Desconcierto general
¿Hasta cuándo? ¿Hasta
cuándo debe condenarse a la nación
a la incertidumbre? Cada minuto que se
pierda es un minuto que cuenta en la crisis
general que va tomando cuerpo a lo largo
y ancho del país. Presionados por
una situación que nunca imaginaron,
los jefes del Gobierno dan muestras de
desconcierto, mientras algunos observadores
llegan a la conclusión de que se
trata, en efecto, de una crisis que comienza
con ellos, y que ninguno está en
condiciones de tomar las iniciativas conducentes.
Esto explicaría la parálisis.
El país está mal y los males
crecen día a día.
Hay "Parálisis": así
titula El Nacional de Caracas su oportuno
y sensato Editorial del 20 de febrero,
contrariando las voces del oficialismo
pidiendo calma y más paciencia
al pueblo. "El mandatario se juramentará
cuando esté “bueno y sano”.
La procuradora afirma que “el Gobierno
no tiene prisa por juramentar al Presidente”.
La doctora Flores -esposa del Sr. Maduro-
razonó así la posición
oficial: “El pueblo ha sabido esperar
y sabrá esperar el tiempo necesario”.
No son, evidentemente, razones jurídicas
como serían las apropiadas para
quien ejerce tal responsabilidad. “El
pueblo sabrá esperar”, de
modo que la responsabilidad de todo recaerá
en el “pueblo” y no en quienes
de manera bastante incomprensible eluden
el problema y tratan de disimular las
dimensiones de la crisis.
Volvió, volvió, volvió!
"Chávez volvió obligado"
es el título del comentario escrito
por Claudio J. Sandoval en 'El Universal'
de Caracas, este 21 de febrero. En síntesis
afirma: "El paciente no vino porque
quiso sino porque lo trajeron anticipadamente
ante el reto de gobernabilidad que atraviesa
el chavismo cubano sin-Chávez.
En otras palabras, su regreso no fue por
motu propio sino que, a nuestro entender,
obedece a la presión ejercida por
el sector castrense y la sociedad civil
venezolana, dentro de un contexto de conflictividad
que le impide al interinato Maduro darse
el lujo de acumular gotas que derramen
el vaso de la violencia en su contra".
Presión sindicalista, estudiantil
y militar
Sectores de la sociedad civil venezolana
(clase media y sindicalistas chavistas)
si bien desarticulados, comienzan a reclamar
activamente por sus intereses lesionados
como consecuencia de las recientes medidas
económicas que los golpean duro
por todos lados (alza de precios más
escasez y deterioro del poder adquisitivo
de sueldos- salarios), en contravía
de la afirmación del ministro Giordani
de que la reciente devaluación
monetaria 'se hizo para bien del pueblo'.
El pasado jueves 14 de febrero un grupo
de valientes estudiantes venezolanos se
habían encadenado en Caracas ante
la embajada cubana para rechazar la injerencia
de los Castro en los asuntos internos
del país, a causa del entreguismo
del gobierno de Chávez, y para
demandar el regreso inmediato del comandante
al país. En Cuba no sabían
cómo librarse de esta 'papa caliente'
del comandante Chávez por más
de 60 días aparentemente aislado
y 'secuestrado' en La Habana, con sus
grandes costos y riesgo de pérdida
de buena fama que corre por el mundo sobre
la bondad y eficacia de los tratamientos
médicos cubanos. Y se presentó
el desacato de los estudiantes en las
calles de Venezuela -como acto de resistencia
pacifica- que denunciaba nacional e internacionalmente
la indebida injerencia de Cuba en el gobierno
de otro país. A lo que se añadió
algo muy peculiar y sensible. Los jóvenes
recibieron un comunicado a nombre de oficiales
de rango medio y generales activos donde
exaltaban su defensa de la soberanía
venezolana. El hecho es que en menos de
24 horas, el interinato Maduro mostró
imágenes -con rostros sonrientes
e inevitables rastros de fotomontaje-
para dar fe de vida del mencionado líder;
y, posteriormente, en menos de 72 horas,
presentó la noticia de que ya se
encontraba en Caracas, como por arte de
magia. No se descarta el que para ayudar
a calmar el recrudecido descontento popular,
el retorno del comandante pudo haber tenido
también una intencionalidad emocional
dirigida a su gente, con el objetivo de
anestesiar el impacto negativo generado
en su calidad de vida por las decisiones
financieras y pésimo manejo de
la economía.
