Partidos políticos
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Una renovación de la vida política de un país está ligada, querámoslo o no, a la aparición de nuevos partidos políticos o a la revitalización de los partidos tradicionales. Como bien lo observó Tocqueville: “los partidos son un mal inherente a los gobiernos libres”.

Alguien podría pensar que los partidos no son sino cuerpos intermedios o parciales, puesto que no agrupan sino una parte de los ciudadanos y no representan sino una fracción o un aspecto de la conciencia nacional. Sin embargo, no es así. Los partidos -si han de merecer tal nombre- no tienen por objeto realizar una tarea particular o un servicio determinado, sino promover cierta concepción del “vivir juntos organizadamente”, es decir lo que se refiere al bien común de la nación. En el momento en que se conviertan en simples defensores de intereses particulares o personalistas, pierden su razón de ser como partidos políticos y no deberían presentarse como alternativas válidas para la conducción de la cosa pública al servicio de toda la nación.

Hay crisis de partidos por todo el mundo. Tanto los que están en el pode como en la oposición. A casi todos los partidos se les achacan desmanes de autoritarismo en los jefes, burocratización en los mandos medios, malversación de fondos, fallas de organización, distanciamiento de las bases populares, incapacidad de mejor reclutamiento y formación política de sus cuadros, exceso de ideología o de pragmatismo. Pero, sea como fuere, ninguna democracia moderna puede prescindir de la existencia y actividad de los partidos políticos. El vacío de partidos o el partido único o el partido hegemónico (como lo fue el PRI en México y quisiera serlo el PSUV en Venezuela) da lugar a la dictadura política, con todos sus negativos aspectos. Y cuando el partido único o Liga controla además el aparato estatal, estamos en pleno totalitarismo.

 

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Función de los partidos

• Correas de trasmisión

El politólogo Almond señala como función primordial de los partidos políticos la articulación de los intereses ciudadanos y su presentación a los poderes del Estado. Los partidos son el mejor instrumento que tiene el país para recoger las aspiraciones y necesidades populares, y prepararle el material al sistema para sus actos de gobierno. Por ello, es importante que los partidos sepan organizar a los que tienen intereses políticos y colaboren eficazmente en el proceso de adecuada toma de decisiones. Esta tarea de formación de la opinión, esta función de programación es esencial a los partidos. Es la que le da su vocabulario al sufragio. Lo advierte bien L. Epstein cuando dice que “estructurar el voto es la función mínima de un partido político en una democracia moderna”.

• Semilleros

Otra función importante de los partidos es servir para el reclutamiento de personal político y administrativo del Estado. Los partidos deberían ser las mejores escuelas de los futuros dirigentes y funcionarios de la institución pública. Cada partido debe contar con una buena reserva de miembros y tener un sistema de ascensos que permita formar funcionarios políticamente capaces y realmente idóneos para servir a los intereses del bien común. En la práctica, la selección del personal político por los partidos conlleva vicios oligárquicos de difícil superación. En algunos partidos se utiliza el método de “caucus” (selección por comités de notables) que suele perpetuar una misma oligarquía. Por ello, se ha venido introduciendo el método de elecciones”primarias” (los candidatos son designados por las bases del partido, por los electores). En otros partidos, la designación de los candidatos se hace por congresos nacionales y locales, en los que los adherentes al partido participan directa o indirectamente.

• Locomotoras

Los partidos deben ser los agentes de la movilización política de una democracia; competir sanamente ofreciendo alternativas mejores de gobierno; colaborar en la implantación de una legislación moderna y ayudarle a un gobierno participatorio en el difícil proceso de tomar decisiones.
NOTA. Como quiera que se conciban las funciones de los partidos, hoy se insiste mucho, con razón, en que la función de los partidos no es desarticular la nacionalidad, con sus agrias disputas políticas, y su enfrentamiento radical de ideologías. Esfuerzo constante suyo debería ser la formación de un consenso básico nacional. Se pueden disputar en muchas cosas accidentales, pero deben mantener fundamentalmente unido al pueblo en lo sustancial de la sociedad. Es el famoso consejo del conde de Balfour en su introducción a la Constitución Inglesa de Bagehot, pero que debería poder aplicarse también en nuestras peleadoras democracias latinoamericanas:

Nuestros gabinetes, que se sucedían unos a otros, a pesar de haber sido constituidos por distintos partidos, nunca tuvieron diferencias sobre los fundamentos de la sociedad. Y es evidente que toda nuestra maquinaria política presupone un pueblo que está tan unido fundamentalmente, que se puede permitir el lujo de pelearse. Y está tan seguro de su propia moderación, que la bulla interminable del conflicto político no significa ningún disturbio peligroso. Ojalá así sea siempre.

