Colombia : Protestas populares caóticas (Editorial 135)

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Logo Enrique Neira

 

El pasado 27 de agosto a quienes seguíamos el programa nocturno CALA (trasmitido por Globovisión de Venezuela 10:30 p.m.), ameno y bien conducido por el cubano-norteamericano Ismael Cala, nos pareció interesante la entrevista que hizo a su amigo Luis Carlos Vélez, joven comunicador de 34 años, actual Jefe de Noticias de la influyente cadena CARACOL de Colombia, quien tras su paso por CNN (con la marca de fábrica de Patricia Janiot) ha regresado hace un año a su país natal y le está tomando con rapidez el pulso en la actual coyuntura especial por la que atraviesa. Porque es sorprendente el acelerado progreso que ha venido tomando Colombia en estos últimos 20 años en casi todos los campos (economía, institucionalidad, cultura, letras, artes y deportes, turismo y relaciones internacionales). Fue excelente el manejo que hubo entre ambos a través de las preguntas y respuestas. Y resultó equilibrada y atinada (al menos a mi juicio) la percepción que ambos expresaron acerca del país precisamente en mitad de una larga semana caracterizada por protestas populares que plantean preguntas sobre la gobernabilidad en países democráticos en franco desarrollo y cuál debe ser la respuesta adecuada al fenómeno ahora tan de moda de los "indignados" en donde se mezclan justos reclamos de sectores de la sociedad -afectados por una inequitativa distribución de los beneficios del desarrollo económico (campesinos del agro, pobres y marginados de ciudades), junto con minorías de "infiltrados" que buscan 'pescar en río revuelto' con intenciones políticas que propician el caos (como vía para la toma del poder) a través de acciones violentas, terroristas y vandálicas.

Geopolítica del caos

Así tituló Ignacio Ramonet -por entonces director afamado del prestigioso Monde Diplomatique de París- un libro que a finales de la década de los 90, desde ese alto mirador que es París, ofrecía una panorámica interesante -muy europea- de nuestro mundo a comienzos del siglo. Advertía, en general, una situación caótica en ascenso, en los países desarrollados de los que trataba, que hemos presenciado atónitos cómo ha derivado en los últimos años en crisis inaguantables -sobre todo para los jóvenes- como las que vienen sufriendo algunos países de la Unión Europea que juzgábamos habían alcanzado ya la otra orilla.
"CAOS" en la mitología griega era la situación desorganizada o el vacío negro del cual todas las cosas surgieron. Iniciando el tiempo, Caos formó un enorme huevo, del cual salieron el Cielo, la Tierra, el Eros. Según la teogonía de Hesíodo, Caos precedió el origen no sólo del mundo, sino también de los dioses y diosas. Y en la mitología bíblica, el Génesis se inicia con la acción creadora de Dios: el Espíritu que sobrevuela el Caos y va dando forma y luz y vida a todo el Universo y dentro de él, finalmente al Hombre y la Mujer. Cuando decimos caos, hablamos de confusión, desarreglo, descomposición, desorden.
Ramonet se refiere a países que han vivido ya la modernidad y parecían constituir sociedades organizadas con predominio de la racionalidad, pero con fenómenos llamativos de tipo caótico, en los que la racionalidad se disloca. En ellos, los ciudadanos recurren cada vez más a formas de pensamiento pre-racionalista con rencores anti-modernistas y anhelos anti-democráticos. Para nosotros los del Tercer Mundo, resulta impactante y escandaloso el capítulo Vº de Ramonet, "Ascenso de lo irracional" (Montée de l´irrationnel). En países donde se adoró la diosa Razón y se implantó una férrea organización racional del Estado y de la sociedad, el autor denuncia un eclipse de la razón. Cada día hay más gente convencida de que la ciencia no puede aportar nada ni para el planeta ni para ellos, y que el progreso material piloteado solamente por el interés lucrativo es el padre de todas las crisis, entre ellas la actual tan multiforme y resentida por tantos. Y en algunos sectores jóvenes (porque no la vivieron) se llega hasta añorar la época de los caudillos y de los regímenes de mucho Orden y Progreso.
En nuestro sub-continente, por el contrario, la tentación caótica proviene de nuestro mismo sub-desarrollo y falta de modernidad. Me atrevo a pensar que el Caos que tenemos que enfrentar en nuestro trópico americano, es de signo contrario al denunciado por Ramonet. Nuestro caos es una situación de confusión, de desarreglo, de descomposición, de desorden, de premodernidad, de falta de racionalidad. Mejor que nadie lo expresó Ramón Escovar Salom, en su tiempo -con palabras referidas a Venezuela- que le escuché: "No somos un país pobre sino empobrecido, que es algo peor. De ricos hemos devenido en pobres. Somos un país atrasado. Un país pre-moderno. Hemos perdido 45 años en desarrollo económico y social". Y sigue siendo que no hemos acabado de asimilar plenamente ni la Revolución política (con referentes a finales del siglo XVIII), ni la Revolución social (con referentes a México y Rusia a comienzos de siglo XX), ni la Revolución industrial y tecnológica (con referentes contemporáneos). Hay necesidad de un cambio hacia la eficiencia, la productividad, la disciplina social, el orden económico, el buen desempeño de la Justicia, del Congreso, de los órganos ejecutivos a todo nivel. Debemos atender a la proclama de Bolívar, convocando con su verbo nervioso a poner fin a la anarquía y al atraso y al caos, para construir una República en vrdadera "Libertad, Igualdad y Justicia social" .

