Gran
influjo de la religión
Desde
sus albores, cuando los colonos ingleses
y alemanes iban a lo que hoy son los Estados
Unidos buscando libertad religiosa, los
Estados Unidos han estado profundamente
influidos por la religión. Tal
influencia continúa en la paradógica
cultura estadounidense, en su vida social
y en la política. Todos los Presidentes
de los Estados Unidos han sido blancos
y protestantes, excepto John F. Kennedy
(católico) y el actual presidente
Barack Obama (congregacionalista, afroamericano).
En Estados Unidos hay separación
de la Iglesia y el Estado, el cual respeta
y garantiza el espacio para la libertad
religiosa y los diferentes ritos, siendo
estos los que llenan los espacios con
sus propias creencias y contenidos independientemente
del Estado tanto nacional como federal.
La religión no solo es lícita
sino indispensable en la sociedad democrática
norteamericana. Los políticos frecuentemente
hablan de su religión en campaña
electoral, y muchas iglesias y figuras
religiosas son muy activas políticamente.
Cristianos los hay tanto en el Partido
Demócrata como en el Partido Republicano.
Hay que observar que los cristianos evangélicos
tienden a apoyar a los republicanos, mientras
que los votantes laicos apoyan a los demócratas.
Hoy se presenta un fenómeno interesante
entre los republicanos, que queremos destacar.
Republicanos
y fundamentalismo evangélico
A poco más de un año de
las elecciones presidenciales de Estados
Unidos, y cuando el presidente Barack
Obama atraviesa uno de sus momentos más
bajos en las encuestas de popularidad
(44% apenas), la religión se ha
convertido en un factor decisivo entre
los candidatos republicanos. La lentitud
en la recuperación económica
y sus consecuencias han dado alas a todo
tipo de candidatos republicanos y conservadores.
Entre ellos, hay protestantes de las ramas
baptista, luterana, metodista y evangélica;
hay católicos, y hay mormones.
David Alandete tiene en El País
de Madrid (21-08-2011) un reportaje que
titula “La gran cruzada”
por el que desfilan los tres principales
aspirantes republicanos a dar la batalla
contra el presidente demócrata
Obama en las elecciones de 2012. Todos
ellos coinciden en ver la política
bajo el prisma de su fundamentalismo cristiano.
Los tres candidatos cortejan al movimiento
ultraconservador TEA PARTY –al que
dedicamos nuestro artículo-comentario
de Observatorio de Política Internacional
del 05-12-2010. Dicho movimiento es muy
crítico contra el creciente poder
del Gobierno central norteamericano y
partidario de medidas drásticas,
y colocó a numerosos representantes
suyos en las primarias legislativas del
2010. Devolvió al Partido Republicano
la mayoría en una de las dos cámaras
del Congreso, con fuerza y poder convocatorio
creciente. Los profesores Robert Putnam,
de la Universidad de Harvard, y David
Campbell, de la de Notre Dame, concluyeron
en una larga investigación entre
3.000 votantes que, aparte de tener dicho
movimiento tintes xenófobos, está
centrado en colocar a líderes altamente
religiosos en el Gobierno. Quiere el Tea
Party que la fe sea política y
que el Gobierno de los hombres sea, también,
gobierno de Dios.
¿Quiénes
son estos tres candidatos y qué
defienden?
1) La congresista Michele BACHMANN, evangélica
luterana que ha convertido los escaños
políticos en altares desde los
que combate el matrimonio gay. Sus 10
años de vida política han
sido activismo cristiano. Sobre todo,
ha declarado una guerra cultural a lo
que llama "estilo de vida homosexual".
En 2004, dijo en un programa de radio
de Minnesota: "Será el asunto
de mayor importancia para nuestra nación
en las próximas tres décadas".
Fue toda una declaración de intenciones.
Ya desde entonces, Bachmann dejó
claro que haría lo que estuviera
en su mano para impedir que el matrimonio
gay avanzara en el país. En julio
de este año, firmó un contrato
con los votantes, redactado por la organización
conservadora The Family Leader, en el
que, entre otras cosas, se compromete
a luchar contra la promiscuidad; a erradicar
la pornografía, y a aprobar una
enmienda constitucional nacional que defina
el matrimonio como una unión heterosexual.
2)
El gobernador de Texas, Rick PERRY, de
61 años, es firme creyente en un
Estado confesional. Sostiene el candidato
que la separación entre Iglesia
y Estado es obra de un Tribunal Supremo
que está totalmente politizado
y que es un instrumento en manos de una
gran conspiración socialdemócrata.
Es menos beligerante contra los gays,
pero igual de firme en sus convicciones
religiosas. Así lo detalla en su
libro, publicado a finales del año
pasado, Fed up! (¡Harto!): "Son
esos tribunales los que deciden, de forma
rutinaria, sin ninguna opción de
apelación, cuándo y dónde
podemos rezarle a Dios, cuándo
comienza la vida humana, qué anticonceptivos
se pueden vender, cómo podemos
celebrar festividades religiosas, qué
nivel de pornografía y vulgaridad
debemos permitir, si se puede aceptar
el matrimonio de personas del mismo sexo...".
El evangelismo de Perry es en realidad
una forma de activismo cristiano contra
el secularismo, es decir contra la indiferencia
religiosa. En 2005 defendió en
el Supremo su voluntad firme de que los
diez mandamientos se exhibieran en dos
tablas frente al Capitolio de Austin.
Ganó aquel caso por una ajustada
mayoría de cinco votos contra cuatro.
El poder político es para Perry
una forma de hacer proselitismo religioso.
Su despacho de gobernador ha sido un púlpito.
Como gobernador, organizó el pasado
6 de agosto una jornada de rezo en un
estadio de Houston. A ella acudieron 30.000
personas. El sermón del gobernador
se retransmitió en directo en unas
1.000 iglesias. Fue una súplica
a Dios para que acabe con la crisis económica.
3)
Y el exgobernador de Massachusetts, Mitt
ROMNEY, 64 años, Los credos de
Bachmann y Perry dejan al tercer candidato,
el mejor colocado en las encuestas, como
un moderado. Pero crea recelos entre los
votantes protestantes porque es mormón.
No es el único seguidor de la llamada
‘Iglesia de Jesucristo de los Santos
de los Últimos Días’
que se presenta a cargo oficial. Jon Huntsman,
de 51 años, exgobernador de Utah
y exembajador de Obama en China, también
lo es. La mitad de los 14 millones de
mormones que hay en el mundo reside en
EE UU. Pero la sola idea de un mormón
en la Casa Blanca sigue encontrando resistencia
en la opinión pública. Según
un sondeo de junio de la Universidad de
Quinnipiac, de 2.000 personas encuestadas,
solo un 35% se encontraría a gusto
con un presidente mormón. Porcentaje
no muy alejado del que arrojan los que
aceptarían un presidente ateo (24%)
o musulmán (21%).
11-09-2011