Los
más de 10 millones de votos consignados
el 26 de octubre 1997 por los colombianos
-a pesar de la inmisericorde amenaza y la
intimidación armada de la guerrilla- fue
un perfecto plebiscito a favor de la Paz
y de la Democracia. El país entero desea,
desde el fondo de su corazón, acabar con
50 años de fuego cruzado y de laberinto
que a ninguno de los protagonistas beneficia
y que impide que el país se enrumbe hacia
un futuro promisorio.
La paz, algo productivo para todos
Nos parece muy ilustrativa y pertinente
para el caso colombiano la lectura del artículo
"La paz es una excelente aventura" de Joshua
Cooper Rama, aparecido en Time el pasado
Junio 9, 1997. Al comienzo de este año,
ninguna de las 197 naciones del planeta
estaba en guerra contra alguna otra. El
comentarista subraya cómo la ausencia de
guerra ha sido una verdadera bendición que
ha beneficiado a toda una generación de
jóvenes bachilleres de Norteamérica, que
piensan y hacen lo que les conviene, sin
la amenaza (como les ocurrió en el pasado)
de un ticket para Yugoeslavia o El Libano
o Saigón o Korea o el Pacífico. Los jóvenes
viven ahora en el exterior con más frecuencia
y por más tiempo que cualquier otra generación.
La paz, como inversión, está dando un excelente
dividendo a todos. "Los prospectos para
los dos ingredientes esenciales de la paz
-capitalismo y democracia- son hoy los mejores....Hay
consenso acerca de que la libertad, la tolerancia
y la curiosidad son algo más que simples
slogans de flojera. Ellas son también los
ingredientes de la paz"(pg. 47). Si esto
es verdad para Estados Unidos de Norteamérica,
lo es todavía más para un país como Colombia. |
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| ¿Qué
es la paz?
Un cuidadoso inventario de lecciones de
la historia, de buenas reflexiones de humanistas
y filósofos, con especial referencia a documentos
de la Doctrina Social de la Iglesia, me
permite consignar estos apotegmas (dichos
breves, sentenciosos):
*1. La Paz no es simple
ausencia de guerra, ni el silenciar de metralletas
y cañones.
*2. La Paz no es el desarme
ni menos la hegemonía despótica de una de
las partes que logra imponerse o acabar
con el adversario. Esta es la paz de los
cementerios.
*3. La Paz es algo más
que el equilibrio armado -siempre inestable
y en riesgo de rompimiento- de las fuerzas
en conflicto, llámese tregua o guerra fría
o guerra de pequeña intensidad.
*4. La Paz no es una cosa
del todo hecha, algo que una vez logrado
ya está asegurado. Es un perpetuo quehacer
y rehacer, una tarea, una conquista de todos
los días. Un proceso siempre en marcha.
*5. La Paz no es sólo
tarea de los gobiernos y de sus instituciones.
Es también la empresa del pueblo y de sus
individuos. Es deber de todos.
*6. La Paz es algo que
debe nacer, por convencimiento, de lo íntimo
del corazón. Es en el corazón de cada individuo
donde hay que comenzar a construir la Paz.
Pero es algo que debe, a la vez, ser vigilado
y asegurado socialmente por parte de la
autoridad legítima (que tiene para ello
la exclusiva legítima del uso eventual de
la fuerza).
*7. La Paz es efecto o
consecuencia del Orden (la "tranquilidad
del orden" la llamaron san Agustín y Tomás
de Aquino). La anomia, la anarquía, la inseguridad
pública, el terrorismo, la subversión armada
contra el orden establecido son fenómenos
contrapuestos a la paz civil de una nación.
*8. La Paz es efecto o
producto de la Justicia, del "dar a cada
uno lo que es suyo". "La Paz es producto
de la justicia" (pax: opus iustitiae), expresó
Pablo VI en solemne documento. Los graves
atentados contra la Paz provienen precisamente
de las injusticias que se cometen y perpetúan
contra los derechos inalienables a la vida,
honra, bienes, libertad, creencias de las
personas y grupos humanos, aunque sean ellos
minoritarios. La Paz no puede ser la tranquilidad
en el desorden moral. La instauración de
la Paz en una sociedad debe empezar por
impartir Justicia para todos y distribuir
igualdad social con mecanismos eficaces.
*9. La Paz es efecto o
producto de la Solidaridad. "La Paz es producto
de la solidaridad" (pax: opus solidaritatis),
expresó Juan Pablo II en la Centesimus Annus.
La Paz debe construirse no sólo sobre la
Justicia para todos, sino también sobre
la cooperación de unos con otros, sobre
la confianza recíproca, sobre la solidaridad
efectiva, que rompa con el aislamiento egoísta
y la explotación de unos por otros.
*10. La Paz, en consecuencia,
es una tarea ardua, una aventura difícil,
un recorrido heróico. Pero es algo que vale
la pena emprender prioritariamente por sobre
cualquier otra consideración. Es la mejor
inversión y la mejor apuesta que puede hacer
un pueblo para su futuro.
10-11-97 |