¿Situación pre-revolucionaria?

Entre las muchas fórmulas que se han dado para tratar de explicar el proceso de las revoluciones, me parece apropiada la de J.C. Davies, que ha dado en llamarse el principio de la curva J. ["Toward a Theory of Revolution", American Sociological Review, 1962 february, p. 5-19]. Este autor atribuye el estallido revolucionario de un pueblo a la frustración resultante de una depresión acaecida después de un periodo de expansión que alimentó esperanzas de un crecimiento sostenido. Este modelo toma prestados elementos tanto de la teoría de Marx como de la contra-teoría de Tocqueville. Toma elementos de Marx cuando afirma que la sociedad recurre a la revolución cuando sus condiciones socio-económicas empeoran, ya que en ese momento “no tiene nada más que perder sino sus cadenas”. Y toma elementos prestados de Tocqueville, por el contrario, cuando sostiene que son los individuos cuya situación económica ha cambiado favorablemente, los que están en mejores condiciones de acudir a la revolución, puesto que ya no contemplan la pobreza como un mal inevitable, sino como algo remediable. Davies combina ambas posiciones cuando nos dice: “Ambas ideas tienen un valor explicativo y posiblemente hasta un valor predictivo, si son iuxtapuestas y colocadas en la justa secuencia temporal”. Este principio de la curva J es válido en algunas situaciones socio-políticas especificas, y me resulta apropiado para explicar el caso de un país emergente como la actual Colombia, con sectores "indignados" que van saliendo del sub-desarrollo y experimentan prisa e impaciencia -quemando etapas- hacia standares de vida mejores que ven que ya disfrutan otros. Se conjugan, así, los dos factores dichos como "pre-revolucionarios".

