¿Hacia
un suicidio económico?
Paul Krugman, premio Nobel de Economía
2008, profesor en Princeton, en clarividente
artículo (El País 22 abril
2012) sostiene como tesis que “la
austeridad fiscal que promueve Alemania
está ahogando a sus socios europeos”.
Hubo intentos previos que atenuaron el
pánico que ya se insinuaba meses
atrás. Tal el rescate al que acudió
el Banco Central Europeo –homólogo
de la Reserva Federal de Estados Unidos-
que ofreció a los bancos europeos
unas líneas de crédito indefinidas
con tal que presentaran bonos de los Gobiernos
europeos como garantía. Esto ayudó
directamente a los bancos e indirectamente
a los Gobiernos. Y calmó un tanto
los ánimos. Pero la crisis fiscal
sigue apretando a varios gobiernos que
-puestos contra la pared para atender
a solucionarla- van alimentando con sus
medidas una crisis económica y
social más profunda que se convierte
en depresión y llega a ser recesión
de múltiples e imponderables efectos,
como es el caso de España, “actualmente
el epicentro de la crisis”.
¿Austeridad
para España?
La crisis actual de España y la
faena de su manejo por el nuevo gobierno
de Rajoy resultan inauditas y poco entendibles
para quienes vemos los toros desde la
lejana barrera latinoamericana. España
no era derrochadora desde un punto de
vista fiscal. En los albores de la crisis
tenía una deuda baja y superávit
presupuestario. Desde la era franquista
– y aprovechando la infraestructura
industrial, social y educativa que ella
dejó- España venía
con índices positivos de crecimiento
y organización social-política
que le permitieron acumular riqueza y
un alto nivel de vida, modelo para nuestros
países hispano-parlantes. Situación
general muy diferente a la de otros países
miembros de la UE. Pero sí tenía
una enorme burbuja inmobiliaria que en
gran medida fue posible gracias a los
grandes préstamos de los bancos
alemanes a sus homólogos españoles.
Y lamentablemente, “cuando la burbuja
estalló, la economía española
fue abandonada a su suerte. Los problemas
fiscales españoles son una consecuencia
de su depresión, no su causa”
(Krugman).
Le receta que procede de Alemania recomendando
una austeridad fiscal aún mayor,
por lo menos en el caso concreto de España
es un remedio que puede resultar más
contraproducente que la enfermedad. Los
presidentes de gobierno Rajoy (de España)
y Monti (de Italia) lo previeron y aliados
trataron de torcerle el brazo a Berlín.
Pero solo en parte lo lograron. Y la línea
de “austeridad” se les sigue
imponiendo como política de la
UE aunque insista Hollande (Francia) en
que debe complementarse con cierto “crecimiento”.
Con inusitada rapidez, el gobierno de
Mariano Rajoy anunció el pasado
11 de julio un paquete de medidas de austeridad
(el más fuerte en la historia de
España) que van a convertirse en
dentelladas sangrientas y acarrear peores
males para el país entero. Utilizo
un excelente artículo de la corresponsal
del Time en España, Lisa Abend
(“Spain austerity bites”,
july 12, 2012). El solo anuncio (que incluía
el alza del IVA del 18 al 21%) cayó
como un baldado de agua fría precisamente
el día cuando comenzaba la estación
de las compra-ventas alegres y masivas
de los ciudadanos y el comercio. Se suprime
un bono navideño de las ayudas
de que gozan los empleados civiles, reduce
en un 10% los beneficios para los desempleados
y recorta en un 30% los presupuestos de
los ministerios públicos, medidas
que había antes desaprobado Rajoy.
El conjunto de reducción en los
gastos del gobierno puede ser de 25 billones
de euros (lo que no es una pamplinada
si se tiene en cuenta que el déficit
total es cerca de 90 billones”,
observa Eduardo Martínez-Abascal,
economista del IESE de Barcelona. “España
no tenía opción de escoger,
expresó Rajoy. No hay otro camino,
Tenemos que salir de este hoyo y tenemos
que hacerlo lo más pronto posible,
y no hay espacio para fantasías
o improvisación”.
Pero los resultados -así como pueden
ayudar a sanear algunos aspectos de la
economía (sobre todo financieros)
y aliviar el problema inmediato de la
deuda- pueden golpear severamente una
recuperación a futuro, pues lo
que realmente se necesita es reactivar
la economía! En efecto, la reducción
de salarios y beneficios, el aumento del
desempleo (‘paro’) que ya
pasa del 40%, la disminución de
los subsidios, el alza en medicinas y
educación, llevará a una
disminución del consumo y del gasto
de la gente. Todo ello se traducirá
en menores ingresos para el fisco -y en
un círculo vicioso- en desestímulo
para la producción de bienes y
consumo, ahondando así la espiral
de recesión. Configurando una situación
precaria para mucha gente. Que va generando
un creciente desencanto social y aun fuertes
protestas de ciudadanos que ya comienzan
a darse en las ciudades y por parte de
gremios que se ven afectados como los
mineros del Norte. Todo lo cual puede
derivar en cuestionamiento político
contra el gobierno de turno y su partido.
