Y,
lo que es más notable, aunque venía
de la izquierda recetó la misma
medicina para resolverlos: control de
la inflación, superavit primario,
fuerte disciplina fiscal, pago de la gigantesca
deuda externa acumulada, reformas tributaria
y al sistema de pensiones, apertura sin
inhibiciones a la globalización
y buenas relaciones internacionales con
todos los países y grupos de integración,
sin importar ideologías, en un
marco de respeto y cooperación..
Asumió que debía representar
bien a su país atendiendo a las
dos caras de la globalización:
la del capitalismo mundial presente en
las grandes reuniones de Davos y la de
la pobreza mundial resumida en su propio
Porto Alegre. Por ello, sus dos slogans
favoritos fueron: para los primeros "otro
mundo es posible" y para los segundos
"hambre cero".
Los
secretos de Lula
A pocos meses de terminar su segundo período
(octubre 2010) para el que fue reelegido
en el 2006, y sin dar muestras de querer
forzar la Constitución para una
segunda reelección -a pesar de
la avasalladadora popularidad del 80%
con que cuenta- , Lula da Silva ha venido
ejerciendo su mandato con tres características
reconocidas interna a internacionalmente.
1. Un buen gobierno: pragmático
-sin enredarse ni limitarse por ideologías
de izquierda o derecha- y a la vez efectivo
-mostrando resultados que consultan intereses
de toda la nación y de las mayorías
más necesitadas.
2. Un cierto discurso popular y casi populista,
con alta comunicación con gremios
y comunidades del país, en un estilo
directo, sencillo, que sabe oir y reconocer
errores del gobierno, y corregirlos con
propósitos de enmienda.
3. Un bien calculado y discreto manejo
de fichas en el complejo tablero internacional,
que le permite tener buenas relaciones
diplomáticas, comerciales y culturales
con diversidad de naciones y grupos integracionistas,
aunque sean de diferente régimen
político y de distante ideología,
lo que no le impide tener una voz propia
y autorizada en los grandes foros internacionales.
La
política internacional de Itaramaty
Brasil por años ha sido un país
modelo por su política internacional
coherente, contínua, con derroteros
a largo plazo, sin sobresaltos ni vaivenes
temperamentales ni improvisaciones achacables
al Jefe de Estado de turno. Es una máquina
de toma de decisiones bien informada,
bien aceitada, muy discreta e independiente
de otros poderes e intereses, cuya diplomacia
es la envidia de países vecinos.
Se desenvuelve –con éxito-
en torno de tres grandes líneas:
1) la definición de un proyecto
regional brasileño;
2) la obtención de mejores condiciones
de acceso y apertura a nuevos mercados;
3) la construcción de nuevas alianzas
internacionales no sólo comercial
sino políticamente en nuestro mundo
globalizado.
Logros de Brasil
Con las recientes Cumbres internacionales,
Brasil evidentemente ha adquirido mayor
visibilidad, con efectos claros como:
una ampliación de sus productos
exportables incluidos los países
árabes (en donde ya coloca 8.000
de los 11.000 millones de dólares
que exporta América del Sur); y
una posición de ventaja (por sobre
el otro posible candidato tercermundista
Egipto) para ocupar uno de los cinco sillones
nuevos en el Consejo de Seguridad permanente
de las Naciones Unidas (una vez adoptada
dicha reforma que ya se está cocinando).
Brasil tiene ya un sector agroindustrial
moderno y en crecimiento extraordinario.
En ciencia y tecnología es también
digno de emulación. Sus universidades
son de las mejores de América Latina.
En materia de administración pública
ha logrado consolidar una burocracia competente
y preparada. Tiene ya una estructura productiva
diversificada que le permite exportar
a todas partes del mundo toda clase de
bienes, desde productos agrícolas
hasta vehículos y aviones. Aunque
ya en el 2006 había alcanzado su
autosuficiencia energética, recientes
hallazgos hacen pensar que pronto se va
a convertir en un gran exportador mundial.
El nuevo pozo Tupi puede tener más
de 8.000 millones de barriles de reservas;
y los pozos Júpiter y Carioca juntos
podrían superar los 30.000 millones
de barriles. Y no se piense que estos
hallazgos son un golpe de suerte, un repentino
maná caído del cielo al
fondo del mar cerca a la costa. Brasil
apostó todo a la exploración
petrolera en aguas profundas desde hace
30 años. En diez años Brasil
será la quinta potencia económica
del mundo y no la octava, como es hoy.
Obviamente no sólo hay bonanza
y no todo es perfecto. Existe un lastre
pesado de millones de la población
en pobreza y miseria. La democracia brasileña
en cierta forma está consolidada,
pero es todavía frágil.
Y existe el riesgo de un cierto triunfalismo
que puede sacar de la autopista -por exceso
de velocidad- al nuevo gigante adolescente,
como lo advierte sabiamente Julio María
Sanguinetti ex presidente de Uruguay.
Moraleja.
"Cuando un país es grande,
no puede ni debe alardear. Ojalá
Brasil llegue a ser la quinta potencia
mundial. Es nuestro vecino y amigo, y
su prosperidad también es la nuestra.
Pero, como otras veces en su historia,
la exaltación patriotera y chauvinista
no lo ayudará en ese propósito"
(J.M. Sanguinetti).
12
enero 2010