USA : Obama, segundo periodo (Editorial 120)
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Durante el último siglo, Estados Unidos - aventajando a otros países- dispuso en el plano internacional de un gran capital económico y militar (poder duro). Sin embargo, sabemos que, además de dichos poderes, existe otro tipo de capital más particular y menos sencillo de cuantificar: el simbólico (poder blando), es decir el prestigio del que un actor dispone en los distintos campos de la sociedad. EUA se ha impuesto como tarea recuperar su liderazgo mundial y rehacer tanto el capital político como el moral perdidos en este nuevo siglo tras la administración republicana de Bush jr. Y en esta delicada coyuntura aparece la insólita figura de Barack Hussein Obama. El joven presidente encarnó en el 2008 una serie de calidades y elementos del mundo simbólico americano, en particular su capacidad para renovarse y para emerger de graves crisis, de modo que pudiera comenzar a hablarse de un nuevo "sueño americano" y de que habría un segundo New Deal, es decir un cambio similar al que tuvo lugar con el arribo de Franklin D. Roosevelt a la presidencia cuando la Gran Depresión en 1929. De ella el país surgió como la gran potencia mundial. Del primer período de Obama quedan los sueños de tiempos mejores y se lograron dar pasos para la superación de las crisis (Obama I). Se espera ahora que en el segundo período, repotenciados los sueños, pueda irlos realizando con mayor decisión, desenfado y eficacia (Obama II). Quedará así confirmado que la historia no va a recordar al presidente Obama como una simple casualidad.

 

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El personaje político

El influyente semanario Time, en doble edición anterior (dic 29, 2008 y enero 05, 2009) y ahora de nuevo (dic 19, 2012) designó a Barak Obama como "el personaje del año" 2008 y 2012.

Para 2008 era un auténtico 'fenómeno' político tanto en el escenario norteamericano como en la opinión pública mundial. Colin Powell hizo de él entonces un apretado y elogioso retrato (entrevista en directo en el programa Meet the Press de la cadena NBC). "He llegado a la conclusión de que, por su habilidad para inspirar a los ciudadanos, por la naturaleza unificadora de su candidatura, porque está conquistando a toda América, porque es alguien que cuenta con grandes habilidades retóricas a la vez que tiene sustancia, es persona que reúne las condiciones para ser un presidente de éxito, para ser un presidente excepcional. Es una figura transformadora, es una nueva generación que aparece en el escenario de EE UU y del mundo". Y el equipo redactor de la entrevista lo definió así: "Su genoma es global, su mente es innovativa, su mundo está interconectado, y su espíritu es democrático". Preguntado por el equipo entrevistador sobre el mandato que iniciaba, Obama respondió: "Pienso que nosotros obtuvimos una victoria decisiva. Ciertamente pienso que obtuvimos un fuerte mandato para el cambio. Lo que significa un gobierno que no es conducido ideológicamente. Significa un gobierno que es competente. Significa -algo que es más importante- un gobierno concentrado día a día en las necesidades y problemas, en las esperanzas y sueños de la gente ordinaria [..] Puedo anticipar que 2009 va a ser un año fuerte. Y si tomamos algunas buenas decisiones, yo confío en que podemos limitar algunos de los daños en 2009 y que en 2010 podemos comenzar a ver una trayectoria de avance en la economía".

Para finales del 2012 a juicio de Time, Obama el Presidente, logró mantener una suficiente relevancia y desempeño reconocido a nivel nacional e internacional como para poder ser de nuevo distinguido como el "Personaje del año". Destaco entre muchos otros publicados el acertado comentario que al respecto publicó Michael Scherer y a lo largo de mi artículo lo utilizaré (Time Dec 19, 2012).

