En
la actual coyuntura crítica que vive
Venezuela cuando un grupo instalado en las
altas esferas del poder pretende perpetuar
-como sea- el fracasado modelo económico
y político del fallecido Comandante
Chávez y busca para ello adueñarse
de las actuales universidades del país
que no le son partidarias -estrangulándolas
por diferentes medios y pretendiendo ideologizarlas
oficialmente- se ha suscitado una resistencia
in crescendo de los gremios que las conformamos
(autoridades académicas, docentes,
jóvenes estudiantes universitarios,
empleados) en defensa de los grandes intereses
del país. Conviene a todos tener
ideas claras de lo que está en juego
en este sensible problema y llamar la atención
pública sobre él. Ello justifica
lo que viene haciendo con valor, inmenso
riesgo y osadía un grupo de jóvenes
-respaldado por otros menos jóvenes-
que ya lleva varios días en una "huelga
de hambre" en la sede de la Nunciatura
Apostólica en Caracas y en el hall
rectoral de muchas universidades entre las
cuales el de la Universidad de Los Andes.
Pretendo apoyarlos desde mi modesta trinchera
de escritor universitario con una reflexión
pertinente y relevante que conecta tres
variaciones sobre el mismo tema leit-motiv,
el de la UNIVERSIDAD. El ensayo completo
en sustancia, puede verse con todas las
notas bibliográficas de las fuentes
utilizadas en el No 1 de "Letratum",
La Revista universitaria de Venezuela (2008
Caracas, páginas 35-57).
-
I. TIPOS DE UNIVERSIDAD. Una buena idea
de Universidad sobre las cinco concepciones
más notables que se han ensayado
para encarnar el saber universal en una
corporación superior educativa hoy.
- II. AUTONOMÍA UNIVERSITARIA, que
precisa lo anterior afinándolo .
¿Qué es la famosa autonomía
universitaria? ¿Cuáles sus
elementos constitutivos? ¿Si lo hay,
cuál es el pensamiento de la Ley
de Universidades de Venezuela al respecto?
- III. COGOBIERNO Y EL MOVIMIENTO DE CÓRDOBA.
El llamado co-gobierno de los estudiantes
en la conducción de las universidades,
en desarrollo del Movimiento de Córdoba
(Julio 1918), con sus pros y sus contras
en nuestro contexto venezolano
I.
UNIVERSIDAD Y TIPOS DE UNIVERSIDAD
Idea
general de universidad
El
término amplio designa hoy una gran
variedad de instituciones que, en una forma
u otra, conforman un conjunto de profesores,
de estudiantes y de empleados, que ofrecen
multitud de programas. En una acepción
más restringida, designa todo centro
donde el saber, globalmente considerado,
se hace objeto de investigación,
de enseñanza y aprendizaje, y se
constituye en centro orientador de la cultura
de una nación o de una región.
Tarea propia de este tipo de centros es
la elaboración y difusión
del saber, a través de la investigación
y su aplicación técnica, la
enseñanza-aprendizaje, la educación
continuada y actividades de extensión.
Como una " corporación autónoma
del saber universal", fue definida
la universidad por la Asociación
Internacional de Universidades en su Conferencia
de Tokio, 1965 (Principios 1-5), idea que
fue refrendada en la VI Conferencia de Moscú,
1975. Se subrayó allí que
toda ella responde al deseo innato y al
derecho natural de la humanidad de “buscar
en común y libremente la verdad”
(Paul Ricoeur).
Observemos cómo que de su naturaleza
científica, dicha corporación
del saber deriva la autonomía académica
(libertad de investigación y de cátedra,
acceso libre a las fuentes de conocimiento,
autonomía para determinar curricula
y condiciones académicas para la
obtención de títulos). Por
otra parte, de su naturaleza universal deriva
esta corporación del saber la autonomía
para extenderse a todo el ámbito
de conocimientos y extender su capacidad
de acción a todos los que pueda alcanzar.
Es lo que señala su misma etimología
(universitas), “universidad”
que desde un principio significó
esa totalidad corporativa de maestros y
alumnos para una gestión intelectual.
Hoy en día se refiere a una gran
diversidad de centros que atienden a la
universalidad del saber y para ello cuentan
con recursos humanos y técnicos apropiados,
centros que se denominan en forma genérica
'centros de educación superior'.
Inicialmente la “universalidad del
saber” intentó una cierta integración
y síntesis de las varias ciencias
y disciplinas alrededor de un mismo saber.
Con la explosión moderna de las ciencias,
de las especializaciones y las cátedras,
se produjo el siglo pasado una gigantesca
dispersión del saber, una atomización
de la verdad. La universalidad se hizo imposible
en un sentido material (como simple aglomeración
y yuxtaposición de todas las disciplinas
y saberes). Pero queda una cierta nostalgia
de un saber unificativo, si fuera posible
gracias a varias formas de inter-disciplinariedad.
Existen opciones válidas, cuando
se trata de dar aliento a una nueva universidad.
