Estados Unidos : Obama cambia de enfoque (Editorial 58)
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Por lo general, un gobierno se define más por el estilo del gobernante de turno que por la doctrina que parece aplicar en sus decisiones y administración. El estilo pausado, moderado, liberal, de mucho diálogo y poco dado al conflicto, con que Barack Obama cautivó a sus seguidores para ganar la Presidencia de Estados Unidos, en abierto deslinde con el estilo controversial, impositivo, con visos de autoritarismo de la era de George Bush, hijo, logró mantenerse hasta ahora en la Casa Blanca para el difícil manejo de los problemas internos de la Unión que dividen a los demócratas y republicanos en el Congreso, y frente a las discordantes voces que desde todos los ángulos del mundo se levantan pidiendo que el liderazgo de Estados Unidos sea claro, contundente, efectivo y respetado.


En política exterior no se puede negar que viene in crescendo la crítica a las vacilaciones y falta de compromiso que mostraba el gobierno de Obama a la hora de definir una política. Tanto que se habla de un repliegue del imperio americano. ‘La capacidad de infligir daño material de Washington en persecución de objetivos planetarios, puede seguir intacta, pero la dificultad relativa y el costo de ejercerla; su ineficacia en guerras no convencionales (Afganistán, Irak, Pakistán), así como su desgaste en peleas inútiles están próximos a convertir a EUA en lo que Mao llamaba "un tigre de papel". Ese tigre aún puede morder más que nadie, pero no siempre encuentra donde aplicar la dentellada’ (M.A. Bastenier). Le queda todavía la capacidad de atracción de su propio modelo, junto con operaciones complementarias como gigantescos subsidios internacionales. Pero también acá hay indefinición y titubeo.
 

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Indefiniciones

Los casi dos años de la presidencia de Obama, en política exterior, han sido de dudas y transacciones entre gradaciones del bien, o en términos más crudos, entre males de distinta envergadura. Con Bush, la contundencia de la decisión no daba otra opción más que situarse a un lado o en el contrario, o se estaba con Washington o con el Eje del Mal. Con Obama llegaron las largas deliberaciones, las argumentaciones contradictorias dentro de su propio gobierno y los matices a veces incomprensibles para un gran público habituado a los superhéroes y no a los espinosos dilemas morales entre seguridad nacional y libertad, entre intereses americanos y valores universales, que el gobernante con exceso de prudencia pretendía convertir en compatibles.
La lista de sus fallos y vacilaciones es larga, como lo recuerda Llouis Basset en uno de sus bloqs (El País). Sus propuestas han sido objeto de numerosos desaires, sobre todo por parte de países emergentes; los más sonoros, de mano de los más estrechos aliados, como es el caso del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, insumiso ante la exigencia de congelar las colonias en Cisjordania. Le faltaron reflejos ante la revolución verde que se levantó contra Ahmadineyad. Tampoco fue muy clarividente ante la primavera árabe, acogida con prudencia excesiva primero y luego con un giro que permitió el derrocamiento de Mubarak y suscitó malestar en Arabia Saudita e Israel. Y, sobre todo, ha cedido el protagonismo en la crisis Libia a Sarkozy (Francia) y Cameron (Inglaterra), dejando que cundiera la sensación de un mundo sin conductor al volante.

Cambio de lenguaje y de enfoque

Varios comentaristas internacionales están acordes en afirmar que Barack Obama, con el fuerte golpe a Al Qaeda, realizó una brillante operación militar convertida en uno de los mayores éxitos históricos del espionaje estadounidense. La acción de Abbottabad lanzó un poderoso mensaje a amigos y adversarios de Estados Unidos: ellos hacen lo que dicen que harán. Es un mensaje de persistencia, determinación y dedicación. No importan los obstáculos, EUA hace lo que debe hacer. Y así lo subrayó el consejero de Seguridad Nacional, Tom Donilon: “Esta ventana azul entre la niebla de una política exterior vacilante pertenece, sin embargo, al territorio decisionista por excelencia. Obama dijo que utilizaría la diplomacia y no sólo la fuerza, pero solo cuando ha utilizado la fuerza ha empezado a afirmar su autoridad, así es que quizás podrá empezar ahora a utilizar con mayor éxito y contundencia la diplomacia”.
Y de hecho, el claro cambio de lenguaje y de enfoque, el presidente Obama lo consignó en su discurso del 19 de mayo pasado, que puede marcar el comienzo de una nueva etapa entre Estados Unidos y los países árabes y musulmanes.
Allí fijó las prioridades de lo que será la política exterior estadounidense en esta nueva etapa, y para ello recurrió a sus mejores dotes oratorias y logró presentar un análisis sin ambages, inimaginable antes de la caída de Ben Ali en Túnez y de Mubarak en Egipto. Sus conclusiones son claras: "en demasiados países, el poder se ha concentrado en las manos de unos pocos"; "las estrategias de represión y de desviar la atención ya no funcionarán"; "el statu quo no es sostenible"; "a través de la fuerza moral de la no violencia, las gentes de la región han conseguido más cambios en seis meses que los terroristas en décadas". El resumen del discurso bien podría ser que si no cambia el enfoque norteamericano hacia esa región, se corre el riesgo de "ahondar la espiral de división entre Estados Unidos y las comunidades musulmanas".

El nuevo enfoque que defiende el presidente estadounidense estará centrado en el apoyo a las transiciones ya iniciadas en Túnez y Egipto, así como a las que puedan venir después, con un fuerte componente de desarrollo económico. Para ello se ofrece una combinación de ayudas directas y medidas para una mayor integración en la economía mundial, pero también de "ayuda a los nuevos gobiernos democráticos para recuperar activos robados". La Unión Europea está llamada a contribuir activamente al desarrollo económico y político que piden sus vecinos del sur, por lo que será importante que haya una buena coordinación transatlántica y una idea clara de los objetivos y de los instrumentos disponibles.

Conclusión

Obama ha mostrado que es capaz de cambio, y que hay esperanza de que puede lograr sus metas” (Mark Halperin).

 

13-06-2011