Muchos
analistas advierten sobre la inmensa debilidad
política que convertirá
su gobierno, en los próximos meses,
en una interminable agonía y posible
desgobierno. Algunos sugieren que, dentro
de su partido haya alguien que sea capaz
de insuflar una cierta sensatez en el
gobierno, para beneficio de todos los
españoles y de su propia formación
política. Salvo reorganizar internamente
su partido poco le queda ya por hacer
al actual Secretario General del Partido
Socialista. Pero debe reflexionar seriamente
sobre las causas de la moción de
censura que le han presentado los votantes.
No ha habido solamente una crisis económica
innegable (aunque no tan grave como en
Grecia, Portugal o Irlanda) sino que también
ha habido una serie de engaños
y errores que sus mismos compañeros
de partido los saben y denuncian.
Zapatero
en declive
Zapatero
ha sido el único líder que
alcanzó la presidencia del Gobierno
en las primeras elecciones generales a
las que se presentaba (2004) Ello fue
posible gracias a una tarea oposicionista
que ofreció a los ciudadanos una
alternativa a la crispación alentada
por el Partido Popular (PP de Aznar),
llevada a sus últimas consecuencias
tras los atentados del 11 de marzo en
Madrid. La izquierda, que se había
desmovilizado con Joaquín Almunia,
regresó a las urnas y concedió
la victoria al nuevo secretario general
del PSOE. El hecho de que José
Luis Rodríguez Zapatero haya pasado
en La Moncloa seis de los 10 años
que lleva al frente del Partido Socialista
constituye el más expresivo resumen
de su gestión política.
Su victoria en el 35º congreso del
partido fue posible por el enfrentamiento
entre corrientes internas que procedían
de los tiempos de Felipe González.
Rodríguez Zapatero se benefició
de ser el único de los cuatro candidatos
a la secretaría general que encarnaba
lo que el desencantado electorado socialista
reclamaba entonces: una renovación
en la dirección de su opción
política. Bajo Zapatero, hay que
reconocer que la dirección del
partido se renovó por completo,
pero al precio de dejar en el camino la
experiencia acumulada por el PSOE, una
de las fuerzas políticas imprescindibles
en el paso de la dictadura a la democracia
y en la gobernación del sistema
constitucional desde 1978. La formación
de equipos políticos quedó
enteramente sometida a su voluntad, y
el debate y la crítica interna
fueron desterrados. Algo de lo que se
resiente la actual política española,
según sus críticos. Apelando
al voto del miedo, contra el crispado
PP (Partido Popular), Zapatero revalidó
su victoria en 2008, aunque con la inevitable
consecuencia de verse obligado a gobernar
un país cada vez más dividido.
La crisis económica que ha tocado
ya a España, condicionó
además la viabilidad de las tal
vez bien intencionadas propuestas económicas
del presidente Zapatero, en particular
su preocupación por los avances
sociales, y rompió su agenda política.
El gobierno socialista de Zapatero queda
ahora enfrentado a una encrucijada. O
proseguir con más de lo mismo,
o le espera electoralmente a su partido
una larga travesía de desierto.
El inconformismo de los indignados
El monto de los sufragios que pueden contabilizarse
como de legítima protesta está
muy por encima del de anteriores comicios.
Porque se puede contar como un voto de
protesta, de inconformismo, el de las
personas que se toman la molestia de acudir
a una urna un domingo de sol solo para
expresar que no les gusta nada de lo que
los políticos le ofrecen. Monto
que, esta vez, ha batido todas las marcas
en democracia, incluido el récord
de las elecciones de 2007 y superando
en más del doble el de las generales
de 2008. Los españoles depositaron
el pasado domingo 584.012 (2,54%) papeletas
en blanco y otras 389.506 nulas (1,7%).
En 2007 ya había habido un récord
del voto en blanco con un 1,92%. En total,
ahora fue un 4,24% de sufragios de protesta,
mientras que en las generales de 2008
esta suma no llegó al 2%. Si fueran
un partido político, los inconformistas
serían la cuarta fuerza, por detrás
de Izquierda Unida, PSOE y PP y por delante
de CiU.
Las elecciones se celebraron bajo la presión
de miles de manifestantes "indignados",
sobre todo jóvenes, concentrados
desde la semana anterior en las principales
plazas del país para pedir una
regeneración política y
un cambio social. Los miles de concentrados
por ocho días en la emblemática
Puerta del Sol, de la capital española,
decidieron mantener por otra semana más
la protesta en su campamento, como ocurrió
en otras ciudades españolas. Estas
movilizaciones eclipsaron bastante a los
partidos durante la previa campaña
electoral.
La
protesta se convirtió, así,
en el principal hecho político
de los comicios regionales del domingo
15 M. Tuvo algunas semejanzas con el inicio
de revueltas en países árabes
del Medio Oriente. Pero el mosaico de
las quejas es más amplio que los
reclamos al gobernante de turno y abarca
quejas ambientales, peticiones de empleo
juvenil, repudio a los subsidios a bancos
y rechazo a las guerras. Su mensaje esencial
es: "Estamos indignados por la manera
como se maneja la política y queremos
participar y cambiar las cosas".
Comentaristas sensatos de El País
de Madrid, observan, sin embargo, que
la protesta no es contra el sistema democrático
–que ya está bien asentado
en la España postfranquista- sino
contra un simplista e inoperante tira
y afloje de las fracciones políticas
en el manejo de las autonomías
y regiones, que debilita la gobernabilidad
de una democracia eficiente (Anabel Díaz,
21/05/2011)
Conclusión
Gabriel
Albiac, en punzante estilo, recoge la
sensación de enojo y estupor en
que parece haber quedado una porción
significativa del electorado español
tras lo ocurrido en las pasadas elecciones.”Lo
muerto atrapa a lo vivo, reza el apotegma
francés (le mort saisit le vif).
Es lo que hoy experimenta España
tras el mazazo de las urnas. Todo ha cambiado.
Empezando por una suma total de abstención
y voto en blanco que nadie en su sano
juicio debería pasar en silencio,
porque es el síntoma de un enojo
muy profundo que apenas ha comenzado a
esbozar su trayecto. Siguiendo por el
estupor que a cualquier analista produce
la fosilización de un delirante
en la presidencia del gobierno. Zapatero
estaba muerto desde muchos meses antes
de las elecciones [..] Desde entonces,
un muerto sin sepultura gobierna nominalmente
España” (blog del 25-05).