Una paz secuestrada
Logo Enrique Neira

 

 

     

Después de la euforia que suscitó la instalación en Caguán de las mesas de diálogo por parte del Presidente de Colombia con representantes de las Farc, ha caído como un baldado de agua fría, en la opinión nacional e internacional, la declaración unilateral de la guerrilla de "congelación" de las conversaciones que apenas se iniciaba. En una semana, de la cima alta de las expectativas de paz se ha precipitado el proceso a la sima honda del escepticismo.

En Cartagena de Indias, la semana pasada coincidentalmente, concluyó un interesante taller dirigido a altos ejecutivos de medios, para tratar de mejorar el cubrimiento periodístico del proceso de paz. El evento fue organizado por la Fundación para el Nuevo Periodismo de García Márquez y la Fundación Buen Gobierno, y fue patrocinado por las Naciones Unidas, la Embajada de Estados Unidos y la Fundación Social. El taller estuvo dirigido por un equipo de expertos en resolución de conflictos de Harvard, que utilizaron el juego de simulación con base en el actual conflicto guerrillagobierno de Sri Lanka (antiguo Madagascar), conflicto que tiene sus semejanzas con el colombiano. El taller puso de manifiesto que los conflictos suelen ser mucho más complejos de lo que se percibe a primera vista. Y que para resolverlos, hay que salirse de las posiciones de las partes en conflicto, tratando de identificar lo que en Psicología llaman las necesidades básicas y explorar qué hay detrás de sus posiciones y por qué las partes enfrentadas las asumen y defienden con extremismo.

El actual proceso de paz en Colombia, que apenas se iniciaba, lamentablemente va confirmando lo que varios observadores y analistas políticos ya preveíamos. Que la actitud abierta, sincera, generosa con que el Presidente Pastrana -personero legítimo del pueblo colombiano- ha abordado el proceso de paz, no se corresponde con la actitud calculadora, táctica, ventajista y de fuerte cariz militarista con que las Farc se aproximan al mismo.

 

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Agenda de las Farc

• Previamente al inicio de diálogos (ni siquiera de negociaciones), las Farc exigieron dos cosas. Primero, el total despeje de militares por parte del Estado colombiano, en un territorio de 42.000 km2, incluidas 5 poblaciones. Lo que les fue acordado superando fundados temores y contrariando la dignidad de las Fuerzas Armadas. Y segundo, que no se incluyeran en los temas de diálogo ni el desarme, ni la desmovilización de los guerrilleros y ni siquiera el problema de canje de los 300 soldados y policías que tienen ellos retenidos por los 480 guerrilleros que el Estado tienen en cárceles, muchos de ellos juzgados ya por horrendos crímenes de matanzas de inocentes y secuestros de civiles, donde se han violado todos los derechos humanos. Parece que esta liberación de sus principales cuadros organizacionales le interesa hoy a la guerrilla más que lo restante del proceso.

• La Agenda que han propuesto en documento de 10 puntos para eventual diálogo es premeditadamente vaga, prosaica, generalizada y "maximalista". Temas como tierra para los que no la tienen, acabar con la corrupción y la pobreza, solucionar los problemas del país para vivir mejor, son desiderata de todo el pueblo colombiano y del mismo gobierno. Pero no se puede condicionar a que todos estos problemas estén solucionados para empezar a hablar de paz. Y el condicionar ahora las mesas de diálogo a que el gobierno tenga ya liquidado el problema de los paramilitares es sencillamente otra táctica dilatoria y cínica. Todos sabemos que el accionar de las autodefensas en Colombia no es más que el espejo automático del accionar chantajista de la guerrilla, en regiones con evidente ausencia del Estado para dar servicios e impartir justicia. Y las AUC han declarado repetidamente que se desmovilizan tan pronto lo hagan las guerrillas. Además, al gobierno actual no se le puede acusar de patrocinar los paramilitares. Y fueron las mismas Farc las que impusieron que los diálogos de paz se adelantaran en medio del fragor de las armas. Ellas mismas masacraron 30 civiles, apenas hace 15 días, en el Nudo de Paramillo.

• ¿Qué pretenden las Farc con unas exigencias que ellas mismas saben que son irreales? ¿Congelar momentáneamente el diálogo? ¿Enredarlo sistemáticamente? ¿Aplazarlo definitivamente? En todo caso, esto no es una muestra de compromiso con el proceso de paz. Y su decisión unilateral de pararlo es un error político.

Agenda del gobierno Pastrana

Manifiesta, por el contrario, una sincera voluntad de paz, sin eludir previamente los compromisos que ella requiera, y está elaborada con realismo, sobre la base de lo que quiere y puede el país. Está condensada en 10 puntos también y constituye una estrategia para ir logrando una paz sustentada en la justicia social. En su intervención en Caguán, el 7 de enero, el Presidente Pastrana expresó: "sólo en paz crecerán la justicia social y las oportunidades". Su discurso es el de la "paz integral". Como lo subrayó en la Universidad de La Habana, "la paz debe ir más allá del silencio de las armas; debe llegar hasta la consolidación de la justicia social". Pastrana coincide con el "maximalismo" de las guerrillas y con la opinión nacional en que hay que realizar reformas estructurales y superar las causas objetivas de la violencia como un todo. Pero lograr ese ideal de porvenir más justo no puede invocarse como punto de partida para iniciar un proceso de paz y menos puede justificar un proceso armado de violencia que "secuestre" la paz y "castre" el desarrollo integral del país. Los 10 puntos de la agenda gubernamental, tal como fueron presentados a los voceros de las Farc en La Machaca el pasado 11 de enero, son los siguientes, en escueta enumeración. El texto original los explica puntualmente.

1. Protección incondicional a los derechos humanos y respeto al Derecho Internacional Humanitario.

2. Estructura económica y social más justa.

3. Reforma política y del Estado.

4. Desarrollo alternativo y sustitución de cultivos.

5. Protección del medio ambiente.

6. Fortalecimiento de la justicia y lucha contra la corrupción.

7. Reforma agraria. 8. Paramilitarismo.

9. Apoyo de la comunidad internacional al proceso.

10. Viabilización de instrumentos hacia la paz.

Voluntad de paz y voluntad eficaz de paz, con resultados concretos, es lo que todos deseamos para que Colombia deje atrás la "mala hora" de sus 50 años de “laberinto”.

26-01-99