El
término “American Dream”
se acuñó en la década
de la Gran Depresión (1930). El
historiador J.T. Adams publicó
en 1931 un libro que terminó siendo
titulado “La Epopeya americana”,
aunque su autor lo quería titular
“The American Dream”, pero
era tal la atmósfera de desespero
que vivía entonces el país
(más extensa y profunda que la
de hoy) que la editorial pensó
que nadie iba a pagar 3 dólares
por un libro que ofrecía a sus
lectores un “sueño”(dream).
El autor, sin embargo, insistió
en seguir usando la expresión tal
como está en nuestro actual léxico.
El sueño americano lo definió
el mismo Adams-así: “era
una mejor, más rica y feliz vida
para todos los ciudadanos de cualquier
clase, que es la gran contribución
que hemos hecho para el pensamiento y
bienestar del mundo. Ese sueño
o esperanza ha estado presente desde el
comienzo. Desde entonces llegamos a ser
una nación independiente y cada
generación ha visto un levantarse
de los americanos común y corrientes
con miras a salvar el sueño americano
de las fuerzas que parecieran ganarle”
Hanson
y Zogby recogen en el 2010 numerosas encuestas
de opinión pública hechas
en el 2008 sobre el significado del concepto
para los norteamericanos y sus expectativas
para el futuro. La mayoría coincide
en que el ‘sueño americano’
tiene que ver más con felicidad
que con bienes materiales, y subraya que
el trabajo fuerte es el elemento más
importante para salir adelante. Pero una
creciente minoría de encuestados
previene que la sola laboriosidad no asegura
el éxito. Todo será cada
vez más difícil para las
futuras generaciones de trabajadores de
escasos recursos y para los inmigrantes.
Cuatro ángulos del sueño
Ownby (de acuerdo con la información
que tomamos de Wikipedia) identificó
en 1999 cuatro características
o ángulos de lo que podríamos
denominar el sueño de la cultura
de democracia consumista de los americanos.
El primero, el “Sueño de
la Abundancia” que ofrece un cuerno
de la abundancia de bienes materiales
para todos los norteamericanos y les refuerza
el complejo de ser la sociedad más
rica de la tierra. El segundo, el “Sueño
de una Democracia de Bienes” en
la que cada persona tiene acceso a los
mismos productos sin importar el género,
la raza, la religión, la clase
social contrariamente a las normas aristocráticas
y elitistas del resto del mundo. Tercero,
el “Sueño de Libertad de
selección”, que permite a
todos escoger su propio estilo de vida.
Finalmente, el ”Sueño de
la Novedad” que permite a todos
estar “in” (a la moda), comenzando
por las grandes ciudades y siguiendo hasta
cubrir poblados y el campo, contrariamente
a la tendencia tradicional conservadora
de la sociedad, de la cultura y aun de
la política.
Un observador imparcial
Fareed
Zakaria, nacido en India pero norteamericano
por decisión adulta, colaborador
de Time, quien conoce bien y ama a Estados
Unidos, acaba de visitar y estudiar a
un país emergente que está
en gigantesco desarrollo como es India.
Entrevistado por la cadena CNN en octubre
2010 (Restaurando el sueño
americano), suyo es un artículo
reciente sobre el mismo tema (¿Quedan
atrás los mejores días de
Estados Unidos?, Time march 03, 2011).
Confiesa que “amo a este país
y pienso que es excepcional. Pero cuando
miro al mundo de hoy, a los fuertes vientos
de cambio tecnológico y competitividad
global, me pongo nervioso. Pero más
descorazonador es el hecho de que mientras
estas fuerzas se acrecientan, los americanos
parecen no medir el tamaño de los
desafíos que enfrentamos. A pesar
de los comentarios hablados sobre el gigantesco
crecimiento de China, la mayoría
de los americanos actúan sobre
el supuesto de que Estados Unidos es todavía
el nº 1. Y lo es por muchos aspectos.
Sigue siendo la mayor economía
del mundo, y tenemos con mucho la más
grande fuerza militar; tenemos las más
dinámicas compañías
tecnológicas y un alto nivel empresarial.
Y hay algunas áreas en las que
sí somos claramente nº 1,
pero de las cuales no fanfarroneamos (somos
los que tenemos más armas, el mayor
índice criminal entre las naciones
ricas, y por supuesto con mucho la mayor
deuda en el mundo). Pero las decisiones
que hicieron posible el crecimiento de
hoy en Estados Unidos (educación,
infraestructura y otras) se tomaron en
décadas anteriores. La economía
que usufructuamos hoy floreció
debido a políticas y desarrollos
de los años 50 y 60 (el sistema
de autopistas interestatales, la inversión
masiva en ciencia y tecnología,
el sistema de educación pública,
envidiado en el mundo y las generosas
políticas de inmigración).
Basta mirar a algunas de las medidas que
hoy se toman, para no maravillarnos del
futuro que nos espera”.
El historiador de Harvard Niall Ferguson,
autor del libro “Civilización.
El Occidente y el Resto”, recuerda
cómo durante 500 años el
Occidente patentó seis aplicaciones
que lo hicieron diferente al resto del
mundo (competencia, ciencia moderna, mandato
de la ley más derechos de la propiedad
privada, medicina moderna, sociedad de
consumo y ética del trabajo). “En
las últimas décadas, países
asiáticos (comenzando por Japón
y China), así como India y Brasil,
han adoptado con éxito dichas aplicaciones
y lo están haciendo mejor de lo
que nosotros lo hacemos en Estados Unidos.
No se debe a errores nuestros sino a que
otros países (llamados emergentes)
están jugando nuestro mismo juego
y con gran voluntad de ganarnos”(F.Z).
Conclusión
“Mis propuestas para invertir
la tendencia son por sí mismas
difíciles porque le exigen a la
izquierda y la derecha trabajar juntas,
cortar bastante del gasto, disminuir derechos
a equivocarse, abrir inmigración
para trabajadores del conocimiento, racionalizar
el código de impuestos- y luego
hacer grandes inversiones en educación
y entrenamiento, investigación
y tecnología, innovación
e infraestructura” (F. Zacharia).
01-05-2011