Recojo varios rasgos del personaje en una especie de retrato ofrecido por Time (6 october 2012). Pues en estos 4 años -ya prematuramente canoso por la difícil presidencia de EUA- se ha reconocido que Obama obtuvo méritos y también que tiene otro carácter. El Obama de la Casa Blanca no sido aquel joven brillante de los famosos mítines. Ha sido bastante diferente. Hemos visto a un hombre huidizo y reflexivo, casi algo atormentado, que carece de conexión natural con el ciudadano medio –lo que Bill Clinton tiene en sobredosis- y rompe con el molde del político tradicional. Se ha dicho equivocadamente que es más un académico que un político. Obama es un político puro, aunque con un estilo diferente de hacer política. Siempre quedará la duda de si el verdadero Obama sí es ese que, “tratando de ser educado”, pudo parecer pusilánime, tímido y que se dejaba avasallar por los fuertes y desenvueltos políticos, adversarios suyos, como ocurrió en el primer debate de Denver con Mitt Ronney sin ofrecer la menor resistencia, mirando al piso y como insensible frente a la andanada violenta del republicano.

Obama no es un ideólogo, es pragmático. Es un político nacido para la concordia, el debate culto y el civilizado intercambio de ideas. Así ha gobernado y, seguramente así va a seguir gobernando. Rehúye la confrontación y el peligro, movido por un instinto de supervivencia que David Maraniss, el autor de Barack Obama: The Story (una de las biografías del presidente) atribuye a una posible huella dejada por su raza y su humilde origen familiar. Son sus dificultades de adaptación -como afro-americano, a un mundo de blancos y, como blanco de educación, a una cultura de adopción que no es la suya- las que explicarían algo de su comportamiento posterior. Eso le ha hecho, según Maraniss, cauteloso, precavido, comprensivo e indeciso. “Es eso lo que explica su precaución”, afirma, “su tendencia a contenerse y a observar la vida como un tablero de ajedrez, mirando siempre dónde puede recibir el jaque mate”.

Contrastes del período I

He escogido dos juicios sensatos que me ayudan a conectar y a la vez distinguir para mis lectores los dos períodos del presidente Obama: el ya concluido (con sus sombras y luces) y el que inicia con mejores augurios.

El primero, del autorizado equipo redactor de "Maniére de voir" con sede en París (No. 125 Oú va l'Amérique? -Hacia dónde va Estados Unidos?, pp.34-38), publicado antes de las elecciones del 6 de noviembre pasado. "Desde el empleo hasta la ecología -afirma- , Monsieur Barack Obama no ha estado a la altura puesta en él por sus partidarios, pero por la magia del bipartidismo norteamericano, la mayoría de los electores progresistas se sienten obligados a seguir apoyándolo. A no ser que se resignen a entregar las llaves de la Casa Blanca a un conservador millonario, antiguo dirigente republicano".

Y segundo, el del avezado reportero Antonio Caño -destacado por El País en la capital norteamericana por ser tan buen mirador mundial. ("La reválida de Obama", El País, 3 noviembre 2012). Con toda razón, observa Cano que Obama ha sido, ciertamente, diferente en la Casa Blanca, de lo que fue como candidato. Y esto era frustrante y decepcionante para gran parte del electorado y de sus seguidores jóvenes. " El gran orador, el gran inspirador de esperanza en la campaña de 2008, ha resultado ser un presidente frío y distante. Lo ha pagado con la disolución de su carisma. Condicionado por la complejidad de su propia biografía, Obama ha resultado ser también un presidente con aversión al riesgo. Esa prudencia, en cambio, se ha convertido en un plus en el manejo de la guerra de Afganistán o de crisis envenenadas, como las de Egipto, Libia o Siria. El Obama de hoy ha perdido encanto, pero ha ganado confiabilidad, un valor mucho más estimable en su posición". Y en comentario días después (El País, 23 enero 2013), añade: "Hechos y palabras fácilmente emprenden caminos divergentes. Puede sucederle de nuevo a Obama en su segunda presidencia, como ya le pasó en la primera, sobre todo con sus promesas más célebres, que le valieron el Premio Nobel de la Paz, entre las que se encontraba el cierre de Guantánamo. En la etapa que inauguró solemnemente este pasado lunes, las palabras señalan a un Obama especialmente concentrado en la política interior: la superpotencia dedicada a reparar el mundo y a construir naciones se dedicará ahora a construirse a sí misma, después de declarar que <está terminando una década de guerra> y que <empieza una época de prosperidad>. Atrás quedarán dos guerras, la de Irak y la de Afganistán, y por delante, una vez superado el cambio de rasante, el regreso al crecimiento y la expectativa del boom industrial que presagia la explotación del gas de esquisto, la nueva panacea que debe liberar a los americanos de las hipotecas del petróleo árabe" .

