La
popular serie televisada Emergency Room
(E.R.) puede antojarse como un espejo o
parodia de la tragedia sin fin en que vive
la nación de al lado. El país se la pasa
en carreras para arriba y para abajo, con
angustia, con afán, tratando los voluntarios
y profesionales de la vida de reanimar muertos,
de aplicar oxígeno y electro schocks a heridos,
secuestrados y moribundos, en una lucha
de nunca acabar y aparentemente sin esperanza,
contra una Peste (peor que la de la novela
de Albert Camus), contra esa locura de la
violencia armada y el terrorismo en que
persisten los paramilitares, tanto los subversivos
como los contra-guerrilla.
Un proceso accidentado
Nadie puede negar el coraje, la imaginación,
la voluntad que ha puesto el Presidente
Pastrana para dar respuesta -al menos desde
el Gobierno- al clamor unánime de 10 millones
de ciudadanos colombianos que, con su voto-mandato
por la Paz han expresado en las urnas la
voluntad colectiva y soberana por ese Bien
que condiciona tantos otros bienes, en cualquier
país del mundo, pero con mayor urgencia
en Colombia. Aunque en su programa de gobierno,
la reactivación económica era lo prioritario,
sin embargo, desde antes de su posesión
el 7 de agosto pasado, Pastrana puso en
práctica un audaz y empeñativo plan de diálogo,
negociación y eventual futuro acuerdo de
Paz con los dos principales grupos guerrilleros
(las FARC y el ELN). Para tal fin, designó
un único Alto Comisionado para la Paz de
su plena confianza (G. Ricardo), se entrevistó
personalmente en la selva con el jefe subversivo
"Tiro Fijo", despejó de presencia militar
(ante el asombro de medio país y obligada
obediencia de las FF. AA) un territorio
de 42.000 km2 que exigían las Farc para
acercarse a las mesas de conversación, sufrió
públicamente en San Vicente del Caguán el
desaire de la "silla vacía" de su principal
interlocutor, pasó en silencio los tragos
amargos de más secuestros, asesinatos de
civiles y acciones bélicas, y terminó concediendo
una prórroga hasta Mayo del despeje del
Caquetá, a pesar de no recibir a cambio
una sola muestra de voluntad efectiva de
paz por parte de las FARC. Todo lo contrario.
Hay hechos recientes muy graves que ponen
en entredicho -por parte de las guerrillas-
el proceso de paz tal como venía entendiéndose
y aplicándose.
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| Machucones
de la guerrilla
• Hecho grave que violenta el despeje del
Caguán, facilitado por Pastrana, en el supuesto
de que allí seguirían vigentes las instituciones
del Estado de derecho de la República, es
la expulsión decretada por las Farc de la
Jefe de la Fiscalía de la República en dicha
región, Dra. Maritza Chavarro Arturi.
• Hecho muy grave lo perpetrado por el ELN
en Machuca. Dicho movimiento guerrillero,
tras la muy publicitada reunión con representantes
de la sociedad civil colombiana en Maguncia
(Alemania) a fines del año pasado, cometió
en noviembre la barbarie de volar un tramo
del oleoducto de Ecopetrol y simultáneamente
incendiar una pobre aldea de pescadores,
dejando 60 víctimas civiles inocentes. Inicialmente
el ELN recurrió al engaño y la evasión,
culpando al Ejército colombiano y luego
a los paras. Escurrió el bulto e intentó
culpar al enemigo. Después tuvo que reconocer
en público su comandante en jefe, Nicolás
Rodríguez alias "Gabino", que "Machuca fue
un tremendo error" (Semana 16 noviembre,
p. 71). Anunció sanciones contra los responsables
de tan brutal atentado e indemnización para
las familias de las víctimas, cosas ambas
que todavía están en veremos. Y lo que es
peor, ha reincidido en las voladuras del
oleoducto, en contaminación de aguas, en
los secuestros e incursiones de hostigamiento
a Venezuela.
• Y gravísimo el que las FARC hayan perpetrado
también su Machuca, el pasado 4 de marzo.
Secuestraron en Colombia y después asesinaron
vil y salvajemente en la ribera venezolana
del Arauca a 3 indefensos estadounidenses,
ecologistas, misioneros y defensores de
la comunidad U'wa: Terence Freitas, Lahe'na'e
Gay e Ingrid Washinowatok. En 5 días, al
estilo del ELN, primero negaron el hecho,
después trataron de inculpar a los paras
y finalmente -ante las evidencias- reconocieron
su responsabilidad, pero eludiendo con cinismo
la gravedad real del crimen y la eventual
entrega de los responsables para ser juzgados
por la Ley nacional o internacional.
