Entre los casi 200 partidos políticos
que se registraron para las elecciones
de 1990, se encontraba la Liga Nacional
para la Democracia (LND) y al frente
de ésta se ubicó Suu Kyi.
Los militares no tardaron en darse cuenta
de que la líder de la LND pesaba
mucho más de lo que expresaba su
frágil figura. La Junta se enfrentaba
a un gigante que encarnaba la esperanza
de un pueblo maltratado, pero no hundido.
En 1989, la Junta ordenó el arresto
domiciliario de Suu Kyi, pero su intento
de frenarla fracasó. En las elecciones
de 1990, su LND se hizo con una amplia
mayoría de los 485 escaños
del nuevo Parlamento después de
obtener un 72% de la totalidad de los
votos emitidos. El régimen desconoció
los resultados. Nunca se celebró
una sola sesión de dicha Cámara
electa, tras la persecución sistemática
contra sus diputados por parte del régimen.
En 1991 su firme voluntad de apoyarse
en la no violencia para derrocar a los
militares, le obtuvo a Suu Kyi el reconocimiento
de la comunidad internacional con el Premio
Nobel de Paz.
Aspecto
suave y temple de acero
Su figura frágil, de sonrisa amplia
y siempre con flores en el pelo -una costumbre
milenaria y muy coqueta entre las mujeres
birmanas- esconde una voluntad de acero,
que uno de los regímenes más
represivos del mundo no ha logrado doblegar.
Suu Kyi, hoy de 65 años, es el
símbolo de las ansias de libertad
y democracia del pueblo birmano y actual
ícono mundial de la resistencia
civil. El “Consejo de la Paz y del
Desarrollo del Estado”, eufemismo
bajo el que se oculta un fuerte Gobierno
militar, mantiene a Myanmar -como la Junta
rebautizó a Birmania en 1989- aislada
del resto del planeta. Suu Kyi nunca volvió
a salir de su patria y durante casi 11
años su casa fue su cárcel,
hasta el pasado 13 de noviembre, después
de realizadas las recientes elecciones
en Myanmar.
Moraleja
Dice Suu Kyi que su "inspiración
y su fuerza" proceden de las gentes
que sufren en silencio sin los altavoces
de los medios de comunicación:
"No hay nada que pueda compararse
con el valor de las gentes normales cuyos
nombres son desconocidos y cuyos sacrificios
pasan inadvertidos". Salida recientemente
de sus últimos siete años
de detención, sigue decidida a
luchar por las libertades civiles de 50
millones de birmanos.
"Continuaremos con nuestros esfuerzos
para traer la democracia a Birmania bajo
todas las circunstancias. No hay que olvidar
que en Sudáfrica, el Congreso Nacional
Africano fue declarado una organización
ilegal durante décadas. Nelson
Mandela permaneció 27 años
en la cárcel pero logró
acabar con el apartheid”. Suu Kyi
sigue convencida de que Myanmar será
algún día libre y democrática:
"Continuaremos con nuestros esfuerzos
para traer la democracia a Birmania. Lo
que estamos buscando es un cambio revolucionario
a través de medios pacíficos.
No me da miedo decirlo, y no me da miedo
pedirle a todo el mundo me ayude a obtenerlo”.
09-01-2011