Indignación y protesta

"INDIGNÁOS! "(Indignes-vous!) es la obra maestra de Stéphane Hessel (Paris, 2011), que viene siendo reeditada en forma de 'brochure' (folleto, opúsculo) al precio popular de apenas 3 euros, que en varias lenguas sobrepasa ya los 4 millones de ejemplares, alentando y orientando generaciones jóvenes desencantadas en países de la Unión Europea, de Australia y Nueva Zelanda, de Estados Unidos, de África y América Latina. La editora Sylvie Crossman, impulsora de dicho fenómeno de publicación escrita, inicia con ella una colección que ha titulado (en lengua sioux) "Omaha": 'Los que marchan con el viento'. En su pequeño tomo, Hessel todavía lúcido y activo a sus 94 años, recoge en su memoria con atisbos poéticos, todo el siglo XX del que fue testigo y protagonista participando en el Consejo Nacional de la Resistencia francesa contra el nazismo (al que perteneció en los años 40), y desde donde ayudó a elaborar la propuesta de Seguridad Social para una nueva Francia como "una organización racional de la economía que asegure la subordinación de los intereses particulares al intéres general" y los libere en delante de dictaduras del dinero y tiranías políticas dentro de una verdadera democracia para todos. En su sentir, la motivación y motor para ello debe ser la "indignación" y el consecuente "compromiso" de cambio que a su juicio lo había plasmado Franklin Delano Roosevelt en el New Deal y lo había proclamado el 6 de enero de 1941 en las Cuatro Libertades del Atlántico: libertad de confesión, libertad de expresión, libertad de vivir al abrigo del miedo, libertad de vivir al abrigo de la necesidad. Libertades que el mismo Roosevelt decía eran necesarias para la humanidad "como el aire, el sol, el pan y la sal". Y sobre ellas como fundamento moral, ético y político apoyó pocos meses después la ofensiva final contra el nazismo. Y dió lugar a la Carta de las Naciones Unidas (Carta que el mismo Hessel ayudó a redactar fungiendo como Secretario), adoptada en San Francisco el 24 de junio de 1945 y ratificada por las 54 naciones de entonces el 24 de octubre de 1945 (fecha de la creación oficial de la Organización de las Naciones Unidas ONU) que sigue siendo válida y de obligatorio cumplimiento para todos el mundo en su Declaración de los Derechos Humanos. Hessel enfatiza el artículo 22 de la misma que reza: "Toda persona, en cuanto miembro de la sociedad, tiene derecho a la Seguridad Social". Y recientemente, con sus muchos años a cuestas, ha escrito: "A ustedes jóvenes les digo, miren alrededor de ustedes y encontrarán los temas que justifican su indignación. Encontrarán situaciones concretas que los conduzcan a dar curso a una acción ciudadana fuerte. Busquen y encontrarán!". "Nuestra cólera contra la injusticia está siempre intacta. Encuentren sus propios motivos de indignación. Métanse en esta gran corriente de la Historia!". "A los hombres y mujeres que harán el siglo XXI les decimos con afecto: < Crear, es resistir. Resistir, es crear!>".
Pero el mismo Hessel que alienta y justifica la indignación contra toda injusticia señala clara y enfáticamente que la vía para expresarla y reducirla no puede ser sino la no-violencia:
"Hay que comprender que la violencia da la espalda a la esperanza. Hay que preferir la esperanza, la esperanza de la no-violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto por el lado de los opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación para hacer desaparecer la opresión; es lo que permitirá el que no haya más violencia terrorista.Por ello no hay que dejar que se acumule mucha ira. El mensaje de Gandhi, de Mandela, de Martin Luther King Jr encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha superado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo conquistador. Es un mensje de esperanza en la capacidad de las sociedades modernss para superar los conflictos por una comprensión mutua y una paciencia vigilante. Para llegar a eso, hay que fundarse en los derechos, cuya violación -cualquiera que sea el autor- debe provocar nuestra indignación. No se puede transigir sobre estos derechos".
"Es el gran momento para que la preocupación de ética, de justicia, de equilibio durable prevalezca [..] La no-violencia es un medio más seguro para hacerla cesar [..] La violencia no es eficaz [..] el terrorismo no es eficaz".
"Yo no desespero de la sabiduría china. Hay que esperar, hay que esperar siempre". Y como síntesis de su libro "El Camino de la esperanza " (Paris, Fayard) consigna la máxima de Heráclito (Fragmento XXI): "Si tú no esperas, jamás encontrarás lo inesperado!".

Conclusión

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos ha reconocido que "el país enfrenta una tormenta" que se inició con una serie de reclamos de productores del agro que por 15 días se fue creciendo y propagando a otros sectores, con bloqueo de carreteras principales y manifestaciones urbanas con paros que declarándose "pacíficos" han derivado en acciones violentas y de vandalismo con actos de terrorismo, de daños a servicios públicos, saqueos a negocios privados y quema de camiones trsnsportistas. Trató de llegar a la normalidad a través del diálogo y de acuerdos puntuales sobre reclamos justos de los "indignados" campesinos (eliminación de impuestos a los fertizantes e insumos, facilitación de renegociación de las deudas bancarias, subsidios a productos nacionales que han quedado inicialmente en desventaja en algunos de los TLC firmados por Colombia con otros países..). Pero sus servicios de inteligencia han detectado que hay unos grupos minoritarios de "infiltrados" -con intereses y fines políticos que buscan "pescar en río revuelto" y desde las izquierdas comunistas-castristas intentar llevar al país hacia el caos, la anarquia, la confusión y una más cercana situación pre-revolucionaria. Respecto de lo cual anunció que aplicará política fuerte utilizando la fuerza legítima del Estado colombiano que no es ni fallido ni inerme ni ingenuo. Y no permitirá que la violencia, el crimen, el terrorismo, el vandalismo de unos pocos sea el medio para ir sacando adelante con buen crecimiento y justicia social un país emergente que va mostrando que le es posible.

30-08-13


 

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