Novelas y filmes
* “El gran dictador” el primer
filme hablado del famoso Charles Chaplin
(1940) coincidió con el apogeo
del nazismo, en el que la estrella y director
desempeña el papel de un emperador
término medio, europeo, en el molde
de Adolfo Hitler y del de su doble, un
barbero judío.
* Recientemente (2012) y casi con el mismo
título “Dictator”,
dirigido por Charles Larry y producido
por Paramount, se ha rodado el filme,
que quiso ser una comedia del poder encarnado
en tiranos recientes pero adoptando la
forma de cuento infantil y de broma, ubicando
la trama en escenarios de New York.
* Fue impactante, sobretodo por la estatura
del personaje “El último
rey de Escocia”, que narra la historia
del dictador ugandés Idi Amín
Dada a través de su médico
personal. Tanto la novela como el largometraje
mezclan ficción y realidad en los
personajes. El filme le valió el
Oscar al protagonista Forrest Whitaker.
Amín ejercía simultánea
o alternativamente un tremendo poder de
atracción y una gran capacidad
de intimidación sobre los demás.
Fue amo y señor de Uganda.
* “La fiesta del chivo”, basado
en la novela de Mario Vargas Llosa, narra
la historia del complejo y omnipresente
Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo
Molina, Benefactor de la Patria (República
Dominicana) de la cual se adueñó
y que gobernó por treinta y un
años.
* “El otoño del patriarca”.
Es una estupenda obra literaria del Nobel
colombiano García Márquez
sobre un arquetipo de dictador y de corrupto
político, en el que resume los
rasgos de varios dictadores latinoamericanos
y del Caribe de conocida trayectoria.
* Anteriores a la obra de García
Márquez, otros buenos autores han
dejado rica narrativa sobre famosos autócratas
del continente, como son Miguel Ángel
Asturias (“El Señor presidente”
1946), Alejo Carpentier (“El recurso
del método”) donde define
al déspota ilustrado, modernista,
de armas tomar; y Roa Bastos (“Yo
el Supremo”) quien sintetiza en
la figura mítica del Dr. José
Gaspar Francia lo que era un gobernante
clásico a comienzos de una nueva
nación independiente como Paraguay.
¿Cómo
surge una autocracia?
•
Recomiendo para mis lectores de lengua
española el excelente libro de
Ramón Guillermo Aveledo “El
dictador. Anatomía de la tiranía”,
Caracas, Editorial Libros Marcados 2008.
El autor es Doctor en Ciencias Políticas,
escritor de varios libros, fue dos veces
Presidente de la Cámara de Diputados,
se viene desempeñando con éxito
como Coordinador de la Mesa de Unidad
Democrática adversa al gobierno
de Chávez. El libro tiene un Prólogo
valioso de Teodoro Petkoff .
1)
Ningún autócrata desde el
gobierno nace de la nada, nace de sociedades
en crisis. Como en todo fenómeno
de liderazgo sobre una comunidad, el proceso
no parte de cero, sino de un individuo
por lo general bien dotado y con cierta
musculatura de carácter, que no
es una persona común y corriente.
Lo suelen acompañar cualidades
de visión, de voluntad, de persuasión
y manejo de las masas, de tenacidad, elocuencia
y otras muy propias suyas. Y a su encuentro
le sale una sociedad que quiere o necesita
ser dirigida, estableciéndose entre
ambos una especie de transacción.
Puede ser que el líder inicie ideas
para el grupo. Y estas ideas aparecen
aceptables para los asociados. Otras veces,
el grupo encuentra que la realización
de los planes que alimenta se facilita
con lo que el posible conductor hace y
dice. Y el colectivo le concede entonces
a esa persona un papel de dirigencia y
mando. Y comienza a hacer suyas la visión
y el coraje que promete el líder.
Pero hay una diferencia notable entre
el simple líder político
y el dictador. A aquel lo quema un ideal
que contagia a las masas, pero es respetuoso
de ellas y avanza en diálogo con
la gente. Al dictador, en cambio- lo anima
–en forma innata o adquirida- la
lógica del poder, que tiende a
ser total y permanente. La lógica
de Lucifer y de Prometeo. La tendencia
a concentrar el poder de líder
en sus manos, por tiempo indefinido y
sin aceptar controles ni limitaciones
por parte de la sociedad que domina o
de algún otro poder que no sea
el suyo.
Teniendo cualidades personales (o maná
como decía Jung), es decir, prestigio,
aura, el dictador no surge por su libre
decisión, sino por el sentimiento
de todos para dejarse conducir por él.
Si Boves resultó ser el tirano
de las masas desvalidas de Venezuela,
fue porque tenía maná, carisma;
pero además porque esas masas le
otorgaron sus favores. Ningún dictador
surge de la nada. Ninguno es un rayo en
un cielo despejado.