Cuando “en realidad lo que necesitamos
estar haciendo es impulsar el crecimiento”,
afirma con autoridad Fernando Luengo,
profesor de economía aplicada de
la célebre Universidad Complutense
de Madrid (antigua Alcalá de Henares).
¿Cuál sería la alternativa?
Kruger recuerda que “en la década
de 1930 -una época cuyos detalles
la Europa moderna está empezando
a reproducir de forma cada vez más
fiel- el requisito fundamental para la
recuperación fue una salida del
patrón oro. La medida equivalente
ahora sería una salida del euro,
y el restablecimiento de las monedas nacionales.
Pueden decir que esto es inconcebible,
y que sin duda alguna sería enormemente
perjudicial tanto económica como
políticamente. Pero lo que es realmente
inconcebible es mantener el rumbo actual
e imponer una austeridad cada vez más
rigurosa a países que ya están
sufriendo un desempleo como el de la época
de la Depresión norteamericana”.
¿Reducción
de soberanías?
Lluis Bassets, co-director de El País,
buen conocedor de todo lo español
y especialmente de Cataluña, con
su estilo brillante y sin rodeos, tiene
dos artículos que invitan a la
reflexión. El uno titulado “Europa
convulsa” (08-12-2012) y el otro
“?Qué dosis de Europa necesitamos?
“ (11-12-2011). En el primero (diciembre
de 2011) ya advertía que “el
soberanismo está de luto en Europa.
Se está preparando para los próximos
días la mayor cesión de
soberanía que hayan protagonizado
las viejas naciones europeas desde los
tratados de Roma y de Maastricht. Con
el primero de los tratados, en 1957, se
cedió la política arancelaria,
sentando así las bases del mercado
único. Con el segundo, en 1992,
desaparecieron las monedas, símbolos
nacionales hasta entonces al mismo título
al menos que las banderas, y las políticas
monetarias (que permiten la fijación
de los tipos de interés y de cambio),
sentando a su vez las bases de la actual
crisis de las deudas soberanas. Con esta
cumbre se quiere demandar a los viejos
Estados que cedan entera su política
presupuestaria, que es como decir el alma
política del Estado nacional”.
Conclusiones
1ª. La propuesta de salirse del
euro suena bien, con tinte nacionalista.
España al salirse de dicha camisa
de fuerza para hacer por su cuenta una
economía expansionista de agresivas
exportaciones y competencia de precios,
en poco tiempo estaría pagando
deudas y alimentando crecimiento y recuperando
mejores niveles de vida. Pero la propuesta
resulta muy atrevida porque atenta económica
y políticamente contra la unidad
tan largamente lograda por la UE. Y ni
siquiera Grecia -que ya tocó fondo
en su crisis- se atreve a dar dicho paso
saliéndose de la UE. “No
hay salvación en el mundo global
para los socios de la vieja Europa si
cada uno va por su cuenta. No la hay ni
siquiera para los países que juegan
en la liga superior y se llevan todos
los campeonatos, que son Alemania y Francia.
No se trata tan solo de existir en el
mundo, sino de sobrevivir en condiciones
aceptables, que no empeoren sustancialmente
el fantástico tren de vida que
hemos tenido los europeos en los últimos
30 años. No están en juego
tan solo los orgullos nacionales, las
sillas en el G20 o en el Consejo de Seguridad,
es decir, el peso, la influencia y visibilidad
de los europeos en el mundo; sino cuestiones
más próximas y tangibles
como son lisa y llanamente nuestro bienestar
y nuestras formas de vida, que solo se
pueden preservar en el marco de una Unión
Europea que funcione” (Kruger)
2ª Respecto de la cesión de
soberanías (nacionales) en favor
de la comunidad transnacional europea,
con sus exigencias fuertes y aun dolorosas
para los miembros débiles, “el
problema es conocer la dosis exacta de
Europa, es decir, la cantidad de soberanía
que hay que transferir hacia arriba, cuestión
de la que se ocuparon -a finales de 2011-
los jefes de Estado y de Gobierno de los
27. Pero no basta con saber cuánta
Europa hay que echar en la retorta para
dar con la fórmula que corte por
lo sano esta crisis de la deuda, sino
que además debemos tener en cuenta
cuánta nación propia somos
capaces de ceder” Bassets).
3ª Aunque no nos toquen tan de cerca,
las lecciones de las crisis en países
europeos nos son muy útiles para
prevenir a tiempo ciertos fenómenos
parecidos de subdesarrollo económico,
efectos de injusticia social y errores
políticos en su manejo.
20-07-12