Una
vieja historia
• El llamado Ejército de Liberación Nacional,
nació el 4 de julio de 1964 (como una
alianza obrero-campesina), en el rancho
del "Capitán Parmenio" (Fabio Vásquez
Castaño). Prácticamente estuvo liquidado
en 1973 por la famosa "Operación Anorí",
ejecutada por el Ejército colombiano.
Cuando la política de "mano tendida" del
presidente Belisario Betancur (1982-1986),
el ELN ni siquiera figuró entre los grupos
que firmaron los acuerdos de cese al fuego
acogiéndose a la amnistía general. Fue
a partir de 1985 cuando el pequeño grupo
sobreviviente del ELN se oxigena y reconstruye,
gracias a los $ 50 millones de dólares
(13 mil millones de pesos colombianos
de entonces) que logró extorsionando durante
2 años a la Compañía alemana Manessman
(constructora del gigantesco oleoducto
Cañó Limón-Coveñas) y luégo exprimiendo
a la Occidental Petroleum Company (Oxy),
que entró a explorar y explotar los ricos
yacimientos petrolíferos de Arauca en
contrato de asociación con la Empresa
petrolera nacional (Ecopetrol).
•
A finales de los años 90, las operaciones
de las Fuerzas Armadas contra la estructura
del ELN permitieron la baja y la captura
de un 70% de cabecillas y mandos medios,
se neutralizaron las milicias urbanas
y se frenó la expansión de nuevos frentes
en el país. El ELN recibió contundentes
golpes militares por todo el país, en
los que la Policía y el Ejército colombiano
lograron un avance logístico y estratégico.
Y perdió el relativo respaldo popular
con que contaba, al actuar como una simple
"máquina de guerra y de terrorismo".
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| Acciones
demenciales
El ELN para complicar su existencia y actuar
guerrillero cometió una serie de acciones
demenciales que iban contra todo auténtico
principio revolucionario. Tales el incendio
feroz de un cacerío en Machuca en el que
murieron 60 inocentes pescadores, el frio
y cínico asesinato de tres antropólogos
y misioneros norteamericanos, el secuestro
en pleno vuelo de un Fokker de Avianca con
48 pasajeros inermes, la retención forzada
de 120 feligreses de la capilla de María
en la ciudad Jardín de Cali y de los miembros
de un Club naútico de la Costa. Fueron el
rompimiento de compromisos que con gran
despliegue de propaganda habían hecho hacía
poco ante la opinión en Maguncia (Alemania),
frente a calificados testigos internacionales.
Evidenció ser un grupo 'revolucionario'
que ni supo hacer la guerra ni supo hacer
la paz.
Ni la guerra ni la paz
El excelente analista político Eduardo Pizarro
León Gómez ha subrayado que en la historia
de la guerrilla en Colombia, se pueden distinguir
dos generaciones distintas. Por una parte,
la llamada "primera generación", que surge
a mediados de los años 60, bajo el impacto
de la revolución cubana en un contexto superideologizado,
marcado por las duras disputas entre Moscú,
Pekín y La Habana sobre el control total
del movimiento revolucionario. Se trata
de las Farc, el ELN y el Ejército Popular
de Liberación. Estos movimientos guerrilleros
intolerantes fueron abandonando la lucha
política y terminaron siendo simples profesionales
de la guerra. Por otra parte, la denominada
"segunda generación", la cual nace entre
los años 70 y 80 en torno a la reactivación
de las luchas armadas en Centroamérica y
la revolución nicaragüense. Lo interesante
del hecho es que la totalidad de las guerrillas
de la segunda generación (M-19, Quintín
Lame, Partido Revolucionario de los Trabajadores),
fueron más abiertas y menos dogmáticas,
captaron los cambios internacionales operados
en el campo socialista y los cambios nacionales
expresados en el Mandato Ciudadano por la
Paz con 10 millones de votos en 1997. El
caso del ELN es dramático y aleccionador.
Ha seguido aferrado a la línea militarista,
a pesar de los sucesivos golpes que en locaciones
sensibles y estratégicas le han infligido
las FF.AA, las AUC (Autodefensas Unidas
de Colombia) y las mismas Farc que siendo
mayoritarias y más fuertes han logrado absorberlo
en varios escenarios.
Conclusión
Nicolás Rodríguez Bautista (alias Gabino),
máximo comandante militar del ELN, ha expuesto
recientemente dos pretextos o sofismas para
oponerse a la idea de un tránsito de las
armas a la política. 1) que no hay en Colombia
espacios democráticos para la acción política.
2) que el éxito de un proceso de paz está
condicionado previamente a profundos cambios
sociales, económicos y políticos. Hoy ni
en Colombia ni en ninguna parte del mundo
hay cabida para la tesis de cambios sociales
por medio de la violencia armada. Ello explica
la amplia acogida mundial de la figura de
Barack Obama. Y la democratización que se
vive hoy en América Latina está liderada
por importantes fuerzas de izquierda democrática
y no por vetustos movimientos guerrilleros.
La superación de la pobreza, de la desigualdad
económica, de la marginalidad social no
será el resultado de la guerra, siempre
empobrecedora, sino de la superación de
la guerra. Frente al innegable desmoronamiento
que viene sufriendo, al ELN no le queda
otra salida que una pronta disolución como
grupo armado irregular (aceptando las generosas
ofertas que le ha hecho el presidente Uribe
Vélez dentro de su política de Seguridad
Democrática), y su transformación, sin esguinces,
en un partido político de izquierda democrática
en el entorno del Polo Democrático Alternativo,
actual partido de oposición izquierdista.
16-12-08 |