Pero habría que reconocer con Georges Lavau -distinguiendo entre funciones latentes y funciones manifiestas- que ciertos partidos, teóricamente hostiles al sistema político y a sus valores, pueden -a la vez- que constituir un obstáculo real al sistema, “contribuir” sin embargo, de modo indirecto, al mantenimiento y legitimación de dicho sistema político. Un partido revolucionario y antisistema podría, así, estar contribuyendo a legitimar parcialmente el sistema que impugna. Manifiestamente hostil, de manera latente, estaría cumpliendo una “función tribunicia” !

Definición

Definimos un partido político como una agrupación de ciudadanos que profesando un mismo contenido ideológico y con cierta organización que le asegura adherentes, tiene como propósito detentar el poder del Estado. Los elementos que configuran un partido son cuatro:

1) Su base social. Es una asociación de ciudadanos que refleja, por lo mismo, los intereses de clase o de grupo o de estrato.
2) Su doctrina o ideología. La agrupación tiene un mínimo de programas e ideas que la orienta, motiva y aglutina. Hay partidos más ideológicos que otros; hay partidos más pragmáticos que otros. Pero todos tienen un mínimo de ideología.
3) Su organización. La agrupación no puede actuar eficazmente ni sobrevivir en la lucha política, si no tiene un mínimo de organización y de estructura interna.
4) Su vocación política. Es el elemento que caracteriza a un partido con respecto a los grupos de presión, por ejemplo. Todo partido tiende como a su meta, a llegar a adueñarse del poder y, si lo ha obtenido, a mantenerse en él. Otras definiciones de partido político:

* “Es una tentativa organizada de conseguir el poder”[1] .

* “Cualquier grupo que aspira a obtener votos bajo una etiqueta reconocible”[2] .

* “Es un grupo que formula cuestiones generales y presenta candidatos a las elecciones”[3] .

* “Organizaciones que persiguen el objetivo de colocar a sus representantes declarados en puestos de gobierno”[4] .

* “Un partido es cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que a través de ellas puede colocar a sus candidatos en cargos públicos”[5] .


Origen de los partidos


Hay razón para creer que “los partidos políticos modernos aparecieron con la extensión del derecho al voto” (Epstein). Y esto es especialmente evidente en el caso de Inglaterra, en donde se va afirmando un sistema moderno de partidos a medida que se suceden las reformas electorales de 1832, 1867 y 1885. Con la aparición de la democracia representativa (sufragio universal, parlamento) fueron surgiendo entre los parlamentarios grupos vinculados entre sí por cierta afinidad (regional, religiosa, etc.). Estos grupos vieron la necesidad de organizar comités electorales, que tuvieron a su cargo el cultivo de una “clientela” política que le asegurara su re-nominación en los comicios electorales. Por ello, tales comités funcionaban sobre todo con ocasión de las elecciones y con miras a ellas. Pero también es verdad que ciertos partidos nacieron por fuera del mecanismo electoral y parlamentario. Son partidos que tienen un “origen exterior” o partidos sencillamente de “creación exterior”. Algunos nacieron de sindicatos; otros de sociedades de pensamiento; unos derivan de grupos profesionales campesinos, otros de grupos religiosos; unos provienen de asociaciones de veteranos de guerra, otros de grupos clandestinos, otros en fin de grupos industriales y financieros. A pesar de la diversidad de su origen, estos “partidos de creación externa” -según Duverger- presentan un conjunto de rasgos comunes, que los distinguen de los partidos engendrados en el ciclo electoral y parlamentario: carácter más centralizado, disciplina y coherencia más fuertes, predominio no de los elegidos sino de los dirigentes internos y un poco de independencia desafiante respecto de los parlamentarios. Cabe notar que los principales partidos se originaron en Europa como resultado de conflictos fundamentales. En el siglo XIX las aristocracias (de raigambre más bien rural) dieron origen a los partidos conservadores, mientras las burguesías (de apoyo en las ciudades) dieron origen a los partidos liberales. En el siglo XX estos dos partidos, que van a estar representando a las así llamadas “oligarquías”, van a quedar enfrentados y retados por nuevos partidos que levantan sus banderas a nombre del “proletariado”: partidos socialistas y partidos comunistas.