• La provocación hecha con este crimen por
las FARC al Gobierno de Estados Unidos,
al de Venezuela y a las instituciones de
Derechos Humanos y Ongs tendrá más efectos
de los calculados inicialmente. Las víctimas,
esta vez, fueron no humildes mineros o pescadores
colombianos, sino ciudadanos del país imperio,
que se muestra cada vez más intolerante
frente a las agresiones contra sus compatriotas
en el exterior. Es diciente que el Departamento
de Estado haya calificado el crimen como
un acto de "terrorismo internacional". La
derecha republicana del Congreso y sectores
reacios del mismo gobierno americano radicalizarán
sus posiciones, favoreciendo más las estrategias
militares que las políticas en el conflicto
colombiano. No se tragarán el cuento de
que hubo problemas de mando, fallas de comunicación,
de que el comandante "Gildardo" (de bajo
nivel e ignoto) fue el responsable, cuando
está comprobado que fue el comandante Germán
Briceño, alias "Grannoble", hermano de Jorge,
alias "Mono Jojoy", comandante militar y
segundo jefe a bordo de las FARC. Y no quedarán
satisfechos con unas simples palabras de
excusas y una promesa vaga de que la guerrilla
investigará y aplicará su justicia, sin
reconocer otra ley (nacional o internacional)
fuera de la suya propia.
• Y respecto de Venezuela, no podía ser
más afrentoso el comportamiento de las FARC.
Conociendo la buena disposición del gobierno
de Chávez para ayudar a la solución del
conflicto, y habiéndolo invitado pocas horas
antes a San Vicente del Caguán para reunirse
con él, no tiene perdón el que le tiren
los cadáveres de los tres norteamericanos
a territorio limítrofe venezolano como si
fuera su morgue. Y todavía en el comunicado
del 10 de marzo tienen la insolencia de
excusarse pretextando que las víctimas no
solicitaron permiso de entrar a "su" territorio,
y añadir otra gran mentira como el que "no
es política de las FARC desaparecer colombianos
o gente de otras nacionalidades". Las FARC,
hace 6 años, secuestró y asesinó a tres
misioneros norteamericanos porque no pudieron
pagar un rescate millonario; hace unos meses
secuestró entre Bogotá y Villavicencio a
tres turistas ornitólogos y el comandante
"Romaña" amenazó con fusilarlos si resultaban
sospechosos; y hace pocas semanas secuestró
a un camarero español de escasos recursos
que fue a Colombia a adoptar un niño colombiano.
Solamente en lo que va corrido de este año,
se ha comprobado que las FARC han secuestrado
a 5 extranjeros (1 chileno, 2 españoles,
1 francesa, 1 argelino) y el ELN otros 15
(entre ellos 4 venezolanos).
Una lógica infernal
Muy bien ha expresado el mejor columnista
colombiano (Enrique Santos Calderón de El
Tiempo) que "son los hechos y no las palabras
o los engaños retóricos, los que desnudan
la real naturaleza de los hombres y sus
acciones" Nada en este sentido es gratuito
en las dos Machucadas de los dos principales
grupos guerrilleros. Si el ELN se acostumbró,
año tras año, a volar oleoductos, sin reparar
en las consecuencias (ecológicas, sociales,
humanas) de sus actos, era inevitable que
tarde o temprano iba a producir una catástrofe
como la de las 60 personas incineradas en
Machuca. Y si el movimiento de las FARC,
que todavía se rotula revolucionario, convierte
el secuestro (que es el más vil y cobarde
de todos los delitos !) en una sistemática
práctica cotidiana por la sóla utilidad
del billete, negándolo o disfrazándolo de
"impuesto para la paz" o admitiéndolo pero
eludiendo cualquier justicia que no sea
la suya propia, entonces se ha llegado a
tal distorsión de los valores y tal perversión
de ideales supuestamente revolucionarios,
que no hay que sorprenderse de su último
secuestro y asesinato. Pero pensamos que
sí debe revisarse todo el proceso de paz
como lo había diseñado y estaba aplicando
Pastrana, en el supuesto (ahora negado contundentemente)
de que quedaba algo de humanidad en estos
desalmados fusileros que siguen invocando
falsamente la causa de los oprimidos y la
solidaridad de los pueblos.
15-03-99 |