El
politólogo Almond señala
como función primordial de los
partidos políticos la articulación
de los intereses ciudadanos y su presentación
a los poderes del Estado. Los partidos
son el mejor instrumento que tiene el
país para recoger las aspiraciones
y necesidades populares, y prepararle
el material al sistema para sus actos
de gobierno. Por ello, es importante que
los partidos sepan organizar a los que
tienen intereses políticos y colaboren
eficazmente en el proceso de adecuada
toma de decisiones. Esta tarea de formación
de la opinión, esta función
de programación es esencial a los
partidos. Es la que le da su vocabulario
al sufragio. Lo advierte bien L. Epstein
cuando dice que “estructurar el
voto es la función mínima
de un partido político en una democracia
moderna”.
• Semilleros
Otra
función importante de los partidos
es servir para el reclutamiento de personal
político y administrativo del Estado.
Los partidos deberían ser las mejores
escuelas de los futuros dirigentes y funcionarios
de la institución pública.
Cada partido debe contar con una buena
reserva de miembros y tener un sistema
de ascensos que permita formar funcionarios
políticamente capaces y realmente
idóneos para servir a los intereses
del bien común. En la práctica,
la selección del personal político
por los partidos conlleva vicios oligárquicos
de difícil superación. En
algunos partidos se utiliza el método
de “caucus” (selección
por comités de notables) que suele
perpetuar una misma oligarquía.
Por ello, se ha venido introduciendo el
método de elecciones”primarias”
(los candidatos son designados por las
bases del partido, por los electores).
En otros partidos, la designación
de los candidatos se hace por congresos
nacionales y locales, en los que los adherentes
al partido participan directa o indirectamente.
• Locomotoras
Los
partidos deben ser los agentes de la movilización
política de una democracia; competir
sanamente ofreciendo alternativas mejores
de gobierno; colaborar en la implantación
de una legislación moderna y ayudarle
a un gobierno participatorio en el difícil
proceso de tomar decisiones.
NOTA. Como quiera que se conciban las
funciones de los partidos, hoy se insiste
mucho, con razón, en que la función
de los partidos no es desarticular la
nacionalidad, con sus agrias disputas
políticas, y su enfrentamiento
radical de ideologías. Esfuerzo
constante suyo debería ser la formación
de un consenso básico nacional.
Se pueden disputar en muchas cosas accidentales,
pero deben mantener fundamentalmente unido
al pueblo en lo sustancial de la sociedad.
Es el famoso consejo del conde de Balfour
en su introducción a la Constitución
Inglesa de Bagehot, pero que debería
poder aplicarse también en nuestras
peleadoras democracias latinoamericanas:
Nuestros gabinetes, que se sucedían
unos a otros, a pesar de haber sido constituidos
por distintos partidos, nunca tuvieron
diferencias sobre los fundamentos de la
sociedad. Y es evidente que toda nuestra
maquinaria política presupone un
pueblo que está tan unido fundamentalmente,
que se puede permitir el lujo de pelearse.
Y está tan seguro de su propia
moderación, que la bulla interminable
del conflicto político no significa
ningún disturbio peligroso. Ojalá
así sea siempre.
Pero habría que reconocer con Georges
Lavau -distinguiendo entre funciones latentes
y funciones manifiestas- que ciertos partidos,
teóricamente hostiles al sistema
político y a sus valores, pueden
-a la vez- que constituir un obstáculo
real al sistema, “contribuir”
sin embargo, de modo indirecto, al mantenimiento
y legitimación de dicho sistema
político. Un partido revolucionario
y antisistema podría, así,
estar contribuyendo a legitimar parcialmente
el sistema que impugna. Manifiestamente
hostil, de manera latente, estaría
cumpliendo una “función tribunicia”
!
Definición
Definimos un partido político como
una agrupación de ciudadanos que
profesando un mismo contenido ideológico
y con cierta organización que le
asegura adherentes, tiene como propósito
detentar el poder del Estado. Los elementos
que configuran un partido son cuatro:
1) Su base social. Es una asociación
de ciudadanos que refleja, por lo mismo,
los intereses de clase o de grupo o de
estrato.
