El personaje político
El influyente semanario Time, en doble
edición anterior (dic 29, 2008
y enero 05, 2009) y ahora de nuevo (dic
19, 2012) designó a Barak Obama
como "el personaje del año"
2008 y 2012.
Para 2008 era un auténtico 'fenómeno'
político tanto en el escenario
norteamericano como en la opinión
pública mundial. Colin Powell hizo
de él entonces un apretado y elogioso
retrato (entrevista en directo en el programa
Meet the Press de la cadena NBC). "He
llegado a la conclusión de que,
por su habilidad para inspirar a los ciudadanos,
por la naturaleza unificadora de su candidatura,
porque está conquistando a toda
América, porque es alguien que
cuenta con grandes habilidades retóricas
a la vez que tiene sustancia, es persona
que reúne las condiciones para
ser un presidente de éxito, para
ser un presidente excepcional. Es una
figura transformadora, es una nueva generación
que aparece en el escenario de EE UU y
del mundo". Y el equipo redactor
de la entrevista lo definió así:
"Su genoma es global, su mente es
innovativa, su mundo está interconectado,
y su espíritu es democrático".
Preguntado por el equipo entrevistador
sobre el mandato que iniciaba, Obama respondió:
"Pienso que nosotros obtuvimos una
victoria decisiva. Ciertamente pienso
que obtuvimos un fuerte mandato para el
cambio. Lo que significa un gobierno que
no es conducido ideológicamente.
Significa un gobierno que es competente.
Significa -algo que es más importante-
un gobierno concentrado día a día
en las necesidades y problemas, en las
esperanzas y sueños de la gente
ordinaria [..] Puedo anticipar que 2009
va a ser un año fuerte. Y si tomamos
algunas buenas decisiones, yo confío
en que podemos limitar algunos de los
daños en 2009 y que en 2010 podemos
comenzar a ver una trayectoria de avance
en la economía".
Para finales del 2012 a juicio de Time,
Obama el Presidente, logró mantener
una suficiente relevancia y desempeño
reconocido a nivel nacional e internacional
como para poder ser de nuevo distinguido
como el "Personaje del año".
Destaco entre muchos otros publicados
el acertado comentario que al respecto
publicó Michael Scherer y a lo
largo de mi artículo lo utilizaré
(Time Dec 19, 2012).
Recojo varios rasgos del personaje en
una especie de retrato ofrecido por Time
(6 october 2012). Pues en estos 4 años
-ya prematuramente canoso por la difícil
presidencia de EUA- se ha reconocido que
Obama obtuvo méritos y también
que tiene otro carácter. El Obama
de la Casa Blanca no sido aquel joven
brillante de los famosos mítines.
Ha sido bastante diferente. Hemos visto
a un hombre huidizo y reflexivo, casi
algo atormentado, que carece de conexión
natural con el ciudadano medio –lo
que Bill Clinton tiene en sobredosis-
y rompe con el molde del político
tradicional. Se ha dicho equivocadamente
que es más un académico
que un político. Obama es un político
puro, aunque con un estilo diferente de
hacer política. Siempre quedará
la duda de si el verdadero Obama sí
es ese que, “tratando de ser educado”,
pudo parecer pusilánime, tímido
y que se dejaba avasallar por los fuertes
y desenvueltos políticos, adversarios
suyos, como ocurrió en el primer
debate de Denver con Mitt Ronney sin ofrecer
la menor resistencia, mirando al piso
y como insensible frente a la andanada
violenta del republicano.
Obama no es un ideólogo, es pragmático.
Es un político nacido para la concordia,
el debate culto y el civilizado intercambio
de ideas. Así ha gobernado y, seguramente
así va a seguir gobernando. Rehúye
la confrontación y el peligro,
movido por un instinto de supervivencia
que David Maraniss, el autor de Barack
Obama: The Story (una de las biografías
del presidente) atribuye a una posible
huella dejada por su raza y su humilde
origen familiar. Son sus dificultades
de adaptación -como afro-americano,
a un mundo de blancos y, como blanco de
educación, a una cultura de adopción
que no es la suya- las que explicarían
algo de su comportamiento posterior. Eso
le ha hecho, según Maraniss, cauteloso,
precavido, comprensivo e indeciso. “Es
eso lo que explica su precaución”,
afirma, “su tendencia a contenerse
y a observar la vida como un tablero de
ajedrez, mirando siempre dónde
puede recibir el jaque mate”.
