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El
eminente cientista político Georges
Burdeau, autor de un Tratado de Ciencia
Política en varios tomos, consigna:
"lo mejor en política parece
no puede afirmarse sino por una negación
de lo que en su tiempo fue lo bueno en política"
(tomo V, p. 572 en francés). Acostumbrados
al estilo frentero, ágil, ejecutivo
del Presidente Uribe Vélez, que -
día a día, sin pausa ni bajar
la guardia- busca soluciones imaginativas
y prácticas a los grandes problemas
del país, no deja de sorprendernos
el reciente paquete de medidas que acaba
de tomar bajo 'razón de Estado',
es decir, con carácter de urgencia
e importancia. En una semana, el presidente
Uribe le cambió la agenda al país.
Una agenda que ya resultaba desgastada y
repetitiva con las suspicacias malévolas
sobre nexos de paras y políticos,
y los debates (con mella en el exterior)
promovidos por el Polo democrático
y un sector de izquierda del Liberalismo.
Uribe había ganado la Presidencia
hace 5 años con la bandera de "Seguridad
democrática", es decir, la promesa
de lucha frontal, sin debilidades ni concesiones
para erradicar el severo cáncer de
las guerrillas, alimentadas por los ganglios
del narcotráfico y que muy de atrás
venía padeciendo el país.
Aparecía como un duro en sus políticas
de no transigir con los violentos armados,
ni bajo el chantaje de acciones terroristas
y bombas ni bajo el pretexto de negociaciones
o "acuerdo humanitario". Los grupos
subversivos deberían primero deponer
las armas y dar muestras verificables de
voluntad de paz. Ahora, sorpresivamente,
da un aparente giro de 180º y pasa
a ser el generoso 'apaciguador' de mano
tendida. ¿Es una negación
de lo bueno que venía haciendo? Sencillamente
parece le da la razón a Burdeau de
que está haciendo para hoy la política
mejor, superando la buena que venía
haciendo y que ha dado sus frutos. Ni su
'política de Estado' es un salto
al vacío, como han sugerido algunos
de sus opositores. Ni siquiera "un
riesgoso triple salto mortal, sin la certeza
de que existe debajo una red protectora"
(Revista Semana 3 junio 07). A nuestro juicio,
es un valiente y bien calculado salto político
de garrocha, posando bien los pies sobre
la tierra, apoyado en una pértiga
de fuerte y flexible bambú colombiano,
e impulsándose con energía
para una nueva marca que tiene sus riesgos,
pero también -al menos- dos bien
calculados efectos. Todo consecuente con
su estilo de líder y trayectoria
de gobernante que sigue apoyado por un 70%
de opinión favorable por parte del
país nacional. |
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& Opinión
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Desbloquear el intercambio humanitario
y presionar la paz
Primero, deja sin piso la injustificada
queja (promovida por las mismas FARC, autoras
del crimen), repetida con brusquedad por
familias de secuestrados de que no ha hecho
nada por ellos. Uribe libera, en un gesto
unilateral y humanitario, a 130 miembros
de las FARC que estaban en cárceles
de Colombia. Y lo hace sin mediar negociación
alguna, pues la guerrilla ha dado reiteradas
pruebas de que no tiene voluntad de paz
y además va perdiendo cada día
la eventual calidad de interlocutor serio,
pues está ya derrotada políticamente
en todo el país y va siendo muy golpeada
económica y militarmente. Y Uribe
lo hace sin encuadrar el proceso en el Derecho
Internacional Humanitario aplicable a casos
de "guerra", como lo quisiera
algún eminente exmagistrado con sobra
de legalismo (o 'santanderismo'). Y es que
aunque las FARC sigue siendo un grupo opuesto
con armas al Estado colombiano, no es ya
el interlocutor que pueda reclamar internacionalmente
territorio propio ni tiene mando central
con unidad efectiva.
Ligado con lo anterior, es evidente que
Uribe no es tan ingenuo como para creer
que con su gesto iba a mover el corazón
de las FARC. Sabe que el Secretariado no
tiene sentimientos humanitarios, sino sencillamente
busca siempre -como condición- se
le entreguen territorios estratégicos,
añorando el famoso Caguán
que lo benefició tanto en la presidencia
de Pastrana. Pero si su gesto no tiene correspondencia
de la guerrilla, la pone contra la pared,
en especial ante la comunidad internacional.
La solicitud de liberación de Granda
hecha por el presidente francés Sarkosy,
no fue "una estocada en el agua"
(Le Figaro, 6 junio) y fue respondida por
Uribe sin pedir explicaciones o qué
motivaciones pudiera tener el nuevo gobierno
galo. Además obtuvo el apoyo a esa
política por parte del G-8 (los países
más ricos del mundo) en su cumbre
en Alemania (sábado 9 de junio).
Y Granda está libre en Cuba, con
garantías del gobierno colombiano,
si quiere actual como 'canciller' de las
FARC con propósitos de paz. Con el
reciente y vil asesinato de los 11 diputados
del Valle que desde hace 5 años mantenían
secuestrados en condiciones infrahumanas,
las FARC han quedado retratadas de puerco
entero. Han quedado todavía más
desnudas ante la opinión y aisladas
internacionalmente. Lo que pase en adelante
es responsabilidad de las FARC y no de Uribe,
quien ha hecho lo posible de su parte. A
mediano plazo, su presión nacional
e internacional va buscando el camino de
la Paz, global y aplicable a todos los grupos
ilegales.
Mirar menos a EU y más a
Europa
El gesto del presidente Uribe tiene que
ver también con política exterior.
Salta por, tratando también de 'desmarcarse'
de un alineamiento con Washington que se
está volviendo incómodo, insostenible
y costoso para Colombia. Al apoyo leal de
Colombia en tantos frentes (lucha antiterrorista,
antidrogas, colaboración diplomática),
EU no corresponde con generosidad ni con
realismo. La sigue mirando despectivamente,
como si fuera un país paria, haciéndose
rogar para un TLC que beneficia a ambos.
El tufillo de azufre, que llega también
a Colombia desde el Norte, daría
la razón al Presidente Chávez,
en muchas de sus críticas contra
el Imperio, que sigue tratando a sus vecinos
del Sur con mucho poder, pero poca visión
y menos corazón.
25-06-07 |
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