Un
encuentro crucial
Durante dos días (jueves 8 y viernes
9) tuvo lugar en “Los Pozos” (Caguán) la
tercera reunión entre el Presidente Pastrana
y Manuel Marulanda (“Tiro Fijo”, el legendario
jefe de las FARC–EP). La fecha puede ser
un hito si logra mover hacia adelante un
proceso de paz más que estancado y empantanado,
que no ha dado resultados efectivos para
la recuperación del país.
Como observadores permanentes y acuciosos
de la realidad colombiana desde hace 25
años, no podemos menos que consignar una
amarga verificación. La guerrilla ha perdido
el tiempo y le ha hecho perder el tiempo
a Colombia. La subversión armada, varias
veces, ha estado por armar el rompecabezas
y lo ha vuelto a desarmar. Lleva casi 50
años esperando un avión en un terminal de
buses. Alguna vez estuvo en el aeropuerto
correcto y vio despegar aviones –inclusive
uno de la victoria en 1990, que no lo tomó
por ir en el mismo vuelo el movimiento rebelde
M–19. La guerrilla nació en medio de la
pelea y sabe pelear; pero no sabe todavía
por qué pelea. Como lo han denunciado con
claridad intelectuales colombianos de izquierda:
“La guerrilla ha demostrado en 40 años de
accionar bélico su inutilidad para el país.
No ha sido protagonista del cambio: no ha
tomado el poder, y no ha hecho la revolución.
Ni siquiera ha servido de catalizador de
la reforma del sistema”. No se puede negar
que la guerrilla en Colombia ha hecho camino
al andar. Pero se ha demorado tanto, que
después de cuatro décadas ni ella ni el
país saben a dónde los lleva ese largo caminar.
Ojalá después de la reciente reunión lo
pudiéramos saber. |
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
| Balance
de desaciertos
El mal llamado “proceso de paz” de Pastrana
con las FARC fue más una corazonada del
candidato presidencial, que le dió buenos
dividendos políticos para superar a Horacio
Serpa en la segunda vuelta electoral. Pero
no correspondía a una política de Estado
bien planeada, con una estrategia metódicamente
diseñada, con sus pasos, alternativas, verificaciones,
mecanismos de control aun internacional.
Dicho proceso en el que el país puso tantas
ilusiones y esperanzas, ha resultado a 2
años y medio un fiasco nacional. La comprobación
descarnada la constituye la gigantesca Zona
de despeje del Cagúan (con sus 42.000 km2
y 5 poblaciones dentro), que ingenua y generosamente
desmilitarizó la administración Pastrana,
en su afán de facilitar unos diálogos o
negociaciones conducentes a la paz. Dicha
zona la convirtió la guerrilla en zona para
ejecuciones, reclutamiento de menores, mercado
de secuestrados, campo de concentración
de soldados y policías, refugio de aeropiratas,
depósito de carros robados, ampliación de
cultivos de coca, asentamiento de nuevos
laboratorios de cocaína y pistas de aterrizaje
para su exportación a cambio de armas. Lo
que podía haber sido un laboratorio de un
“modus vivendi” revolucionario pero civilizado,
como un camino hacia algún tipo de convivencia,
se convirtió en tierra fuera de las leyes
colombianas, donde ni siquiera se aplica
el Derecho Internacional Humanitario. Con
motivos de sobra, la opinión nacional (en
un 84%) venía rechazando la idea de una
prórroga indefinida de dicho tipo de despeje
inoperante.
Sonó la campana
A 2 años de la largada, con pitos y festejos,
de la exigente maratón por la paz, los dos
contrincantes se encontraron fatigados y
exhaustos. Y se acabó el tiempo. A Pastrana
se le termina su corto período presidencial
(4 años). El programa bandera de su administración
(la paz) se le deshizo en sus manos, sin
llegar a ningún resultado tangible. Pareciera
que hasta final de su gobierno iba a quedar
rehén de su propio invento. Ha dicho que
dejaría abierto el camino para su sucesor.
Pero dicho camino iba a quedar sembrado
de minas explosivas y de retenes guerrilleros.
Por el otro lado, las FARC, a pesar de algunos
pocos logros militares (“Las Delicias”,
“Patascoy”) y de un innegable éxito financiero
(gracias a los delictivos negocios del secuestro,
el chantaje, el narcotráfico), perdió el
aire del apoyo popular. Sencillamente asfixió
al país con sus prácticas criminales. Y
el país nacional le dió la espalda y no
quiere saber nada de este “revolucionarismo
armado”. La guerrilla dilapidó un capital
político, que –en forma civilizada y democrática–
le hubiera permitido influir en los destinos
de Colombia.
Una palabra de aliento
Es nuestro deseo –como el de 42 millones
de colombianos y de países amigos como Venezuela–
que la reunión crucial en “Los Pozos” del
Caguán haya servido para deponer con realismo
la arrogancia armada de una parte y la tosudez
ingenua de la otra, para dar un viraje al
proceso, de modo que sea efectivo y gradualmente
conducente hacia algo parecido a la paz.
Para ello se requiere que la Guerrilla tome
conciencia de que estará ante un futuro
difícil si opta por seguir con el enfrentamiento
armado en contra de las instituciones democráticas
y de la sociedad colombiana. Y se requiere
que el Gobierno, a su vez, en acción concertada
con todos los agentes de paz y echando mano
de todos sus recursos, quiebre la dinámica
de crecimiento de la guerrilla. Debe enfrentar
a la guerrilla mediante acciones y políticas
claramente definidas como único camino para
llevar a que dicha guerrilla opte por la
solución política negociada. Toda otra estrategia
es la perpetuación del conflicto. Es seguir
con más de lo mismo. Confiamos en que el
viraje, esta vez, haya sido acertado y conducente
a los propósitos de paz.
12-02-01 |