Perfil, razones y sin-razones de Castaño
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Un acuerdo 'in extremis', que a última hora, se dió entre el presidente Pastrana y las FARC - gracias a los buenos oficios del delegado de la ONU y de algunos países facilitadores- logró prorrogar la entrega de la zona de despeje en el Caguán (convertida durante tres años en zona de despojo de la soberanía nacional) hasta el próximo 10 de abril. A condición de que las FARC lleguen en el entretanto a unos acuerdos concretos y efectivos (que reclama todo el país), como la cesación de secuestros, de atentados a la infraestructura, de ataques a poblaciones civiles indefensas. Pero toda la semana pasada, las FARC no hicieron sino desencadenar una despiadada ofensiva militar por todo el territorio colombiano, que hizo exclamar al Gral. Tapia, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, que las FARC parece que hubieran, por su cuenta, iniciado ya la "guerra total" con la que habían chantajeado a la opinión pública. Y no le falta razón. Carlos Castaño, Jefe de las temidas AUC había advertido sobre ello. Y ha sido él quien más claramente (buscando ser conciencia viva del país) rechazó el acuerdo firmado, achacando de pusilanimidad al presidente Pastrana.

Perfil humano de un duro

Con base en su reciente libro "Mi Confesión" (cuyo comentario iniciamos en columna anterior), Carlos Castaño Gil, 36 años, 2 hijos, se reconoce como un cascarrabias ("me enojo diez veces al día, pero vuelvo y me contento en otras diez oportunidades; soy explosivo, condeno a una persona y la absuelvo con facilidad"). Es muy precavido, gracias a lo cual sigue vivo. Se desplaza con tranquilidad en sus zonas, pero no duerme nunca en el mismo sitio. Es chistoso, detallista y perfeccionista, duerme poco. Trota cada mañana muy temprano. Es valiente, recio e implacable.
 

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El relato que hace de su papel en un combate en San Pedro de Urabá es buena muestra (p. 30-36). Le gusta la música, la poesía, disfruta del bello entorno natural de una cascada con su pozo profundo. Es "mecatero", es decir goloso, y por ello, mantiene por todas partes sus 'delicatessen'. Es "gomoso", muy adicto al Internet ("es mi frente de guerra más importante"). No es mujeriego. Sólo ha tenido dos mujeres en su vida: una de la que le quedan dos hijos (María, la mayor, que estudia medicina en Europa y Carlitos, un varón adolescente) y Kenia, 18 años, hija de un ganadero, bella piel canela, cintura de avispa, largo cabello azabache, pequeños ojos negros rasgados, con quien se casó por la Iglesia hace pocos meses (cap. 21). Tiene un profundo sentido de hogar, con gran amor y veneración a su mamá Rosa y a su padre Don Jesús, cuyo secuestro y asesinato por las FARC está en el origen de su implacable acción vengadora ("uno a uno fueron ejecutados los secuestradores de mi padre"). De joven se inclinaba como vocación por ser profesor. Es un hombre de principios a los que se ciñe ("creo que uno debe tener principios y una actitud definida hasta para ser bandido"). Su viaje y formación en Israel le ha dejado impronta (cap. 6). Se precia de su amistad con eclesiásticos (P. Leonidas Moreno, Mons. Isaías Duarte Cancino), con militares, con empresarios. Es ejecutivo y pragmático cuando se trata de lograr objetivos. Podría afirmarse que Carlos Castaño exhibe muchos rasgos de la típica subcultura que caracteriza a los Antioqueños ('paisas') colombianos, y que en la historia del país los ha hecho pioneros en muchos campos.

Razones de Castaño

En "Mi Confesión" hay una franqueza que hace interesante y convincente la lectura del libro, y que pudiera quizás crearle problemas a su autor con la Fiscalía para sus expedientes judiciales. "Todo lo que se va a contar en este libro es verdad, pero no diré toda la verdad. La verdad tiene una frontera, justo donde es posible hacerle daño al país" (p. 39). Ofrece, pues, la verdad de Castaño y no toda, sino parcial. Pero, como bien advierte su prologuista (Hernández-Mora), "entre verdades, medias verdades y silencios, es un aporte interesante" para aclarar muchos acontecimientos de la historia reciente de Colombia.

* No puede negarse que es un acierto y tiene valor su percepción del vacío del Estado institucional en Colombia, que ha permitido que haya bolsones en muchos territorios que han llenado las guerrillas con su ley, sus armas, sus crímenes, exacciones y chantajes. De ahí su clara y decidida lucha ilegal -con el mismo monto y los mismos métodos que usa la guerrilla-, contra ese cáncer armado de la subversión terrorista en Colombia, que viene por 40 años acabando y descuadernando la nación. Su razón de ser es la lucha antiguerrillera. Su único objetivo es unir fuerzas contra la subversión. Como estrategia tiene razón el disputarle el control de territorios a la guerrilla, captando fuerza social en las regiones. "La fuerza social es poder" (p.82). Lo que explica la reforma agraria que hicieron la AUC en 1991 en Córdoba, cuando repartieron tierra a más de 5.000 familias campesinas.

* Y en buena lógica bélica, tiene razón la feroz guerra de Urabá que llevó a cabo para desalojar a las FARC y ayudar a pacificar dicha rica región (cap. 16). "No iban a ser las monjitas de la caridad las llamadas a derrotar de manera contundente una subversión tan violenta como ésta" (p. 224). Como tiene razón la fuerte lucha urbana emprendida contra la guerrilla en varios municipios y la derrota que le ha venido propinando al ELN (cap. 19). Y en consecuencia, es razonable la dura crítica que hace Castaño al proceso de paz como ha sido conducido por Pastrana durante tres y medio años. No le perdona su falta de visión, su desconocimiento de la realidad social (ejemplo sur de Bolívar), su improvisación, sus concesiones a las guerrillas a cambio de nada. Y no acepta que en el actual juego (o partida de ajedrez), la administración Pastrana lo haya tratado como un simple peón, cuando por lo menos es en realidad un alfíl del conflicto colombiano. "¿A qué juego yo? A que siendo alfil, no me cambien por un peón; mínimo por otro alfil" (p. 316).

Sin-razones de Castaño

* Son muchas y en clara contradicción con los valores cristianos que dice profesar y con una razonable ética ciudadana que implica siempre respeto a derechos humanos. Reconoce en su libro la autoría de los siguientes crímenes. El asesinato bien premeditado y que condujo personalmente de Carlos Pizarro, por supuestos vínculos muy comprometedores con Pablo Escobar (cap. 2). Asimismo el asesinato de Bernardo Jaramillo. La colaboración que dió para eliminar a José Santacruz del cartel de Cali. El asesinato de Ariel Otero, aunque fuera reconocidamente "una fichita" y "un sinvergüenza". La eliminación de cerca de 50 hombres de la Unión Patriótica de la izquierda marxista.

* Y aunque hay una razón utilitaria para financiarse a lo grande con dineros del narcotráfico en la lucha antiguerrillera, no hay razón justificativa que lo pueda eximir de complicidad con el crimen internacional organizado.

Conclusión

Bien ha dicho en lúcido comentario el articulista de "Semana ", Antonio Caballero, que "a sabiendas de que Castaño engaña, como todos, cualquier lector del libro cree que dice la verdad cuando denuncia el engaño: el de la guerrilla, el del gobierno, el del Ejército, el de los políticos, el de los Estados Unidos, el suyo propio”.

28-01-02