2)
Cada conductor con mando es una respuesta
de sociedad a su particular crisis. Por
ello, las maneras de alcanzar el poder
son diferentes y corresponden a coyunturas
políticas diferentes. Hay dictadores
que ya estaban encaramados en grupos de
combate callejero antes de conformar las
“camisas negras” (Mussolini).
Otros venían ya en lomos de un
partido político de masas, fuerte
e ideológico (Stalin, Hitler).
Alguno había sido dejado como administrador
y mandadero por una potencia extranjera
intervencionista (Trujillo). Hay quienes
se han aprovechado de un régimen
anterior democrático pero débil,
que requería el establecimiento
de medidas de excepción invistiendo
legalmente al presidente de poderes especiales,
de los cuales se pasa a la dictadura (varios
casos de América Latina). Otros
surgieron de una guerra civil que requería
la construcción de una nueva sociedad,
siguiendo el diseño del vencedor
(Franco, Mao, Fidel Castro). Pero es la
sociedad o una parte de ella la que crea
el “monstruo”, que como al
Dr. Frankestein termina saliéndosele
de las manos y de su control. El inicial
acuerdo que al principio existió
entre una parte de la sociedad y la personalidad
que encarnó sus intereses, cede
el lugar al ejercicio puro y duro del
poder que ya no necesita de la base social
que lo hizo posible y que el mismo poder
omnímodo la va moldeando a su antojo
como una figura de plastilina.
¿Cómo
muere una dictadura?
Así tituló hace varias semanas
uno de sus artículos el autorizado
y bien informado tele comunicador venezolano
Moisés Naím, con sede en
Washington (www.efectonaim.com).
¿Qué determina que algunas
dictaduras sean depuestas y otras se perpetúen?
Se pregunta. Y responde: “Las razones
son tan variadas como la naturaleza misma
de estos regímenes. Hay dictaduras
que son totalitarias y brutalmente represivas.
Otras son dicta blandas que intentan hacerse
pasar por democracias: organizan elecciones
que nunca pierden, toleran una oposición
anémica y permiten periódicos
"libres" que pocos leen. Muchas
necesitan del sostén de potencias
extranjeras. Arabia Saudí depende
de Estados Unidos, Bielorrusia de Rusia
y Corea del Norte de China. Y claro está,
la historia, la cultura y la religión
fortalecen ciertas monarquías despóticas.
Aunque cuando un pueblo se harta y sale
a la calle dispuesto a morir por la libertad
-y el Ejército no lo masacra- no
hay cultura, historia, religión
o potencia extranjera que salve a un déspota.
Pero ¿qué hace que esto
ocurra?”. Y enumera varios factores
que interactúan.
-Los
militares son siempre el actor determinante.
”Todas las tiranías dependen
de ellos. A veces los militares están
exclusivamente al servicio del tirano.
En otros casos, cambian de parecer y deciden
defender a su patria, y no al régimen.
Al final, lo único que cuenta es
si los militares están dispuestos
a disparar contra sus compatriotas. Cuando
se niegan a hacerlo, nace la libertad”.
- La vejez. “Los Gobiernos también
envejecen. Ver y oír a Hosni Mubarak
pronunciando discursos totalmente desconectados
de lo que estaba pasando en las calles
de su país es el más reciente
ejemplo de una dictadura aislada de su
pueblo y del mundo, lenta en reaccionar
y que, a pesar de sus costosos servicios
de inteligencia, estaba patéticamente
mal informada. Hay dictaduras que fallecen
por <viejas> no solo debido a la
avanzada edad o a la muerte de sus líderes,
sino por la esclerosis de sus vetustas
estructuras de gobierno”.
- La pelea por el botín. A veces
la caída de un régimen se
produce por peleas entre las élites
en el poder y no entre el pueblo y su
Gobierno. Algo de esto pasó recientemente
en Túnez.
- Errores mortales. “Las autocracias
pocas veces pagan altos precios por sus
equivocaciones. Esto, en combinación
con la propensión de los dictadores
a rodearse de ayudantes que temen criticarlos
o expresar desacuerdos, crea un ambiente
donde los errores son frecuentes. Y alguno
puede llegar a acabar con el régimen.
Saddam Husein es un buen ejemplo de esto.
O el general Leopoldo Galtieri, el jefe
de la Junta Militar argentina quien, en
1982, decidió que era una buena
idea invadir las islas Malvinas. Su derrota
contribuyó a poner fin a la dictadura
en Argentina”.
- El contagio. “La democratización
de Portugal y España vinieron muy
juntas. También la de los países
del Cono Sur de América. Y la de
Europa central. Ahora, después
de Túnez, ha venido Egipto. No
hay duda de que la muerte de una tiranía
irradia esperanzas en otros países
gobernados por dictadores, y sirve de
ejemplo y estímulo para quienes
se oponen al régimen. La libertad
es contagiosa”.