Clasificación

Es clásica la división que hizo Duverger de dos clases de partidos, según su estructura interna[6]:

a) De cuadros: dirigidos por un notablato (reminiscencias del antiguo comité electoral), en los que la fracción parlamentaria tiene gran papel y poder. Su objetivo, ante todo, es captar electores para los comicios. Suele darse en ellos poca “disciplina de partido” (no se sigue rígidamente la línea de partido), a excepción del caso de Inglaterra, donde los partidos siempre han actuado con gran disciplina. En la clasificación de Burdeau, a estos partidos de cuadros equivalen los partidos de opinión (porque permiten internamente cierto pluralismo y alguna disensión ideológica con discusión abierta). Y en la clasificación de Neumann, estos partidos se llaman partidos de representación individual.

b) De masas: son partidos surgidos en el siglo XX, que tienen como meta encuadrar y movilizar políticamente la mayor masa posible de ciudadanos. Su organización interna suele ser autoritaria y centralizante. Existe entre ellos mucha ideología y mucha disciplina de partido. Ejemplos de estos partidos han sido el partido fascista de Mussolini en Italia, el partido nacional-socialista de Hitler en Alemania y los partidos comunistas (o ligas comunistas) en los regímenes socialistas marxistas. A estos partidos de masas equivalen los que Burdeau llama también partidos de masas, y Neumann, partidos de integración social.

c) Más recientemente se habla, con mayor propiedad, de un tercer tipo de partidos -no contemplados por Duverger- que se perfilan en la década de los años 1960s y que se denominan partidos electorales de masas o partidos de atracción o partidos atrapa-todo (catch-all-parties). Bien los ha estudiado R.G. Schwartzenberg[7] :

Dominados por la preocupación de las contingencias electorales, estos partidos se vuelven más hacia sus electores que hacia sus adherentes, a diferencia de los partidos de masas de ayer. En consecuencia, el poder en ellos lo retienen no los adherentes sino sus élites, que no se hacen en el partido y por el partido, sino que vienen del exterior. En fin, para lograr el máximo de votos en todas las categorías socio-profesionales, el partido “atrapa-todo” intensifica y diversifica sus relaciones con los grupos de interés, que constituyen masivos “reservorios” de electores.

Estos partidos atrapa-todo se caracterizan por ser:

* Partidos que evitan la rigidez doctrinal y la intransigencia ideológica.

* Partidos que buscan integrar intereses, por lo general contrapuestos, de individuos y grupos, con miras a programas de gobierno. Ejemplos de éstos son el Partido Demócrata Cristiano de Italia y Alemania, el Partido Social Demócrata alemán y actualmente los partidos mayoritarios de varios países de América Latina. Los hay de derecha, de centro y de izquierda.

Sistemas de partidos

Para juzgar el sistema político imperante en un país es muy importante tener en cuenta el sistema de partidos que rige en él. Porque el sistema de partidos condiciona mucho el funcionamiento político de las instituciones del Estado. En cada país, el número de partidos, sus respectivas dimensiones, sus alianzas y sus estrategias forman un conjunto de relaciones relativamente estable. Podemos definir “sistema de partidos” como el conjunto de relaciones partidistas que se dan en un país concreto, dependiendo del número de partidos y de su intensidad ideológica.

* Asumimos una tipología, que inicialmente fue tripartita, tal como fue propuesta por Holcombe y luégo por Duverger y Epstein, posteriormente adaptada por Sartori:

1. Sistema no-competitivo:
- partido único

2. Sistemas de partido hegemónico:
- partido ultra–dominante
- partido dominante

3. Sistemas bipartidistas:
- bipartidismo rígido
- bipartidismo moderado

4. Sistemas multipartidistas:
- multipartidismo moderado
- multipartidismo exagerado

a) Sistema de partido único. Hay un sólo partido (de facto y de iure). Solamente se reconoce la existencia legal, por parte del Estado, de un partido. Y solamente él tiene el derecho y las posibilidades de encuadrar políticamente a los ciudadanos y de representar sus intereses. Es el caso de varias dictaduras, que tienen su partido de gobierno y el caso de todos los totalitarismos (Cuba, China..).

b) Sistema de partido dominante. Cuasi-dictadura de partido. Legalmente están reconocidos varios partidos, pero de hecho la hegemonía la ejerce el partido de gobierno. Tal fue el caso del PRI (Partido Revolucionario Institucional) que durante casi todo el siglo XX controló el poder ejecutivo, parlamentario y sindicalista de México.

c) Sistema de dos partidos o bipartidismo. Aunque haya otros partidos pequeños, el país político es controlado por dos partidos mayoritarios. La suma de los electores de ambos partidos, en las elecciones presidenciales, debe llegar a un mínimo del 85% emitido. Son casos típicos de bipartidismo:

-Inglaterra ( conservadores y laboristas), aunque existe un tercer partido pequeño, actualmente el liberal.
-Estados Unidos de Norteamérica (democrátas y republicanos), aunque ha habido en ocasiones un tercer partido pequeño.
-Colombia ( conservadores y liberales), aunque en el siglo XX hubo tres intentos fallidos de un tercer partido (el movimiento republicano; la Anapo; la Democracia Cristiana) .Las tres elecciones de 1994, 1998 y 2006, aunque evidenciaron una franja cada vez mayor de independientes extrapartidos, confirman que Colombia sigue siendo bipartidista.
Se acerca mucho a un bipartidismo Alemania (con sus dos grandes partidos, la Social-Democracia y la Democracia Cristiana, y un tercer partido no tan pequeño, el Liberal) .

d) Sistemas de varios partidos o pluripartidismo (multipartidismo). Es aquel en que se da el juego democrático de muchos partidos, y, consiguientemente, el de varias coaliciones de partidos. En general se advierte que los regímenes de democracias parlamentarias (como es el caso de Italia), o de semi-presidencialismo a dos vueltas ( como es el caso de Francia actual), favorecen, con su mecánica electoral, el que se multipliquen los partidos y las alianzas tácticas entre ellos. En Italia existen 12 partidos; en Francia 7 partidos. En Ecuador 17 partidos.

** La clasificación anterior puede compaginarse con la sugerida por J. La Palombara y M. Weiner: sistemas competitivos y no-competitivos. Basta plantearse sencillamente, para juzgar del juego político de un país, la pregunta: ¿hay concurrencia política en el mercado político? ¿qué tanta?. En una escala de mayor a menor: hay países con sistema multipartidista, con sistema bipartidista, con sistema de partido dominante. Y hay países con sistema de partido único, es decir de no concurrencia, de no competición.

El partido comunista según Lenin

El modelo comunista de partido único, vigente hasta nuestra época, debe mucho a la concepción de Lenin, expresada en su folleto ¿Was tun ? (¿Qué hacer ?) de 1902. Lenin concebía el partido obrero como una organización fuertemente elitista, centralizada y disciplinada: como una élite restringida compuesta por “revolucionarios de profesión”. En la lucha clandestina contra el zarismo sería más efectiva una minoría ilustrada y actuante de “revolucionarios profesionales” que un partido abierto como la Social-Democracia alemana. Esta fuerza minoritaria y fogueada debía ir adelante y dirigir la masa confusa del proletariado. El Partido debía ser, así, la vanguardia de la Revolución, el Estado mayor para la lucha, dado que poseía la conciencia precisa de la meta y de los medios para alcanzarla.

Precisamente sobre esta concepción elitista, centralista y autoritaria del Partido se produjo la ruptura entre los Bolcheviques de Lenin y los Mencheviques de Martov en el Congreso del partido social-demócrata ruso de 1903. Y posteriormente esta concepción y su práctica ortodoxa produjo críticas y fuertes roces de espíritus clarividentes que vieron a tiempo a qué excesos y errores iba a conducir. Axelrod se quejó del “fetichismo centralista” y del “régimen burocrático bonapartista” impuesto por Lenin al Partido. Rosa Luxemburgo, a nombre del espontaneísmo proletario, denunció “la coraza burocrática del centralismo que reduce al proletariado militante a ser simplemente un instrumento dócil en manos del comité central del Partido”. Y Trotski, ya en 1904, escribía proféticamente en un folleto publicado en Ginebra: “En la política interior del Partido, estos métodos conducen a que la organización del Partido sustituya al Partido, a que el comité central sustituya a la organización del Partido, y a que finalmente un dictador sustituya al comité central del Partido”.

Los horrores de la era staliniana y las reformas radicales de los países comunistas del Este de Europa, que por casi 50 años (hasta 1989) fueron víctimas de esta concepción férrea y autoritaria del Partido único comunista-leninista, han dado la razón a aquellos marxistas clarividentes de antaño.

 

[1] E. Schattschneider (1942): Party Government, Holt Rinehard & Winston, p. 35-37

[2] L. Epstein (1967): Political Parties in Western Democracies, Praeger, p. 11.

[3] H.D. Lasswell- A. Kaplan (1950): Power and Society, New Haven Yale University Press, p. 169-170.

[4] K. Kanda (1970): A Conceptual Framework for the Comparative Analysis of Political Parties, Sage, p. 83.

[5] G. Sartori (1980 ): Partidos y sistemas de partidos, Madrid Alianza, Tomo I, p. 92.

[6] M Duverger (1967): Sociologie Politique, Paris Presses Universitaires de France, p. 359-370.

[7] R. G. Schartzenberg (1988): Sociologie Politique, Paris Montchrestien, p. 424-425.