Inevitables comicios presidenciales
Puede que sea en tres meses, seis o dentro
de un año, pero resulta inminente
que vamos a un nuevo proceso electoral
producto de lo que terminará siendo
una falta absoluta del Presidente.
Mientras tanto el Gobierno de facto del
Vice-presidente, que terminó el
pasado 10 de diciembre , y es apenas el
heredero del presidente ("in pectore"
como se decía en el Vaticano para
la designación oculta de ciertos
cardenales de la diáspora), está
tratando de dibujar lo mejor posible una
transición que permita la continuidad.
Será, entonces, el pueblo de Venezuela
el que terminará avalando o no
el intento de continuismo más allá
de la falta del líder. Para lograr
ese objetivo se están valiendo
de todos los medios los actuales Ejecutivo,
Legislativo, Judicial y Poder Electoral
para anular a la oposición antes
de las elecciones.
Este Gobierno transitorio sabe que la
Oposición representada en la MUD
puso 6.5 millones de votos (45%) frente
a los 8 de Chávez (55%) en la elección
presidencial del 7 de octubre 2012. Que
si persiste unida, movilizadora y activa
puede rebasar electoralmente la pretensión
de continuidad chavista. Por eso lo despiadado
del ataque, lo continuo de su radicalismo,
los sucesivos episodios de persecución
y los niveles de represión a los
que quiere llegar.
La inviabilidad económica del proyecto
que abriga este Gobierno, por sí
sólo no es suficiente para desatar
cambios políticos. Pero si el principio
de empatía con el pueblo se logra
profundizar y no se pierde tiempo esperando
que ocurran cosas "providenciales",
la oportunidad de un nuevo gobierno está
en la puerta.
Al ir a un proceso electoral adelantado,
el camino de la oposición puede
ser más difícil que el del
pasado 7 de octubre. Un presidente retirado
y sentenciado a muerte próxima-
pero ejerciendo todavía influencia
mesiánica y carismática
en el pueblo-, y toda una maquinaria pesada
del Estado petrolero en manos del vicepresidente-candidato
-quien actúa ya sin ningún
recato y raspa la olla con los réditos
oficiales de la fuerte devaluación
hecha para financiar una campaña
electoral relámpago-, a la Oposición
las cosas se presentan difíciles.
Y más -por desgracia- si todavía
tiene reflejos inhibitorios internos,
si no arbitra más recursos y se
le acaba el poco tiempo para contrarrestar
la arremetida del Gobierno.
El futuro Chavismo sin-Chávez sigue
mostrando que no tiene ni organización,
ni generación de relevo bien formada
y capacitada, ni suficiente imaginación
política en sus líderes
como para adoptar una estrategia que concilie
legitimidad y eficacia para el caso de
un mejor gobierno que enfrente los agudos
problemas actuales y ofrezca al pueblo
venezolano razones para creer y motivos
para esperar un avance real en lugar de
palabrería violenta y acciones
de intimidación con miras a consagrar
por continuidad errores pasados.
La campaña debe empezar ya y no
esperar a que el CNE (también chavista)
baje la bandera y haga sonar el pitazo
de largada cuando más les convenga
. Si la oposición quiere tener
opción tiene que salir a reencontrarse
pronto -confiada y arrechera- con sus
casi 7 millones de electores ya contados
y explicarles, nuevamente, que sí
hay un camino.
Ante un desenlace final que va llegando
-desesperado para unos y esperado por
otros- tiene validez mi afirmación
como Conclusión desde el lugar
de los hechos.
Se derrumba el mito.