Concepciones de universidad
En forma muy sustantiva, me permito recoger
de la historia moderna de las universidades,
al menos 5 ideas de universidad hoy, que
hay que tener en cuenta según el
énfasis que se quiera dar a ciertos
factores y la proporción deseada
de fines buscados concientemente y de medios
apropiados para ellos
1)
Debería estar ya superada entre nosotros
la concepción de la UNIVERSIDAD PROFESIONALISTA,
con todo sus vicios y deformaciones, que
por tanto tiempo prevaleció en las
universidades estatales de Latinoamérica
y que nos vino de la Francia de Napoleón
Bonaparte. Dicha universidad se caracterizó
por una enseñanza profesional uniforme,
tanto para la masa como para las élites,
impartida por un cuerpo docente de “funcionarios”
del Estado, con miras a garantizar la estabilidad
política del régimen. La
universidad debía producir los profesionales
que el sistema económico y político
parecía
requerir en el momento. La universidad era
el instrumento de la política del
régimen.
2) Es muy sugestiva la UNIVERSIDAD EDUCATIVA,
que J.H. Newman diseñó en
1852 para la nueva Universidad Católica
que iba a erigirse en Dublin, Irlanda (The
Idea of a University). Dicho diseño
trata de dar respuesta a la aspiración
de los individuos al saber. La Universidad
se concibe como un lugar autónomo,
tranquilo y a ser posible aislado, donde
se imparte una educación general
y “liberal” (es decir, desinteresada,
no utilitarista), que se mueve con amplitud
dentro del saber universal. Se enfatiza
la formación, a la vez moral e intelectual.
Se da especial atención pedagógica
al desarrollo de las “facultades mentales”
y de la “reflexión”,
contra la tendencia al memorismo (caletreo)
y al enciclopedismo (bibliofagia). Se asigna
papel importante a los tutores (“la
relación pedagógica más
eficaz del mundo”) y se prefiere el
régimen residencial de internado
(recuérdese el filme La sociedad
de los poetas muertos). Se deja a un lado
el profesionalismo inmediato. Inevitablemente
la docencia queda privilegiada por sobre
la investigación, y no puede menos
que convertirse en una educación
elitista, francamente reñida con
la masificación. Tributarios de esta
concepción son las universidades
de Oxford y Cambridge, las excelentes casas
de formación de comunidades religiosas
católicas y seminarios conciliares
antes del Vaticano II y quizás todavía
las Academias militares de
algunos países.
3) La UNIVERSIDAD CIENTIFICA es la “idea”
que Guillermo de Humboldt y otros pensadores
de su época como Kant, Fichte, Schelling,
Schleiermacher.. concibieron para la gran
Universidad de Berlin, 1818. El representante
contemporáneo más conocido
de esta tradición netamente investigativa
de universidad es Karl Jaspers quien la
actualiza a su modo para nuestro tiempo(
Die Idee der Universitát 1961) .La
Universidad se la concibe como un lugar
de búsqueda de la verdad y de enseñanza
de la verdad encontrada. En ella se atiende
con autonomía al universo de las
ciencias, con un seria organización
por Facultades y una intocable libertad
académica. La Universidad se convierte
en una comunidad de investigadores (docentes
y estudiantes) en permanente tarea de búsqueda.
La investigación es lo propio de
la Universidad. La simple instrucción
(Unterricht) se deja
a cargo de una red amplia de instituciones
post-secundarias, anexas a las Universidades.
A éstas se reserva la enseñanza
(Lehre), “que consiste en participar
en el proceso de investigación”.
Esta fecunda simbiosis entre investigación
y docencia pasó pronto a la educación
superior de Estados Unidos de Norteamérica
y curiosamente no llegó a nuestras
universidades sino en la segunda mitad del
siglo XX, a través de la idea domesticada
ya por los norteamericanos.
4) La UNIVERSIDAD COMO FACTOR DE PROGRESO
pudiera llamarse la “idea” universitaria
de A.N. Whitehead (The Aims of Education
1929) quien personalmente cabalga sobre
su formación de Cambridge y su ulterior
experiencia de Harvard. Su influjo es todavía
reconocible en esa inmensa heterogeneidad
de instituciones post-secundarias de EUA,
donde hay de todo y de muy diversa calidad.
Se parte del presupuesto de que la sociedad
humana aspira al progreso. La Universidad
se concibe entonces como un lugar donde
la simbiosis de investigación y de
enseñanza, con imaginación
creativa, debe servir de agente efectivo
para el desarrollo y progreso de la sociedad.
Con miras a ello, “todo el arte en
la organización de una universidad
está en reunir un cuerpo profesoral,
cuya ciencia esté esclarecida por
la imaginación. Este es el problema
número uno de la enseñanza
universitaria..Una Universidad es imaginativa
o no es nada en todo caso nada útil”.
A este cuerpo profesoral hay que facilitarle
al máximo su tarea específica:
hay que dotarlo generosamente de recursos
técnicos y auxiliares bien pagados,
librarlo de tareas puramente administrativas,
asegurar su plena dedicación a la
investigación y docencia. “Un
buen test de la eficacia general de un cuerpo
profesoral es el que, en conjunto, produzca
y publique su cuota de ideas originales.
