| El
gobierno de Colombia está presionado
por los dos flancos. Está, por un
lado, contra un muro de tapia, fundamentalista
y endurecido, pero excesivamente armado
y chantajista, que sueña con hacer
regresar a Colombia al mundo agrario de
los años 60. Y por el otro lado,
tintinean a su alrededor los sables y se
le ha retirado un apoyo parlamentario de
liberales e independientes, cuestionando
ambas fuerzas su manejo arrogante y palaciego
de un proceso de paz en el que el Estado
colombiano ha venido entregando demasiado
sin las contrapartidas guerrilleras que
lo hagan por lo menos verosímil.
Es evidente que el proceso de paz no avanza
y que el Presidente no tiene casi nada que
mostrar a cambio de sus preferenciales atenciones
para con Tirofijo. Al proceso le ha faltado
concertación, participación
y consulta. La coyuntura del país
se agrieta a ritmo alarmante. El Presidente
Pastrana debe, con toda su autoridad e imaginación,
reasumir la conducción personal del
proceso de paz o se convertirá en
otra nueva frustración, peor que
las anteriores.
Tras
ponderar la dinámica de la guerrilla
y la dinámica de la paz, podemos
intentar un balance. Dado el especial tratamiento
que ha dado Pastrana a las FARC, los otros
actores se han sentido preteridos y desplazados.
El ELN ha reaccionado con un pataleo demente
de secuestros y asesinatos de inocentes
pescadores, de viajeros en avión,
de feligreses en una Misa católica.
Las autodefensas (AUC) han escalado también
su guerra sucia que produjo el secuestro
de la senadora Piedad Córdoba y la
estampida de la población de La Gabarra
hacia la frontera con Venezuela. Y las mismas
Fuerzas Armadas tuvieron que "posicionarse"
con elegancia civilista y relativa suavidad,
a pesar de que les asistía la razón.
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| Observando
procesos similares de negociación
de conflictos - como los efectuados en Guatemala,
Irlanda, Palestina y el mismo Kosovo ahora-,
podemos advertir -con el analista liberal
Hernando Gómez Buendía- que
cuando los actores del conflicto sienten
que se acerca la hora de negociar en serio,
tienen por delante dos reacciones predecibles.
Una es "posicionarse" para llegar
al diálogo con más fuerza,
con cartas de mayor peso en la mano. Y otra
es "dividirse" entre una línea
blanda, que se inclina por pactar, y una
línea dura, que se resiste a hacerlo.
Las FARC están divididas entre una
línea "política"
que encabeza el viejo Marulanda, y otra
"militarista" y provocadora que
encarna "Mono Jojoy" (Jorge Briceño).
El asesinato aleve de los americanos indigenistas
junto al Arauca no puede explicarse sino
como un torpedo de los duros contra los
blandos. Tras la muerte del "cura Pérez",
el ELN quedó dividido entre la linea
"guerrerista" de "Gabino"
y la línea blanda de los altos jefes
elenos que el gobierno tiene en la cárcel
de Itaguí con celular en mano. Pueden
proyectarse para el país dos escenarios
posibles. Otro tercero, pragmático
y de corte norteamericano, que atendería
sólo a controlar la producción
y comercialización de la cocaina
en una como especie de "república
independiente" de las FARC (estilo
zona del canal de Panamá), lo trataremos
en otra oportunidad.
ESCENARIOS
•
1. OPTIMISTA. La "parada"
a tiempo de los militares estaría
más bien fortaleciendo el proceso
de negociación. Ayudaría a
que las FARC asuman que mantener una posición
dura e intransigente, como la que han venido
adoptando, acrecienta el espacio de opinión
nacional que está francamente en
contra del proceso y debilita al Presidente,
que no va a darse "la pela" por
ellos. En este escenario podrían
darse avances en la negociación,
precisiones en la zona de despeje y permitir
una rápida negociación sobre
la agenda nacional (en menos de dos años)
que permita la desmovilización de
los actores armados ( guerrillas y autodefensas)
y siente las bases para un ambicioso proyecto
de reconstrucción nacional y una
efectiva ampliación de la democracia
social. En este escenario, el Gobierno reconstruiría
un clima de confianza en el proceso, insistiría
en lograr acuerdos parciales a corto plazo;
prevendría posibles abusos en la
zona de despeje y mantendría una
comunicación interna ágil
con la institución militar. Se agilizaría
una negociación parcelada, primero
con el ELN y posteriormente con las FARC,
y un proceso paralelo para solucionar el
problema de las autodefensas. El proceso
de paz habría que apalancarlo mucho
más contundentemente sobre la sociedad
civil colombiana, que está ya conciente,
organizada, fuertemente sensibilizada y
pronta a movilizarse. Es un escenario posible,
pero a mediano plazo y luce bastante utópico,
dado el comportamiento de una guerrilla
que se siente " por ahora" confiada,
altanera y sin prisa.
•
2. PESIMISTA. Un total
deterioro de la confianza entre las partes
y un endurecimiento en la negociación.
Las FARC supondrían que el Presidente
cedió mucho a los militares como
contraprestación para solucionar
la crisis interna, y tratarían de
poner a prueba, a corto plazo, el compromiso
presidencial con la paz. Insistirían
aún más en pedir el canje
de soldados secuestrados por guerrilleros
encarcelados. Por otra parte, la opinión
nacional, cansada del discurso pacifista
por un lado y el accionar guerrerista por
el otro, de que sigue dando muestra la guerrilla,
favorecería un endurecimiento de
las acciones militares ( y quizás
también de las paramilitares) con
miras a propinar golpes contundentes en
las finanzas, organización, comunicaciones
y comandos guerrilleros, antes de llevarlos
a una mesa de negociaciones en condición
realista y de inferioridad -como lo hizo
Caldera en su primer gobierno y acaban de
hacer Clinton y la Otan con Milosevic. Podrían
ser diez años más de "guerra",
pero se justificaría para el país
entero si se logra finalmente una desmovilización
de la subversión armada, sin entregarles
el país, y una posterior reconstrucción
nacional. El P. Humberto Cadavid, párroco
de la iglesia de la María, en Cali,
profanada por la columna subversiva, víctima
él mismo de la despiadada acción,
afirmó con dignidad ante las cámaras
de tv. que "el Estado colombiano está
secuestrado". No son solamente los
feligreses, los viajeros, los pescadores,
los civiles, los policías. Es el
país entero el que debe romper las
cadenas y liberarse al precio que sea.
21
de junio de 1998 |