Definitivamente
Colombia es un país esquizofrénico. Se debate
–en breves lapsos de tiempo– entre el EROS
(vida alegre de un Reinado de la Belleza,
11 de noviembre) y TANATOS (secuestro masivo
por la guerrilla de 360.000 campesinos aprisionados
en sus tierras de Putumayo desde octubre).
Colombia oscila entre las más gigantescas
manifestaciones urbanas por la Paz y los
más alevosos asesinatos de ciudadanos inermes
en poblaciones rurales. El pasado martes
13, el país amaneció optimista. Por un lado
parecía que se iniciaba un proceso de diálogo
directo entre Gobierno y ELN (Ejército de
Liberación Nacional). Por otro lado, las
FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia), aceptaban, al fin, hablar en
el Caguán de cese al fuego y a las hostilidades,
que es lo que realmente interesa a toda
la Nación. Pero el jueves 15, sorpresiva
y unilateralmente las FARC congelaron el
anunciado diálogo. No dejaron, sin embargo,
de pedir al Presidente que les prolongue
por otros 6 meses el disfrute tranquilo
de los 42.000 kms.2 facilitados por el Estado
colombiano para un buen proceso de Paz.
La decisión unilateral y extemporánea de
la guerrilla ha tenido en la opinión nacional
un efecto explosivo equivalente a 100 acciones
terroristas.
Un proceso de paz patas arriba
Cumplidos 27 meses de la Administración
Pastrana, hoy debemos convenir que han ocurrido
ciertos hechos y se han cometido ciertos
errores en relación con el proceso de Paz.
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| CON
LAS FARC
La política de paz de este Gobierno se resume
en dos factores: audacia para iniciar las
negociaciones y torpeza para adelantarlas.
• Nadie niega la voluntad generosa y confiada
(ingenua según muchos) con que inició su
gobierno Pastrana. Su visita personal a
“Tiro Fijo”; la orden de retirar la presencia
militar del Estado en 42.000 kms2 del Caguán,
a solicitud de las FARC para facilitar unas
mesas de diálogo. El hacer la vista gorda
ante permanentes mal usos y abusos de la
Zona, con chantajeo por parte de la guerrilla
de retirarse de la mesa si el Gobierno no
los aceptaba.
• No había una verdadera Estrategia de Paz
o una política de Estado en la conducción
del proceso, sino mucha improvisación y
manguareo a medida que se presentaban las
cosas. Cuatro errores graves se dieron.
Primero, intentar una negociación de paz
en medio de la guerra y entre el fuego cruzado.
Cuando se requería un previo cese al fuego
y a las hostilidades. La experiencia positiva
en Irlanda del Norte en la Semana Santa
del 99 y la actual experiencia negativa
del proceso entre palestinos e israelíes
lo avalan. Segundo, se emprendió el proceso
de paz sin previo acuerdo político del gobierno
Pastrana con el Partido Liberal y otras
fuerzas vivas del país; y ni siquiera hubo
acuerdo de Estado, pues medidas como el
despeje se impusieron contra el sentir razonado
y unánime de la Fuerzas Armadas y otros
sectores oficiales. Tercero, no se acordó
un mínimo de reglas de juego y árbitros
que aseguraran el avance serio de las negociaciones.
Cuarto, no se sinceró un punto decisivo
de la agenda: el problema de las drogas
tan entreverado con la guerrilla y el inevitable
papel que en tal asunto tendría Estados
Unidos.
CON EL ELN
Inicialmente cerrado en banda para negociar
con el Gobierno –a pesar de haber recibido
derrotas y fuertes golpes por parte de las
AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) y
del Ejército colombiano en territorios donde
tenía presencia– este grupo guerrillero
recibió suficientes garantías para ir preparando
su Convención Nacional, reuniéndose con
organizaciones de la sociedad civil en Alemania
(Maguncia), Venezuela, España y Costa Rica
el pasado mes. El ejemplo exitoso de las
FARC –haciendo lo que les da la gana en
la enorme zona de distensión– prendió en
los elenos la pretensión de exigir también
a Pastrana una zona para ellos, cubriendo
5 poblaciones del sur de Bolívar donde habían
tenido alguna presencia. El claro rechazo
de la población que sería afectada y en
general de la opinión nacional, demoró la
concesión del Presidente. La respuesta visceral
y demente del ELN ha sido intensificar la
voladura de oleoductos y costosas torres
de transmisión eléctrica, vitales para toda
la población; paralizar troncales del país
e incinerar transportes pesados; forzar
a paros cívicos; seguir haciendo invivibles
las regiones que pueden afectar con secuestros
masivos e indiscriminados, como los del
Fokker de Avianca con 48 pasajeros y los
miembros de un Club Náutico de la Costa,
los 120 feligreses de una capilla en la
Ciudad Jardín de Cali, los 80 desprevenidos
turistas un domingo en la carretera de Cali
hacia el mar, que fueron forzados a sobrevivir
y morirse en los Farallones de la Cordillera
oriental.
RESULTADOS
Un ELN acorralado y unas FARC cuyo aparataje
militar les impide hacer política (que les
asegure algún apoyo popular en el país),
explican el estéril terrorismo en que sigue
incurriendo la organización armada de “Gabino”,
y la arrogancia acompañada de viveza cínica
de unas Fuerzas Revolucionarias que perdieron
su “hora” y su “brújula”. “Añada unas reglas
confusas, un Presidente autista y unas élites
que discuten entre sí en vez de concretar
el diálogo con la insurgencia. Súmele la
recesión y la crisis social, Y adorne todo
eso con el fantasma de que vienen los gringos.
¿Qué de raro tiene el que se imponga la
línea dura? “ (Gómez Buendía). Es la realidad
actual. El proceso de “paz” está hoy patas
arriba. Lo reconocen hasta sus propios arquitectos.
El país entero está cansado y desengañado
del proceso de “paz”. No es ésta la “paz”
que anhelaba y para la que había dado un
mandato popular en las elecciones presidenciales
del 98. Ésta “paz” no ha hecho sino favorecer
a unas guerrillas prepotentes, sin voluntad
sincera de Paz, que han incrementado hasta
el paroxismo la “guerra” contra las instituciones
democráticas que el pueblo se ha dado (y
sigue refrendando en cada elección) y sigue
armándose con costoso armamento para intimidar
–sin apego siquiera al Derecho Internacional
Humanitario– a una sociedad civil inerme,
que es su principal víctima.
Las elecciones del pasado 29 de octubre,
para Alcaldías y Gobernaciones, se realizaron
en 1.068 municipios de un total de 1.070
que tiene actualmente Colombia. Buena señal
de que las guerrillas pueden intimidar por
la fuerza al país político y al país nacional,
pero no hacerlos suyos. Pero evidenciaron
también, al otorgar al Partido Liberal una
apabullante mayoría, que el país no está
satisfecho con el manejo débil y agachado
–con demasiada resignación y blandura– que
ha tenido el Presidente Pastrana del todavía
llamado proceso de “paz”. El país político
y el país nacional quieren un cambio de
rumbo y que se le exija pronto a las guerrillas
hechos de Paz, que conduzcan al ingreso
de la insurgencia a los cauces constitucionales,
y no continuar con las simples palabras
y los pretextos interminables, que se congelan
y descongelan a capricho.
20-11-2000 |