Una tal cuota debe apreciarse por el peso
de las ideas y no por el número de
las palabras”. Los estudiantes, bajo
el influjo intelectual de un tal equipo
(“Departamento”) de sabios imaginativos,
se desea que tengan la comprensión
de algunos principios generales y logren
el dominio completo de la manera como ellos
se aplican. Ciencia y Tecnología
es su lema. No todos los centros de educación
superior de EUA siguen estos parámetros,
pero casi todos se benefician de los que
sí los han adoptado y aplicado.
5) Una versión similar a la anterior,
pero ya desueta por el colapso del mundo
comunista a partir de 1989 - y a la que
quisieran retornar los actuales conductores
en Venezuela de un inviable "socialismo
siglo XXI" - es la llamada UNIVERSIDAD
COMO FACTOR DE PRODUCCION. Fue el derrotero
adoptado por el Consejo de Ministros de
la URRS en 1961 y que concibió la
Universidad como un instrumento altamente
funcional, de formación profesional
y política a la vez, puesto al servicio
de la construcción de la sociedad
comunista, como una pieza clave de todo
el engranaje productivo. Sus principales
objetivos eran: formar especialistas bien
calificados y bien educados en el marxismo-leninismo;
realizar investigaciones para contribuir
a la solución de los problemas más
sentidos; producir instrumentos didácticos
de calidad; formar docentes e investigadores;
diseminar los conocimientos científicos
y políticos (los del régimen)
entre la población. Esta universidad
tenía bien definida y delimitada
su función social y política.
Tuvo muy en cuenta el nexo entre universidad
y trabajo (fábrica o campo). Ofreció
oportunidades de educación para todos,
junto con una estricta selección
para el ingreso a la enseñanza superior
y un alto rendimiento en ella.
En resumen: integrando elementos positivos
y duraderos de las varias “ideas”
de Universidad, podríamos afirmar
una triple función esencial de la
Universidad, a la que
puede atenderse privilegiando unos aspectos
más que otros, o combinándolos
en diversa dosis, según la opción
que se adopte. Se trata de formar integralmente
al ciudadano, mediante la docencia-investigación,
para construir una sociedad mejor.
Es
el modelo perfecto del triángulo
equilátero en el que los tres lados
y ángulos se apoyan y alimentan entre
sí:

II.
AUTONOMÍA UNIVERSITARIA
Es
innegable la importancia y actualidad del
tema de la autonomía universitaria.
No
sólo por la naturaleza misma del
concepto, sino porque en la actual coyuntura
universitaria del país, dicha autonomía
es fundamental y sobre ella gira el forcejeo
entre una concepción totalitaria
y otra democrática de Venezuela.
Sin embargo un planteamiento claro de la
autonomía universitaria ni es fácil
ni puede ser simplista. Las siguientes reflexiones
sustanciales sólo quieren ayudar
a clarificar el tema y servir como aproximación
a él, en un debate que es natural
que se dé entre personas y grupos
lúcidos, algo que tiene que ver mucho
con el quehacer universitario.
Algo
de historia
Dado
que el concepto de autonomía es confuso
y complejo, hay que situarlo históricamente,
para poder precisar mejor su alcance. El
concepto de autonomía arranca del
origen mismo de la Universidad en la Edad
Media. Esas corporaciones del saber tenían
conciencia de que debían tener independencia
intelectual frente a los poderes de conducción
política o frente a cualquier intromisión
que alterara el verdadero rumbo universitario.
La autonomía era política,
pero no doctrinal, pues esas primeras universidades
eran instituciones eclesiásticas,
dirigidas por la Iglesia (Bologna 1180,
Oxford 1190, Paris y Salamanca 1215). Quien
más rompió con esta autonomía
en Europa fue Napoleón, al establecer
una universidad centr lizada y controlada
por el Estado. La Universidad era la encargada
de reproducir los funcionarios que el Régimen
necesitaba (1806). Esta universidad profesionalista,
masificada y uniformada en sus programas
y métodos, se prolongó en
Francia por casi siglo y medio (hasta la
reforma de De Gaulle), y proyectó
su sombra sobre nuestras universidades latinoamericanas,
hasta bien entrado el siglo pasado.
El nuevo concepto de autonomía universitaria
se afirma con la Universidad científica,
tal como la fundó Wilhem von Humboldt
en Berlin (1818). La Universidad se concibe
como una comunidad de investigadores-estudiantes
que tiene por tarea buscar la verdad. Y
su derecho a la búsqueda de la verdad
no puede tener cortapisas. Debe haber completa
libertad para abrir los caminos del saber
y debe haber garantías para hacer
ciencia. A partir de allí se habla
de autonomía en las universidades.
Es la defensa de la independencia intelectual
de la universidad, frente a poderes extraños
que pudieran coartar e impedir su creatividad
científica.
Con razón, A. Borrero Cabal puede
decir que "la autonomía universitaria,
emanada de la autonomía de la ciencia
y del saber, y ésta a su vez alentada
por la autonomía del espíritu,
fue perfilándose como nota distintiva
de la <universitas>”.
