Presidencias
de Mugabe
En sus primeros años de gobierno buscó
la cooperación con la China post-maoísta
y alentó a los granjeros de origen británico
a permanecer en el país, lo cual llevó
a que Zimbabue se convirtiera en uno de
los mayores productores agrícolas de toda
África. Además, redujo drásticamente el
analfabetismo hasta situarlo en menos
del 10% y consiguió para su país un alto
crecimiento económico. A finales de la
década de 1990, la economía empezó a decaer.
En 1998 se vio obligado a afrontar una
situación social y económica sumamente
deteriorada. En las elecciones de 2002
- comicios que fueron denunciados como
fraudulentos por la oposición- resultó
elegido de nuevo, esta vez con el 56,2%
de los sufragios contra el 41,9% de su
principal rival, Morgan Tsvangirai. En
unas primeras elecciones presidenciales
en el 2008, los datos de la Comisión Electoral
de Zimbabue indican que el opositor Movimiento
Democrático de Cambio superó al ZANU-PF,
oficialista. El candidato opositor Morgan
Tsvangirai obtuvo el 47,9% de los votos,
frente al 43% del presidente Mugabe. Sin
embargo esta diferencia no le pareció
admisible al gobierno y convocó a una
segunda contienda electoral, aumentando
el clima de represión. La oposición se
negó a participar y Tsvangirai se retiró,
dejando el camino allanado para la reelección
de Mugabe, quien fue investido como presidente
por sexta vez el pasado 29 de junio de
2008.
El
poder por el poder
¿Cuál es el factor que habría
llevado a Robert Mugabe a destruir su
país y su reputación? Parece
ser la lógica del control total
del poder en tiempo y espacio. La lógica
de Lucifer y Prometeo. La concentración
de poder en sus manos, por tiempo indefinido
y sin aceptar controles ni limitaciones
por ningún otro poder ni por la
sociedad que controla.
“Por una parte, es el hombre que
liberó al país del colonialismo
blanco, pero también es el hombre
que ha asesinado y reprimido a la población
de manera dictatorial”, dijo Tsvangirai
al reportero J.L. Anderson. Según
el testimonio del periodista, "la
ciudad para las elecciones estaba empapelada
con afiches de Mugabe en posición
desafiante, el puño en alto y su
lema “La batalla final por el control
total”. Eso lo explica todo. No
importan las tácticas de terror
para amedrentar los medios en el país,
las prebendas a los adulantes, las dádivas
a una población hambrienta. Todo
es útil y ético mientras
sea conducente para la victoria electoral.
El estilo maula del gobierno tiene como
efecto que la corrupción se filtre
a todos los niveles. Para el 2008, Transparencia
Internacional colocó a Zimbabue
muy abajo en su índice de corrupción
global, en el puesto 166 de 184 países
evaluados. La corrupción ha sido
la clave para la supervivencia del régimen,
y el instrumento económico que
lo sostiene. Y los hechos se acomodan
con oportunismo a la verdad única
del régimen: "El camarada
Mugabe es el amado líder de todos
los zimbabuenses, la violencia es producto
del Movimiento Democrático, y la
verdadera razón del sufrimiento
económico del país son las
sanciones impuestas por los países
de occidente. Zimbabue va hacia la Tierra
prometida y tiene su Moisés!",
es el ritornello de su frecuente discurso.
Conclusión
Robert
Mugabe es uno de los pocos “hombres fuertes”
supérstites que quedan en África. Allí
hubo una generación de líderes nacionalistas
que surgieron después de la independencia,
gobernaron durante décadas y, con muy
contadas excepciones, permitieron que
las alternativas democráticas tuvieran
un espacio político. En los últimos años,
Kenneth Kaunda entregó el poder en Zambia,
al igual que Julius Nyerere en Tanzania
y Nelson Mandela al finalizar su primer
período en Sudáfrica.. En la actualidad,
los tres hombres actúan en calidad de
muy cotizaos consejeros de las Naciones
Unidas. Mugabe, 'por ahora', se ha
mostrado incapaz de retirarse. Y en comparación
con lo que sucede en el resto de África,
hace parte de una generación de dinosaurios,
en un inevitable y envejecido "otoño del
patriarca".
24/02/2012