Salto de garrocha de Uribe
Logo Enrique Neira

 

 

     

El eminente cientista político Georges Burdeau, autor de un Tratado de Ciencia Política en varios tomos, consigna: "lo mejor en política parece no puede afirmarse sino por una negación de lo que en su tiempo fue lo bueno en política" (tomo V, p. 572 en francés). Acostumbrados al estilo frentero, ágil, ejecutivo del Presidente Uribe Vélez, que - día a día, sin pausa ni bajar la guardia- busca soluciones imaginativas y prácticas a los grandes problemas del país, no deja de sorprendernos el reciente paquete de medidas que acaba de tomar bajo 'razón de Estado', es decir, con carácter de urgencia e importancia. En una semana, el presidente Uribe le cambió la agenda al país. Una agenda que ya resultaba desgastada y repetitiva con las suspicacias malévolas sobre nexos de paras y políticos, y los debates (con mella en el exterior) promovidos por el Polo democrático y un sector de izquierda del Liberalismo.

Uribe había ganado la Presidencia hace 5 años con la bandera de "Seguridad democrática", es decir, la promesa de lucha frontal, sin debilidades ni concesiones para erradicar el severo cáncer de las guerrillas, alimentadas por los ganglios del narcotráfico y que muy de atrás venía padeciendo el país. Aparecía como un duro en sus políticas de no transigir con los violentos armados, ni bajo el chantaje de acciones terroristas y bombas ni bajo el pretexto de negociaciones o "acuerdo humanitario". Los grupos subversivos deberían primero deponer las armas y dar muestras verificables de voluntad de paz. Ahora, sorpresivamente, da un aparente giro de 180º y pasa a ser el generoso 'apaciguador' de mano tendida. ¿Es una negación de lo bueno que venía haciendo? Sencillamente parece le da la razón a Burdeau de que está haciendo para hoy la política mejor, superando la buena que venía haciendo y que ha dado sus frutos. Ni su 'política de Estado' es un salto al vacío, como han sugerido algunos de sus opositores. Ni siquiera "un riesgoso triple salto mortal, sin la certeza de que existe debajo una red protectora" (Revista Semana 3 junio 07). A nuestro juicio, es un valiente y bien calculado salto político de garrocha, posando bien los pies sobre la tierra, apoyado en una pértiga de fuerte y flexible bambú colombiano, e impulsándose con energía para una nueva marca que tiene sus riesgos, pero también -al menos- dos bien calculados efectos. Todo consecuente con su estilo de líder y trayectoria de gobernante que sigue apoyado por un 70% de opinión favorable por parte del país nacional.

 

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Desbloquear el intercambio humanitario y presionar la paz

Primero, deja sin piso la injustificada queja (promovida por las mismas FARC, autoras del crimen), repetida con brusquedad por familias de secuestrados de que no ha hecho nada por ellos. Uribe libera, en un gesto unilateral y humanitario, a 130 miembros de las FARC que estaban en cárceles de Colombia. Y lo hace sin mediar negociación alguna, pues la guerrilla ha dado reiteradas pruebas de que no tiene voluntad de paz y además va perdiendo cada día la eventual calidad de interlocutor serio, pues está ya derrotada políticamente en todo el país y va siendo muy golpeada económica y militarmente. Y Uribe lo hace sin encuadrar el proceso en el Derecho Internacional Humanitario aplicable a casos de "guerra", como lo quisiera algún eminente exmagistrado con sobra de legalismo (o 'santanderismo'). Y es que aunque las FARC sigue siendo un grupo opuesto con armas al Estado colombiano, no es ya el interlocutor que pueda reclamar internacionalmente territorio propio ni tiene mando central con unidad efectiva.

Ligado con lo anterior, es evidente que Uribe no es tan ingenuo como para creer que con su gesto iba a mover el corazón de las FARC. Sabe que el Secretariado no tiene sentimientos humanitarios, sino sencillamente busca siempre -como condición- se le entreguen territorios estratégicos, añorando el famoso Caguán que lo benefició tanto en la presidencia de Pastrana. Pero si su gesto no tiene correspondencia de la guerrilla, la pone contra la pared, en especial ante la comunidad internacional. La solicitud de liberación de Granda hecha por el presidente francés Sarkosy, no fue "una estocada en el agua" (Le Figaro, 6 junio) y fue respondida por Uribe sin pedir explicaciones o qué motivaciones pudiera tener el nuevo gobierno galo. Además obtuvo el apoyo a esa política por parte del G-8 (los países más ricos del mundo) en su cumbre en Alemania (sábado 9 de junio). Y Granda está libre en Cuba, con garantías del gobierno colombiano, si quiere actual como 'canciller' de las FARC con propósitos de paz. Con el reciente y vil asesinato de los 11 diputados del Valle que desde hace 5 años mantenían secuestrados en condiciones infrahumanas, las FARC han quedado retratadas de puerco entero. Han quedado todavía más desnudas ante la opinión y aisladas internacionalmente. Lo que pase en adelante es responsabilidad de las FARC y no de Uribe, quien ha hecho lo posible de su parte. A mediano plazo, su presión nacional e internacional va buscando el camino de la Paz, global y aplicable a todos los grupos ilegales.

 

Mirar menos a EU y más a Europa

El gesto del presidente Uribe tiene que ver también con política exterior. Salta por, tratando también de 'desmarcarse' de un alineamiento con Washington que se está volviendo incómodo, insostenible y costoso para Colombia. Al apoyo leal de Colombia en tantos frentes (lucha antiterrorista, antidrogas, colaboración diplomática), EU no corresponde con generosidad ni con realismo. La sigue mirando despectivamente, como si fuera un país paria, haciéndose rogar para un TLC que beneficia a ambos. El tufillo de azufre, que llega también a Colombia desde el Norte, daría la razón al Presidente Chávez, en muchas de sus críticas contra el Imperio, que sigue tratando a sus vecinos del Sur con mucho poder, pero poca visión y menos corazón.

25-06-07