El
pasado 27 de agosto a quienes seguíamos
el programa nocturno CALA (trasmitido
por Globovisión de Venezuela 10:30
p.m.), ameno y bien conducido por el cubano-norteamericano
Ismael Cala, nos pareció interesante
la entrevista que hizo a su amigo Luis
Carlos Vélez, joven comunicador
de 34 años, actual Jefe de Noticias
de la influyente cadena CARACOL de Colombia,
quien tras su paso por CNN (con la marca
de fábrica de Patricia Janiot)
ha regresado hace un año a su país
natal y le está tomando con rapidez
el pulso en la actual coyuntura especial
por la que atraviesa. Porque es sorprendente
el acelerado progreso que ha venido tomando
Colombia en estos últimos 20 años
en casi todos los campos (economía,
institucionalidad, cultura, letras, artes
y deportes, turismo y relaciones internacionales).
Fue excelente el manejo que hubo entre
ambos a través de las preguntas
y respuestas. Y resultó equilibrada
y atinada (al menos a mi juicio) la percepción
que ambos expresaron acerca del país
precisamente en mitad de una larga semana
caracterizada por protestas populares
que plantean preguntas sobre la gobernabilidad
en países democráticos en
franco desarrollo y cuál debe ser
la respuesta adecuada al fenómeno
ahora tan de moda de los "indignados"
en donde se mezclan justos reclamos de
sectores de la sociedad -afectados por
una inequitativa distribución de
los beneficios del desarrollo económico
(campesinos del agro, pobres y marginados
de ciudades), junto con minorías
de "infiltrados" que buscan
'pescar en río revuelto' con intenciones
políticas que propician el caos
(como vía para la toma del poder)
a través de acciones violentas,
terroristas y vandálicas.
Geopolítica
del caos
Así tituló Ignacio Ramonet
-por entonces director afamado del prestigioso
Monde Diplomatique de París- un
libro que a finales de la década
de los 90, desde ese alto mirador que
es París, ofrecía una panorámica
interesante -muy europea- de nuestro mundo
a comienzos del siglo. Advertía,
en general, una situación caótica
en ascenso, en los países desarrollados
de los que trataba, que hemos presenciado
atónitos cómo ha derivado
en los últimos años en crisis
inaguantables -sobre todo para los jóvenes-
como las que vienen sufriendo algunos
países de la Unión Europea
que juzgábamos habían alcanzado
ya la otra orilla.
"CAOS" en la mitología
griega era la situación desorganizada
o el vacío negro del cual todas
las cosas surgieron. Iniciando el tiempo,
Caos formó un enorme huevo, del
cual salieron el Cielo, la Tierra, el
Eros. Según la teogonía
de Hesíodo, Caos precedió
el origen no sólo del mundo, sino
también de los dioses y diosas.
Y en la mitología bíblica,
el Génesis se inicia con la acción
creadora de Dios: el Espíritu que
sobrevuela el Caos y va dando forma y
luz y vida a todo el Universo y dentro
de él, finalmente al Hombre y la
Mujer. Cuando decimos caos, hablamos de
confusión, desarreglo, descomposición,
desorden.
Ramonet se refiere a países que
han vivido ya la modernidad y parecían
constituir sociedades organizadas con
predominio de la racionalidad, pero con
fenómenos llamativos de tipo caótico,
en los que la racionalidad se disloca.
En ellos, los ciudadanos recurren cada
vez más a formas de pensamiento
pre-racionalista con rencores anti-modernistas
y anhelos anti-democráticos. Para
nosotros los del Tercer Mundo, resulta
impactante y escandaloso el capítulo
Vº de Ramonet, "Ascenso de lo
irracional" (Montée de l´irrationnel).
En países donde se adoró
la diosa Razón y se implantó
una férrea organización
racional del Estado y de la sociedad,
el autor denuncia un eclipse de la razón.
Cada día hay más gente convencida
de que la ciencia no puede aportar nada
ni para el planeta ni para ellos, y que
el progreso material piloteado solamente
por el interés lucrativo es el
padre de todas las crisis, entre ellas
la actual tan multiforme y resentida por
tantos. Y en algunos sectores jóvenes
(porque no la vivieron) se llega hasta
añorar la época de los caudillos
y de los regímenes de mucho Orden
y Progreso.
En nuestro sub-continente, por el contrario,
la tentación caótica proviene
de nuestro mismo sub-desarrollo y falta
de modernidad. Me atrevo a pensar que
el Caos que tenemos que enfrentar en nuestro
trópico americano, es de signo
contrario al denunciado por Ramonet. Nuestro
caos es una situación de confusión,
de desarreglo, de descomposición,
de desorden, de premodernidad, de falta
de racionalidad. Mejor que nadie lo expresó
Ramón Escovar Salom, en su tiempo
-con palabras referidas a Venezuela- que
le escuché: "No somos un país
pobre sino empobrecido, que es algo peor.