2) Su doctrina o ideología. La
agrupación tiene un mínimo
de programas e ideas que la orienta, motiva
y aglutina. Hay partidos más ideológicos
que otros; hay partidos más pragmáticos
que otros. Pero todos tienen un mínimo
de ideología.
3) Su organización. La agrupación
no puede actuar eficazmente ni sobrevivir
en la lucha política, si no tiene
un mínimo de organización
y de estructura interna.
4) Su vocación política.
Es el elemento que caracteriza a un partido
con respecto a los grupos de presión,
por ejemplo. Todo partido tiende como
a su meta, a llegar a adueñarse
del poder y, si lo ha obtenido, a mantenerse
en él. Otras definiciones de partido
político:
*
“Es una tentativa organizada de
conseguir el poder”[1]
.
* “Cualquier grupo que aspira a
obtener votos bajo una etiqueta reconocible”[2]
.
* “Es un grupo que formula cuestiones
generales y presenta candidatos a las
elecciones”[3]
.
* “Organizaciones que persiguen
el objetivo de colocar a sus representantes
declarados en puestos de gobierno”[4]
.
* “Un partido es cualquier grupo
político que se presenta a elecciones
y que a través de ellas puede colocar
a sus candidatos en cargos públicos”[5]
.
Origen de los partidos
Hay razón para creer que “los
partidos políticos modernos aparecieron
con la extensión del derecho al
voto” (Epstein). Y esto es especialmente
evidente en el caso de Inglaterra, en
donde se va afirmando un sistema moderno
de partidos a medida que se suceden las
reformas electorales de 1832, 1867 y 1885.
Con la aparición de la democracia
representativa (sufragio universal, parlamento)
fueron surgiendo entre los parlamentarios
grupos vinculados entre sí por
cierta afinidad (regional, religiosa,
etc.). Estos grupos vieron la necesidad
de organizar comités electorales,
que tuvieron a su cargo el cultivo de
una “clientela” política
que le asegurara su re-nominación
en los comicios electorales. Por ello,
tales comités funcionaban sobre
todo con ocasión de las elecciones
y con miras a ellas. Pero también
es verdad que ciertos partidos nacieron
por fuera del mecanismo electoral y parlamentario.
Son partidos que tienen un “origen
exterior” o partidos sencillamente
de “creación exterior”.
Algunos nacieron de sindicatos; otros
de sociedades de pensamiento; unos derivan
de grupos profesionales campesinos, otros
de grupos religiosos; unos provienen de
asociaciones de veteranos de guerra, otros
de grupos clandestinos, otros en fin de
grupos industriales y financieros. A pesar
de la diversidad de su origen, estos “partidos
de creación externa” -según
Duverger- presentan un conjunto de rasgos
comunes, que los distinguen de los partidos
engendrados en el ciclo electoral y parlamentario:
carácter más centralizado,
disciplina y coherencia más fuertes,
predominio no de los elegidos sino de
los dirigentes internos y un poco de independencia
desafiante respecto de los parlamentarios.
Cabe notar que los principales partidos
se originaron en Europa como resultado
de conflictos fundamentales. En el siglo
XIX las aristocracias (de raigambre más
bien rural) dieron origen a los partidos
conservadores, mientras las burguesías
(de apoyo en las ciudades) dieron origen
a los partidos liberales. En el siglo
XX estos dos partidos, que van a estar
representando a las así llamadas
“oligarquías”, van
a quedar enfrentados y retados por nuevos
partidos que levantan sus banderas a nombre
del “proletariado”: partidos
socialistas y partidos comunistas.
Clasificación
Es clásica la división que
hizo Duverger de dos clases de partidos,
según su estructura interna[6]:
a) De cuadros: dirigidos por
un notablato (reminiscencias del antiguo
comité electoral), en los que la
fracción parlamentaria tiene gran
papel y poder. Su objetivo, ante todo,
es captar electores para los comicios.
Suele darse en ellos poca “disciplina
de partido” (no se sigue rígidamente
la línea de partido), a excepción
del caso de Inglaterra, donde los partidos
siempre han actuado con gran disciplina.
En la clasificación de Burdeau,
a estos partidos de cuadros equivalen
los partidos de opinión (porque
permiten internamente cierto pluralismo
y alguna disensión ideológica
con discusión abierta). Y en la
clasificación de Neumann, estos
partidos se llaman partidos de representación
individual.
b) De masas: son partidos surgidos
en el siglo XX, que tienen como meta encuadrar
y movilizar políticamente la mayor
masa posible de ciudadanos. Su organización
interna suele ser autoritaria y centralizante.
