Estados Unidos : Política y religión (Editorial 71)
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La relación individual y colectiva del ser humano con la Divinidad -que solemos llamar Religión (de la palabra religar)- es una constante del ser humano y de todos los pueblos de cualquier época, ubicación geográfica o cultura en que se exprese. Son muchos y autorizados los estudios científicos que existen de Historia de las religiones. Estados Unidos de Norteamérica no es una excepción. Bien lo define Michael Kammen como”Pueblo de paradojas” (People of Paradox) en su obra ganadora del Premio Pulitzer, en la que consigna las ‘biformidades’ que expresan las tendencias contradictorias de la compleja civilización estadounidense. Son ellas (textualmente página 116): “Un individualismo colectivo, el liberalismo conservador de nuestra vida política, el idealismo pragmático de nuestra vida cerebral, el racionalismo emocional de nuestra vida espiritual, y el divino materialismo de nuestra vida consumista”.

 

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Gran influjo de la religión
Desde sus albores, cuando los colonos ingleses y alemanes iban a lo que hoy son los Estados Unidos buscando libertad religiosa, los Estados Unidos han estado profundamente influidos por la religión. Tal influencia continúa en la paradógica cultura estadounidense, en su vida social y en la política. Todos los Presidentes de los Estados Unidos han sido blancos y protestantes, excepto John F. Kennedy (católico) y el actual presidente Barack Obama (congregacionalista, afroamericano). En Estados Unidos hay separación de la Iglesia y el Estado, el cual respeta y garantiza el espacio para la libertad religiosa y los diferentes ritos, siendo estos los que llenan los espacios con sus propias creencias y contenidos independientemente del Estado tanto nacional como federal. La religión no solo es lícita sino indispensable en la sociedad democrática norteamericana. Los políticos frecuentemente hablan de su religión en campaña electoral, y muchas iglesias y figuras religiosas son muy activas políticamente. Cristianos los hay tanto en el Partido Demócrata como en el Partido Republicano. Hay que observar que los cristianos evangélicos tienden a apoyar a los republicanos, mientras que los votantes laicos apoyan a los demócratas. Hoy se presenta un fenómeno interesante entre los republicanos, que queremos destacar.

Republicanos y fundamentalismo evangélico
A poco más de un año de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, y cuando el presidente Barack Obama atraviesa uno de sus momentos más bajos en las encuestas de popularidad (44% apenas), la religión se ha convertido en un factor decisivo entre los candidatos republicanos. La lentitud en la recuperación económica y sus consecuencias han dado alas a todo tipo de candidatos republicanos y conservadores. Entre ellos, hay protestantes de las ramas baptista, luterana, metodista y evangélica; hay católicos, y hay mormones.
David Alandete tiene en El País de Madrid (21-08-2011) un reportaje que titula “La gran cruzada” por el que desfilan los tres principales aspirantes republicanos a dar la batalla contra el presidente demócrata Obama en las elecciones de 2012. Todos ellos coinciden en ver la política bajo el prisma de su fundamentalismo cristiano. Los tres candidatos cortejan al movimiento ultraconservador TEA PARTY –al que dedicamos nuestro artículo-comentario de Observatorio de Política Internacional del 05-12-2010. Dicho movimiento es muy crítico contra el creciente poder del Gobierno central norteamericano y partidario de medidas drásticas, y colocó a numerosos representantes suyos en las primarias legislativas del 2010. Devolvió al Partido Republicano la mayoría en una de las dos cámaras del Congreso, con fuerza y poder convocatorio creciente. Los profesores Robert Putnam, de la Universidad de Harvard, y David Campbell, de la de Notre Dame, concluyeron en una larga investigación entre 3.000 votantes que, aparte de tener dicho movimiento tintes xenófobos, está centrado en colocar a líderes altamente religiosos en el Gobierno. Quiere el Tea Party que la fe sea política y que el Gobierno de los hombres sea, también, gobierno de Dios.

¿Quiénes son estos tres candidatos y qué defienden?
1) La congresista Michele BACHMANN, evangélica luterana que ha convertido los escaños políticos en altares desde los que combate el matrimonio gay. Sus 10 años de vida política han sido activismo cristiano. Sobre todo, ha declarado una guerra cultural a lo que llama "estilo de vida homosexual". En 2004, dijo en un programa de radio de Minnesota: "Será el asunto de mayor importancia para nuestra nación en las próximas tres décadas". Fue toda una declaración de intenciones. Ya desde entonces, Bachmann dejó claro que haría lo que estuviera en su mano para impedir que el matrimonio gay avanzara en el país. En julio de este año, firmó un contrato con los votantes, redactado por la organización conservadora The Family Leader, en el que, entre otras cosas, se compromete a luchar contra la promiscuidad; a erradicar la pornografía, y a aprobar una enmienda constitucional nacional que defina el matrimonio como una unión heterosexual.

2) El gobernador de Texas, Rick PERRY, de 61 años, es firme creyente en un Estado confesional. Sostiene el candidato que la separación entre Iglesia y Estado es obra de un Tribunal Supremo que está totalmente politizado y que es un instrumento en manos de una gran conspiración socialdemócrata. Es menos beligerante contra los gays, pero igual de firme en sus convicciones religiosas. Así lo detalla en su libro, publicado a finales del año pasado, Fed up! (¡Harto!): "Son esos tribunales los que deciden, de forma rutinaria, sin ninguna opción de apelación, cuándo y dónde podemos rezarle a Dios, cuándo comienza la vida humana, qué anticonceptivos se pueden vender, cómo podemos celebrar festividades religiosas, qué nivel de pornografía y vulgaridad debemos permitir, si se puede aceptar el matrimonio de personas del mismo sexo...". El evangelismo de Perry es en realidad una forma de activismo cristiano contra el secularismo, es decir contra la indiferencia religiosa. En 2005 defendió en el Supremo su voluntad firme de que los diez mandamientos se exhibieran en dos tablas frente al Capitolio de Austin. Ganó aquel caso por una ajustada mayoría de cinco votos contra cuatro. El poder político es para Perry una forma de hacer proselitismo religioso. Su despacho de gobernador ha sido un púlpito. Como gobernador, organizó el pasado 6 de agosto una jornada de rezo en un estadio de Houston. A ella acudieron 30.000 personas. El sermón del gobernador se retransmitió en directo en unas 1.000 iglesias. Fue una súplica a Dios para que acabe con la crisis económica.

3) Y el exgobernador de Massachusetts, Mitt ROMNEY, 64 años, Los credos de Bachmann y Perry dejan al tercer candidato, el mejor colocado en las encuestas, como un moderado. Pero crea recelos entre los votantes protestantes porque es mormón. No es el único seguidor de la llamada ‘Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días’ que se presenta a cargo oficial. Jon Huntsman, de 51 años, exgobernador de Utah y exembajador de Obama en China, también lo es. La mitad de los 14 millones de mormones que hay en el mundo reside en EE UU. Pero la sola idea de un mormón en la Casa Blanca sigue encontrando resistencia en la opinión pública. Según un sondeo de junio de la Universidad de Quinnipiac, de 2.000 personas encuestadas, solo un 35% se encontraría a gusto con un presidente mormón. Porcentaje no muy alejado del que arrojan los que aceptarían un presidente ateo (24%) o musulmán (21%).

 

11-09-2011