Mucho
se ha escrito y se seguirá escribiendo
sobre el perfil personal de Chávez
y las características bizarras
de lo que ha sido hasta ahora su estilo
de gobierno. Ellas darían para
que Gabriel García Márquez
enriqueciera novedosamente el prototipo
de dictador caribeño y latinoamericano
que delineó con maestría
en El otoño del patriarca,
recogiendo allí, en un solo personaje,
los rasgos de singulares gobernantes de
muchas de nuestras repúblicas.
Uno de los mejores retratos de Chávez
es el elaborado por quien fuera tenaz
oponente político (Jorge OLAVARRIA,
El Nacional, 21 enero 2002) : "Hay
que reconocer que es un hombre de una
astucia y una temeridad excepcional, de
un gran carisma personal. Es un encantador
de serpientes. Yo creo que es el demagogo
más poderoso, más convincente
de la Venezuela del siglo XX. Por eso
no hay que subestimarlo. Los que piensan
que Chávez está caído
están equivocados, porque sería
un salto atrás".
Algunos
acuciosos críticos (que los hay)
hablan de una especie de desdoblamiento
de personalidad (de dos Chávez
en un mismo sujeto) que recordaría
al personaje del escritor Shakespeare
(Hamlet), que se debate trágicamente
entre el “ser o no-ser” de
la democracia (to be or not to be, that’s
the question).”Tenemos hoy un Hamlet
que se pasea por Miraflores”, afirma
Tulio Hernández en entrevista concedida
a Aníbal Romero (El Nacional 13
octubre 1999):"Allá en el
exterior, es el conciliador, el apaciguador,
el paladín de la concordia y la
armonía. Aquí dentro, en
Venezuela, es el guerrero implacable,
el atizador de conflictos, el acusador
amenazante. ¿Dónde está
la verdad? ¿A dónde vamos?
¿Se trata de un drama o de una
comedia? ¿Cómo es el personaje
‘real’ o qué se propone
más allá de las cambiantes
máscaras? El espectáculo
trae a la memoria la admirable estrofa
de Pessoa: ‘Tengo más almas
que una/ Hay más yos que yo mismo/
No obstante, existo/ Indiferente a todos/
Los hago callar: yo hablo".
Hay tres rasgos suyos que subrayan algunos
sectores de la opinión pública
así como sus críticos de
oficio.
1)
Uno, su carácter de matón
buscapleitos e intimidador, rencoroso,
vengativo, soez e insultante, cazando
peleas con todos los sectores influyentes
del país ya sean sindicatos, empresarios,
medios de comunicación, Iglesia
Católica, intelectuales, artistas
(“Un presidente ‘pelietas”,
Semana, Bogotá, 9 agosto 1999,
Cartas).
2)
Dos, la adopción de la mentira,
la hipocresía, el cinismo como
sistema de relación en cosas del
gobierno y aun de las relaciones internacionales.
Según el célebre caricaturista
Pedro León Zapata: “Hay también
una cosa que caracteriza al Presidente
y es la mentira; el Presidente miente
de la manera más descarada”
(El Nacional, 17 enero 2002).
3)
Tres, el abandono de sus amigos y el que
se va quedando sólo porque “termina
destruyendo todo lo que ama” (en
expresión de Manuel Quijada). Es
muy significativo el comentario general
que hizo sobre Chávez un autorizado
militante de la izquierda venezolana,
alguien quien fue amigo suyo y lo acompañó
en un largo tramo inicial de su proceso
revolucionario (Luis Miquilena, El Nacional,
Caracas, 9 octubre 2002): "Bueno,
yo te digo con toda sinceridad que al
Chávez que hoy ejerce el poder
yo no lo conozco… yo lo creía
un hombre humilde…Pero el Chávez
de ahora, ese Chávez lleno de soberbia,
ese Chávez lleno de vanidad, ese
Chávez lleno de prepotencia, no
lo conozco. Ese Chávez intolerante
que humilla a sus colaboradores, a la
corte de sigüises que lo rodea, que
le ríe hasta los chistes malos,
se los ríe y les hace gracia".
