España - Derrota del Partido Socialista (Editorial 56)
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España - Derrota del Partido Socialista (Editorial 56)
     

Las pasadas elecciones autonómicas y locales del 22 de mayo han dejado un amargo sabor de derrota al PSOE (Partido Socialista Obrero Español, de izquierda) y cierta alegría triunfalista al PP (Partido Popular, conservador de derecha) que ha interpretado los resultados como victoria suya, cuando en realidad reflejan –en forma más general- una crisis económica de fondo, un desencanto del gobierno actual de Zapatero y una indignación manifiesta de las generaciones jóvenes frente a la actual coyuntura del país. El PP obtuvo el 37,59 por ciento de votos frente al 27,82 por ciento del PSOE, un 6,35 por ciento de la Izquierda Unida (IU), un 3,56 por ciento de los nacionalistas moderados catalanes de Convergencia i Unió (CiU), y un 1,45 por ciento de la coalición independentista vasca Bildu.

Un campanazo de alerta

Tan solo quedan seis meses para la convocatoria de las próximas elecciones generales. Zapatero, el actual presidente del gobierno, aunque reconoce las cifras de los comicios del 15-M (“lo asumimos y lo entendemos”), parece cerrar los oídos al clamor popular que ha salido de las urnas. Ha refrendado que así como no se presentará para reelección tampoco adelantará la fecha de las elecciones previstas para junio del 2012.

 

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Muchos analistas advierten sobre la inmensa debilidad política que convertirá su gobierno, en los próximos meses, en una interminable agonía y posible desgobierno. Algunos sugieren que, dentro de su partido haya alguien que sea capaz de insuflar una cierta sensatez en el gobierno, para beneficio de todos los españoles y de su propia formación política. Salvo reorganizar internamente su partido poco le queda ya por hacer al actual Secretario General del Partido Socialista. Pero debe reflexionar seriamente sobre las causas de la moción de censura que le han presentado los votantes. No ha habido solamente una crisis económica innegable (aunque no tan grave como en Grecia, Portugal o Irlanda) sino que también ha habido una serie de engaños y errores que sus mismos compañeros de partido los saben y denuncian.

Zapatero en declive

Zapatero ha sido el único líder que alcanzó la presidencia del Gobierno en las primeras elecciones generales a las que se presentaba (2004) Ello fue posible gracias a una tarea oposicionista que ofreció a los ciudadanos una alternativa a la crispación alentada por el Partido Popular (PP de Aznar), llevada a sus últimas consecuencias tras los atentados del 11 de marzo en Madrid. La izquierda, que se había desmovilizado con Joaquín Almunia, regresó a las urnas y concedió la victoria al nuevo secretario general del PSOE. El hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero haya pasado en La Moncloa seis de los 10 años que lleva al frente del Partido Socialista constituye el más expresivo resumen de su gestión política. Su victoria en el 35º congreso del partido fue posible por el enfrentamiento entre corrientes internas que procedían de los tiempos de Felipe González. Rodríguez Zapatero se benefició de ser el único de los cuatro candidatos a la secretaría general que encarnaba lo que el desencantado electorado socialista reclamaba entonces: una renovación en la dirección de su opción política. Bajo Zapatero, hay que reconocer que la dirección del partido se renovó por completo, pero al precio de dejar en el camino la experiencia acumulada por el PSOE, una de las fuerzas políticas imprescindibles en el paso de la dictadura a la democracia y en la gobernación del sistema constitucional desde 1978. La formación de equipos políticos quedó enteramente sometida a su voluntad, y el debate y la crítica interna fueron desterrados. Algo de lo que se resiente la actual política española, según sus críticos. Apelando al voto del miedo, contra el crispado PP (Partido Popular), Zapatero revalidó su victoria en 2008, aunque con la inevitable consecuencia de verse obligado a gobernar un país cada vez más dividido. La crisis económica que ha tocado ya a España, condicionó además la viabilidad de las tal vez bien intencionadas propuestas económicas del presidente Zapatero, en particular su preocupación por los avances sociales, y rompió su agenda política. El gobierno socialista de Zapatero queda ahora enfrentado a una encrucijada. O proseguir con más de lo mismo, o le espera electoralmente a su partido una larga travesía de desierto.

El inconformismo de los indignados

El monto de los sufragios que pueden contabilizarse como de legítima protesta está muy por encima del de anteriores comicios. Porque se puede contar como un voto de protesta, de inconformismo, el de las personas que se toman la molestia de acudir a una urna un domingo de sol solo para expresar que no les gusta nada de lo que los políticos le ofrecen. Monto que, esta vez, ha batido todas las marcas en democracia, incluido el récord de las elecciones de 2007 y superando en más del doble el de las generales de 2008. Los españoles depositaron el pasado domingo 584.012 (2,54%) papeletas en blanco y otras 389.506 nulas (1,7%). En 2007 ya había habido un récord del voto en blanco con un 1,92%. En total, ahora fue un 4,24% de sufragios de protesta, mientras que en las generales de 2008 esta suma no llegó al 2%. Si fueran un partido político, los inconformistas serían la cuarta fuerza, por detrás de Izquierda Unida, PSOE y PP y por delante de CiU.

Las elecciones se celebraron bajo la presión de miles de manifestantes "indignados", sobre todo jóvenes, concentrados desde la semana anterior en las principales plazas del país para pedir una regeneración política y un cambio social. Los miles de concentrados por ocho días en la emblemática Puerta del Sol, de la capital española, decidieron mantener por otra semana más la protesta en su campamento, como ocurrió en otras ciudades españolas. Estas movilizaciones eclipsaron bastante a los partidos durante la previa campaña electoral.

La protesta se convirtió, así, en el principal hecho político de los comicios regionales del domingo 15 M. Tuvo algunas semejanzas con el inicio de revueltas en países árabes del Medio Oriente. Pero el mosaico de las quejas es más amplio que los reclamos al gobernante de turno y abarca quejas ambientales, peticiones de empleo juvenil, repudio a los subsidios a bancos y rechazo a las guerras. Su mensaje esencial es: "Estamos indignados por la manera como se maneja la política y queremos participar y cambiar las cosas". Comentaristas sensatos de El País de Madrid, observan, sin embargo, que la protesta no es contra el sistema democrático –que ya está bien asentado en la España postfranquista- sino contra un simplista e inoperante tira y afloje de las fracciones políticas en el manejo de las autonomías y regiones, que debilita la gobernabilidad de una democracia eficiente (Anabel Díaz, 21/05/2011)

Conclusión

Gabriel Albiac, en punzante estilo, recoge la sensación de enojo y estupor en que parece haber quedado una porción significativa del electorado español tras lo ocurrido en las pasadas elecciones.”Lo muerto atrapa a lo vivo, reza el apotegma francés (le mort saisit le vif). Es lo que hoy experimenta España tras el mazazo de las urnas. Todo ha cambiado. Empezando por una suma total de abstención y voto en blanco que nadie en su sano juicio debería pasar en silencio, porque es el síntoma de un enojo muy profundo que apenas ha comenzado a esbozar su trayecto. Siguiendo por el estupor que a cualquier analista produce la fosilización de un delirante en la presidencia del gobierno. Zapatero estaba muerto desde muchos meses antes de las elecciones [..] Desde entonces, un muerto sin sepultura gobierna nominalmente España” (blog del 25-05).

 

26-05-2011