Contrastes del
período I
He escogido dos juicios sensatos que me
ayudan a conectar y a la vez distinguir
para mis lectores los dos períodos
del presidente Obama: el ya concluido
(con sus sombras y luces) y el que inicia
con mejores augurios.
El primero, del autorizado equipo redactor
de "Maniére de voir"
con sede en París (No. 125 Oú
va l'Amérique? -Hacia dónde
va Estados Unidos?, pp.34-38), publicado
antes de las elecciones del 6 de noviembre
pasado. "Desde el empleo hasta la
ecología -afirma- , Monsieur Barack
Obama no ha estado a la altura puesta
en él por sus partidarios, pero
por la magia del bipartidismo norteamericano,
la mayoría de los electores progresistas
se sienten obligados a seguir apoyándolo.
A no ser que se resignen a entregar las
llaves de la Casa Blanca a un conservador
millonario, antiguo dirigente republicano".
Y segundo, el del avezado reportero Antonio
Caño -destacado por El País
en la capital norteamericana por ser tan
buen mirador mundial. ("La reválida
de Obama", El País, 3 noviembre
2012). Con toda razón, observa
Cano que Obama ha sido, ciertamente, diferente
en la Casa Blanca, de lo que fue como
candidato. Y esto era frustrante y decepcionante
para gran parte del electorado y de sus
seguidores jóvenes. " El gran
orador, el gran inspirador de esperanza
en la campaña de 2008, ha resultado
ser un presidente frío y distante.
Lo ha pagado con la disolución
de su carisma. Condicionado por la complejidad
de su propia biografía, Obama ha
resultado ser también un presidente
con aversión al riesgo. Esa prudencia,
en cambio, se ha convertido en un plus
en el manejo de la guerra de Afganistán
o de crisis envenenadas, como las de Egipto,
Libia o Siria. El Obama de hoy ha perdido
encanto, pero ha ganado confiabilidad,
un valor mucho más estimable en
su posición". Y en comentario
días después (El País,
23 enero 2013), añade: "Hechos
y palabras fácilmente emprenden
caminos divergentes. Puede sucederle de
nuevo a Obama en su segunda presidencia,
como ya le pasó en la primera,
sobre todo con sus promesas más
célebres, que le valieron el Premio
Nobel de la Paz, entre las que se encontraba
el cierre de Guantánamo. En la
etapa que inauguró solemnemente
este pasado lunes, las palabras señalan
a un Obama especialmente concentrado en
la política interior: la superpotencia
dedicada a reparar el mundo y a construir
naciones se dedicará ahora a construirse
a sí misma, después de declarar
que <está terminando una década
de guerra> y que <empieza una época
de prosperidad>. Atrás quedarán
dos guerras, la de Irak y la de Afganistán,
y por delante, una vez superado el cambio
de rasante, el regreso al crecimiento
y la expectativa del boom industrial que
presagia la explotación del gas
de esquisto, la nueva panacea que debe
liberar a los americanos de las hipotecas
del petróleo árabe"
.
Pudo haber quedado un amargo sabor del
primer período del presidente Obama
porque quedó en deuda con los que
esperaban más de su administración,
aplicando el duro rasero de que "los
candidatos manejan la campaña en
poesía pero gobiernan en prosa",
expresado por Mario Cuomo quien fuera
gobernador demócrata y puede uno
suponer que lo dijo por experiencia. Una
cosa son las palabras para llegar al poder
y otra las obras dejadas tras ocupar el
poder.
Inicio de Obama
II
Bien anotó el periodista Joe Klein
la víspera de la posesión
de Obama (Time jan 21, 2013): "Tenemos
un nuevo año y, al parecer, un
nuevo Barack Obama. Su modelo este año
no es perder el tiempo. Es duro, firme,
inflexible. Obliga a los republicanos
a aumentar los impuestos por primera vez
en 22 años. Dice que no va a negociar
con los republicanos sobre su próxima
crisis manufacturada, el techo de la deuda".
