Votos vs balas
Logo Enrique Neira

 

 

     

A pesar de haberse empeñado, con toda su capacidad bélica y terrorista, la subversión armada no pudo en Colombia impedir las elecciones de ayer para elegir alcaldes y gobernadores, concejales y diputados regionales. El país nacional votó para derrotar contundentemente el abstencionismo atávico y la guerrilla desbocada, que son hoy los dos grandes enemigos de la democracia colombiana.

Algunas cifras

Para calibrar lo que fue la jornada electoral de ayer en extensión, volumen e importancia, conviene recordar que el electorado potencial fue de 15 millones de cedulados, previamente inscritos, los cuales debían escoger entre 150.000 aspirantes a 18.851 cargos, distribuidos entre 28.643 listas para 1.072 municipios de todo el país. La Registraduría Nacional (correspondiente a un Consejo Supremo Electoral) habilitó 9.329 puestos de votación, que contaron con 53.416 urnas para depositar el voto y hubo 320.496 jurados (seis en cada urna). Se habían enviado oportunamente 145 millones de tarjetones a los 1.072 municipios del país. Se eligieron 31 gobernadores y 1.052 alcaldes.

En meses de encarnizado y violento accionar contra la libre expresión democrática del pueblo colombiano, la guerrilla asesinó a 35 candidatos (que corresponde al 2 por mil de los aspirantes) e hizo renunciar a 359 candidatos a alcalde (equivalente al 2%). Su mayor logro a través de la intimidación armada fue hacer que el gobierno postpusiera para enero los comicios en 20 municipios del país en los que ayer no pudieron realizarse (ello equivale al 1.8% del total de municipios). La ultima semana el ELN secuestró, en el oriente antioqueño, a dos delegados destacados por la OEA para observar los comicios (M. Marroquin guatemalteco y R. Martinez chileno), junto con el director de Derechos Humanos de la gobernación de Antioquia (el colombiano J.D. Ardila) en flagrante infracción al Derecho Internacional Humanitario y a los protocolos de Ginebra, que la misma guerrilla suele invocar.

 

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El mandato por la paz

Los comicios de ayer en Colombia tuvieron una clara intención de expresar la voluntad claramente mayoritaria del país a favor de la Paz, la Vida, la Libertad. Las organizaciones de la sociedad civil que promovieron el voto por el tarjetón, como mandato ciudadano, expresaron que cada voto a favor representaría el compromiso de un colombiano (o colombiana) por ‘‘construir un país en paz, donde impere la democracia y la libertad; donde se puedan multiplicar los esfuerzos para superar la pobreza, la injusticia social, la impunidad, aprendiendo a vivir en medio de los conflictos sin la utilización de la lógica de la guerra para dirimirlos‘‘.

Los primeros resultados de los comicios de ayer en Colombia son elocuentes.
1. La guerrilla no controla ni el 5% del territorio colombiano. Sin fundamento alguno suele afirmarse a la ligera que la guerrilla controla la mitad del país. Y la subversión no logra afectar (es decir impactar, influir con acciones esporádicas como fue el caso de ayer) sino un 5% de la población colombiana en edad de votar. Pudo afectar 20 municipios pequeños (de los 1.072 que existen), en los que el gobierno previamente suspendió el certamen electoral por las amenazas contra la libertad del voto ciudadano. Por más que se lo propuso, la guerrilla no logró impedir la masiva votación de los 890 pueblos-cabecera, de las 25 ciudades intermedias (con más de 100.000 habitantes cada una) y de las 5 grandes capitales (con más de 2 millones de habitantes cada una). Con su consigna de impedir estas elecciones, a como diera lugar, la guerrilla quedó al descubierto en su falta de convocatoria política de la sociedad civil, en su falta de logística organizacional y en su inferioridad frente a las Fuerzas Armadas y la Policía que mantuvieron el orden en todo el territorio colombiano. 102.000 policías uniformados votaron ayer simbólicamente en sus cuarteles por todo el territorio, porque no lo podían hacer en las urnas, a favor de la Paz, la Vida, la Libertad de la que son garantes y que ellos protegen, aun al costo de su vida.

2. La sociedad civil comienza a ponerse de piés y a tomar el destino en sus manos. Es un buen comienzo. Frente a la apatía electoral que siempre se ha dado en Colombia y frente al chantaje violento que quiso imponerle ahora la guerrilla, el pueblo colombiano se movilizó a las urnas más que de ordinario y expresó su voluntad de Paz. Hubo una clara reducción del abstencionismo con los millones de votos consignados en las urnas. Aunque cada día siga trayendo titulares pesimistas, la jornada electoral de ayer ha vuelto a mostrar que hay algo en la profundidad del alma colombiana que hace que esta, enfrentada a la desesperación y aparentemente en contra de toda probabilidad, siempre alza su voz para rehusarse a aceptar la derrota.

3. La Administración Samper, a pesar de la falta de credibilidad que la ha acompañado (debido al ‘‘Proceso 8.000‘‘ y a la campaña internacional de descrédito con que la ha cercado Estados Unidos), sigue teniendo la sartén por el mango, no se ha dejado desestabilizar ni ha permitido que el país se anarquice en sus manos. Pudo garantizar contra la subversión unas elecciones libres en todo el territorio y para el 95% del electorado cedulado y previamente inscrito. No hay allí un Presidente débil, al que se le haya salido el país de su jurisdicción, como tendenciosamente se ha querido hacer ver por enemigos políticos, ahora a caza de votos para el Congreso y la Presidencia en el 98. La última salida en falso fue la del precandidato liberal a la presidencia, Juan Manuel Santos, primer ministro de Comercio Exterior en el gabinete de Gaviria. Pensó que le podía madrugar a los demás candidatos sobre el tema álgido de la Paz, presentando una formula mágica de Paz que logró fuera apadrinada por el Nóbel de Literatura, García Márquez (cocinada en un mes de contactos con los agentes principales de la violencia y algunos sectores de la clase empresarial, eclesiástica y política) que ponía como condición (a solicitud de la subversión) la renuncia del Presidente Samper. Esto convertía a la formula en algo inviable, como oportunamente lo señaló el expresidente Gaviria, actual Secretario General de la OEA. Y era iniciar un eventual proceso de Paz, concediéndole de entrada el poder de veto a la guerrilla y rompiendo la institucionalidad del país tan larga y dolorosamente preservada hasta ahora. Es indicativo de la opinión actual nacional el que entre los mismos enemigos de Samper, en la bancada del Congreso, se hubiera expresado una opinión decidida, contraria a impedir que el Presidente termine su periodo normal el próximo 7 de agosto. La ‘tumbada‘ o salida de Samper ya no es objetivo político de Estados Unidos ni de la clase empresarial ni de la oposición legal ni de los medios de comunicación en Colombia.

En síntesis, de la jornada electoral de ayer en Colombia queda claro que hay un talante colombiano muy mayoritario que prefiere expresarse a través de los votos en favor de la Paz y de la Democracia, y que no acepta la imposición de las balas. El país nacional ha expresado, a través de sus electores activos, que sobrevivir la amenaza requiere confrontarla y, al final, conquistarla!

27-10-97