Como
la entiende la Asociación Internacional
de Universidades
En la IV Conferencia General de la FIU (Federación
Internacional Universitaria), celebrada
en Tokio en 1965, se precisó el alcance
de la autonomía universitaria como
algo que le es natural a la Universidad,
y que le permite prestar a la sociedad los
servicios que como Universidad debe prestar.
La concibe con relación a estos cinco
puntos:
* libre selección de los miembros
del claustro académico;
* libertad en la política de admisión
de los estudiantes;
* libre elaboración de los programas
de estudio;
*libre elección de los proyectos
de investigación; y
* gran libertad en el empleo del presupuesto.
Dicho informe de Tokio subraya que la autonomía
acarrea obligaciones particulares y presupone
una conciencia grande de sus responsabilidades
en todos los que tienen que ver con la Universidad:
fundadores, autoridades, administradores,
profesores, personal auxiliar, estudiantes.
Sus elementos consensuales configuran una
cuádruple autonomía, a saber:
1) Autonomía jurídica. Esta
comprende el derecho a conferir grados académicos
y a
confeccionar los programas de estudio que
conduzcan a estos grados. Autonomía
que se
presupone está limitada y sometida
a las leyes que regulan la concesión
de títulos
civiles y profesionales.
2) Autonomía académica. Significa
libertad para la admisión de alumnos
y para el
nombramiento del profesorado; libertad con
respecto a las materias que se van a enseñar;
y libertad de enseñanza y de investigación.
3) Autonomía administrativa. La Universidad
debe poder gobernarse libremente, con especial
énfasis en lo referente a la elaboración
y administración de sus presupuestos,
tanto del ordinario como del extraordinario.
4) Autonomía financiera . Con más
propiedad se la debería llamar “viabilidad
financiera”. Aunque la Universidad
reciba la ayuda financiera de los poderes
públicos, de una fundación
o empresa o comunidad que la sustenta, todos
ellos deben respetar las demás autonomías
de la Universidad.
Prácticamente a todas ellas se refiere
el artículo "Autonomía:
ilusión realidad", que redactaron
varios intelectuales franceses como precisión
justificada a la Ley de orientación
de la enseñanza superior, que expidió
el gobierno francés en respuesta
a los desmanes del famoso y agitado mayo
de 1968.
De aquí algunas definiciones. Unas
subrayan más un aspecto que otro
de los varios que integran la autonomía
universitaria o responden a diferentes perspectivas
moviéndose sobre un común
denominador. Está la que enfatiza
la autonomía administrativa y la
pedagógica: “Es la capacidad
de la institución para administrar
sus propios fondos y para dirigir la actividad
universitaria” (Luis Beltrán
Prieto Figueroa 1970). Está la que
subraya la autonomía jurídica,
en una concepción todavía
muy estatista: “Es la facultad que
el Estado otorga a la universidad a través
de una Ley, para dictarse a sí misma
las normas que rijan su vida interna, sin
la intervención de éste”.
Están las que se refieren en forma
más integral a la capacidad de asignarse
sus fines y sus medios más conducentes;
a la capacidad máxima -al estilo
de un vehículo marítimo, aéreo
o terrestre- “para efectuar un recorrido
ininterrumpido, sin reportarse”: "Autonomía
significa ponernos nosotros mismos la tarea
de determinar incluso el camino y el modo
de su realización, para ser lo que
debemos ser, es el rasgo predominante de
la universidad. Autonomía que debe
ser mantenida” (M. Heidegger 1989).“Es
el ejercicio autónomo ideológico
y científico; administrativo; y financiero”
(Borrero Cabal, en "La autonomía
hoy", Bogotá 1990).
En síntesis personal, los tres niveles
del concepto de autonomía, que deben
integrarse en forma creciente y de conquista
permanente por parte de las instituciones
de educación superior son: * la autonomía
como capacidad simplemente operacional y
administrativa; * la autonomía como
autogobierno; * la autonomía como
capacidad de autodeterminación, para
trazarse rumbos y para trazar rumbos a la
cultura de la sociedad.
Autonomía universitaria en Venezuela
Yaajaira Freites expresa su opinión
personal sobre lo que considera ha venido
siendo el recorrido con vaivenes contrapuesos
en la práctica de la autonomía
universitaria (Blog de ASOVAC, 11 diciembre
2010): "De su puño y letra,
Simón Bolívar le otorgó
en 1827 la autonomía universitaria
a la Universidad Central de Venezuela (UCV);
la cual perdió durante el gobierno
de Guzmán Blanco en el siglo XIX;
por esa razón hasta 1858, el despacho
de Educación nombraba a los profesores,
a las autoridades; diseñaba el pensa
de estudio de todas las carreras universitarias,
los programa de estudio de las materias
e indicaba la bibliografía que debía
leerse. De esa manera el dictador Juan Vicente
Gómez durante su larga estadía
en el poder (1908-1935) no permitió
que los estudiantes venezolanos pudieran
leer sobre socialismo, y en especial sobre
marxismo. Al haber una estricta censura
de prensa, no se podía comentar libremente
y al menos opinar sobre los cambios ocurridos
en la rusa zarista y mucho menos hablar
con libertad sobre la revolución
de octubre de 1917. Gracias a la autonomía
universitaria recobrada en 1958, los profesores
universitarios pudieron explicar y hablar
sobre los diferentes paradigmas e ideas
sociales sin estar expuestos a sanciones
o a perder el cargo. Pareciera que quienes
disfrutaron de esas libertades, ahora en
el gobierno, quieren restringir esa libertad;
otra paradoja es que quienes se dicen seguidores
del pensamiento de Bolívar sean hoy
los que están dispuestos a cercenar
la autonomía universitaria".