Varios estudios serios, incluido alguno
desde el extranjero (Reiner LUYKEN, Die
Zeit, Hamburgo), están acordes
en clasificar los rasgos bizarros de conducta
del presidente Chávez como un caso
de histrionismo narcisista. A juicio de
su amigo, el psiquiatra Edmundo Chirinos,
“el primer mandatario, aunque es
un hombre normal, tiende a ser vanidoso
y tiene rasgos de narcisismo, que son
acompañados por fuertes dosis de
impulsividad y autoritarismo” (El
Nacional, 9 diciembre 2001).
Como cualidades significativas se suelen
destacar en nuestro personaje dos principalmente:
1) la de consumado estratega (con suficiente
flexibilidad en el pensar y accionar),
y
2) la de innegable comunicador político
(Italo PIZZOLANTE NEGRON, profesor del
IESA: El Nacional, 28 junio 1999).
Chávez
ha resultado ser un presidente mediático,
un comunicador efectivo. Muy temprano
asumió el terreno comunicacional
como su espacio de lugar privilegiado
para la lucha política. Como presidente
no sólo ha sido portador de noticias,
sino que él es la permanente noticia.
Su gobierno se ha convertido en una voz,
en un discurso perpetuo, el suyo. El uso
y abuso de sus frecuentes “cadenas”
de radio y televisión y un abundante
“centimetraje” en la prensa
escrita, le han ayudado a la alta concentración
de poder y a su elevada popularidad en
sectores de una mitad del país,
pero tiene aburrida a la otra mitad. Para
un periodista norteamericano, se ha convertido
en un showman, “que increpa a sus
adversarios, canta (con gusto, pero mal),
recita poesía, cuenta chistes y
por lo general hace el papel de actor
aficionado” (El Nacional, 9 diciembre
2001). Tiene el perfil perfecto del entertainer,
del entretenedor -admite Antonio Sánchez
García (en su libro Venezuela en
la encrucijada, p. 183)
Entre los observadores internacionales
hay comentarios de escritores consagrados
que recogen aspectos interesantes del
personaje entrevistado, sin esconder su
entusiasmo por él, pero a la vez
sembrando una duda escéptica sobre
su desempeño y su futuro.
El mexicano Carlos Fuentes dejó
unas páginas sobre “el inquietante
coronel Chávez”. El premio
Nobel de literatura, Gabriel García
Márquez, amigo personal de Castro,
entrevistó a Chávez mientras
viajaban juntos de La Habana a Caracas
(Entrevista publicada simultáneamente,
con el mismo título “El enigma
de los dos Chávez” en El
País de Madrid y El Universal de
Caracas, el 31 enero 1999). Concluye diciendo:
“Mientras se alejaba entre sus escoltas
militares, me estremeció la inspiración
de que había viajado y conversado
a gusto con dos hombres opuestos. Uno
a quien la suerte empedernida le ofrecía
la oportunidad de salvar a su país.
Y el otro, un ilusionista, que podía
pasar a la historia como un déspota
más”. El mexicano Jorge Castañeda,
quien fuera ministro de relaciones exteriores
de Fox tiene interesantes observaciones
sobre “Chávez como fenómeno”
(El Nacional, 13 junio y 26 septiembre
1999). El argentino Mempo Gardinelli,
aunque lo diferencia muy bien de los gorilas
militares de su país, termina calificándolo
de “fascinante y sospechable”
(El Nacional, 24 octubre 1999). “Me
gustan muchas de las cosas que Chávez
sostiene y hace, pero no me gusta nada
el aura de providencialidad que lo rodea”.
Su compatriota, el escritor Tomás
Eloy Martínez, es más radical
en sus apreciaciones (“Entrevista”,
El Nacional, 26 septiembre 1999). Su primera
impresión del personaje: “Un
muchachote franco, seductor, obsesionado
por llevar adelante su proyecto político
sin medir demasiado sus consecuencias”.
Pero tras haberlo oído en las grabaciones,
dice haberse dado cuenta de que “es
un fanático, un obsesivo o un utopista,
dispuesto a llevar adelante el proyecto
bolivariano sea cual fuere el precio”.