Pudo haber quedado un amargo sabor del primer período del presidente Obama porque quedó en deuda con los que esperaban más de su administración, aplicando el duro rasero de que "los candidatos manejan la campaña en poesía pero gobiernan en prosa", expresado por Mario Cuomo quien fuera gobernador demócrata y puede uno suponer que lo dijo por experiencia. Una cosa son las palabras para llegar al poder y otra las obras dejadas tras ocupar el poder.

Inicio de Obama II

Bien anotó el periodista Joe Klein la víspera de la posesión de Obama (Time jan 21, 2013): "Tenemos un nuevo año y, al parecer, un nuevo Barack Obama. Su modelo este año no es perder el tiempo. Es duro, firme, inflexible. Obliga a los republicanos a aumentar los impuestos por primera vez en 22 años. Dice que no va a negociar con los republicanos sobre su próxima crisis manufacturada, el techo de la deuda". Nombra al ex senador Chuck Hagel como Secretario de Defensa y a John Kerry para la CIA, conocidos escépticos en materia de intervención militar -a pesar de las objeciones de los neoconservadores y el lobby poderoso de Israel. Parece estar dispuesto a hacer propuestas agresivas en el control de inmigración y uso de armas. Todos estos son pasos positivos. El Presidente ha decidido que está, por el momento, en una posición de poder y, a diferencia de su estilo de negociación en su primer mandato, parece dispuesto a arrasar a sus oponentes indefensos. Esto ha dado lugar al llanto y rechinar de dientes, entre los republicanos, que han reconocido que de repente están en el camino equivocado".

Fueron numerosos los simpatizantes de izquierda que ayudaron a la sorprendente victoria en el 2008 de Obama, animador social en Chicago, pensando que iba a transformar todo el juego político aplicando el programa y las ideas que eran el corazón de su campaña. Pero para ellos fue decepcionante la administración de los 4 años del joven presidente, que los culminó con la cabeza canosa y sus muchos planes a medio hacer. Sin embargo, el temor razonable a tener en la Casa Blanca un presidente tan capitalista y de fuerte derecha como Ronney hizo que la izquierda terminara accediendo a que el país le diera una segunda oportunidad a Obama, amén de que éste sí tenía resultados que venían por el buen camino y que dirigió su campaña con mucha habilidad e innovación logrando obtener millones de votos a su favor de esa inmensa mayoría silenciosa y antipolítica de los no-votantes (50% en Estados Unidos).

Obama resultó ser -tras su primer período- no un revolucionario, pero sí un buen y paciente negociador a favor de buenas causas. Mostró que entiende la política como tarea de consenso y de inclusión, no de combate y exclusión. Mantuvo la confianza en sus ideas y en su gente para lograrlas. Y el pueblo norteamericano mostró en las urnas que le sigue teniendo confianza y cree en él para un segundo último período (people trust him). Esta confianza popular es su mejor reserva para ahora sí realizar -de brazo con el pueblo- los grandes cambios que requiere el país y exigen los nuevos tiempos. Para ello se inspira en el presidente Abraham Lincoln y lo venera con preferencia como su antepasado político, quien con gran coraje y habilidad logró en su tiempo (con ambiente adverso) la aprobación de la Enmienda 13 constitucional que prohibió la esclavitud. A los pocos días de saberse su reelección en las urnas, en noviembre, Obama invitó a ver el nuevo filme Lincoln del afamado director Steven Spielberg, en companía de gran parte de su elenco -entre quienes estuvieron los actores Daniel Day-Lewis quien representa al 160 presidente americano y la actriz Sally Field, su esposa.

