Parapolíticos
Logo Enrique Neira

 

 

     

El remedio heróico de los paramilitares contra el desangre y el carcoma de las guerrillas resultó peor que la enfermedad. El gigante creado se convirtió en un monstruo cuyas fauces dentadas amenazaban devorar la sociedad y la democracia que decían defender.

 

El poder de los paramilitares

Los grupos paramilitares aprendieron del cartel de Escobar el uso del terror, y de los hermanos Rodríguez Orejuela, la capacidad de comprar conciencias. Combinaron con macabra eficiencia las masacres y los asesinatos selectivos, con una ambiciosa estrategia para consolidar su hegemonía. Unas elites regionales, con una tradición mafiosa de clientelismo y un 'ethos' caribe proclive a saquear los dineros públicos a favor de sus intereses personales, de su familias o clanes, se acomodaron muy bien y aun colaboraron con el proyecto político de los paramilitares. La segmentación de los votos y las candidaturas únicas en Cesár y Magdalena; el asalto a la salud en la Guajira y Atlántico; el desangre de las regalías en Sucre; la apropiación de los juegos de azar en Bolívar; la legalización irregular de tierras robadas en Córdoba, y la extorsión a la contratación pública en varios Departamentos: son la expresión más clara de esa alianza mafiosa que se dio entre narcotráfico, paramilitarismo y cierta clase política.

 

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El destape del 2006

Todos estos ingredientes se habían incubado desde 1990, pero hicieron explosión el año 2006. El pasado año fue el año del destape. La verdad sobre el paramilitarismo empezó a salir a flote El país comenzó a entender que -para acabar con el paramilitarismo- no era suficiente que el gobierno recibiera las armas de 30.000 hombres vestidos de camuflado y pusiera en la cárcel de Itaguí a 58 de sus principales jefes, mientras la Fiscalía va aplicando la ley de Justicia y Paz. El gigantesco monstruo había emergido y mostrado que su poder estaba construido sobre redes políticas, económicas y sociales mucho más difíciles de desmontar, a pesar de las fabulosas y comprometedoras revelaciones del computador de Jorge 40 y otros que han seguido apareciendo. La tarea está siendo difícil. Y de ahí han derivado los escandalosos episodios de la PARA-POLÍTICA como su silueta más nítida. Han quedado salpicados sectores de la sociedad -en varias regiones y localidades- que contribuyeron a alimentar al monstruo. Unos acudieron a grupos armados privados para defenderse de la guerrilla ante la debilidad del Estado; otros financiaron grupos paramilitares; hay quienes se aliaron con ellos en empresas lucrativas, y quienes se beneficiaron electoralmente de su influjo y dineros.

 

Fin de una pesadilla

¿Cómo debe enfrentar el país un fenómeno que nació por la falta de Estado y terminó siendo una amenaza para la democracia? ¿Qué hacer frente a un fenómeno militar contrainsurgente que degeneró en un ejército anarquizado al servicio del narcotráfico? ¿Dónde se debe trazar la línea divisoria histórica y jurídica entre quienes participaron activamente en la expansión paramilitar y quienes lo aceptaron pasivamente por conveniencia o forzados por las circunstancias?
Estamos, sin duda, frente al fin de una era inicial de las autodefensas y luégo de los paramilitares tal como los conocimos. Y el escándalo de la para-política en búsqueda de la verdad -tormentosa pero necesaria- es algo que requiere el país nacional para cerrar definitivamente un largo y cruento capítulo de su historia. El liderazgo clarividente, firme y hasta ahora confiable del presidente Uribe está conduciendo -con habilidad e imaginación- la gigantesca balsa que le ha tocado dirigir por entre rápidos, cataratas y peligrosas aguas contaminadas. El año 2008 debe ser el de la suficiente verdad y los dos siguientes el de punto final al largo conflicto armado interno que ha vivido Colombia.

Moraleja


Para dejar atrás esta historia no basta con la verdad histórica y una justicia sabia, equitativa. La sociedad colombiana necesita trazar unos límites morales infranqueables, y el Estado cortar de raíz la cultura mafiosa del dinero fácil, que anegó varias regiones y épocas. Colombia se debate hoy entre un centro modernizador que mira hacia delante con bien fundamentada esperanza y basado en instituciones fuertes y confiables, flanqueado por unos extremos fundamentalistas (de peinilla y fusil) que quisieran mantenerla todavía anclada en un pasado medieval y tribal. "La lucha contra el fenómeno de la 'parapolítica' se debe convertir en una oportunidad histórica para fortalecer la democracia en Colombia a partir, sobre todo, de la renovación de las élites" (Eduardo Pizarro Leongómez).

18-06-07