Una mujer presidenciable
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Una mujer presidenciable
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Argentina viene superando con imaginación y paso firme los efectos perversos de crisis anteriores. Con la conducción de un gobierno que ha dejado a un lado el neoliberalismo y optado por el cambio social, se enrumba con decisión hacia la renovación y la seguridad. En este momento, ha logrado reestructurar en un 70% su deuda de US$ 103.000 millones, con una victoria que hubiera sido imposible para cualquier otro país; éxito que vuelve a cimentar su autoestima y la confianza puesta en su destino por el mundo financiero internacional. Pero Argentina tiene además la gran reserva de sus recursos humanos. Y entre ellos, el de una nueva generación de mujeres exitosas que esperan su turno. Destaca la flamante senadora Cristina Fernández, cuyo esposo es nada menos que Néstor Kirchner actual Presidente. Confieso quedé impactado desde el primer momento en que leí algunas de las entrevistas dadas por esta mujer inteligente, moderna, capacitada y bella.

Las mujeres al poder

La irrupción de la mujer en política es algo imparable en estos primeros años de nuestro siglo. En tres milenios, solamente se podrían contar 24 mujeres que hubieran estado en la cima del poder, con realce mundial. Pero de 35 años para acá, es creciente el alud femenino en la política. También en nuestros países de crecimiento limitado comienza a pensarse seriamente que las mujeres como gobernantes lo harán mejor que los hombres por sus cualidades, su dedicación, gran preparación, su sensibilidad social, su mayor carácter a la hora de tomar las grandes decisiones. Dentro de un año veremos en Chile asumiendo la primera magistratura a Soledad Alvear o a Michelle Bachelet, brillantes ex-ministras del gabinete del presidente Lagos; y en Colombia, posiblemente como vicepresidenta a Noemí Sanín, en la fórmula de reelección de Alvaro Uribe.

 

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Cristina Fernández de Kirchner

“Poder con rouge” titula su comentario sobre Cristina Kirchner el columnista Nicolás Wiñasky de “Semana” argentina. “Su inconmensurable poder se despliega en cuanto abre los ojos, ni bien el sol tiñe de anaranjado los jardines de la Quinta de Olivos. De los dos, es ella la primera en leer los diarios, una lectura intensiva, con marcador en mano para señalar las notas que "debe" leer minutos después y con atención su marido, el Presidente... Ése es el verdadero poder de Cristina Elisabet Fernández: en la intimidad de Olivos, en su despacho en la Casa Rosada o por teléfono desde el Senado, llena de ideas y opiniones la cabeza del Presidente. Aconseja y asesora, diseña estrategias. Desde la relación con la prensa hasta la táctica frente a los piqueteros o el FMI. Se ocupa de todo y cada vez más. De la delicada relación con los Estados Unidos al color de los manteles de hilo que adornaron las mesas del Congreso de la Lengua. Es el poder paralelo en un Gobierno que como nunca concentró todas las decisiones en un matrimonio: Néstor y Cristina Kirchner”.

"La mujer fuerte de Argentina – así la presenta Juan Cruz en entrevista a "El País" de Madrid. “Es la que manda, o, como se dice vulgarmente, la que lleva los pantalones en casa. Cristina Fernández es, por este orden, peronista, la esposa del presidente argentino desde 1975, senadora desde 1995. Muchos, ante su fuerza, empuje y carisma, se preguntan si no será la nueva Eva Perón o la próxima presidenta”. De entrada -al entrevistador de radio Iñaki Gabilondo- la senadora le soltó la frase: "El presidente está casado conmigo. Cristina Fernández, senadora argentina, peronista, de 51 años, no es la mujer del presidente, eso está claro; es más, un día puede ser Kirchner el marido de la presidenta. Ahora, en efecto, el presidente es su marido, pero ella va por su cuenta y riesgo”.

+¿Y a veces se siente en oposición a su marido? , le pregunta otro entrevistador. “No. ¡Y mejor que no me sienta él, porque le va a ir muy mal a Kirchner si me pongo de opositora; ya en casa soy terrible! Sí, discutimos mucho. A él le gusta discutir, aunque a veces se enoja cuando le llevo la contraria”.

Vocación política

“¡Huy! En mi casa, mi abuelo era muy peronista, mi madre también; pero mi padre era antiperonista. Una cosa curiosísima. ¿Y qué era ser peronista o antiperonista? Era ser mi padre o ser mi madre, o era ser mi abuelo, que vivía con mis padres. Participar en política produce una fuerte sensación de no conformismo con el mundo que nos rodea. La política no es un objetivo en sí mismo, es un instrumento para cambiar las cosas de los que menos tienen, porque la economía normalmente tiende a consolidar a los que más tienen, así que se me ocurre que la política es el instrumento de los que tienen que cambiar las cosas porque no han sido tan favorecidos por ella. Esa interpretación de la política, y la asociación de peronismo con justicia social, fue la que me llevó a la política”.

+ ¿Usted es ‘todo política?’ “ Todos somos todo política; algunos no se dan cuenta, yo sí me di cuenta. La política es una expresión de la sociedad; la política es económica, social, cultural. Alguien que se para delante de un cuadro para ver si le gusta o no el impresionismo, ya está participando de formas políticas”. + ¿El amor también sería política? “Qué pregunta. El amor, no, ¿qué amor? Hay muchos amores: el de un hombre y una mujer, el amor a los hijos, el amor a la sociedad, a las artes. El amor a la política. Creo que la política es una manera de querer a los demás; porque, en definitiva, yo me podría dedicar a lo mío y nada más, a mi profesión, a mi vida. Yo tuve una vida profesional muy exitosa; como en la dictadura no me podía dedicar a la política, tuve un estudio jurídico, con mi marido y otro socio. Fue el más grande de la provincia de Río Gallegos, en Santa Cruz”.

En “Opinión Domingo” (23 de enero 2005), en una Nota sobre “Los deseos imaginarios de Cristina”, Jorge Fernández Díaz escribe: “Cuando ella está lejos y se siente libre, ella no se priva de ser una socialista española. Resulta irresistible y verdaderamente ‘cool’ para cualquier militante del "progresismo" nacional pisar Madrid y aspirar con deleite el perfume de esa flor deseada: la izquierda posmoderna. Uno puede ser entonces, sin culpas ni complejos, socialista y capitalista a la vez. Está visto que Cristina Fernández de Kirchner se ve a sí misma como un hada madrina de la socialdemocracia y no como una revolucionaria de los 70. La conversión del socialismo combativo en socialismo capitalista es, en verdad, una construcción política de los años 80, cuando Felipe González y François Mitterrand tomaron el poder y diseñaron políticas exitosas y verdaderamente progresistas en Europa. Es inusual que la primera dama se muestre tan expansiva con los periodistas, y es por eso que esa nota resulta toda una pieza de análisis sobre el ADN del matrimonio que hoy rige los destinos de la Argentina”.

+ ¿Ambiciona usted ser como Kirchner? ¿Presidente? “Hay algo de narcisista en eso de mirarse al espejo y decir: yo quiero ser presidente. A mí me gusta más mirarme en el espejo y decir: ¡pucha, formo parte de un proyecto que antes quería transformar el mundo y que ahora es más humilde, quiere no más participar en el cambio de mi país!”.