Y se pregunta si será el último
de una estirpe o “el primero de
una especie nueva, desconocida y tal vez
más temible que las anteriores”.
La
farsa de la revolución
-
Antes que nada, quiero precisar el significado
de la palabra "farsa" según
el Diccionario Esencial de la Lengua Española.
Equivale a enredo, trama para aparentar
o engañar, engañifa, engaño
artificioso con apariencia de utilidad-.
El término ´revolución´
no es nuevo en la historia política
de Venezuela. Si hay país donde
se haya abusado de ese concepto, ese es
Venezuela. Aquí ha habido varias
supuestas revoluciones: la Revolución
Azul, la Federal, la Liberal Restauradora,
la de Octubre. Pero nunca como ahora,
con una retórica gubernamental
repetitiva, el término ha estado
más presente que en coyunturas
pretéritas.
El término en su verdadero significado
implica algo serio, empeñativo,
radical. No es un juego de rebeldes con
causa o sin causa; no es una aventura
más sin saber a dónde se
va; no es un simple relevo de quienes
mandan en el país; no es la amenaza
de reformas contra los que tienen a favor
de los que no tienen. Una revolución
es un cambio sustancial de las estructuras
de una sociedad. Es un remezón
de lo que existe para construir el diseño
exigente de lo que viene. Se la suele
definir con criterios económicos,
políticos y sociales. En este caso,
la chavista es la única revolución
que se define con un criterio estético:
la ‘revolución bonita’.
Y a catorce años de su propuesta
-y ganada otra elección presidencial-
todavía no sabemos hacia dónde
quiere conducir y cuál la sociedad
modelo o utópica hacia la que fuerza
a ir al colectivo.
La
“revolución bolivariana”
ha animado desde el comienzo todo el proceso
de cambio liderado por el Comandante Chávez
Frías. Ha sido el eterno 'ritornello'
de sus discursos, la consigna para todos
su seguidores a cualquier nivel; el justificativo
moral para las acciones de toma de poder
y retención de él. Se la
convirtió en la gran bandera que
flotando desde la patria de Bolívar
quisiera movilizar y arropar a las causas
nobles de nuestro subcontinente.
A
la luz de los conductores que han hecho
realmente revoluciones en la historia
y de sus grandes ideólogos y sistematizadores,
una revolución es cosa seria y
de gran aliento. No es un juego de improvisación
ni una aventura de aficionados. Requiere
como mínimo tres ingredientes para
ser, hacerse y mantenerse: 1) Un nuevo
orden que implica una ruptura radical
con el anterior. 2) Un tipo de organización
popular. 3) Un largo camino de formación
ideológica y política.
1)
Aunque se lo llame ‘revolución’,
el proceso de cambio liderado por Hugo
Chávez no ha representado en 14
años -ni parece vaya a representar
en otros 6- un cambio radical. No ha acometido
el gran objetivo de alterar la estructura
económica que se mantiene en Venezuela
desde 1917 -inicio de la era petrolera-
con miras a revertir el proceso de creación
y distribución de la riqueza social,
contra la cual ha hablado tanto. Los rasgos
de la peculiar patología de la
economía venezolana se han acentuado,
a lo que ha contribuido el alto nivel
de precios del petróleo que ha
venido creciendo paulatinamente desde
1999 hasta nuestros días -pasando
de los 100 $ dol. barril. Y no se ve cómo
una incierta reforma del Estado, de la
que poco habla Chávez, vaya a modificar
radicalmente el ‘Estado rentista
petrolero’ de Venezuela, en el que
estamos sumergidos (y hasta contentos),
y del que salen abundantemente todos los
recursos para la ‘revolución
bonita’, sus agentes y su maquinaria.
2)
Las revoluciones son el resultado de una
gestión social y de una organización
popular muy compleja, de la que carece
la ‘revolución’ chavista.
