Brasil : El nuevo gigante (Editorial 20)
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Brasil nunca tuvo mayor visibilidad en el mundo que ahora. Está cada día más de moda como líder, no sólo en nuestra región latinoamericana sino también como país de grandes proyecciones a nivel planetario. Comienza a ser realidad la frase utópica -por no decir profética- del presidente Richard Nixon cuando afirmó que "para donde se incline Brasil.hacia alli se inclinará América Latina".

Continuidad y cambio

Cuando el 27 de octubre de 2002, después de tres intentos fallidos, llega por fin al poder el Partido de Trabajadores y su candidato el avezado sindicalista de izquierdas, LULA DA SILVA, el poderoso empresariado brasileño y la clase media temblaron; se fruncieron los grandes mercados y potencias internacionales.


Pero con singular pragmatismo y habilidad, el presidente Lula (sin arriar sus banderas sociales y con un estilo no académico sino más popular y directo) definió los problemas estructurales y coyunturales de Brasil de manera muy similar a la de su antecesor, Fernando Enrique Cardoso (del Partido Social Demócrata Brasileño).
 

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Y, lo que es más notable, aunque venía de la izquierda recetó la misma medicina para resolverlos: control de la inflación, superavit primario, fuerte disciplina fiscal, pago de la gigantesca deuda externa acumulada, reformas tributaria y al sistema de pensiones, apertura sin inhibiciones a la globalización y buenas relaciones internacionales con todos los países y grupos de integración, sin importar ideologías, en un marco de respeto y cooperación.. Asumió que debía representar bien a su país atendiendo a las dos caras de la globalización: la del capitalismo mundial presente en las grandes reuniones de Davos y la de la pobreza mundial resumida en su propio Porto Alegre. Por ello, sus dos slogans favoritos fueron: para los primeros "otro mundo es posible" y para los segundos "hambre cero".

Los secretos de Lula

A pocos meses de terminar su segundo período (octubre 2010) para el que fue reelegido en el 2006, y sin dar muestras de querer forzar la Constitución para una segunda reelección -a pesar de la avasalladadora popularidad del 80% con que cuenta- , Lula da Silva ha venido ejerciendo su mandato con tres características reconocidas interna a internacionalmente.
1. Un buen gobierno: pragmático -sin enredarse ni limitarse por ideologías de izquierda o derecha- y a la vez efectivo -mostrando resultados que consultan intereses de toda la nación y de las mayorías más necesitadas.
2. Un cierto discurso popular y casi populista, con alta comunicación con gremios y comunidades del país, en un estilo directo, sencillo, que sabe oir y reconocer errores del gobierno, y corregirlos con propósitos de enmienda.
3. Un bien calculado y discreto manejo de fichas en el complejo tablero internacional, que le permite tener buenas relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con diversidad de naciones y grupos integracionistas, aunque sean de diferente régimen político y de distante ideología, lo que no le impide tener una voz propia y autorizada en los grandes foros internacionales.

La política internacional de Itaramaty
Brasil por años ha sido un país modelo por su política internacional coherente, contínua, con derroteros a largo plazo, sin sobresaltos ni vaivenes temperamentales ni improvisaciones achacables al Jefe de Estado de turno. Es una máquina de toma de decisiones bien informada, bien aceitada, muy discreta e independiente de otros poderes e intereses, cuya diplomacia es la envidia de países vecinos. Se desenvuelve –con éxito- en torno de tres grandes líneas:
1) la definición de un proyecto regional brasileño;
2) la obtención de mejores condiciones de acceso y apertura a nuevos mercados;
3) la construcción de nuevas alianzas internacionales no sólo comercial sino políticamente en nuestro mundo globalizado.

Logros de Brasil

Con las recientes Cumbres internacionales, Brasil evidentemente ha adquirido mayor visibilidad, con efectos claros como: una ampliación de sus productos exportables incluidos los países árabes (en donde ya coloca 8.000 de los 11.000 millones de dólares que exporta América del Sur); y una posición de ventaja (por sobre el otro posible candidato tercermundista Egipto) para ocupar uno de los cinco sillones nuevos en el Consejo de Seguridad permanente de las Naciones Unidas (una vez adoptada dicha reforma que ya se está cocinando). Brasil tiene ya un sector agroindustrial moderno y en crecimiento extraordinario. En ciencia y tecnología es también digno de emulación. Sus universidades son de las mejores de América Latina. En materia de administración pública ha logrado consolidar una burocracia competente y preparada. Tiene ya una estructura productiva diversificada que le permite exportar a todas partes del mundo toda clase de bienes, desde productos agrícolas hasta vehículos y aviones. Aunque ya en el 2006 había alcanzado su autosuficiencia energética, recientes hallazgos hacen pensar que pronto se va a convertir en un gran exportador mundial. El nuevo pozo Tupi puede tener más de 8.000 millones de barriles de reservas; y los pozos Júpiter y Carioca juntos podrían superar los 30.000 millones de barriles. Y no se piense que estos hallazgos son un golpe de suerte, un repentino maná caído del cielo al fondo del mar cerca a la costa. Brasil apostó todo a la exploración petrolera en aguas profundas desde hace 30 años. En diez años Brasil será la quinta potencia económica del mundo y no la octava, como es hoy.

Obviamente no sólo hay bonanza y no todo es perfecto. Existe un lastre pesado de millones de la población en pobreza y miseria. La democracia brasileña en cierta forma está consolidada, pero es todavía frágil. Y existe el riesgo de un cierto triunfalismo que puede sacar de la autopista -por exceso de velocidad- al nuevo gigante adolescente, como lo advierte sabiamente Julio María Sanguinetti ex presidente de Uruguay.

Moraleja.
"Cuando un país es grande, no puede ni debe alardear. Ojalá Brasil llegue a ser la quinta potencia mundial. Es nuestro vecino y amigo, y su prosperidad también es la nuestra. Pero, como otras veces en su historia, la exaltación patriotera y chauvinista no lo ayudará en ese propósito" (J.M. Sanguinetti).

12 enero 2010