Existe entre ellos mucha ideología
y mucha disciplina de partido. Ejemplos
de estos partidos han sido el partido
fascista de Mussolini en Italia, el partido
nacional-socialista de Hitler en Alemania
y los partidos comunistas (o ligas comunistas)
en los regímenes socialistas marxistas.
A estos partidos de masas equivalen los
que Burdeau llama también partidos
de masas, y Neumann, partidos de integración
social.
c) Más recientemente se habla,
con mayor propiedad, de un tercer tipo
de partidos -no contemplados por Duverger-
que se perfilan en la década de
los años 1960s y que se denominan
partidos electorales de masas
o partidos de atracción
o partidos atrapa-todo (catch-all-parties).
Bien los ha estudiado R.G. Schwartzenberg[7]
:
Dominados por la preocupación de
las contingencias electorales, estos partidos
se vuelven más hacia sus electores
que hacia sus adherentes, a diferencia
de los partidos de masas de ayer. En consecuencia,
el poder en ellos lo retienen no los adherentes
sino sus élites, que no se hacen
en el partido y por el partido, sino que
vienen del exterior. En fin, para lograr
el máximo de votos en todas las
categorías socio-profesionales,
el partido “atrapa-todo” intensifica
y diversifica sus relaciones con los grupos
de interés, que constituyen masivos
“reservorios” de electores.
Estos partidos atrapa-todo se caracterizan
por ser:
* Partidos que evitan la rigidez doctrinal
y la intransigencia ideológica.
* Partidos que buscan integrar intereses,
por lo general contrapuestos, de individuos
y grupos, con miras a programas de gobierno.
Ejemplos de éstos son el Partido
Demócrata Cristiano de Italia y
Alemania, el Partido Social Demócrata
alemán y actualmente los partidos
mayoritarios de varios países de
América Latina. Los hay de derecha,
de centro y de izquierda.
Sistemas de partidos
Para juzgar el sistema político
imperante en un país es muy importante
tener en cuenta el sistema de partidos
que rige en él. Porque el sistema
de partidos condiciona mucho el funcionamiento
político de las instituciones del
Estado. En cada país, el número
de partidos, sus respectivas dimensiones,
sus alianzas y sus estrategias forman
un conjunto de relaciones relativamente
estable. Podemos definir “sistema
de partidos” como el conjunto de
relaciones partidistas que se dan en un
país concreto, dependiendo del
número de partidos y de su intensidad
ideológica.
* Asumimos una tipología, que inicialmente
fue tripartita, tal como fue propuesta
por Holcombe y luégo por Duverger
y Epstein, posteriormente adaptada por
Sartori:
1. Sistema no-competitivo:
- partido único
2. Sistemas de partido hegemónico:
- partido ultra–dominante
- partido dominante
3. Sistemas bipartidistas:
- bipartidismo rígido
- bipartidismo moderado
4. Sistemas multipartidistas:
- multipartidismo moderado
- multipartidismo exagerado
a) Sistema de partido único.
Hay un sólo partido (de facto y
de iure). Solamente se reconoce la existencia
legal, por parte del Estado, de un partido.
Y solamente él tiene el derecho
y las posibilidades de encuadrar políticamente
a los ciudadanos y de representar sus
intereses. Es el caso de varias dictaduras,
que tienen su partido de gobierno y el
caso de todos los totalitarismos (Cuba,
China..).
b) Sistema de partido dominante.
Cuasi-dictadura de partido. Legalmente
están reconocidos varios partidos,
pero de hecho la hegemonía la ejerce
el partido de gobierno. Tal fue el caso
del PRI (Partido Revolucionario Institucional)
que durante casi todo el siglo XX controló
el poder ejecutivo, parlamentario y sindicalista
de México.
c) Sistema de dos partidos o bipartidismo.
Aunque haya otros partidos pequeños,
el país político es controlado
por dos partidos mayoritarios. La suma
de los electores de ambos partidos, en
las elecciones presidenciales, debe llegar
a un mínimo del 85% emitido. Son
casos típicos de bipartidismo:
-Inglaterra ( conservadores y laboristas),
aunque existe un tercer partido pequeño,
actualmente el liberal.
