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Por lo general, un gobierno
se define más por el estilo
del gobernante de turno que por
la doctrina que parece aplicar en
sus decisiones y administración.
El estilo pausado, moderado, liberal,
de mucho diálogo y poco dado
al conflicto, con que Barack Obama
cautivó a sus seguidores
para ganar la Presidencia de Estados
Unidos, en abierto deslinde con
el estilo controversial, impositivo,
con visos de autoritarismo de la
era de George Bush, hijo, logró
mantenerse hasta ahora en la Casa
Blanca para el difícil manejo
de los problemas internos de la
Unión que dividen a los demócratas
y republicanos en el Congreso, y
frente a las discordantes voces
que desde todos los ángulos
del mundo se levantan pidiendo que
el liderazgo de Estados Unidos sea
claro, contundente, efectivo y respetado.
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En
política exterior no se puede negar
que viene in crescendo la crítica
a las vacilaciones y falta de compromiso
que mostraba el gobierno de Obama a la hora
de definir una política. Tanto que
se habla de un repliegue del imperio americano.
‘La capacidad de infligir daño
material de Washington en persecución
de objetivos planetarios, puede seguir intacta,
pero la dificultad relativa y el costo de
ejercerla; su ineficacia en guerras no convencionales
(Afganistán, Irak, Pakistán),
así como su desgaste en peleas inútiles
están próximos a convertir
a EUA en lo que Mao llamaba "un tigre
de papel". Ese tigre aún puede
morder más que nadie, pero no siempre
encuentra donde aplicar la dentellada’
(M.A. Bastenier). Le queda todavía
la capacidad de atracción de su propio
modelo, junto con operaciones complementarias
como gigantescos subsidios internacionales.
Pero también acá hay indefinición
y titubeo. |
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Análisis
& Opinión
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Indefiniciones
Los casi dos años de la presidencia
de Obama, en política exterior,
han sido de dudas y transacciones entre
gradaciones del bien, o en términos
más crudos, entre males de distinta
envergadura. Con Bush, la contundencia
de la decisión no daba otra opción
más que situarse a un lado o en
el contrario, o se estaba con Washington
o con el Eje del Mal. Con Obama llegaron
las largas deliberaciones, las argumentaciones
contradictorias dentro de su propio gobierno
y los matices a veces incomprensibles
para un gran público habituado
a los superhéroes y no a los espinosos
dilemas morales entre seguridad nacional
y libertad, entre intereses americanos
y valores universales, que el gobernante
con exceso de prudencia pretendía
convertir en compatibles.
La lista de sus fallos y vacilaciones
es larga, como lo recuerda Llouis Basset
en uno de sus bloqs (El País).
Sus propuestas han sido objeto de numerosos
desaires, sobre todo por parte de países
emergentes; los más sonoros, de
mano de los más estrechos aliados,
como es el caso del primer ministro israelí
Benjamín Netanyahu, insumiso ante
la exigencia de congelar las colonias
en Cisjordania. Le faltaron reflejos ante
la revolución verde que se levantó
contra Ahmadineyad. Tampoco fue muy clarividente
ante la primavera árabe, acogida
con prudencia excesiva primero y luego
con un giro que permitió el derrocamiento
de Mubarak y suscitó malestar en
Arabia Saudita e Israel. Y, sobre todo,
ha cedido el protagonismo en la crisis
Libia a Sarkozy (Francia) y Cameron (Inglaterra),
dejando que cundiera la sensación
de un mundo sin conductor al volante.
Cambio de lenguaje y de enfoque
Varios comentaristas internacionales están
acordes en afirmar que Barack Obama, con
el fuerte golpe a Al Qaeda, realizó
una brillante operación militar
convertida en uno de los mayores éxitos
históricos del espionaje estadounidense.
La acción de Abbottabad lanzó
un poderoso mensaje a amigos y adversarios
de Estados Unidos: ellos hacen lo que
dicen que harán. Es un mensaje
de persistencia, determinación
y dedicación. No importan los obstáculos,
EUA hace lo que debe hacer. Y así
lo subrayó el consejero de Seguridad
Nacional, Tom Donilon: “Esta ventana
azul entre la niebla de una política
exterior vacilante pertenece, sin embargo,
al territorio decisionista por excelencia.
Obama dijo que utilizaría la diplomacia
y no sólo la fuerza, pero solo
cuando ha utilizado la fuerza ha empezado
a afirmar su autoridad, así es
que quizás podrá empezar
ahora a utilizar con mayor éxito
y contundencia la diplomacia”.
Y de hecho, el claro cambio de lenguaje
y de enfoque, el presidente Obama lo consignó
en su discurso del 19 de mayo pasado,
que puede marcar el comienzo de una nueva
etapa entre Estados Unidos y los países
árabes y musulmanes.
Allí fijó las prioridades
de lo que será la política
exterior estadounidense en esta nueva
etapa, y para ello recurrió a sus
mejores dotes oratorias y logró
presentar un análisis sin ambages,
inimaginable antes de la caída
de Ben Ali en Túnez y de Mubarak
en Egipto. Sus conclusiones son claras:
"en demasiados países, el
poder se ha concentrado en las manos de
unos pocos"; "las estrategias
de represión y de desviar la atención
ya no funcionarán"; "el
statu quo no es sostenible"; "a
través de la fuerza moral de la
no violencia, las gentes de la región
han conseguido más cambios en seis
meses que los terroristas en décadas".
El resumen del discurso bien podría
ser que si no cambia el enfoque norteamericano
hacia esa región, se corre el riesgo
de "ahondar la espiral de división
entre Estados Unidos y las comunidades
musulmanas".
El nuevo enfoque que defiende el presidente
estadounidense estará centrado
en el apoyo a las transiciones ya iniciadas
en Túnez y Egipto, así como
a las que puedan venir después,
con un fuerte componente de desarrollo
económico. Para ello se ofrece
una combinación de ayudas directas
y medidas para una mayor integración
en la economía mundial, pero también
de "ayuda a los nuevos gobiernos
democráticos para recuperar activos
robados". La Unión Europea
está llamada a contribuir activamente
al desarrollo económico y político
que piden sus vecinos del sur, por lo
que será importante que haya una
buena coordinación transatlántica
y una idea clara de los objetivos y de
los instrumentos disponibles.
Conclusión
“Obama ha mostrado que es capaz
de cambio, y que hay esperanza de que
puede lograr sus metas” (Mark
Halperin).
13-06-2011
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