Legado
en positivo
No
se puede negar hoy la claridad, pertinencia
y oportunidad con que Lenin planeó
y lideró una revolución
político-social que cambió
por 70 años muchos países.
Su concepción del partido único
(en su opúsculo “¿Was
tun?”¿Qué
hacer? 1902) como una organización
de revolucionarios de profesión,
elitista, bien formada, fuertemente centralizada
y disciplinada, vanguardia lúcida
de la revolución y estado mayor
para la lucha, es toda una pieza maestra
en politología. Su postulación
de la dictadura del proletariado como
herramienta imprescindible para acabar
con la opresión del capital y del
zarismo, expuesta en “El Estado
y la Revolución” (1917)
es una doctrina y una praxis revolucionaria,
que asume las grandes tesis marxistas,
y se mostró ser eficaz en contraposición
a las revoluciones de papel, a los “putchismos”
fáciles, a las revoluciones “de
saliva”-en frase de Manuel Caballero.
A nuestro juicio, el mayor aporte de Lenin
está en la importancia que dio
a la organización política,
a la voluntad política y al liderazgo
como requisitos para una seria y verdadera
revolución.
Legado
en negativo
Evgeni
Evtushenko, testigo de muchos de los acontecimientos
de la antigua Unión Soviética
y analista de los mismos, tiene un artículo
de opinión, cuyo mismo título
responsabiliza a Lenin de los graves excesos
y extremismos a que sus premisas revolucionarias
llevaron en un régimen comunista
tan totalitario y feroz como el de su
sucesor, Stalin (1924-1953). El artículo
se titula “Lenin, el pecado
original del comunismo”. Según
dice, “los miembros de la generación
de los años sesenta nos hacíamos
la ilusión de que luchábamos
contra las “doctrinas de Stalin,
que según creíamos, había
traicionado los ideales de Lenin. Pero
había sido Lenin, tal vez sin darse
cuenta, el primero que había traicionado
sus propios ideales, porque no había
hecho realidad ninguna de las tres primeras
consignas del bolchevismo [paz para el
pueblo, tierra para los campesinos, fábricas
para los obreros], eran los lemas que
habían engañado al pueblo
y habían llevado al poder a un
puñado de bolcheviques. Fue Lenin,
y no Stalin, el que firmó el decreto
para la creación del primer campo
de concentración en Europa, en
Solovki, en 1918, destinado a quienes
no comulgaran con sus ideas. Stalin fue
el padre del “Gulag”, pero
Lenin fue su abuelo. Quien alimente todavía
alguna ilusión sobre Lenin debería
leer la pequeña selección
de citas suyas reunida por Venedikt Eroféiev,
“Mi pequeña leniniana”.
Con
otro estilo menos ideológico y
no carente de cierto humor negro, un original
filme contrapone los resultados finales
de la Alemania comunista (heredera de
Lenin) y los de su contraparte Alemania
federal (heredera de una socialdemocracia).
Es la película “Goodbye,
Lenin” (“Adiós
a Lenin”), del director Wolfgang
Becker, quien ganó el Premio del
Cine Europeo. Cuenta la historia de una
familia de la República Democrática
Alemana (comunista) que, poco antes de
la caída del muro de Berlín
(noviembre 1989), cambia radicalmente
su vida. Dos hermanos, un joven y una
muchacha, educados en la pedagogía
comunista, asisten al rápido deterioro
de una sociedad fracasada. El padre se
ha marchado al otro lado (a la Alemania
capitalista) y la madre es una tenaz activista
del Partido que todavía cree en
el sueño igualitario. Unas semanas
antes de la caída del muro, la
madre entra en coma. Durante 8 meses permanece
en el hospital, lejos del mundo. Mientras
tanto, se inicia la reunificación
y Alemania levanta, sobre los escombros
del muro, uno de los más extraordinarios
cambios. Cuando la señora vuelve
en sí, los médicos recomiendan
a los hijos que le eviten emociones fuertes.
El hijo le construye de nuevo la inexistente
Alemania que su madre conocía para
que crea que nada ha cambiado. Las mentiras
se acumulan hasta simular que los capitalistas
de occidente, hartos de depravación
moral, decidieron emigrar en masa al paraíso
oriental comunista. Muerta la madre, su
hijo, en una azotea de un edificio del
Berlín alegre y bullicioso por
la reunificación, prepara un cohete
casero, ante la presencia de un grupo
de familiares y vecinos, sobrevivientes
no sólo del comunismo, sino también
de su desaparición. Y lanza las
cenizas de su madre al espacio, como un
homenaje a quien de buena fe alimentó
una gran esperanza. ¿Adiós
también a Lenin?
Conclusión.
Un comentarista del filme, Sergi Pámies,
confiesa que la imagen más bella
de la película es la de un helicóptero
de la Fuerza Aérea unificada de
Alemania llevándose por el cielo
una gigantesca estatua de Lenin, con su
dedo amenazador, como cuando en Petrogrado
dijo (1917): “Queridos camaradas,
soldados, marineros y trabajadores, me
siento feliz al saludaros en nombre de
la victoriosa revolución rusa,
de saludar en vosotros a la vanguardia
del ejército proletario internacional”.
05-12-09