Históricamente, de “autonomía
universitaria” se habló de
forma explícita en la Ley de Educación
de 1940, siendo ministro del ramo, el Dr.
Arturo Uslar Pietri. Y fue expresamente
establecida por la junta Revolucionaria
de Gobierno en 1946, a través del
Reglamento Universitario, que fue posteriormente
derogado en 1948. Pero la democracia venezolana
la reafirmó y mantuvo incólume
durante 45 años, como pilar del subsistema
educativo de Educación Superior.
El art. 9 de la Ley de Universidades (1970)
-que posteriormente comenzó a ser
tachada de 'óligárquica' y
favorecedora de empresas e intereses 'privados
y aun extranjeros- recogía sin embargo
bien el pensamiento correcto y moderno de
autonomía cuando afirma: “Las
universidades son autónomas. Dentro
de las previsiones de la presente Ley y
de su Reglamento, disponen de: 1°) Autonomía
organizativa: en virtud de la cual podrán
dictar sus normas internas. 2°) Autonomía
académica: para planificar, organizar
y realizar los programas de investigación,
docentes y de extensión que fueren
necesarios para el cumplimiento de sus fines.
3º) Autonomía administrativa:
para elegir y nombrar sus autoridades y
designar su personal docente, de investigación
y administrativo. 4°) Autonomía
económica y financiera: para organizar
y administrar su patrimonio”.
De una correcta y bien entendida autonomía
universitaria, daba su parecer el Dr. Uslar
Pietri, refiriéndose al caso concreto
venezolano (El Nacional 18 septiembre 1981):
“La autonomía tiene que ser
original y básicamente una sóla
cosa: autonomía docente.
Que la Universidad escoja qué enseña,
a quiénes enseña y cómo
enseña. Eso es la libertad de cátedra.
Ahora entramos en un segundo paso que es
la autonomía administrativa: si yo
voy a obtener la libertad de enseñar
lo que quiero, yo tengo que tener los medios
para poder hacerlo, porque de otro modo,
si se me niegan los medios, se me niega
la posibilidad de realizarlo. Esta autonomía
es relativa y hay que aclararla, porque
es lo que ha permitido el crecimiento monstruoso
y el costo gigantesco de las universidades.
Pero, ¿habría que eliminar
la autonomía administrativa? Yo no
lo creo, porque sería muy peligroso
dejar en manos del Estado a la Universidad,
pudiendo decir éste en cualquier
momento: <no sufrago> esto y la desaparece”.
Sobreviene -en forma inconsulta, improvisada,
inconstitucional y aviesa (sirviendo un
proyecto ideológico-político
y no los grandes intereses del país)
como fue el estilo de muchas otras leyes
de la era chavista- la nueva Ley de Educación
Universitaria (LEU) aprobada por la Asamblea
Nacional el 23 de diciembre de 2010. La
nueva LEU era tan inaceptable para la comunidad
universitaria y para los grandes intereses
del país a juicio de la mayoría
de los sectores implicados, que se convirtió
en una "papa caliente"y se le
salió de las manos al mismo presidente
Chávez. Quien optó por expresar
un VETO, que no representaba una rectificación
de la posición de su Gobierno respecto
a las universidades, sino un “repliegue
táctico” obligado por una evaluación
costo-beneficio adversa, en caso de mantenerla.
La LEU hubiese resultado inaplicable e inviable,
y la oposición a ella podía
convertirse en aglutinante del descontento
creciente, a sólo año y medio
de las elecciones de 2012.
En efecto, sus errores, inconsistencias
y efectos negativos eran mayores que los
beneficios políticos que pudiera
obtener el régimen. Algo que el actual
régimen transitorio debería
tener más en cuenta en su reintento
de acabar con la autonomía universitaria
o de reinterpretarla a su amaño:
- Su aprobación inconsulta, en contra
de las opiniones de las comunidades universitarias.
- La misión nacional-socialista atribuida
a la educación universitaria, volcada
a la imposición de un pensamiento
único en contraposición a
la vocación universal del saber que
debe blindar la generación de conocimientos
y la libertad de cátedra.
- La regulación y el control del
intercambio con universidades extranjeras,
sujeto a criterios políticos;
- La subordinación de la educación
universitaria a fines políticos sectarios
y excluyentes.
- El énfasis en el control centralizado
de los distintos aspectos relacionados con
la actividad universitaria, incluyendo estructura
organizativa y asignación de recursos;
- La vulneración de toda autoridad
académica;
- La intromisión de actores ajenos
a la academia en la toma de decisiones de
su competencia.
- La introducción de intereses gremialistas
en la toma de decisiones, desdibujando su
finalidad académica.
- La desestimación de todo criterio
de calidad y de meritocracia en la motivación
de la búsqueda de excelencia académica.
