Venezuela : La autocracia chavista (Editorial 124)
Editoriales > Venezuela : La autocracia chavista (Editorial 124)
Análisis & Opinión > América Latina > Venezuela > Venezuela : La autocracia chavista (Editorial 124)
Logo Enrique Neira

 

 

     
Aunque los regímenes democráticos son cada vez más numerosos en el mundo, sigue dándose en algunos escenarios un estrafalario fenómeno de autocracias que se mueven entre la realidad y la ficción, con personajes que parecen sacados de una fábula pero que son de carne y hueso, y que logran impactar -para bien o para mal- grandes sectores de población. Como quiera que se los llame (sátrapas, tiranos, déspotas, dictadores o dicta blandos, o césares democráticos) constituyen de ordinario un régimen autócrata de gobierno, es decir, una forma de conducir la sociedad en la cual la voluntad de un sola persona es la suprema ley. Por ello, tarde o temprano, los más conspicuos se convierten en tema para novelas y filmes. Tal el caso del Comandante en Jefe de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 
 

Novelas y filmes

* “El gran dictador” el primer filme hablado del famoso Charles Chaplin (1940) coincidió con el apogeo del nazismo, en el que la estrella y director desempeña el papel de un emperador término medio, europeo, en el molde de Adolfo Hitler y del de su doble, un barbero judío.
* Recientemente (2012) y casi con el mismo título “Dictator”, dirigido por Charles Larry y producido por Paramount, se ha rodado el filme, que quiso ser una comedia del poder encarnado en tiranos recientes pero adoptando la forma de cuento infantil y de broma, ubicando la trama en escenarios de New York.
* Fue impactante, sobretodo por la estatura del personaje “El último rey de Escocia”, que narra la historia del dictador ugandés Idi Amín Dada a través de su médico personal. Tanto la novela como el largometraje mezclan ficción y realidad en los personajes. El filme le valió el Oscar al protagonista Forrest Whitaker. Amín ejercía simultánea o alternativamente un tremendo poder de atracción y una gran capacidad de intimidación sobre los demás. Fue amo y señor de Uganda.
* “La fiesta del chivo”, basado en la novela de Mario Vargas Llosa, narra la historia del complejo y omnipresente Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria (República Dominicana) de la cual se adueñó y que gobernó por treinta y un años.
* “El otoño del patriarca”. Es una estupenda obra literaria del Nobel colombiano García Márquez sobre un arquetipo de dictador y de corrupto político, en el que resume los rasgos de varios dictadores latinoamericanos y del Caribe de conocida trayectoria.
* Anteriores a la obra de García Márquez, otros buenos autores han dejado rica narrativa sobre famosos autócratas del continente, como son Miguel Ángel Asturias (“El Señor presidente” 1946), Alejo Carpentier (“El recurso del método”) donde define al déspota ilustrado, modernista, de armas tomar; y Roa Bastos (“Yo el Supremo”) quien sintetiza en la figura mítica del Dr. José Gaspar Francia lo que era un gobernante clásico a comienzos de una nueva nación independiente como Paraguay.

¿Cómo surge una autocracia?

• Recomiendo para mis lectores de lengua española el excelente libro de Ramón Guillermo Aveledo “El dictador. Anatomía de la tiranía”, Caracas, Editorial Libros Marcados 2008. El autor es Doctor en Ciencias Políticas, escritor de varios libros, fue dos veces Presidente de la Cámara de Diputados, se viene desempeñando con éxito como Coordinador de la Mesa de Unidad Democrática adversa al gobierno de Chávez. El libro tiene un Prólogo valioso de Teodoro Petkoff .

1) Ningún autócrata desde el gobierno nace de la nada, nace de sociedades en crisis. Como en todo fenómeno de liderazgo sobre una comunidad, el proceso no parte de cero, sino de un individuo por lo general bien dotado y con cierta musculatura de carácter, que no es una persona común y corriente. Lo suelen acompañar cualidades de visión, de voluntad, de persuasión y manejo de las masas, de tenacidad, elocuencia y otras muy propias suyas. Y a su encuentro le sale una sociedad que quiere o necesita ser dirigida, estableciéndose entre ambos una especie de transacción. Puede ser que el líder inicie ideas para el grupo. Y estas ideas aparecen aceptables para los asociados. Otras veces, el grupo encuentra que la realización de los planes que alimenta se facilita con lo que el posible conductor hace y dice. Y el colectivo le concede entonces a esa persona un papel de dirigencia y mando. Y comienza a hacer suyas la visión y el coraje que promete el líder.
Pero hay una diferencia notable entre el simple líder político y el dictador. A aquel lo quema un ideal que contagia a las masas, pero es respetuoso de ellas y avanza en diálogo con la gente. Al dictador, en cambio- lo anima –en forma innata o adquirida- la lógica del poder, que tiende a ser total y permanente. La lógica de Lucifer y de Prometeo. La tendencia a concentrar el poder de líder en sus manos, por tiempo indefinido y sin aceptar controles ni limitaciones por parte de la sociedad que domina o de algún otro poder que no sea el suyo.
Teniendo cualidades personales (o maná como decía Jung), es decir, prestigio, aura, el dictador no surge por su libre decisión, sino por el sentimiento de todos para dejarse conducir por él. Si Boves resultó ser el tirano de las masas desvalidas de Venezuela, fue porque tenía maná, carisma; pero además porque esas masas le otorgaron sus favores. Ningún dictador surge de la nada. Ninguno es un rayo en un cielo despejado.