¿Qué lo hizo ganar de nuevo? Sigo sosteniendo la tesis, aplicable a casi todos los países presidenciales y libres del mundo -donde exista un proceso de re-elección transparente y confiable de la voluntad popular- que el argumento definitivo a favor de un gobernante es la buena gestión hecha en su administración. El que haya dado respuesta eficaz y oportuna a los problemas concretos del país, satisfaciendo las demandas más sentidas de la población. Algo que la ciudadanía considera que debe -por lo mismo- proseguirse. "Fueron los logros de su presidencia lo mejor que Obama pudo ofrecer a sus compatriotas". Y esto había comenzado a lograrlo Obama en su primer período en el campo prioritario de la economía. Cuyo manejo por Obama criticó con cinismo su contrincante el adalid republicano Romney -multimillonario y neo liberal confeso, partidario del capitalismo salvaje- a sabiendas de que su partido había sido el artífice de una de las mayores recesiones sufridas por EUA en su historia, debido al mandato ruinoso de Bush jr.. El presidente republicano había recibido del presidente demócrata, Bill Clinton, un país con salud económica, buen superávit, empleo masivo, reducción de la deuda y reconocido liderazgo internacional, y lo entregó en 2008 a Obama, arruinado y con gravísimos problemas.

Y el miedo o temor de amplios sectores de la población estadounidense a lo que pudiera ser un eventual gobierno de Mit Romney, sin duda actuó como mecanismo de defensa colectiva y sobrevivencia, que favoreció a Obama. Pudo haberle ayudado el que en ningún momento mostró muchas ganas de reelección y en las primarias de su partido no surgió un nuevo personaje que encarnara un más fuerte y atractivo liderazgo. Pero sí contó el hecho de que muy sagazmente y bien asesorado, a Obama se le ocurrió la táctica electoral de ganarse los votos de los no-votantes (que en Estados Unidos es casi un 50% del registro electoral). Y le funcionó. Sabiendo que ha habido grandes cambios demográficos en Estados Unidos afirmó que "cuando las minorías votan, también lo hacen los jóvenes, y la América de mañana no va a ser la misma que la de ayer". Consiguió, en efecto, el 71% de los votos latinos, 93% de los negros, 73% de los asiáticos y 60% de los ciudadanos menores de 30 años.

Proyecciones

Tras haber sustituido el aspecto sureño de la Casa Blanca de Bush por otro funcional y moderno, Obama en estas semanas reemplazó la alfombra clásica de su Oval Office por otra de tono más claro y acogedor con una frase inspiradora de Luther King jr. -cuyo busto había hecho colocar en su despacho para su primer período, en lugar del que lo presidía de Winston Churchill. Ha sugerido, así, que su nuevo período va a ser de cambio real y a dejar atrás un primer período que más bien resultó "anómalo", en frase suya.

La concepción demócrata de Obama se aproxima mucho a la de su mentor Bill Clinton quien inventó y aplicó con éxito durante su gobierno la fórmula de la "triangulación" - a la que dediqué mi comentario a propósito de su último libro (28-11-2011). Ni acepta el modelo estatista defendido por algunos (izquierda) ni el modelo ultraliberal propuesto por otros (derecha). Propone ubicarse en el centro, en el medio entre la izquierda y la derecha, entre demócratas y republicanos ultras. Así es como se ganan elecciones (se comprueba con éstas del 6 de noviembre de 2012) y se puede hacer un buen gobierno. Clinton optó por el nuevo camino, y con ello, en las elecciones presidenciales -en circunstancias adversas- los demócratas retuvieron la Casa Blanca. Y lo aplicó con éxito durante toda su administración de dos períodos (1993-2001) habiendo dejado el legado de un excelente gobierno con 8 años de paz, con respetabilidad mundial, buen desempeño económico con alto empleo, mínima inflación y bienestar generalizado, con una aprobación de su gestión del 66%. Hoy, dada la grave coyuntura por la que todavía atraviesa Estados Unidos, para un Obama reconfirmado y sin ataduras electorales ya, una buena política podría ser también la triangulación: desde el vértice del gran poder central federal (Ejecutivo), combinando las mejores energías de los demócratas y de los republicanos (Partidos y Congreso), propiciar las decisiones que consulten mejor los intereses de las grandes mayorías de la población americana (Pueblo).

