Nicaragua: otra vez Ortega... (Editorial 79)
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Nicaragua es el país más extenso de Centroamérica. Tiene una singular fisonomía geográfica y política. Es la tierra de los lagos y los volcanes, del agua y del fuego. Junta la placidez democrática y la violencia revolucionaria. Es la patria del legendario César Augusto Sandino, asesinado en 1934, quien encarna al indoamericano que insurge del seno de los oprimidos y simboliza la lucha contra el imperialismo yanqui. Daniel Ortega ha estado muy vinculado a la historia política de los últimos 33 años de Nicaragua e inicia como Presidente otro período de cinco años, tras una muy cuestionada reelección del pasado domingo 6 de noviembre, señalada por sus irregularidades.

Algo de historia

Daniel Ortega fue el principal de los nueve comandantes del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) que, el 9 de julio 1979, destronaron la larga y odiada dinastía de los Somozas, apoyados por un amplio frente popular de las fuerzas progresistas del país (marxistas y cristianos), en las que estaba también la Iglesia Católica. La bandera roja-negra recogía en sus contrastantes colores los ideales de una revolución que fue exitosa en la toma del poder. Pero que a los 10 años (25 abril 1990) tuvo que reconocer su derrota en las urnas, frente a una mujer inválida y sin partido, Violeta Chamorro. El régimen sandinista que prometía tanto, cometió grandes errores y fracasó tristemente. Los dos principales factores decisorios fueron: 1) El descalabro económico, bien estudiado por el economista nicaragüense Jorge Alanys (inicialmente partidario sandinista) en su trabajo “El suicidio económico de los sandinistas” - que coincide con dos informes simultáneos de 1989 de la CEPAL y del BID-. 2) El camorrismo que el régimen y sus funcionarios montaron contra casi todas las fuerzas vivas del país, por sobreapego a la ideología marxista-cubana y su dogmatismo con falta de realismo político.

 
 

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Pero Daniel Ortega no cejó nunca de volver al poder, y una vez obtenido ha tratado de prolongarlo por todos los medios. Perdió tres elecciones presidenciales anteriores, ganó por poca diferencia una cuarta, y volvió para ésta. Para ello ha desdibujado mucho el rojo fuerte ‘revolucionario’ inicial que se ha tornado en un rosado casi gay y ha entrado en alianzas hasta con el mismo diablo, que le ha funcionado personificado por Arnaldo Alemán, del PLC (Partido Liberal Constitucional), quien llegó a ser presidente (1997-2002) y terminó en la cárcel por estafas contra el Estado del orden de 600 millones de dólares, utilizados en beneficio personal y de sus allegados. Tras bambalinas, Ortega (FSLN) y la parte mayoritaria del PLC de Alemán pactaron hace más de 10 años un infame pacto político, una tenaza, que se adueñó de todos los poderes públicos del país (el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría y la Fiscalía Dicha alianza infame explica la manipulación con la que logró Ortega obtener, con un mínimo margen de 35% de votos, un primer periodo muy gris de gobierno (2006-2011) y ahora recientemente una amañada reinterpretación de la Constitución por parte de jueces sandinistas, que hizo posible su actual reelección para un segundo periodo inmediato. Los resultados fueron: Ortega 62%, Gadea 31%, Alemán 6% para un total de 1´540.000 votos escrutados. A estos comicios se presentaron también el opositor de derecha, Fabio Gadea, empresario radial del PLI (Partido Liberal Independiente) que quedó de 2º y de nuevo Alemán (PLC) de 3º para hacer creer a la opinión pública que hay libertad democrática en Nicaragua, con pleno juego electoral y no pretensión hegemónica por parte de Ortega. De todos modos es difícil de desvirtuar la afirmación sin tapujos de la exgerrillera Mónica Baltodano:

"En nuestro país existe la percepción de que estamos controlados por dos grupos de mafiosos".

La nave de los locos

En el siglo XV, el alemán Sebastián Brant, escribió con mucha ironía una imaginativa alegoría que tituló “Stultifera navis” (la nave de los locos). Invitó a subir a bordo a unos cien personajes representativos de su época, famosos por sus excesos, equivocaciones y desvaríos que golpearon a muchos. Y fueron invitados a viajar al “paraíso de los locos”. Para un observador serio, esta alegoría ilustra bien la condena de Nicaragua a viajar en la nave de los locos, a ir y venir, tejer y destejer, hacer y deshacer su historia cuando un loco obsesivo por el poder es invitado de honor a subir a bordo de la nave y va a enloquecer desde arriba a sus electores prometiéndoles de nuevo “la conquista del paraíso”, siguiendo como modelo a Cuba y contando con la muy generosa ayuda de su amigo el presidente Chávez de Venezuela.

08-11-11