2) Cada conductor con mando es una respuesta de sociedad a su particular crisis. Por ello, las maneras de alcanzar el poder son diferentes y corresponden a coyunturas políticas diferentes. Hay dictadores que ya estaban encaramados en grupos de combate callejero antes de conformar las “camisas negras” (Mussolini). Otros venían ya en lomos de un partido político de masas, fuerte e ideológico (Stalin, Hitler). Alguno había sido dejado como administrador y mandadero por una potencia extranjera intervencionista (Trujillo). Hay quienes se han aprovechado de un régimen anterior democrático pero débil, que requería el establecimiento de medidas de excepción invistiendo legalmente al presidente de poderes especiales, de los cuales se pasa a la dictadura (varios casos de América Latina). Otros surgieron de una guerra civil que requería la construcción de una nueva sociedad, siguiendo el diseño del vencedor (Franco, Mao, Fidel Castro). Pero es la sociedad o una parte de ella la que crea el “monstruo”, que como al Dr. Frankestein termina saliéndosele de las manos y de su control. El inicial acuerdo que al principio existió entre una parte de la sociedad y la personalidad que encarnó sus intereses, cede el lugar al ejercicio puro y duro del poder que ya no necesita de la base social que lo hizo posible y que el mismo poder omnímodo la va moldeando a su antojo como una figura de plastilina.

¿Cómo muere una dictadura?

Así tituló hace varias semanas uno de sus artículos el autorizado y bien informado tele comunicador venezolano Moisés Naím, con sede en Washington (www.efectonaim.com).
¿Qué determina que algunas dictaduras sean depuestas y otras se perpetúen? Se pregunta. Y responde: “Las razones son tan variadas como la naturaleza misma de estos regímenes. Hay dictaduras que son totalitarias y brutalmente represivas. Otras son dicta blandas que intentan hacerse pasar por democracias: organizan elecciones que nunca pierden, toleran una oposición anémica y permiten periódicos "libres" que pocos leen. Muchas necesitan del sostén de potencias extranjeras. Arabia Saudí depende de Estados Unidos, Bielorrusia de Rusia y Corea del Norte de China. Y claro está, la historia, la cultura y la religión fortalecen ciertas monarquías despóticas. Aunque cuando un pueblo se harta y sale a la calle dispuesto a morir por la libertad -y el Ejército no lo masacra- no hay cultura, historia, religión o potencia extranjera que salve a un déspota. Pero ¿qué hace que esto ocurra?”. Y enumera varios factores que interactúan.

-Los militares son siempre el actor determinante. ”Todas las tiranías dependen de ellos. A veces los militares están exclusivamente al servicio del tirano. En otros casos, cambian de parecer y deciden defender a su patria, y no al régimen. Al final, lo único que cuenta es si los militares están dispuestos a disparar contra sus compatriotas. Cuando se niegan a hacerlo, nace la libertad”.
- La vejez. “Los Gobiernos también envejecen. Ver y oír a Hosni Mubarak pronunciando discursos totalmente desconectados de lo que estaba pasando en las calles de su país es el más reciente ejemplo de una dictadura aislada de su pueblo y del mundo, lenta en reaccionar y que, a pesar de sus costosos servicios de inteligencia, estaba patéticamente mal informada. Hay dictaduras que fallecen por <viejas> no solo debido a la avanzada edad o a la muerte de sus líderes, sino por la esclerosis de sus vetustas estructuras de gobierno”.
- La pelea por el botín. A veces la caída de un régimen se produce por peleas entre las élites en el poder y no entre el pueblo y su Gobierno. Algo de esto pasó recientemente en Túnez.
- Errores mortales. “Las autocracias pocas veces pagan altos precios por sus equivocaciones. Esto, en combinación con la propensión de los dictadores a rodearse de ayudantes que temen criticarlos o expresar desacuerdos, crea un ambiente donde los errores son frecuentes. Y alguno puede llegar a acabar con el régimen. Saddam Husein es un buen ejemplo de esto. O el general Leopoldo Galtieri, el jefe de la Junta Militar argentina quien, en 1982, decidió que era una buena idea invadir las islas Malvinas. Su derrota contribuyó a poner fin a la dictadura en Argentina”.
- El contagio. “La democratización de Portugal y España vinieron muy juntas. También la de los países del Cono Sur de América. Y la de Europa central. Ahora, después de Túnez, ha venido Egipto. No hay duda de que la muerte de una tiranía irradia esperanzas en otros países gobernados por dictadores, y sirve de ejemplo y estímulo para quienes se oponen al régimen. La libertad es contagiosa”.
- La información. “Un pueblo mejor informado de los abusos y la corrupción de sus autoridades, enterado de cómo se vive y se gobierna en otros países y que, además, se puede conectar y coordinar fácilmente con otras personas que, en su misma ciudad o en el otro lado del mundo, piensan igual, es un pueblo peligroso para una dictadura. Está claro que las tecnologías que informan y conectan a la población son un nuevo dolor de cabeza para los autócratas”.
-La falta absoluta por enfermedad y muerte.
La historia de casi todos los pueblos -especialmente en épocas de crisis- es el escenario natural de conductores carismáticos, de líderes que ejercen fascinación sobre las masas, de jefes que hábilmente logran el poder y se empalagan con él. Unos tienen éxito; otros no tanto; y los hay quienes acaban liquidados por el mismo pueblo que los había endiosado. Pero todos -quiéranlo o no- pasan por el mismo rasero que los iguala a todos: la muerte. Los tiranos también mueren. Aunque alguno se haya prometido que superaría "las fuerzas de la Naturaleza" si se le oponía. Frase del Libertador Bolívar -con inevitable tono de megalomanía- repetida por su admirador 180 años después...

