuerzos
de los diversos gobiernos por reducir la
crítica o someter a los periódicos
han fracasado repetidamente. Los más
dramáticos intentos para restringir
la libertad de los medios provienen no del
Gobierno sino de grupos sociales (carteles
de la droga, guerrillas, paramilitares).
La
tradición partidista.
Para Mónica Pachón, el Congreso
y los partidos en el nivel nacional representan
una de las fortalezas institucionales más
importantes del país. Y las nuevas
normativas de la reforma política,
que comenzarán a aplicarse para las
elecciones del próximo Octubre reducirán
la fragmentación y obligarán
a reorganizarse y fortalecerse los partidos
como insustituibles vehículos de
la democracia.
Defensa
del Derecho Internacional
Para Rodrigo Pardo (quien fuera Embajador
en Caracas y Ministro de Relaciones Exteriores),
la política exterior colombiana está
también permeada por una larga tradición
jurídica. Por eso “se basa
en la defensa del derecho internacional”.
“Su política internacional
tiene otro gran hilo conductor y es la de
buscar que sus relaciones con el mundo contribuyan
al fortalecimiento del sistema democrático”.
El Estado débil colombiano ha querido
reforzarse, pero no por la vía de
incrementar su Fuerza Pública. Ha
buscado alianzas internacionales que le
ayuden a confrontar lo que han sido sus
grandes enemigos: el comunismo en los años
60 y 70, el problema de las drogas en los
80 y 90, y el terrorismo en este nuevo siglo.
Como estos tres han sido los ejes importantes
de la política exterior de EUA, la
coincidencia es grande y explica la Hoja
de ruta de Colombia apegada a la de Estados
Unidos.
La transformación de Bogotá
Es una vitrina o espejo del proceso integral
modernizador en que viene empeñado
todo el país. Otras cuatro grandes
ciudades están siguiendo el modelo:
Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga
Cinco administraciones capitalinas (Castro,
Mockus, Peñaloza, Mockus, Garzón),
de diferentes ideologías políticas,
han venido siguiendo -con seriedad y honestidad-
una bien diseñada planeación
que le ha dado a Bogotá un estatuto
jurídico-organizativo, financiación
suficiente, recuperación del espacio
público, reducción de la inseguridad,
vialidad y transporte masivo, vivienda y
servicios públicos, red de centros
de salud, bibliotecas, colegios, parques
y actividades culturales que llegan a los
sectores populares. Para Julio Dávila,
profesor de la Universidad de Londres, la
transformación de la que fuera una
ciudad-jungla y hoy es una metrópoli,
bella, organizada, impactante y acogedora
(¡basta visitarla!) se debe a un proceso
continuado de profundos cambios sociales
y materiales, bajo la batuta de burgomaestres
innovativos y el apoyo fundamental de la
ciudadanía.
Promoción
de la mujer
En este campo son innegables los avances
que ha obtenido Colombia, como lo reseñan
estudios internacionales al estilo del realizado
por The Women’s Leaderships Conference
of the Americas en lo referente a su
incorporación al ejercicio del poder
político y en la administración
pública. Para María Consuelo
Cárdenas, el comportamiento de la
mujer colombiana va logrando el equilibrio
entre el excelente desempeño profesional
y el balance hogar-trabajo, que permite
ubicarla en la categoría de “la
tercera mujer”, según la nomenclatura
del filósofo francés Gilles
Lipovetsky.
Desarrollo y empresariado
La llamada “década perdida”
para todos los países de América
Latina (años 80) no lo fue para Colombia.
Registró una de las más altas
tasas de crecimiento. Y sin ingentes ingresos
petroleros, pero con su ‘nadadito
de perro’, sigue hacia la orilla del
desarrollo sin retroceder. Para Carlos Caballero,
“entre los años treinta y finales
del siglo XX, la economía colombiana
creció de manera sostenida, a un
ritmo promedio de 4,5% anual”. Colombia
comparte con Brasil y Argentina la designación
como uno de los países que cuentan
con un mayor número de profesionales
competentes, principalmente en los niveles
corporativos más altos.
¿Dos
revoluciones en una sola?
Se usa y abusa del término ‘revolución’.
Una verdadera revolución es algo
muy serio y de gran aliento. No es un juego
de improvisación ni una aventura
de aficionados. Requiere como mínimo
tres ingredientes para ser, para hacerse
y mantenerse: 1) Un nuevo orden que implica
una ruptura radical con el anterior. 2)
Un tipo de organización popular.
3) Un largo camino de formación ideológica
y política de sus líderes,
mandos medios y masas populares. En toda
la historia de Colombia independiente no
ha habido una sóla revolución.
Por ello, se abusa del término generosamente
cuando un grupo de especialistas, reunidos
en Boston debatieron en un programa del
canal 7 de TV –bajo la batuta de su
conductor Alberto Vasallo- sobre la actual
realidad “revolucionaria” de
Colombia. Tomémoslo apenas como un
deseo de subrayar ciertas tendencias fuertes
de innovación y reformas que se están
dando en el país vecino, en una coyuntura
de buen liderazgo nacional –como es
el del actual presidente Alvaro Uribe Vélez-,
pero que no son propiamente ‘revoluciones’.
Transformación
en los controles de mando
Cuando una comunidad entiende que su futuro
está en sus manos y actúa
consecuentemente, comienzan a verse comportamientos
que se salen de lo ordinario. Las 110.000
entidades hoy existentes sin ánimo
de lucro, los cientos de organizaciones
no gubernamentales, las instancias de resistencia
cívica frente a los grupos narco
terroristas como la de los indios paeces
en Cauca, las microempresas familiares por
todas partes, los colegios en concesión
en Bogotá, los consejos comunitarios
semanales del actual gobierno, la gestión
empresarial rompeparadigmas en industrias
de software, moda internacional, palma africana
y banano, son una muestra. Hay una fiebre
de lo que comienza a llamarse ‘empoderamiento’,
cuya temperatura va subiendo en Colombia
.
Transformación
cultural
Lleva ya un par de décadas y viene
como reacción del país al
conflicto interno. Son 50 años de
conflicto desgarrador, con curvas elevadas
de violencia, que han creado en Colombia
y en los colombianos un espíritu
emprendedor e innovador en el área
cultural. Es un surplus de alma nacional
y cultural que tiene una fuerza catalizadora
inmensa, pues genera un efecto espejo que
cambia la autoestima de un pueblo, con todas
sus consecuencias buenas en laboriosidad,
ahorro, desempeño profesional, organización
social, confianza para las inversiones productivas.
Nombres como García Márquez,
Botero, Shakira y Juanes, Once Caldas, Silvia
Tcherassi, Fanny Mickey, Betty la Fea, Catalina
Sabino son apenas hitos de este mar en alza.
28
febrero 2005 |