De ricos hemos devenido en pobres. Somos
un país atrasado. Un país
pre-moderno. Hemos perdido 45 años
en desarrollo económico y social".
Y sigue siendo que no hemos acabado de
asimilar plenamente ni la Revolución
política (con referentes a finales
del siglo XVIII), ni la Revolución
social (con referentes a México
y Rusia a comienzos de siglo XX), ni la
Revolución industrial y tecnológica
(con referentes contemporáneos).
Hay necesidad de un cambio hacia la eficiencia,
la productividad, la disciplina social,
el orden económico, el buen desempeño
de la Justicia, del Congreso, de los órganos
ejecutivos a todo nivel. Debemos atender
a la proclama de Bolívar, convocando
con su verbo nervioso a poner fin a la
anarquía y al atraso y al caos,
para construir una República en
vrdadera "Libertad, Igualdad y Justicia
social" .
¿Situación
pre-revolucionaria?
Entre las muchas fórmulas que se
han dado para tratar de explicar el proceso
de las revoluciones, me parece apropiada
la de J.C. Davies, que ha dado en llamarse
el principio de la curva J. ["Toward
a Theory of Revolution", American
Sociological Review, 1962 february, p.
5-19]. Este autor atribuye el estallido
revolucionario de un pueblo a la frustración
resultante de una depresión acaecida
después de un periodo de expansión
que alimentó esperanzas de un crecimiento
sostenido. Este modelo toma prestados
elementos tanto de la teoría de
Marx como de la contra-teoría de
Tocqueville. Toma elementos de Marx cuando
afirma que la sociedad recurre a la revolución
cuando sus condiciones socio-económicas
empeoran, ya que en ese momento “no
tiene nada más que perder sino
sus cadenas”. Y toma elementos prestados
de Tocqueville, por el contrario, cuando
sostiene que son los individuos cuya situación
económica ha cambiado favorablemente,
los que están en mejores condiciones
de acudir a la revolución, puesto
que ya no contemplan la pobreza como un
mal inevitable, sino como algo remediable.
Davies combina ambas posiciones cuando
nos dice: “Ambas ideas tienen un
valor explicativo y posiblemente hasta
un valor predictivo, si son iuxtapuestas
y colocadas en la justa secuencia temporal”.
Este principio de la curva J es válido
en algunas situaciones socio-políticas
especificas, y me resulta apropiado para
explicar el caso de un país emergente
como la actual Colombia, con sectores
"indignados" que van saliendo
del sub-desarrollo y experimentan prisa
e impaciencia -quemando etapas- hacia
standares de vida mejores que ven que
ya disfrutan otros. Se conjugan, así,
los dos factores dichos como "pre-revolucionarios".
Indignación
y protesta
"INDIGNÁOS!
"(Indignes-vous!) es la obra maestra
de Stéphane Hessel (Paris, 2011),
que viene siendo reeditada en forma de
'brochure' (folleto, opúsculo)
al precio popular de apenas 3 euros, que
en varias lenguas sobrepasa ya los 4 millones
de ejemplares, alentando y orientando
generaciones jóvenes desencantadas
en países de la Unión Europea,
de Australia y Nueva Zelanda, de Estados
Unidos, de África y América
Latina. La editora Sylvie Crossman, impulsora
de dicho fenómeno de publicación
escrita, inicia con ella una colección
que ha titulado (en lengua sioux) "Omaha":
'Los que marchan con el viento'. En su
pequeño tomo, Hessel todavía
lúcido y activo a sus 94 años,
recoge en su memoria con atisbos poéticos,
todo el siglo XX del que fue testigo y
protagonista participando en el Consejo
Nacional de la Resistencia francesa contra
el nazismo (al que perteneció en
los años 40), y desde donde ayudó
a elaborar la propuesta de Seguridad Social
para una nueva Francia como "una
organización racional de la economía
que asegure la subordinación de
los intereses particulares al intéres
general" y los libere en delante
de dictaduras del dinero y tiranías
políticas dentro de una verdadera
democracia para todos. En su sentir, la
motivación y motor para ello debe
ser la "indignación"
y el consecuente "compromiso"
de cambio que a su juicio lo había
plasmado Franklin Delano Roosevelt en
el New Deal y lo había proclamado
el 6 de enero de 1941 en las Cuatro Libertades
del Atlántico: libertad de confesión,
libertad de expresión, libertad
de vivir al abrigo del miedo, libertad
de vivir al abrigo de la necesidad. Libertades
que el mismo Roosevelt decía eran
necesarias para la humanidad "como
el aire, el sol, el pan y la sal".