Nombra al ex senador Chuck Hagel como
Secretario de Defensa y a John Kerry para
la CIA, conocidos escépticos en
materia de intervención militar
-a pesar de las objeciones de los neoconservadores
y el lobby poderoso de Israel. Parece
estar dispuesto a hacer propuestas agresivas
en el control de inmigración y
uso de armas. Todos estos son pasos positivos.
El Presidente ha decidido que está,
por el momento, en una posición
de poder y, a diferencia de su estilo
de negociación en su primer mandato,
parece dispuesto a arrasar a sus oponentes
indefensos. Esto ha dado lugar al llanto
y rechinar de dientes, entre los republicanos,
que han reconocido que de repente están
en el camino equivocado".
Fueron numerosos los simpatizantes de
izquierda que ayudaron a la sorprendente
victoria en el 2008 de Obama, animador
social en Chicago, pensando que iba a
transformar todo el juego político
aplicando el programa y las ideas que
eran el corazón de su campaña.
Pero para ellos fue decepcionante la administración
de los 4 años del joven presidente,
que los culminó con la cabeza canosa
y sus muchos planes a medio hacer. Sin
embargo, el temor razonable a tener en
la Casa Blanca un presidente tan capitalista
y de fuerte derecha como Ronney hizo que
la izquierda terminara accediendo a que
el país le diera una segunda oportunidad
a Obama, amén de que éste
sí tenía resultados que
venían por el buen camino y que
dirigió su campaña con mucha
habilidad e innovación logrando
obtener millones de votos a su favor de
esa inmensa mayoría silenciosa
y antipolítica de los no-votantes
(50% en Estados Unidos).
Obama resultó ser -tras su primer
período- no un revolucionario,
pero sí un buen y paciente negociador
a favor de buenas causas. Mostró
que entiende la política como tarea
de consenso y de inclusión, no
de combate y exclusión. Mantuvo
la confianza en sus ideas y en su gente
para lograrlas. Y el pueblo norteamericano
mostró en las urnas que le sigue
teniendo confianza y cree en él
para un segundo último período
(people trust him). Esta confianza popular
es su mejor reserva para ahora sí
realizar -de brazo con el pueblo- los
grandes cambios que requiere el país
y exigen los nuevos tiempos. Para ello
se inspira en el presidente Abraham Lincoln
y lo venera con preferencia como su antepasado
político, quien con gran coraje
y habilidad logró en su tiempo
(con ambiente adverso) la aprobación
de la Enmienda 13 constitucional que prohibió
la esclavitud. A los pocos días
de saberse su reelección en las
urnas, en noviembre, Obama invitó
a ver el nuevo filme Lincoln del afamado
director Steven Spielberg, en companía
de gran parte de su elenco -entre quienes
estuvieron los actores Daniel Day-Lewis
quien representa al 160 presidente americano
y la actriz Sally Field, su esposa.
¿Qué lo hizo ganar de nuevo?
Sigo sosteniendo la tesis, aplicable a
casi todos los países presidenciales
y libres del mundo -donde exista un proceso
de re-elección transparente y confiable
de la voluntad popular- que el argumento
definitivo a favor de un gobernante es
la buena gestión hecha en su administración.
El que haya dado respuesta eficaz y oportuna
a los problemas concretos del país,
satisfaciendo las demandas más
sentidas de la población. Algo
que la ciudadanía considera que
debe -por lo mismo- proseguirse. "Fueron
los logros de su presidencia lo mejor
que Obama pudo ofrecer a sus compatriotas".
Y esto había comenzado a lograrlo
Obama en su primer período en el
campo prioritario de la economía.
