Cristina
Fernández de Kirchner
“Poder
con rouge” titula su comentario
sobre Cristina Kirchner el columnista
Nicolás Wiñasky de “Semana”
argentina. “Su inconmensurable poder
se despliega en cuanto abre los ojos,
ni bien el sol tiñe de anaranjado
los jardines de la Quinta de Olivos. De
los dos, es ella la primera en leer los
diarios, una lectura intensiva, con marcador
en mano para señalar las notas
que "debe" leer minutos después
y con atención su marido, el Presidente...
Ése es el verdadero poder de Cristina
Elisabet Fernández: en la intimidad
de Olivos, en su despacho en la Casa Rosada
o por teléfono desde el Senado,
llena de ideas y opiniones la cabeza del
Presidente. Aconseja y asesora, diseña
estrategias. Desde la relación
con la prensa hasta la táctica
frente a los piqueteros o el FMI. Se ocupa
de todo y cada vez más. De la delicada
relación con los Estados Unidos
al color de los manteles de hilo que adornaron
las mesas del Congreso de la Lengua. Es
el poder paralelo en un Gobierno que como
nunca concentró todas las decisiones
en un matrimonio: Néstor y Cristina
Kirchner”.
"La
mujer fuerte de Argentina – así
la presenta Juan Cruz en entrevista a
"El País" de Madrid.
“Es la que manda, o, como se dice
vulgarmente, la que lleva los pantalones
en casa. Cristina Fernández es,
por este orden, peronista, la esposa del
presidente argentino desde 1975, senadora
desde 1995. Muchos, ante su fuerza, empuje
y carisma, se preguntan si no será
la nueva Eva Perón o la próxima
presidenta”. De entrada -al entrevistador
de radio Iñaki Gabilondo- la senadora
le soltó la frase: "El presidente
está casado conmigo. Cristina Fernández,
senadora argentina, peronista, de 51 años,
no es la mujer del presidente, eso está
claro; es más, un día puede
ser Kirchner el marido de la presidenta.
Ahora, en efecto, el presidente es su
marido, pero ella va por su cuenta y riesgo”.
+¿Y a veces se siente en oposición
a su marido? , le pregunta otro entrevistador.
“No. ¡Y mejor que no me sienta
él, porque le va a ir muy mal a
Kirchner si me pongo de opositora; ya
en casa soy terrible! Sí, discutimos
mucho. A él le gusta discutir,
aunque a veces se enoja cuando le llevo
la contraria”.
Vocación política
“¡Huy! En mi casa, mi abuelo
era muy peronista, mi madre también;
pero mi padre era antiperonista. Una cosa
curiosísima. ¿Y qué
era ser peronista o antiperonista? Era
ser mi padre o ser mi madre, o era ser
mi abuelo, que vivía con mis padres.
Participar en política produce
una fuerte sensación de no conformismo
con el mundo que nos rodea. La política
no es un objetivo en sí mismo,
es un instrumento para cambiar las cosas
de los que menos tienen, porque la economía
normalmente tiende a consolidar a los
que más tienen, así que
se me ocurre que la política es
el instrumento de los que tienen que cambiar
las cosas porque no han sido tan favorecidos
por ella. Esa interpretación de
la política, y la asociación
de peronismo con justicia social, fue
la que me llevó a la política”.
+ ¿Usted es ‘todo política?’
“ Todos somos todo política;
algunos no se dan cuenta, yo sí
me di cuenta. La política es una
expresión de la sociedad; la política
es económica, social, cultural.
Alguien que se para delante de un cuadro
para ver si le gusta o no el impresionismo,
ya está participando de formas
políticas”. + ¿El
amor también sería política?
“Qué pregunta. El amor, no,
¿qué amor? Hay muchos amores:
el de un hombre y una mujer, el amor a
los hijos, el amor a la sociedad, a las
artes. El amor a la política. Creo
que la política es una manera de
querer a los demás; porque, en
definitiva, yo me podría dedicar
a lo mío y nada más, a mi
profesión, a mi vida. Yo tuve una
vida profesional muy exitosa; como en
la dictadura no me podía dedicar
a la política, tuve un estudio
jurídico, con mi marido y otro
socio. Fue el más grande de la
provincia de Río Gallegos, en Santa
Cruz”.
En “Opinión Domingo”
(23 de enero 2005), en una Nota sobre
“Los deseos imaginarios de Cristina”,
Jorge Fernández Díaz escribe:
“Cuando ella está lejos y
se siente libre, ella no se priva de ser
una socialista española. Resulta
irresistible y verdaderamente ‘cool’
para cualquier militante del "progresismo"
nacional pisar Madrid y aspirar con deleite
el perfume de esa flor deseada: la izquierda
posmoderna. Uno puede ser entonces, sin
culpas ni complejos, socialista y capitalista
a la vez. Está visto que Cristina
Fernández de Kirchner se ve a sí
misma como un hada madrina de la socialdemocracia
y no como una revolucionaria de los 70.
La conversión del socialismo combativo
en socialismo capitalista es, en verdad,
una construcción política
de los años 80, cuando Felipe González
y François Mitterrand tomaron el
poder y diseñaron políticas
exitosas y verdaderamente progresistas
en Europa. Es inusual que la primera dama
se muestre tan expansiva con los periodistas,
y es por eso que esa nota resulta toda
una pieza de análisis sobre el
ADN del matrimonio que hoy rige los destinos
de la Argentina”.
+
¿Ambiciona usted ser como Kirchner?
¿Presidente? “Hay algo de
narcisista en eso de mirarse al espejo
y decir: yo quiero ser presidente. A mí
me gusta más mirarme en el espejo
y decir: ¡pucha, formo parte de
un proyecto que antes quería transformar
el mundo y que ahora es más humilde,
quiere no más participar en el
cambio de mi país!”.