El MVR (Movimiento Vª República)
y ahora el PSUV (Partido Socialista Unido
de Venezuela) que eran los indicados para
motorizar la ‘revolución’
hasta lograr el control de los resortes
del poder y luégo, los mejor posicionados
para recubrir los cargos importantes del
aparato estatal, han sido el gran fracaso
reconocido por sus propios dirigentes,
y casi dejados a un lado por el Jefe que
es el único que toma las decisiones
y designa los ejecutores. No existe una
organización social que sea sólida
y garantía de triunfo de esta ‘revolución’
que debería entrar ya en una nueva
etapa, la de realizaciones y de promesas
cumplidas para un electorado necesitado
y que ha mostrado su cansancio y desaliento
en más de 6 millones de votantes
(un 45% de ciudadanos). Guillermo García
Ponce, uno de los principales asesores
ideológicos del Comandante Hugo
Chávez -y personaje libre de cualquier
sospecha para el régimen-, desde
2002 (El Nacional, 20 enero ) había
venido insistiendo en la necesidad de
organización para defender la revolución.
Y advertía que la revolución
requería de un alicate propio fuerte
y no de mercenarios trepadores: "Una
de las fallas fundamentales de este proceso
es que se ha mantenido el fraccionamiento
y la dispersión en el seno de las
fuerzas de avanzada, lo que ha permitido
una brecha por la cual se han colado trepadores,
oportunistas, no identificados políticamente
con el proceso"
3)
Y esta ‘revolución’
no ha recorrido el camino ideológico
de formación, que suele ser largo
antes de la toma del poder e imprescindible
para la misma organización de los
militantes y seguidores. Toda revolución
socio-política implica una ‘revolución
cultural’. La revolución
bolchevique -y de ahí para adelante
las comunistas- se hicieron siguiendo
el manual de formación y organización
“¡Qué hacer?”,
escrito por el gran estratega Lenin en
1902. La “Larga Marcha” por
el inmenso territorio chino fue el instrumento
ideado por Mao-Sedung para ir convocando,
formando ideológicamente y organizando
en milicias armadas las huestes de campesinos
con que impondría en China la República
Popular. Cuando intentó corregir
supuestas desviaciones en su revolución,
desató la “Revolución
Cultural”, mostrando el valor condicionante
que la conciencia y la cultura tienen
sobre las reformas económicas.
Sólo así puede evitarse
que una revolución resulte colonizada
por los oportunistas que la emplean como
medio para trepar en estatus y alcanzar
una riqueza repentina fácil. Otros
estrategas han ideado formas alternativas
de formación de conciencia revolucionaria
y organización de lucha, como el
Che Guevara y Castro, con la aplicación
que hicieron de los “focos guerrilleros”.
Bien ha dicho un gran filósofo
político venezolano, Massimo Desiato
(14 noviembre 2004, El Nacional) que “las
transformaciones sociales profundas y
radicales sólo acontecen porque
en el escenario aparece una nueva ‘formación
social’. ¡Así que no
hay transformación sin formación!”'.
La
‘revolución’ tal vez
existe en la mente y en el discurso del
caudillo, pero es inviable así.
El pueblo revolucionario no existe. Existen
los ciudadanos que sólo siguen
quedando como multitud desorganizada y
dispersa. El poder del pueblo (en quien
se supone reside la soberanía)
ha sido utilizado para los ritos aclamatorios
electorales y ha venido siendo succionado
en realidad por un único y extremadamente
denso centro de dominio: el del comandante
Chávez, quien se ha convertido
en el “agujero negro” de la
política venezolana. Esto no es
una verdadera revolución popular
(es decir del pueblo) en ninguna época
de la historia y en ningún país
del mundo. Según el analista Carlos
Blanco (cuyo libro citaré más
adelante, p. 372), "la promesa de
Chávez del gran salto desde el
subdesarrollo petrolero al socialismo
siglo XXI ha sido un simple chapotear
entre dos aguas, sin proyecto real a no
ser el de destruir lo anterior, sin poder
construir nada alternativo. Ni ha sido
socialismo, ni bolivarianismo, ni democracia
avanzada, ni tercera vía, sino
un intento de derribar a los viejos agentes
del sistema político y lograr revivir
algunos".