Cuyo manejo por Obama criticó con
cinismo su contrincante el adalid republicano
Romney -multimillonario y neo liberal
confeso, partidario del capitalismo salvaje-
a sabiendas de que su partido había
sido el artífice de una de las
mayores recesiones sufridas por EUA en
su historia, debido al mandato ruinoso
de Bush jr.. El presidente republicano
había recibido del presidente demócrata,
Bill Clinton, un país con salud
económica, buen superávit,
empleo masivo, reducción de la
deuda y reconocido liderazgo internacional,
y lo entregó en 2008 a Obama, arruinado
y con gravísimos problemas.
Y el miedo o temor de amplios sectores
de la población estadounidense
a lo que pudiera ser un eventual gobierno
de Mit Romney, sin duda actuó como
mecanismo de defensa colectiva y sobrevivencia,
que favoreció a Obama. Pudo haberle
ayudado el que en ningún momento
mostró muchas ganas de reelección
y en las primarias de su partido no surgió
un nuevo personaje que encarnara un más
fuerte y atractivo liderazgo. Pero sí
contó el hecho de que muy sagazmente
y bien asesorado, a Obama se le ocurrió
la táctica electoral de ganarse
los votos de los no-votantes (que en Estados
Unidos es casi un 50% del registro electoral).
Y le funcionó. Sabiendo que ha
habido grandes cambios demográficos
en Estados Unidos afirmó que "cuando
las minorías votan, también
lo hacen los jóvenes, y la América
de mañana no va a ser la misma
que la de ayer". Consiguió,
en efecto, el 71% de los votos latinos,
93% de los negros, 73% de los asiáticos
y 60% de los ciudadanos menores de 30
años.
Proyecciones
Tras haber sustituido el aspecto sureño
de la Casa Blanca de Bush por otro funcional
y moderno, Obama en estas semanas reemplazó
la alfombra clásica de su Oval
Office por otra de tono más claro
y acogedor con una frase inspiradora de
Luther King jr. -cuyo busto había
hecho colocar en su despacho para su primer
período, en lugar del que lo presidía
de Winston Churchill. Ha sugerido, así,
que su nuevo período va a ser de
cambio real y a dejar atrás un
primer período que más bien
resultó "anómalo",
en frase suya.
La concepción demócrata
de Obama se aproxima mucho a la de su
mentor Bill Clinton quien inventó
y aplicó con éxito durante
su gobierno la fórmula de la "triangulación"
- a la que dediqué mi comentario
a propósito de su último
libro (28-11-2011). Ni acepta el modelo
estatista defendido por algunos (izquierda)
ni el modelo ultraliberal propuesto por
otros (derecha). Propone ubicarse en el
centro, en el medio entre la izquierda
y la derecha, entre demócratas
y republicanos ultras. Así es como
se ganan elecciones (se comprueba con
éstas del 6 de noviembre de 2012)
y se puede hacer un buen gobierno. Clinton
optó por el nuevo camino, y con
ello, en las elecciones presidenciales
-en circunstancias adversas- los demócratas
retuvieron la Casa Blanca. Y lo aplicó
con éxito durante toda su administración
de dos períodos (1993-2001) habiendo
dejado el legado de un excelente gobierno
con 8 años de paz, con respetabilidad
mundial, buen desempeño económico
con alto empleo, mínima inflación
y bienestar generalizado, con una aprobación
de su gestión del 66%. Hoy, dada
la grave coyuntura por la que todavía
atraviesa Estados Unidos, para un Obama
reconfirmado y sin ataduras electorales
ya, una buena política podría
ser también la triangulación:
desde el vértice del gran poder
central federal (Ejecutivo), combinando
las mejores energías de los demócratas
y de los republicanos (Partidos y Congreso),
propiciar las decisiones que consulten
mejor los intereses de las grandes mayorías
de la población americana (Pueblo).
Discurso
de posesión
El discurso de posesión y juramentación
en público del presidente Obama
(22 enero 2013) para iniciar su segundo
y último período, es una
pieza maestra por su contenido y forma,
por lo que dice y deja de decir, por su
sencillez, claridad y brevedad al alcance
de todos. Asume los desafíos que
ahora deberá afrontar con lucidez,
sin timidez y más eficacia operativa
para cumplirle a sus electores. Sencillamente
subrayo, sin mucho comentario, algunas
de sus ideas y frases.