- La sustitución de la ciencia por
la ideología y por los llamados “saberes
ancestrales” en la aprehensión
e interpretación de la realidad;
- La confiscación de la libertad
del estudiante para escoger su futuro al
asignar al Gobierno su ingreso a la universidad,
los programas de formación, el registro
de su prosecución, la certificación
de su grado, así como sus posibilidades
de empleo.
- El control directo de las nóminas
de profesores, empleados y obreros por el
Gobierno Nacional, así como de la
carrera docente del profesorado, con el
consecuente deterioro de las condiciones
laborales y de contratación.
- El sometimiento de la formación
del profesorado a criterios nacional-socialistas;
- La eliminación de organizaciones
sociales autónomas que representen
los distintos sectores de la comunidad universitaria;
- La nivelación de las universidades
más prestigiosas por debajo de las
“misiones educativas”.
- La conculcación de iniciativas
autónomas para la generación
de “ingresos propios”.
- La sujeción del quehacer universitario
a criterios de seguridad de Estado;
- La investigación universitaria
remitida a una Ley de Ciencia y Tecnología
que le confiere un intervencionismo inaceptable
al Ejecutivo.
III. COGOBIERNO Y LA REVOLUCIÓN DEL
MOVIMIENTO DE CÓRDOBA
Cuando se trata el tema del cogobierno de
los estudiantes en la conducción
de las universidades (cogobierno al que
también aspiran ahora los em pleados
universitarios), es
necesario remontarse al célebre Movimiento
de Córdoba (Argentina), que fue el
detonante en 1918 de esa onda expansiva
que se regó por todos los institutos
oficiales de enseñanza superior en
América Latina. Principios y práctica
acogidos también por Venezuela y
en concreto por nuestra ilustre Universidad
de Los Andes.
Me pemito recordar qué era Córdoba
y su famosa Universidad por aquella época;
cuáles fueron los principios que
inspiraron el movimiento y que se concretaron
en tres documentos; para luégo intentar
un comentario sobre ellos que pueda orientar
una discusión serena sobre una propuesta
de AEULA.
El Movimiento de Córdoba
Por los comentarios de los cronistas, me
llama la atención que la ciudad de
Córdoba, tenía bastantes semejanzas
con nuestra ciudad de Mérida, pero
con rasgos más acentuados (Utilizo
el trabajo del excelente investigador nicaraguense,
sandinista, Carlos Tunnermann (1979) : Sesenta
años de la Reforma Universitaria
de Córdoba, 1918-1978, Caracas, FEDES.
Prólogo de Luis Manuel Peñalver).
Ciudad de origen conventual, linajuda, letrada,
bastante tradicional y conservadora en sus
costumbres, urbe en la que gravitaba por
su gran peso la Universidad, fundada en
1613
por Fray Fernando de Trejo (la“Casa
de Trejo), obispo de Tucumán, y que
fue regentada por los jesuítas hasta
1767. Alejandro Korn la denomina “el
centro urbano más argentino, más
saturado de tradición ancestral”
El conflicto cordobés muestra a unos
estudiantes que enfrentan a las “instituciones”
y a las autoridades de la universidad por
“el estado de atraso espiritual, docente
y científico y por el gobierno oligárquico”.
“Nace, así, la decisión
de reformar el régimen de las Universidades
argentinas y el convencimiento de que solamente
con la injerencia de los alumnos en su gobierno,
se daría una solución de fondo
y con firmes perspectivas en el tiempo a
los grandes problemas de la educación
superior”.
Pero había en el ambiente cordobés
y argentino, contemporáneo de la
primera Guerra
Mundial y de la evolución bolchevique,
muchos más ingredientes que confluyeron
en el
famoso movimiento de reforma universitaria.
Un autor tan serio como Julio V. González
nos dice que “la reforma llegó
en su hora, traída por causas profundas,
servidas por fuerzas sociales provenientes
de distintos rumbos pero concurrentes a
un mismo fin”.
En lo reformistas, más que en la
misma Reforma resultante, había un
gran sentido americanista juvenil que se
expresó en muchos antis: Primero
que todo fue anti-generacional, contra “los
cráneos regresivos, los egoístas
los pelos-grises, las cabezas calvas que
pontifican desde las curules que llevan
atornilladas a las caderas como un complemento
orgánico”. Fue anti-clerical,
anti-militarista, anti-imperialista, anti-clasista,
en procura de una universidad más
popular y más comprometida con la
reforma social. Se hizo de la reforma universitaria
un problema eminentemente político
y se la convirtió en una reforma
social de amplio alcance.
Los estudiantes de Córdoba declaran
una huelga el 31 de marzo de 1818. Los estudiantes
de Derecho, de Ingeniería y de Medicina
organizan un “Comité pro Reforma”,
que eleva un Memorial ante las directivas
universitarias y ante el Ministerio de Instrucción
Pública, proponiendo fórmulas
concretas de reforma que a juicio de Mazo
“contienen en
embrión todo el desarrollo posterior
de la concepción reformista sobre
el gobierno
universitario” . El Memorial obliga
a distinguir entre la gestión científica
(la que en realidad debería llamarse
Academia) y la gestión administrativa,
que estaba confundida con la otra en los
Consejos Directivos. Y la Asamblea de la
Universidad “debe estar formada no
sólo por los académicos de
las Facultades, sino por todos los profesores
(titulares y suplentes en ejercicio), por
una representación de los estudiantes,
y por los profesionales egresados de la
Universidad y residentes en la República”.