- La información. “Un pueblo
mejor informado de los abusos y la corrupción
de sus autoridades, enterado de cómo
se vive y se gobierna en otros países
y que, además, se puede conectar
y coordinar fácilmente con otras
personas que, en su misma ciudad o en
el otro lado del mundo, piensan igual,
es un pueblo peligroso para una dictadura.
Está claro que las tecnologías
que informan y conectan a la población
son un nuevo dolor de cabeza para los
autócratas”.
-La falta absoluta por enfermedad y muerte.
La historia de casi todos los pueblos
-especialmente en épocas de crisis-
es el escenario natural de conductores
carismáticos, de líderes
que ejercen fascinación sobre las
masas, de jefes que hábilmente
logran el poder y se empalagan con él.
Unos tienen éxito; otros no tanto;
y los hay quienes acaban liquidados por
el mismo pueblo que los había endiosado.
Pero todos -quiéranlo o no- pasan
por el mismo rasero que los iguala a todos:
la muerte. Los tiranos también
mueren. Aunque alguno se haya prometido
que superaría "las fuerzas
de la Naturaleza" si se le oponía.
Frase del Libertador Bolívar -con
inevitable tono de megalomanía-
repetida por su admirador 180 años
después...
Moisés
Naím -al día siguiente de
la noticia de la muerte de Chávez
divulgada por el Vicepresidente encargado,
Sr. Maduro- produjo un autorizado comentario
internacional que destaca -en resumen-
aspectos sobresalientes del desempeño
por 14 años del presidente Chávez
("Lo bueno, lo malo y lo feo"
El País, 7 marzo 2013). Algunos
apartes: "La consecuencia más
positiva de su mandato es que hizo añicos
la coexistencia de Venezuela con la pobreza
[..] Otro aspecto positivo de su legado
es que acabó con la indiferencia
política y la apatía generalizadas,
alimentadas durante decenios por un sistema
en manos de unos partidos políticos
en descomposición y ajenos a la
realidad. El despertar político
del país que desencadenó
Chávez ha absorbido a habitantes
de las barriadas, trabajadores, estudiantes
universitarios, la clase media y, por
desgracia, también los militares.
Y aquí es donde comienza el legado
negativo de Chávez [..] Lo malo.
Tras 14 años en el poder, Chávez
no ha dejado el país con una democracia
más fuerte ni una economía
más próspera [..] La peor
consecuencia: que no dejó un país
mejor que el que recibió. Chávez
merece que se le recuerde como una oportunidad
perdida [..] El pueblo venezolano dio
a Chávez un cheque político
en blanco y, gracias al boom prolongado
de los precios del petróleo, contó
también con un cheque económico
en blanco. Pocos jefes de Estado han podido
aunar el enorme apoyo popular y los inmensos
recursos económicos de los que
disfrutó Chávez durante
14 años. Su control absoluto de
todas las palancas del poder le permitió
hacer lo que quería. Y lo hizo.
Modificar el nombre del país, cambiar
su bandera, imponer una zona horaria nueva
y especial para Venezuela. Y mucho más.
Lo que no hizo fue dejar el país
en mejor situación que cuando llegó
a la presidencia. Hugo Chávez merece
que se le recuerde como una oportunidad
perdida".
Conclusión:
la estatua de Nabucodonosor
A mi entender -y expresado con un texto
bíblico de sabio simbolismo oriental
- el trágico filme sobre Chávez
puede rematar como colofón con
la visión espectacular consignada
en el Apocalipsis de Daniel - siglo II
antes de Cristo (capítulo 2, versos
31-37).
En ella un joven pero profundo profeta
interpreta a Nabucodonosor, poderoso rey
de Babilonia, un curioso sueño
que con razón lo atormentaba: “Tú
veías una enorme estatua, de extraordinario
brillo y aspecto terrible, que se levantaba
delante de tí. La cabeza de esta
estatua era de oro, el pecho y los brazos
de plata, las caderas y el vientre de
bronce, las piernas de hierro, los pies
parte de hierro y parte de loza de cerámica.
Tú estabas mirando la estatua cuando
de repente una piedra se desprendió,
sin haber sido lanzada por ninguna mano,
y vino a chocar contra los pies de hierro
y loza de la estatua, haciéndola
pedazos”. Desde esa lejana época,
la famosa estatua ha simbolizado los grandes
imperios, poderes terrenos y personajes
autoritarios aparentemente invencibles,
pero que reposan sobre una base inferior
deleznable, que puede ser golpeada repentinamente
por un simple pedrusco (sin que se sepa
la mano que lo lanzó) y que hace
colapsar al indomable coloso. No puede
evitarse que esta imagen venga a cuento
cuando los afanosos herederos del poder
político de Chávez buscan
su esplendoroso endiosamiento con inmediatos
réditos electorales en su propio
país y con su embalsamiento en
urna de cristal -al estilo de Lenin, Mao
Sedung, Ho Chi Minh- perpetuar su culto
como nueva estrella en el firmamento mundial
de la revolución.
08-03-13