| Registramos
con satisfacción la decisión -a última hora-
de la Confederación Suramericana de Fútbol
de dar luz verde a la celebración, en Colombia,
de la Copa 2001, a partir del próximo miércoles
11, como estaba inicialmente planeado. Pero
lo ocurrido es una alerta roja para quienes
juegan con el fuego de la violencia en un
cañaveral seco. La Copa de la Paz debe mostrar
que todos en Colombia quieren de verdad
la paz y desean la viabilidad del país.
Machuca 1
Un hecho muy grave fue el perpetrado por
el ELN en Machuca, en noviembre de 1998.
Dicho movimiento guerrillero, tras la muy
publicitada reunión con representantes de
la sociedad civil colombiana en Maguncia
(Alemania) a fines de dicho año, cometió
la barbarie de volar un tramo del oleoducto
de Ecopetrol y simultáneamente incendiar
una pobre aldea de pescadores, dejando 60
víctimas civiles inocentes. Inicialmente
el ELN recurrió al engaño y la evasión,
culpando al Ejército colombiano y luégo
a los paras. Escurrió el bulto e intentó
culpar al enemigo. Después tuvo que reconocer
en público su comandante en jefe, Nicolás
Rodríguez alias "Gabino", que "Machuca fue
un tremendo error" (Semana 16 noviembre,
p. 71). Anunció sanciones contra los responsables
de tan brutal atentado e indemnización para
las familias de las víctimas, cosas ambas
que todavía están en veremos. Y lo que es
peor, siguió reincidiendo en las voladuras
del oleoducto, en contaminación de aguas,
en los secuestros de venezolanos. |
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| Machuca
2
Muy grave también el que las FARC hayan
perpetrado su propio Machuca, el 4 de marzo
del 99. Secuestraron en Colombia y después
asesinaron vil y salvajemente en la ribera
venezolana del Arauca a 3 indefensos estadounidenses,
ecologistas, misioneros y defensores de
la comunidad U'wa: Terence Freitas, Lahe'na'e
Gay e Ingrid Washinowatok. En 5 días, al
estilo del ELN, primero negaron el hecho,
después trataron de inculpar a los paras
y finalmente -ante las evidencias reconocieron
su responsabilidad, pero eludieron con cinismo
la gravedad real del crimen y la eventual
entrega de los responsables para ser juzgados
por la Ley nacional o internacional. Pero
los efectos de dicha barbarie, especialmente
frente al Gobierno de Estados Unidos, no
fueron suficientemente calculados por las
FARC. Resulta que las víctimas, esta vez,
no habían sido humildes mineros o pescadores
colombianos, sino ciudadanos del país imperio,
que se muestra cada vez más intolerante
frente a las agresiones contra sus compatriotas
en el exterior. Es diciente que el Departamento
de Estado haya calificado el crimen como
un acto de "terrorismo internacional". La
derecha republicana del Congreso y sectores
del mismo gobierno demócrata radicalizaron
sus posiciones, y favorecieron un claro
componente militar en el Plan Colombia,
negándose a participar en las mesas de diálogo
con las FARC.
Machuca 3
Laboriosamente y con mucha ilusión tanto
el gobierno como el país habían logrado
que Colombia fuera la sede de la Copa América
2001, en competencia con otros países que
la deseaban. Se habían invertido más de
$ 25 millones de dólares y acondicionado
los estadios de Barranquilla (sede de la
selección Colombia), de Medellín, de Cali,
de Bogotá, de Pereira y Armenia. El negocio
era redondo para el país y se jugaba allí
todo su nombre internacional. Las bombas
que se hicieron estallar, con víctimas inocentes,
en El Poblado (Medellín), en Cali y en Bogotá
(operativo criminal cuya autoría por parte
de las FARC quedó comprobada por las investigaciones
de la Fiscalía y organismos de seguridad)
llevaron a poner el grito en el cielo a
los equipos de balompié invitados a la Copa
en Colombia y a la Confederación Suramericana
del Fútbol (CSF). Se aplacaron un tanto
los temores y se le dio un compás de confianza
al país. Ocurre entonces el secuestro de
Hernán Mejía, vicepresidente de Fedefútbol
y miembro de la CSF, llevado a cabo por
las FARC al regresar el alto dirigente deportivo
de su finca hacia Pereira. La copa de la
paciencia y de la confianza en Colombia
se llenó y rebosó. La CFS prudentemente
aplazó para el 2002 el evento internacional.
¿No habían calculado las FARC el efecto
apocalíptico de este nuevo secuestro, uno
más de tantos que efectúan todos los días?
Pero esta vez muy significativo por tratarse
de un personaje de la Copa.
Moraleja
Nada es gratuito en las tres Machucadas
que hemos señalado, obra de los dos principales
grupos guerrilleros. Si el ELN se acostumbró,
año tras año, a volar oleoductos, sin reparar
en las consecuencias (ecológicas, sociales,
humanas) de sus actos, era inevitable que
tarde o temprano iba a producir una catástrofe
como la de las 60 personas incineradas en
Machuca. Y si el movimiento de las FARC,
que todavía se rotula nacionalista y revolucionario,
convierte el secuestro (que es el más vil
y cobarde de todos los delitos!) en una
sistemática práctica cotidiana por la sóla
utilidad del billete, sin importarle los
más grandes intereses de todo el país y
de sus sectores populares, entonces estamos
ante el más grande Cinismo Revolucionario.
¿Y pensaban pasar agachados por debajo de
la mesa, ante la opinión nacional e internacional,
como si en Colombia no hubiera ocurrido
nada con el fracaso de la Copa? Menos mal
que a tiempo reconocieron su grave error
y su declaración ante la CFS de respaldar
la celebración normal del evento en todo
el país equivale a levantar la Copa para
un brindis por la Paz y no por la Guerra.
09-07-01 |