Moisés Naím -al día siguiente de la noticia de la muerte de Chávez divulgada por el Vicepresidente encargado, Sr. Maduro- produjo un autorizado comentario internacional que destaca -en resumen- aspectos sobresalientes del desempeño por 14 años del presidente Chávez ("Lo bueno, lo malo y lo feo" El País, 7 marzo 2013). Algunos apartes: "La consecuencia más positiva de su mandato es que hizo añicos la coexistencia de Venezuela con la pobreza [..] Otro aspecto positivo de su legado es que acabó con la indiferencia política y la apatía generalizadas, alimentadas durante decenios por un sistema en manos de unos partidos políticos en descomposición y ajenos a la realidad. El despertar político del país que desencadenó Chávez ha absorbido a habitantes de las barriadas, trabajadores, estudiantes universitarios, la clase media y, por desgracia, también los militares. Y aquí es donde comienza el legado negativo de Chávez [..] Lo malo. Tras 14 años en el poder, Chávez no ha dejado el país con una democracia más fuerte ni una economía más próspera [..] La peor consecuencia: que no dejó un país mejor que el que recibió. Chávez merece que se le recuerde como una oportunidad perdida [..] El pueblo venezolano dio a Chávez un cheque político en blanco y, gracias al boom prolongado de los precios del petróleo, contó también con un cheque económico en blanco. Pocos jefes de Estado han podido aunar el enorme apoyo popular y los inmensos recursos económicos de los que disfrutó Chávez durante 14 años. Su control absoluto de todas las palancas del poder le permitió hacer lo que quería. Y lo hizo. Modificar el nombre del país, cambiar su bandera, imponer una zona horaria nueva y especial para Venezuela. Y mucho más. Lo que no hizo fue dejar el país en mejor situación que cuando llegó a la presidencia. Hugo Chávez merece que se le recuerde como una oportunidad perdida".

Conclusión: la estatua de Nabucodonosor

A mi entender -y expresado con un texto bíblico de sabio simbolismo oriental - el trágico filme sobre Chávez puede rematar como colofón con la visión espectacular consignada en el Apocalipsis de Daniel - siglo II antes de Cristo (capítulo 2, versos 31-37).
En ella un joven pero profundo profeta interpreta a Nabucodonosor, poderoso rey de Babilonia, un curioso sueño que con razón lo atormentaba: “Tú veías una enorme estatua, de extraordinario brillo y aspecto terrible, que se levantaba delante de tí. La cabeza de esta estatua era de oro, el pecho y los brazos de plata, las caderas y el vientre de bronce, las piernas de hierro, los pies parte de hierro y parte de loza de cerámica. Tú estabas mirando la estatua cuando de repente una piedra se desprendió, sin haber sido lanzada por ninguna mano, y vino a chocar contra los pies de hierro y loza de la estatua, haciéndola pedazos”. Desde esa lejana época, la famosa estatua ha simbolizado los grandes imperios, poderes terrenos y personajes autoritarios aparentemente invencibles, pero que reposan sobre una base inferior deleznable, que puede ser golpeada repentinamente por un simple pedrusco (sin que se sepa la mano que lo lanzó) y que hace colapsar al indomable coloso. No puede evitarse que esta imagen venga a cuento cuando los afanosos herederos del poder político de Chávez buscan su esplendoroso endiosamiento con inmediatos réditos electorales en su propio país y con su embalsamiento en urna de cristal -al estilo de Lenin, Mao Sedung, Ho Chi Minh- perpetuar su culto como nueva estrella en el firmamento mundial de la revolución.

08-03-13