Y sobre ellas como fundamento moral, ético
y político apoyó pocos meses
después la ofensiva final contra
el nazismo. Y dió lugar a la Carta
de las Naciones Unidas (Carta que el mismo
Hessel ayudó a redactar fungiendo
como Secretario), adoptada en San Francisco
el 24 de junio de 1945 y ratificada por
las 54 naciones de entonces el 24 de octubre
de 1945 (fecha de la creación oficial
de la Organización de las Naciones
Unidas ONU) que sigue siendo válida
y de obligatorio cumplimiento para todos
el mundo en su Declaración de los
Derechos Humanos. Hessel enfatiza el artículo
22 de la misma que reza: "Toda persona,
en cuanto miembro de la sociedad, tiene
derecho a la Seguridad Social". Y
recientemente, con sus muchos años
a cuestas, ha escrito: "A ustedes
jóvenes les digo, miren alrededor
de ustedes y encontrarán los temas
que justifican su indignación.
Encontrarán situaciones concretas
que los conduzcan a dar curso a una acción
ciudadana fuerte. Busquen y encontrarán!".
"Nuestra cólera contra la
injusticia está siempre intacta.
Encuentren sus propios motivos de indignación.
Métanse en esta gran corriente
de la Historia!". "A los hombres
y mujeres que harán el siglo XXI
les decimos con afecto: < Crear, es
resistir. Resistir, es crear!>".
Pero el mismo Hessel que alienta y justifica
la indignación contra toda injusticia
señala clara y enfáticamente
que la vía para expresarla y reducirla
no puede ser sino la no-violencia:
"Hay que comprender que la violencia
da la espalda a la esperanza. Hay que
preferir la esperanza, la esperanza de
la no-violencia. Es el camino que debemos
aprender a seguir. Tanto por el lado de
los opresores como de los oprimidos, hay
que llegar a una negociación para
hacer desaparecer la opresión;
es lo que permitirá el que no haya
más violencia terrorista.Por ello
no hay que dejar que se acumule mucha
ira. El mensaje de Gandhi, de Mandela,
de Martin Luther King Jr encuentra toda
su pertinencia en un mundo que ha superado
la confrontación de las ideologías
y el totalitarismo conquistador. Es un
mensje de esperanza en la capacidad de
las sociedades modernss para superar los
conflictos por una comprensión
mutua y una paciencia vigilante. Para
llegar a eso, hay que fundarse en los
derechos, cuya violación -cualquiera
que sea el autor- debe provocar nuestra
indignación. No se puede transigir
sobre estos derechos".
"Es el gran momento para que la preocupación
de ética, de justicia, de equilibio
durable prevalezca [..] La no-violencia
es un medio más seguro para hacerla
cesar [..] La violencia no es eficaz [..]
el terrorismo no es eficaz".
"Yo no desespero de la sabiduría
china. Hay que esperar, hay que esperar
siempre". Y como síntesis
de su libro "El Camino de la esperanza
" (Paris, Fayard) consigna la máxima
de Heráclito (Fragmento XXI): "Si
tú no esperas, jamás encontrarás
lo inesperado!".
Conclusión
El presidente de Colombia, Juan Manuel
Santos ha reconocido que "el país
enfrenta una tormenta" que se inició
con una serie de reclamos de productores
del agro que por 15 días se fue
creciendo y propagando a otros sectores,
con bloqueo de carreteras principales
y manifestaciones urbanas con paros que
declarándose "pacíficos"
han derivado en acciones violentas y de
vandalismo con actos de terrorismo, de
daños a servicios públicos,
saqueos a negocios privados y quema de
camiones trsnsportistas. Trató
de llegar a la normalidad a través
del diálogo y de acuerdos puntuales
sobre reclamos justos de los "indignados"
campesinos (eliminación de impuestos
a los fertizantes e insumos, facilitación
de renegociación de las deudas
bancarias, subsidios a productos nacionales
que han quedado inicialmente en desventaja
en algunos de los TLC firmados por Colombia
con otros países..). Pero sus servicios
de inteligencia han detectado que hay
unos grupos minoritarios de "infiltrados"
-con intereses y fines políticos
que buscan "pescar en río
revuelto" y desde las izquierdas
comunistas-castristas intentar llevar
al país hacia el caos, la anarquia,
la confusión y una más cercana
situación pre-revolucionaria. Respecto
de lo cual anunció que aplicará
política fuerte utilizando la fuerza
legítima del Estado colombiano
que no es ni fallido ni inerme ni ingenuo.
Y no permitirá que la violencia,
el crimen, el terrorismo, el vandalismo
de unos pocos sea el medio para ir sacando
adelante con buen crecimiento y justicia
social un país emergente que va
mostrando que le es posible.
30-08-13