| Una
voluntad colectiva
Desde hace 50 años se viene produciendo
en Colombia una violencia armada perversa
para el país, y mala, estéril, dañina para
los mismos actores de ella. Decenas de investigaciones
y miles de páginas escritas por colombianos
en estos últimos 15 años sustancian el juicio
anterior. Está comprobado que la guerra
de guerrilla con su terrorismo, sus secuestros,
voladuras de oleoducto, quema de torres
de conducción eléctrica y vehículos de transporte
pesado, extorsiones, chantaje, "gramaje"
y otras formas de accionar violento, es
contraria a la vida y la dignidad del pueblo
que supuestamente dice favorecer.
Ese pueblo, con sus más de 10 millones de
votos ciudadanos, se acaba de levantar como
un solo hombre y una sola voz para reclamar
la Paz y la Democracia -a las que tiene
derecho- frente a una minoría de 20.000
hombres que siguen empeñados en entorpecerlas.
El pueblo colombiano ha manifestado, sin
ambages, que quiere parar las furias extremas
de violencia desatada por el accionar guerrillero
y por su contraréplica automática de las
auto-defensas paramilitares. Este Mandato
explícito de Paz del 26 de octubre pasado
puede dividir en dos la historia contemporánea
de Colombia. Ha sido más que un saludo a
la bandera. Ha sido la expresión libre y
democrática del país nacional de que sobrevivir
la amenaza contra la Paz requiere confrontación,
y de que hay una voluntad colectiva de conquistar
la Paz y de construirla en Democracia. |
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| Un
proceso dificil
Más que cualquier construcción de un edificio
sólido, funcional y estético, la fábrica
de la Paz en Colombia requiere de varios
factores confluyentes de difícil concertación.
El principal problema está en los actuales
agentes de la Violencia, eventuales constructores
de la Paz.
• La guerrilla izquierdista
tiene que convencerse de que ya pasó su
'hora".Ha demostrado en 40 años su inutilidad.
"Ni ha sido protagonista del cambio -no
ha tomado el poder, no ha hecho la revolución-,
ni ha servido de catalizador de la reforma
del sistema. Al revés: le ha dado los pretextos
para no reformarse y hacerse, por el contrario,
más represivo"(Antonio Caballero). La actual
sociedad latinoamericana no está dispuesta
a embarcarse en la aventura de otro "socialismo
real", mala copia del que comenzó a derrumbarse
por el mundo en 1989. Y menos aún, hay apoyo
para intentar un proyecto socialista por
medio de la metodología de violencia armada.
Resulta anacrónico y fuera del tiesto. De
acuerdo con Gramsci (gran ideólogo revolucionario
italiano), el Estado actual colombiano no
es el foco de poder débil y embrionario
de la época de los zares; ni la actual sociedad
colombiana es tan gelatinosa y fácilmente
dominable como lo era la francesa de fines
del siglo XVIII o la rusa a comienzos del
XX. Si la izquierda marxista en Colombia
quiere contribuir a construir una nueva
sociedad, debe adoptar un proyecto viable
y diferente, francamente democrático, sin
pretensiones hegemónicas ni dictadura de
partido, compatible con un capitalismo de
mercado.
• Los grupos de auto-defensa paramilitar,
que son hoy parte activa del conflicto,
han dejado claro que su accionar es la respuesta,
parcialmente válida, de unas regiones y
comunidades que, por ausencia del Estado,
se encuentran indefensas frente al boleteo
y extorsión guerrillera y que depondrán
las armas y se reintegrarán a la vida civil,
tan pronto como las FARC y el ELN lo hagan
(Fabio Castaño, jefe nacional de las ACC).
• El narcotráfico ha venido,
en mala hora, a insertarse en el problema,
acentuando la curva de violencia. El Cartel
de Medellín (Rodríguez Gacha y Pablo Escobar)
declaró al país, en 1989-1990, una guerra
despiadadamente terrorista que tuvo por
blanco a miembros de la Fuerza Pública (militares
y policías), a figuras nacionales de la
política, de la justicia y del periodismo.
Los abundantes dineros de los narcos pagan
a la guerrilla, por un lado, la seguridad
que dan a sus cultivos y laboratorios; y
financian, por otro lado, acciones paramilitares
de autodefensas y grupos de sicarios que
cometen asesinatos o genocidios por encargo.
"El dinero del narcotráfico sirve tanto
para estimular la violencia de la revolución,
como para estimular la violencia de la contrarrevolución"(Horacio
Serpa). La lucha antinarcóticos de Colombia
es hoy parte condicionante de su lucha por
la Paz. Así lo entiende y practica el actual
presidente Samper y no podrá ser menos por
parte de su futuro sucesor (o sucesora),
desde el 7 de agosto de 1998.
• Los gobiernos de turno,
en estos 40 años, unos liberales y otros
conservadores, han sido todos republicanos,
nacidos legítimamente de la voluntad popular.
A ninguno de los 10 gobiernos que ha tenido
Colombia desde 1958 se lo puede tildar -con
fundamento serio- de régimen de fuerza,
opresivo o despótico. Todos ellos han gobernado
ajustados a la Constitución vigente, dentro
de un Estado social de Derecho. Y todos
han tenido que lidiar con el problema de
la violencia generada por la subversión
armada. En su propósito de desmontarla,
unas Administraciones han ensayado la política
de mano dura (Valencia, Turbay Ayala); otras
han aplicado una política generosa de diálogo
y amnistía (Betancur); y el resto la combinación
de ambas (Lleras Camargo, LLeras Restrepo,
Pastrana, López, Barco, Gaviria, Samper).
Pero el problema subsiste, a pesar de la
nueva Constitución de 1991, que abrió espacios
políticos para todas las minorías y la ulterior
pacificación y legalización de movimientos
y grupos como el M-19, Quintín Lame, PRT
y un sector mayoritario del EPL. Actualmente
hay un sector de opinión pública creciente
en Colombia que apunta a señalar la debilidad
estructural y funcional del Estado colombiano
como la fuente de todos los males. Este
sector desearía un próximo gobierno de mano
fuerte, quizás de corte militar y populista,
que desde una posición de mayor poder pudiera
negociar en mejores condiciones la Paz con
la guerrilla. El actual gobierno de Samper,
ya en su ocaso y a pesar de su falta de
credibilidad coyuntural, ha creado un Consejo
Nacional de Paz y propuesto una metodología
de conciliación y paz, con participación
internacional ya acordada por parte de España,
Venezuela, México, Costa Rica y eventualmente
de Cuba.
• La sociedad civil ha
sido hasta ahora la víctima más afectada
por el fuego cruzado de los agentes de violencia.
En muchos años ha sido intimidada y acallada
por todos ellos. Pero comienza a despertar,
a ponerse de pies, a tomar el destino en
sus manos. El 26 de octubre expresó plebiscitariamente
su voluntad a favor de la Paz y la Democracia;
expresó con votos que no acepta la imposición
de las balas. Este Mandato popular del colectivo
no puede ser desconocido por esa minoría
del 0.05% de la población (cinco por mil),
que pretende seguir imponiendo hipotéticas
soluciones por medio de las armas y del
terrorismo. Basado en este hecho masivo
(sociológico y político), que constituye
una victoria irrefutable de opinión, el
Gobierno puede contar con el apoyo popular
para un buen proyecto de Paz y Democracia.
10-11-97 |