El 11 de abril se crea la Federación
Universitaria Argentina (FUA) que amplía
el conflicto. Se generan marchas, disturbios
y acciones de calle, con graves enfrentamientos
con la policía. Se cierra la universidad.
Desde nuestra actual óptica, llama
la atención que tanta agitación
no dejó un sólo muerto ni
un sólo policía contuso y
menos una policía violada.
El Consejo de la Universidad de Córdoba
elige como Rector a Antonio Nores, de tendencia
tradicional, vetado por los estudiantes,
quienes se inclinaban por el funcionario
vicerrectoral Belisario Caraffa. Los acontecimientos
impiden que Nores tome posesión;
hay paro solidario en las otras dos universidades
nacionales, la de Buenos Aires y la de La
Plata; el gobierno del Presidente Yrigoyen
interviene.
Contenido de la Reforma de Córdoba
Del 20 al 31 de julio de 1918 sesionó
en Córdoba el Primer Congreso de
Estudiantes Universitarios de Argentina,
convocado por la FUA. Los 12 delegados de
cada una de las cinco universidades del
país produjeron tres documentos.
Fueron ellos:
• “Bases de Organización
de las Universidades”
• Proyecto de Ley Universitaria”
• “Proyecto de Bases Estatutarias
‘
Se pueden recoger en seis sus principales
contenidos:
1. Comunidad universitaria compuesta por
“los profesores de toda categoría,
los
diplomados inscritos y los estudiantes”.
2. La universidad asimilada a una “república
democrática” en la que hay
de base una
concepción política, aunque
se la llama también “familia
universitaria”.
3. Vinculación jerarquizada por méritos
graduales a la Universidad, comenzando con
los estudiantes, siguiendo con los diplomados
(graduados) de los que surgirán los
más
capacitados como profesores.
4. La democracia política como fundamento
de la autonomía universitaria: “integrada
así la Universidad por todos sus
elementos y garantizada su participación
en el gobierno, la ley puede abandonarles
el gobierno y la dirección de la
labor científica nacional”.
5. La participación proporcional
representativa en el gobierno de dicha comunidad
por
los diversos grupos (estudiantes, diplomados,
profesores), sin consagrar el criterio numérico
(“que dejaría en minoría
a los del cuerpo de profesores”).
En la práctica se adoptó la
fórmula tripartita: estudiantes -
diplomados- profesores. Y se comenzó
a hablar desde entonces del famoso “tercio
estudiantil”.
6. En cuanto a los órganos de gobierno,
se distinguió bien entre el “cuerpo
de electores” (que no son órgano
de gobierno) y el “cuerpo directivo”
(el órgano de gobierno) en el que
se aplicó un principio de orden administrativo,
consagrando dos órganos universitarios
de gobierno: el Consejo Superior de la universidad
y los Consejos Directivos de Facultades.
Tanto el Rector (Presidente) como los Decanos,
en aspectos estrictamente ejecutivos y de
eficiencia inmediata podían tener
funcionarios especializados para asuntos
de "planteamiento renovado y constante”
y para “atender más intensamente
la investigación
científica”. Se quiso, pues,
liberar al Rector (Presidente) y a los decanos,
de cargas administrativas, de modo que pudiendo
y debiendo ser también profesores,
no se desligaran de la docencia y de la
actividad académica.
Bien resume Mazo lo principal de la reforma
cuando dice: “Resumiendo, podemos
decir que establecida la Universidad como
república democrática y organizado
su gobierno según el sistema representativo,
todos sus ciudadanos -no solamente los profesores
titulares- participarían de la elección
de las autoridades. Sobre esta firme y legítima
base se erigiría la necesaria autonomía
de la Universidad respecto del gobierno
del Estado”.
(Estudiantes y gobierno universitario, Buenos
Aires, El Ateneo 1955, p. 31-32).
Apreciaciones sobre la Reforma
Reconociendo las motivaciones válidas
de los reformistas de Córdoba y los
aspectos positivos que dichas reformas legaron
por 95 años para nuestras universidades
(mayor sentido de pertenencia a la comunidad
universitaria por parte de los estudiantes;
consiguiente mayor responsabilidad y participación
de ellos en la toma de decisiones de la
corporación; vigilancia eficaz sobre
planes de estudio, proyectos, calidad de
los docentes y de la enseñanza que
imparten; conciencia viva del papel de reformadora
social inherente a la Academia; extensión
universitaria; ayuda social estudiantil;
universidad más popular; la universidad
como escuela práctica de hábitos
republicanos y democráticos que serán
útiles a los profesionales de mañana
como ciudadanosde la Polis), caben algunas
observaciones sobre dicha Reforma. Son ellas:
1.