De
la proclamada ‘revolución’
no va quedando sino una amarga ‘desilusión’
o quizás menos, una ‘involución’,
es decir una marcha atrás de muchos
años, una caída impulsada
por la ley de la ‘entropía’
que afecta todos los fenómenos
de nuestro universo y va llevando a Venezuela
hacia la disgregación, a niveles
de menor desarrollo y complejidad. Así
los presagiaba ya en magnífico
libro, el analista Carlos Blanco ( Revolución
y desilusión, Caracas, Catarata
2002, p. 78-79) : "El líder,
que ha dicho que no es nada, sino apenas
un pálpito del pueblo, una brizna
llevada y traída por fuerzas que
no maneja, termina concibiéndose
como el todo, el eje, el líder
insustituible, porque al fin y al cabo,
es el pueblo transubstanciado. Al final,
lo que quedó de la revolución
del juego de espejos es Chávez.
Él es el pueblo".
"La
gran farsa -Balance de gobierno de Hugo
Chávez Frías 1998-2012)"
se titula el volumen lanzado al público
el jueves 27 de septiembre en la sede
de El Nacional, Caracas. Es la recopilación
de 22 ensayos muy recientes sobre los
aspectos más importantes del país,
cuyos autores son todos ilustres intelectuales,
analistas y escritores. El libro es el
resultado de un proyecto de la Mesa de
Reflexión Democrática y
fue presentado por su compilador el Dr.
Quirós Corradi en los términos
que transcribo a continuación.
"Las
caracterizaciones de la farsa son indispensables
para la comprensión de la actual
tragedia nacional. En sus narraciones
encontraremos un balance difícil,
entre el rigor académico de la
investigación y la soltura de un
comentario no exento de humor.
El hilo conductor que le da coherencia
a los diferentes capítulos es la
noción de farsa presente en las
ofertas, las definiciones y hasta la ideología
-que no lo es- utilizada por Chávez
para crear un país artificial de
proyectos inconclusos. Una imaginería
que actúa como el opio de los pueblos,
que pretende hacer ver lo que no existe,
disfrutar con lo que no se tiene y soñar
con lo que no vendrá.
El antídoto contra lo anterior
es un estímulo lo suficientemente
fuerte para despertar la conciencia colectiva
y sacudir el letargo que produce la espera
constante.
Este libro pretende ser ese estímulo.
Contiene en sus diversos enfoques y estilos
información abundante y necesaria
para que quienes lo lean, ciudadanos todos,
sufran el discurso de Chávez como
lo que es: un conjunto de mentiras y vaguedades
que suman una gran farsa que tiene como
único propósito adormecer
a la población para someterla al
capricho de un tirano".
Conclusión
Con Massimo Desiato, podemos hoy suscribir
lo que él ya afirmaba hace 10 años
(“¿Utopismo o pragmatismo?”,
El Nacional, 16 diciembre 2001): “la
revolución bolivariana, denominada
por Manuel Caballero, ‘revolución
de saliva’, activa una mala utopía,
aquella que no promueve ni incentiva la
acción”. No es propiamente
‘revolución’ ni ‘bolivariana’,
aunque se haya querido ‘rescatar’
a Bolívar aduciéndolo frecuentemente,
pero mutilándolo con frecuencia,
al citarlo fuera de contexto, sin que
el héroe pueda quejarse.
Lamentablemente "hasta ahora",
esta ´revolución´ chavista
no hace sino corroborar -en la actual
coyuntura- el severo juicio de Level de
Goda sobre la historia política
de Venezuela (Historia Contemporánea
de Venezuela 1893, citado por Antonio
Sánchez García, Dictadura
o democracia. Venezuela en la encrucijada,
Caracas 2003, p.9) :
"Las revoluciones no han producido
en Venezuela sino el caudillaje más
vulgar, gobiernos personales y de caciques,
grandes desórdenes y desafueros,
corrupción y una larga y horrenda
tiranía, la ruina moral del país
y la degradación de un gran número
de venezolanos".
11-10-12