Discurso de posesión

El discurso de posesión y juramentación en público del presidente Obama (22 enero 2013) para iniciar su segundo y último período, es una pieza maestra por su contenido y forma, por lo que dice y deja de decir, por su sencillez, claridad y brevedad al alcance de todos. Asume los desafíos que ahora deberá afrontar con lucidez, sin timidez y más eficacia operativa para cumplirle a sus electores. Sencillamente subrayo, sin mucho comentario, algunas de sus ideas y frases.

Los grandes ideales. "Recordamos que lo que une a esta nación no son los colores de nuestra piel o los principios de nuestra fe o el origen de nuestros nombres. Lo que nos hace excepcionales –lo que nos hace estadounidenses- es nuestro compromiso con una idea, articulada en la Declaración hecha hace dos siglos: <Sostenemos estas verdades para que sean evidentes por sí solas, que todos los hombres son creados iguales, que son bendecidos por el Creador con ciertos derechos inalienables, que entre esos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad>".[..] " La historia nos dice que si bien estas verdades son evidentes por sí solas, no se cumplen solas; que si bien nuestra libertad es un regalo de Dios, debe ser cuidado por su Pueblo aquí en la Tierra. Los patriotas de 1776 no lucharon para reemplazar la tiranía de un rey con los privilegios de unos pocos o por el poder de la turba. Nos dieron una República, un gobierno del pueblo, y por el pueblo , y para el pueblo, confiándole a cada generación la obligación de mantener a salvo nuestro credo".

Cambios. "Pero siempre hemos comprendido que cuando los tiempos cambian, también debemos cambiar nosotros; que la fidelidad a nuestros principios fundacionales requiere nuevas respuestas a nuevos retos; que preservar nuestras libertades individuales al final requiere de acciones colectivas".

Presidente y pueblo unidos. En todo su discurso insiste mucho en esta simbiosis. Cinco párrafos los inicia con la expresión "nosotros, el pueblo". "Ahora más que nunca, debemos hacer estas cosas juntos, y como un solo pueblo".

Papel del Estado. "En todo este camino, nunca hemos cedido en nuestro escepticismo por la autoridad central, ni hemos sucumbido a la ficción que todos los males de la sociedad pueden ser curados solo por el gobierno". [..] "El progreso no nos obliga a que resolvamos los debates sobre el papel del gobierno para toda época, pero requiere que actuemos en nuestra época".

Clase media. "Creemos que la prosperidad de Estados Unidos debe descansar sobre los hombros de una pujante clase media".

Retos. "Esta generación de estadounidenses ha sido puesta a prueba por crisis que fortalecieron nuestra decisión y probaron nuestra capacidad. Una década de guerra está terminando. Nuestra recuperación económica ha comenzado. Las posibilidades de Estados Unidos son infinitas, porque poseemos todas las cualidades que este mundo sin fronteras demanda: juventud e ímpetu; diversidad y apertura; una capacidad sin fin para los riesgos y un don para la reinvención. Mis queridos compatriotas, estamos hechos para este momento, y lo aprovecharemos -siempre y cuando lo hagamos juntos".

Decisiones difíciles. "Comprendemos que nuestros gastados programas son inadecuados para las necesidades de nuestro tiempo. Debemos forjar nuevas ideas y tecnología para rehacer nuestro gobierno, relanzar nuestro código de impuestos, reformar nuestras escuelas y empoderar a nuestros ciudadanos con las habilidades que necesitan para trabajar más duro, aprender más y subir más [..]. Debemos tomar las decisiones difíciles para reducir los costos del cuidado de la salud y de tomar control de nuestro déficit".

No a una guerra permanente. "Mostraremos nuestro coraje para tratar y resolver nuestras diferencias con otras naciones de manera pacífica –no por ser ingenuos sobre los peligros que encaramos- sino porque el involucramiento puede funcionar mejor para borrar las sospechas y el miedo. Estados Unidos seguirá siendo el ancla de las fuertes alianzas en todos los rincones del mundo".

Conclusión

"El juramento que he hecho hoy ante ustedes fue un juramento a Dios y al país, no a un partido o facción [..] Ustedes y yo, como ciudadanos, para establecer el camino de este país..con esfuerzo común y propósito común, con pasión y dedicación [..], respondamos al llamado de la historia".

01-02-13