Este
caso de lo que ocurre hoy en Venezuela
puede ilustrar con tintes trágicos
y fabulados lo que es la pesadilla inesperada
que cae de repente sobre un hombre en
la cúspide del poder, aparentemente
invencible e inmortal. El Comandante Chávez,
militar de carrera como paracaidista,
llegado al poder en elecciones de 1989
y reelegido tres veces, muy locuaz por
todos los medios oficiales y privados,
con pleno control desde el Ejecutivo central
sobre los demás cuatro poderes
del Estado (Legislativo, Judicial, Electoral
y Defensoría del Pueblo) logra
en 14 años hacer suya la figura
de Mesías -sabio, omnipresente,
omnipotente y generoso- que encarna el
mito del “gendarme necesario”
al que es proclive el pueblo en nuestras
oscilantes repúblicas. La necesidad
de conseguir para la nación venezolana
orden con progreso y estabilidad interna
y que además llegara a liderar
un proceso de integración continental
como lo soñó Bolívar,
lo condujo a proponer planes y políticas
que requerían de su acción
como un “hegemón”,
como “buen tirano”, en fin
como “un César democrático",
representante y regulador de la soberanía
popular. Todo estaba en sus manos y nada
importante se venía haciendo en
su país sin sus decisiones personales.
Era un “Príncipe”,
un “Caudillo” que se creía
enviado por la Providencia (para unos)
o por el Destino (para otros) como lo
fuera en su época Simón
Bolívar, aquel “hombre del
momento”, bien montado en su caballo
blanco. Pero su mundo mental grandioso,
aupado por un entorno adulador y complaciente
(del que ha sido vocero su propio partido)
y su gran apego al poder (en el extremo
opuesto de Benedicto XVI) lo llevó
a vivir una falsa seguridad sobre su presunta
invencibilidad electoral, la inmortalidad
terrena y un irremplazable legado político
hasta el 2.030 o más. Pero todo
se vino abajo, para él y buena
parte del pueblo venezolano, con la aparición
del grave y silencioso cáncer que
no perdona. El Presidente Chávez
en aquella memorable noche del 8-9 de
diciembre pasado, en la que sabiendo su
estado grave de salud se despedía
para una cuarta cirugía en La Habana,
y pensando que era posible que no regresara,
expresó enfáticamente su
preferencia por Maduro para candidato
presidencial. Pero a ciencia y conciencia
plena en esa coyuntura, podía y
debía haber renunciado a su cargo-
evitándole al PSUV y al país
esta larga agonía y desastre político-constitucional
en que se ha convertido su relevo. El
caso de Benedicto XVI es patético,
siendo de mayor relevancia en cualquier
modo como se lo mire. El Gabo podría
enriquecer con los nuevos rasgos de este
personaje la ya célebre figura
de su “Otoño del patriarca”,
que resume con mano maestra, la variada
tipología de hombres de amañado
poder suramericanos y caribeños.
A mi entender -con un poco de inspiración
y sabor bíblico- el trágico
filme sobre Chávez puede rematar
como colofón con la visión
espectacular consignada en el Apocalipsis
de Daniel - siglo II antes de Cristo (capítulo
2, versos 31-37). En ella un joven pero
sabio profeta interpreta a Nabucodonosor,
poderoso rey de Babilonia, un curioso
sueño que con razón lo atormentaba:
“Tú veías una enorme
estatua, de extraordinario brillo y aspecto
terrible, que se levantaba delante de
tí. La cabeza de esta estatua era
de oro, el pecho y los brazos de plata,
las caderas y el vientre de bronce, las
piernas de hierro, los pies parte de hierro
y parte de loza de cerámica. Tú
estabas mirando la estatua cuando de repente
una piedra se desprendió, sin haber
sido lanzada por ninguna mano, y vino
a chocar contra los pies de hierro y loza
de la estatua, haciéndola pedazos”.
Desde esa lejana época, la famosa
estatua ha simbolizado los grandes imperios,
poderes terrenos y personajes autoritarios
aparentemente invencibles, pero que reposan
sobre una base inferior deleznable, que
puede ser golpeada repentinamente por
un simple pedruzco (sin que se sepa la
mano que lo lanzó) que hace colapsar
al indomable coloso.
22-02-13