Los grandes ideales. "Recordamos
que lo que une a esta nación no
son los colores de nuestra piel o los
principios de nuestra fe o el origen de
nuestros nombres. Lo que nos hace excepcionales
–lo que nos hace estadounidenses-
es nuestro compromiso con una idea, articulada
en la Declaración hecha hace dos
siglos: <Sostenemos estas verdades
para que sean evidentes por sí
solas, que todos los hombres son creados
iguales, que son bendecidos por el Creador
con ciertos derechos inalienables, que
entre esos están la Vida, la Libertad
y la búsqueda de la Felicidad>".[..]
" La historia nos dice que si bien
estas verdades son evidentes por sí
solas, no se cumplen solas; que si bien
nuestra libertad es un regalo de Dios,
debe ser cuidado por su Pueblo aquí
en la Tierra. Los patriotas de 1776 no
lucharon para reemplazar la tiranía
de un rey con los privilegios de unos
pocos o por el poder de la turba. Nos
dieron una República, un gobierno
del pueblo, y por el pueblo , y para el
pueblo, confiándole a cada generación
la obligación de mantener a salvo
nuestro credo".
Cambios. "Pero siempre
hemos comprendido que cuando los tiempos
cambian, también debemos cambiar
nosotros; que la fidelidad a nuestros
principios fundacionales requiere nuevas
respuestas a nuevos retos; que preservar
nuestras libertades individuales al final
requiere de acciones colectivas".
Presidente y pueblo unidos. En
todo su discurso insiste mucho en esta
simbiosis. Cinco párrafos los inicia
con la expresión "nosotros,
el pueblo". "Ahora más
que nunca, debemos hacer estas cosas juntos,
y como un solo pueblo".
Papel del Estado. "En todo
este camino, nunca hemos cedido en nuestro
escepticismo por la autoridad central,
ni hemos sucumbido a la ficción
que todos los males de la sociedad pueden
ser curados solo por el gobierno".
[..] "El progreso no nos obliga a
que resolvamos los debates sobre el papel
del gobierno para toda época, pero
requiere que actuemos en nuestra época".
Clase media. "Creemos que
la prosperidad de Estados Unidos debe
descansar sobre los hombros de una pujante
clase media".
Retos. "Esta generación
de estadounidenses ha sido puesta a prueba
por crisis que fortalecieron nuestra decisión
y probaron nuestra capacidad. Una década
de guerra está terminando. Nuestra
recuperación económica ha
comenzado. Las posibilidades de Estados
Unidos son infinitas, porque poseemos
todas las cualidades que este mundo sin
fronteras demanda: juventud e ímpetu;
diversidad y apertura; una capacidad sin
fin para los riesgos y un don para la
reinvención. Mis queridos compatriotas,
estamos hechos para este momento, y lo
aprovecharemos -siempre y cuando lo hagamos
juntos".
Decisiones difíciles.
"Comprendemos que nuestros gastados
programas son inadecuados para las necesidades
de nuestro tiempo. Debemos forjar nuevas
ideas y tecnología para rehacer
nuestro gobierno, relanzar nuestro código
de impuestos, reformar nuestras escuelas
y empoderar a nuestros ciudadanos con
las habilidades que necesitan para trabajar
más duro, aprender más y
subir más [..]. Debemos tomar las
decisiones difíciles para reducir
los costos del cuidado de la salud y de
tomar control de nuestro déficit".
No a una guerra permanente. "Mostraremos
nuestro coraje para tratar y resolver
nuestras diferencias con otras naciones
de manera pacífica –no por
ser ingenuos sobre los peligros que encaramos-
sino porque el involucramiento puede funcionar
mejor para borrar las sospechas y el miedo.
Estados Unidos seguirá siendo el
ancla de las fuertes alianzas en todos
los rincones del mundo".
Conclusión
"El juramento
que he hecho hoy ante ustedes fue un juramento
a Dios y al país, no a un partido
o facción [..] Ustedes y yo, como
ciudadanos, para establecer el camino
de este país..con esfuerzo común
y propósito común, con pasión
y dedicación [..], respondamos
al llamado de la historia".
01-02-13