Dos Escenarios
Logo Enrique Neira

 

 

     

El gobierno de Colombia está presionado por los dos flancos. Está, por un lado, contra un muro de tapia, fundamentalista y endurecido, pero excesivamente armado y chantajista, que sueña con hacer regresar a Colombia al mundo agrario de los años 60. Y por el otro lado, tintinean a su alrededor los sables y se le ha retirado un apoyo parlamentario de liberales e independientes, cuestionando ambas fuerzas su manejo arrogante y palaciego de un proceso de paz en el que el Estado colombiano ha venido entregando demasiado sin las contrapartidas guerrilleras que lo hagan por lo menos verosímil. Es evidente que el proceso de paz no avanza y que el Presidente no tiene casi nada que mostrar a cambio de sus preferenciales atenciones para con Tirofijo. Al proceso le ha faltado concertación, participación y consulta. La coyuntura del país se agrieta a ritmo alarmante. El Presidente Pastrana debe, con toda su autoridad e imaginación, reasumir la conducción personal del proceso de paz o se convertirá en otra nueva frustración, peor que las anteriores.

Tras ponderar la dinámica de la guerrilla y la dinámica de la paz, podemos intentar un balance. Dado el especial tratamiento que ha dado Pastrana a las FARC, los otros actores se han sentido preteridos y desplazados. El ELN ha reaccionado con un pataleo demente de secuestros y asesinatos de inocentes pescadores, de viajeros en avión, de feligreses en una Misa católica. Las autodefensas (AUC) han escalado también su guerra sucia que produjo el secuestro de la senadora Piedad Córdoba y la estampida de la población de La Gabarra hacia la frontera con Venezuela. Y las mismas Fuerzas Armadas tuvieron que "posicionarse" con elegancia civilista y relativa suavidad, a pesar de que les asistía la razón.

 

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Observando procesos similares de negociación de conflictos - como los efectuados en Guatemala, Irlanda, Palestina y el mismo Kosovo ahora-, podemos advertir -con el analista liberal Hernando Gómez Buendía- que cuando los actores del conflicto sienten que se acerca la hora de negociar en serio, tienen por delante dos reacciones predecibles. Una es "posicionarse" para llegar al diálogo con más fuerza, con cartas de mayor peso en la mano. Y otra es "dividirse" entre una línea blanda, que se inclina por pactar, y una línea dura, que se resiste a hacerlo. Las FARC están divididas entre una línea "política" que encabeza el viejo Marulanda, y otra "militarista" y provocadora que encarna "Mono Jojoy" (Jorge Briceño). El asesinato aleve de los americanos indigenistas junto al Arauca no puede explicarse sino como un torpedo de los duros contra los blandos. Tras la muerte del "cura Pérez", el ELN quedó dividido entre la linea "guerrerista" de "Gabino" y la línea blanda de los altos jefes elenos que el gobierno tiene en la cárcel de Itaguí con celular en mano. Pueden proyectarse para el país dos escenarios posibles. Otro tercero, pragmático y de corte norteamericano, que atendería sólo a controlar la producción y comercialización de la cocaina en una como especie de "república independiente" de las FARC (estilo zona del canal de Panamá), lo trataremos en otra oportunidad.

 

ESCENARIOS

1. OPTIMISTA. La "parada" a tiempo de los militares estaría más bien fortaleciendo el proceso de negociación. Ayudaría a que las FARC asuman que mantener una posición dura e intransigente, como la que han venido adoptando, acrecienta el espacio de opinión nacional que está francamente en contra del proceso y debilita al Presidente, que no va a darse "la pela" por ellos. En este escenario podrían darse avances en la negociación, precisiones en la zona de despeje y permitir una rápida negociación sobre la agenda nacional (en menos de dos años) que permita la desmovilización de los actores armados ( guerrillas y autodefensas) y siente las bases para un ambicioso proyecto de reconstrucción nacional y una efectiva ampliación de la democracia social. En este escenario, el Gobierno reconstruiría un clima de confianza en el proceso, insistiría en lograr acuerdos parciales a corto plazo; prevendría posibles abusos en la zona de despeje y mantendría una comunicación interna ágil con la institución militar. Se agilizaría una negociación parcelada, primero con el ELN y posteriormente con las FARC, y un proceso paralelo para solucionar el problema de las autodefensas. El proceso de paz habría que apalancarlo mucho más contundentemente sobre la sociedad civil colombiana, que está ya conciente, organizada, fuertemente sensibilizada y pronta a movilizarse. Es un escenario posible, pero a mediano plazo y luce bastante utópico, dado el comportamiento de una guerrilla que se siente " por ahora" confiada, altanera y sin prisa.

2. PESIMISTA. Un total deterioro de la confianza entre las partes y un endurecimiento en la negociación. Las FARC supondrían que el Presidente cedió mucho a los militares como contraprestación para solucionar la crisis interna, y tratarían de poner a prueba, a corto plazo, el compromiso presidencial con la paz. Insistirían aún más en pedir el canje de soldados secuestrados por guerrilleros encarcelados. Por otra parte, la opinión nacional, cansada del discurso pacifista por un lado y el accionar guerrerista por el otro, de que sigue dando muestra la guerrilla, favorecería un endurecimiento de las acciones militares ( y quizás también de las paramilitares) con miras a propinar golpes contundentes en las finanzas, organización, comunicaciones y comandos guerrilleros, antes de llevarlos a una mesa de negociaciones en condición realista y de inferioridad -como lo hizo Caldera en su primer gobierno y acaban de hacer Clinton y la Otan con Milosevic. Podrían ser diez años más de "guerra", pero se justificaría para el país entero si se logra finalmente una desmovilización de la subversión armada, sin entregarles el país, y una posterior reconstrucción nacional. El P. Humberto Cadavid, párroco de la iglesia de la María, en Cali, profanada por la columna subversiva, víctima él mismo de la despiadada acción, afirmó con dignidad ante las cámaras de tv. que "el Estado colombiano está secuestrado". No son solamente los feligreses, los viajeros, los pescadores, los civiles, los policías. Es el país entero el que debe romper las cadenas y liberarse al precio que sea.

21 de junio de 1998