Los reformistas de entonces no tuvieron
en cuenta las tradiciones medievales que
dieron origen a las universidades, desconociendo
así la esencia misma de la universidad.
2. Y es que la universidad es fundamentalmente
una corporación del saber, nacida
del
asocio de profesores y alumnos en torno
a la sabiduría, la ciencia y la verdad,
para ponerlas al servicio de la comunidad
humana.
3. Se distorsionó la naturaleza de
la autonomía universitaria al concebir
la universidad,
con un criterio político, como república
de iguales, como "república
democrática”. Se configuró
así, un híbrido extraño
de lo político y lo científico.
4. Al organizar la universidad como “república
de iguales”, se olvidó que
en el saber
no hay igualdad. Hay quienes saben más,
quienes saben menos y quienes no saben.
Aunque se quisiera, no puede obviarse que
respecto de la ciencia adquirida (“scientia
acquisita”) no hay igualdad sino jerarquización.
5. Por otra parte, desde el punto de vista
de estabilidad de los miembros de la
corporación universitaria, a los
estudiantes (como colectividad) les acontece
lo que a las
aguas de los ríos: fluyen; mientras
que a los profesores (como colectividad)
nos acontece lo que a los puentes: vemos
pasar las aguas mientras nos llega como
a todo ser vivo, la edad del deterioro y
consiguiente jubilación.
6. Al concebir la universidad como “república
democrática” inevitablemente
se incurre
en la consecuencia de tener que admitir
que la democracia postula el gobierno de
la mayoría, que está constituida
en el “demos” universitario
por los estudiantes. Los mismos
reformadores de Córdoba se aterraron
de la conclusión emergente: propusieron
entonces la participación igualitaria
de los llamados “estados” universitarios
(alumnos- diplomados -
profesores) en la elección de poderes.
Y consagraron, en la práctica la
fórmula tripartita, el
llamado “tercio estudiantil”.
7. La más grave secuela de la Reforma
cordobesa, al haber planteado la universidad
en
términos políticos, fue el
abrir el boquete para la lucha de clases
dentro de la misma universidad: las directivas
percibidas y señaladas como la clase
explotadora, las profesores como los capataces
al servicio de los intereses de clase y
los estudiantes como los pobres proletarios.
8. Concebida la universidad como “república
universitaria”, adjudicando en su
gobierno pedazos de poder a tres estamentos,
se introdujo el factor político como
elemento divisivo, clientelar, electorero,
fácilmente agitador y manipulador
del área académica de la universidad
para ponerla al servicio de intereses subalternos
de tipo partidista o estatal que resultan
extraños y ajenos a la misma universidad.
Al haber pasado del auto-gobierno originario
de las universidades al co-gobierno de los
estudiantes, en muchas latitudes y universidades
se llegó al des-gobierno de las mismas.
Esto ha llevado en muchos países
latinoamericanos (México, Chile,
Colombia..) y en muchas universidades estatales
a introducir pertinentes reformas a la Reforma
cordobesa para garantizar sus logros saludables
y aminorar sus efectos perniciosos y eventualmente
deletéreos.
Acotación. Respecto de las legítimas
e interesantes propuestas de los miembros
afiliados de AEULA referentes a que también
ellos -además de los estudiantes-
tengan parte en el co-gobierno de la Universidad
de Los Andes, no cabe duda alguna, ni es
punto negociable, el justo reclamo de los
empleados de ser tenidos más en cuenta
y tener garantizadas formas de participación
en las decisiones que afectan la corporación
universitaria, y más especialmente
las que tocan directamente sus derechos
laborales consagrados y justos intereses.
Pueden pensarse e implementarse formas efectivas
de consulta, con voz en las instancias pertinentes
de gobierno, al estilo de las que ya se
practican -con buenos resultados- en la
administración moderna de empresas.
Es evidente que por el papel insustituible
que ellos tienen en la administración
eficiente de la “corporación
del saber” y por la misma mayor estabilidad
que como colectivo tienen en el discurrir
de la universidad (mucho más que
la de los estudiantes y quizás aun
mayor que la de los profesores), su experiencia
invaluable, su servicio y lealtad a la universidad
tienen que contar mucho más en la
hora de la toma de decisiones, a todo nivel.
Pero otra cosa son muchas de las reformas
propuestas que atentarían contra
la misma esencia de la Universidad que es
ser “corporación del saber”.
Además de introducir un factor más
de lucha de clases o lucha por el poder
político en la universidad ; es jugar
con la fisión del átomo, de
ese universo del saber, con consecuencias
posiblemente incontrolables y muy probablemente
nocivas.
Conclusión
La autonomía y sobrevivencia de la
universidad debe seguir reposando sobre
el saber (que es lo específico y
legitimante de la universidad) y no sobre
el poder (que es lo específico y
legitimante de una república y eso
en el supuesto de que es plenamente democrática).
Pocas personas lo han expresado mejor que
don Justo Sierra, en el discurso de inauguración
de la Universidad Nacional de México
(22 setiembre 1910), cuando afirmó
que el fundamento último de la autonomía
de la universidad es la autonomía
misma del saber: “el gobierno de la
ciencia en acción debe pertenecer
a la ciencia misma!".
21-06-13
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