A
pesar de haberse empeñado, con toda su capacidad
bélica y terrorista, la subversión armada
no pudo en Colombia impedir las elecciones
de ayer para elegir alcaldes y gobernadores,
concejales y diputados regionales. El país
nacional votó para derrotar contundentemente
el abstencionismo atávico y la guerrilla
desbocada, que son hoy los dos grandes enemigos
de la democracia colombiana.
Algunas cifras
Para calibrar lo que fue la jornada electoral
de ayer en extensión, volumen e importancia,
conviene recordar que el electorado potencial
fue de 15 millones de cedulados, previamente
inscritos, los cuales debían escoger entre
150.000 aspirantes a 18.851 cargos, distribuidos
entre 28.643 listas para 1.072 municipios
de todo el país. La Registraduría Nacional
(correspondiente a un Consejo Supremo Electoral)
habilitó 9.329 puestos de votación, que
contaron con 53.416 urnas para depositar
el voto y hubo 320.496 jurados (seis en
cada urna). Se habían enviado oportunamente
145 millones de tarjetones a los 1.072 municipios
del país. Se eligieron 31 gobernadores y
1.052 alcaldes.
En meses de encarnizado y violento accionar
contra la libre expresión democrática del
pueblo colombiano, la guerrilla asesinó
a 35 candidatos (que corresponde al 2 por
mil de los aspirantes) e hizo renunciar
a 359 candidatos a alcalde (equivalente
al 2%). Su mayor logro a través de la intimidación
armada fue hacer que el gobierno postpusiera
para enero los comicios en 20 municipios
del país en los que ayer no pudieron realizarse
(ello equivale al 1.8% del total de municipios).
La ultima semana el ELN secuestró, en el
oriente antioqueño, a dos delegados destacados
por la OEA para observar los comicios (M.
Marroquin guatemalteco y R. Martinez chileno),
junto con el director de Derechos Humanos
de la gobernación de Antioquia (el colombiano
J.D. Ardila) en flagrante infracción al
Derecho Internacional Humanitario y a los
protocolos de Ginebra, que la misma guerrilla
suele invocar. |
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| El
mandato por la paz
Los comicios de ayer en Colombia tuvieron
una clara intención de expresar la voluntad
claramente mayoritaria del país a favor
de la Paz, la Vida, la Libertad. Las organizaciones
de la sociedad civil que promovieron el
voto por el tarjetón, como mandato ciudadano,
expresaron que cada voto a favor representaría
el compromiso de un colombiano (o colombiana)
por ‘‘construir un país en paz, donde impere
la democracia y la libertad; donde se puedan
multiplicar los esfuerzos para superar la
pobreza, la injusticia social, la impunidad,
aprendiendo a vivir en medio de los conflictos
sin la utilización de la lógica de la guerra
para dirimirlos‘‘.
Los primeros resultados de los comicios
de ayer en Colombia son elocuentes.
1. La guerrilla no controla
ni el 5% del territorio colombiano. Sin
fundamento alguno suele afirmarse a la ligera
que la guerrilla controla la mitad del país.
Y la subversión no logra afectar (es decir
impactar, influir con acciones esporádicas
como fue el caso de ayer) sino un 5% de
la población colombiana en edad de votar.
Pudo afectar 20 municipios pequeños (de
los 1.072 que existen), en los que el gobierno
previamente suspendió el certamen electoral
por las amenazas contra la libertad del
voto ciudadano. Por más que se lo propuso,
la guerrilla no logró impedir la masiva
votación de los 890 pueblos-cabecera, de
las 25 ciudades intermedias (con más de
100.000 habitantes cada una) y de las 5
grandes capitales (con más de 2 millones
de habitantes cada una). Con su consigna
de impedir estas elecciones, a como diera
lugar, la guerrilla quedó al descubierto
en su falta de convocatoria política de
la sociedad civil, en su falta de logística
organizacional y en su inferioridad frente
a las Fuerzas Armadas y la Policía que mantuvieron
el orden en todo el territorio colombiano.
102.000 policías uniformados votaron ayer
simbólicamente en sus cuarteles por todo
el territorio, porque no lo podían hacer
en las urnas, a favor de la Paz, la Vida,
la Libertad de la que son garantes y que
ellos protegen, aun al costo de su vida.
2. La sociedad civil comienza a
ponerse de piés y a tomar el destino
en sus manos. Es un buen comienzo. Frente
a la apatía electoral que siempre se ha
dado en Colombia y frente al chantaje violento
que quiso imponerle ahora la guerrilla,
el pueblo colombiano se movilizó a las urnas
más que de ordinario y expresó su voluntad
de Paz. Hubo una clara reducción del abstencionismo
con los millones de votos consignados en
las urnas. Aunque cada día siga trayendo
titulares pesimistas, la jornada electoral
de ayer ha vuelto a mostrar que hay algo
en la profundidad del alma colombiana que
hace que esta, enfrentada a la desesperación
y aparentemente en contra de toda probabilidad,
siempre alza su voz para rehusarse a aceptar
la derrota.
3. La Administración Samper,
a pesar de la falta de credibilidad que
la ha acompañado (debido al ‘‘Proceso 8.000‘‘
y a la campaña internacional de descrédito
con que la ha cercado Estados Unidos), sigue
teniendo la sartén por el mango, no se ha
dejado desestabilizar ni ha permitido que
el país se anarquice en sus manos. Pudo
garantizar contra la subversión unas elecciones
libres en todo el territorio y para el 95%
del electorado cedulado y previamente inscrito.
No hay allí un Presidente débil, al que
se le haya salido el país de su jurisdicción,
como tendenciosamente se ha querido hacer
ver por enemigos políticos, ahora a caza
de votos para el Congreso y la Presidencia
en el 98. La última salida en falso fue
la del precandidato liberal a la presidencia,
Juan Manuel Santos, primer ministro de Comercio
Exterior en el gabinete de Gaviria. Pensó
que le podía madrugar a los demás candidatos
sobre el tema álgido de la Paz, presentando
una formula mágica de Paz que logró fuera
apadrinada por el Nóbel de Literatura, García
Márquez (cocinada en un mes de contactos
con los agentes principales de la violencia
y algunos sectores de la clase empresarial,
eclesiástica y política) que ponía como
condición (a solicitud de la subversión)
la renuncia del Presidente Samper. Esto
convertía a la formula en algo inviable,
como oportunamente lo señaló el expresidente
Gaviria, actual Secretario General de la
OEA. Y era iniciar un eventual proceso de
Paz, concediéndole de entrada el poder de
veto a la guerrilla y rompiendo la institucionalidad
del país tan larga y dolorosamente preservada
hasta ahora. Es indicativo de la opinión
actual nacional el que entre los mismos
enemigos de Samper, en la bancada del Congreso,
se hubiera expresado una opinión decidida,
contraria a impedir que el Presidente termine
su periodo normal el próximo 7 de agosto.
La ‘tumbada‘ o salida de Samper ya no es
objetivo político de Estados Unidos ni de
la clase empresarial ni de la oposición
legal ni de los medios de comunicación en
Colombia.
En síntesis, de la jornada electoral
de ayer en Colombia queda claro que hay
un talante colombiano muy mayoritario que
prefiere expresarse a través de los votos
en favor de la Paz y de la Democracia, y
que no acepta la imposición de las balas.
El país nacional ha expresado, a través
de sus electores activos, que sobrevivir
la amenaza requiere confrontarla y, al final,
conquistarla!
27-10-97 |