-Estados Unidos de Norteamérica
(democrátas y republicanos), aunque
ha habido en ocasiones un tercer partido
pequeño.
-Colombia ( conservadores y liberales),
aunque en el siglo XX hubo tres intentos
fallidos de un tercer partido (el movimiento
republicano; la Anapo; la Democracia Cristiana)
.Las tres elecciones de 1994, 1998 y 2006,
aunque evidenciaron una franja cada vez
mayor de independientes extrapartidos,
confirman que Colombia sigue siendo bipartidista.
Se acerca mucho a un bipartidismo Alemania
(con sus dos grandes partidos, la Social-Democracia
y la Democracia Cristiana, y un tercer
partido no tan pequeño, el Liberal)
.
d) Sistemas de varios partidos o pluripartidismo
(multipartidismo). Es aquel en que se
da el juego democrático de muchos
partidos, y, consiguientemente, el de
varias coaliciones de partidos. En general
se advierte que los regímenes de
democracias parlamentarias (como es el
caso de Italia), o de semi-presidencialismo
a dos vueltas ( como es el caso de Francia
actual), favorecen, con su mecánica
electoral, el que se multipliquen los
partidos y las alianzas tácticas
entre ellos. En Italia existen 12 partidos;
en Francia 7 partidos. En Ecuador 17 partidos.
**
La clasificación anterior puede
compaginarse con la sugerida por J. La
Palombara y M. Weiner: sistemas competitivos
y no-competitivos. Basta plantearse
sencillamente, para juzgar del juego político
de un país, la pregunta: ¿hay
concurrencia política en el mercado
político? ¿qué tanta?.
En una escala de mayor a menor: hay países
con sistema multipartidista, con sistema
bipartidista, con sistema de partido dominante.
Y hay países con sistema de partido
único, es decir de no concurrencia,
de no competición.
El partido comunista según Lenin
El modelo comunista de partido único,
vigente hasta nuestra época, debe
mucho a la concepción de Lenin,
expresada en su folleto ¿Was tun
? (¿Qué hacer ?) de 1902.
Lenin concebía el partido obrero
como una organización fuertemente
elitista, centralizada y disciplinada:
como una élite restringida compuesta
por “revolucionarios de profesión”.
En la lucha clandestina contra el zarismo
sería más efectiva una minoría
ilustrada y actuante de “revolucionarios
profesionales” que un partido abierto
como la Social-Democracia alemana. Esta
fuerza minoritaria y fogueada debía
ir adelante y dirigir la masa confusa
del proletariado. El Partido debía
ser, así, la vanguardia de la Revolución,
el Estado mayor para la lucha, dado que
poseía la conciencia precisa de
la meta y de los medios para alcanzarla.
Precisamente
sobre esta concepción elitista,
centralista y autoritaria del Partido
se produjo la ruptura entre los Bolcheviques
de Lenin y los Mencheviques de Martov
en el Congreso del partido social-demócrata
ruso de 1903. Y posteriormente esta concepción
y su práctica ortodoxa produjo
críticas y fuertes roces de espíritus
clarividentes que vieron a tiempo a qué
excesos y errores iba a conducir. Axelrod
se quejó del “fetichismo
centralista” y del “régimen
burocrático bonapartista”
impuesto por Lenin al Partido. Rosa Luxemburgo,
a nombre del espontaneísmo proletario,
denunció “la coraza burocrática
del centralismo que reduce al proletariado
militante a ser simplemente un instrumento
dócil en manos del comité
central del Partido”. Y Trotski,
ya en 1904, escribía proféticamente
en un folleto publicado en Ginebra: “En
la política interior del Partido,
estos métodos conducen a que la
organización del Partido sustituya
al Partido, a que el comité central
sustituya a la organización del
Partido, y a que finalmente un dictador
sustituya al comité central del
Partido”.
Los horrores de la era staliniana y las
reformas radicales de los países
comunistas del Este de Europa, que por
casi 50 años (hasta 1989) fueron
víctimas de esta concepción
férrea y autoritaria del Partido
único comunista-leninista, han
dado la razón a aquellos marxistas
clarividentes de antaño.