Participación en politica
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Las mejores instituciones no significan nada si no se activan por una efectiva participación ciudadana. La democracia no funciona si el pueblo mismo no es algo vivo y organizado, de modo que participe en el manejo de la cosa pública y se exprese realmente acerca de la conducción de que es víctima o beneficiario. La vitalidad organizada del cuerpo social es una condición de la democracia real.

Son partes vivas -y podríamos decir casi imprescindibles de esta vitalidad organizada del cuerpo social- los llamados cuerpos intermedios o parciales, los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales.

Definición

Podemos decir, con el norteamericano Myron Weiner, que participación política es

cualquier acción voluntaria, exitosa o no, organizada o desorganizada, episódica o continua, que emplea métodos legítimos o ilegítimos con miras a influir en la selección de las políticas públicas o administración de lo asuntos públicos y/o en la selección de los jefes políticos a cualquier nivel de gobierno (local, regional o nacional)[1].

 

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Los niveles de participación política

Las instituciones humanas las ha ideado la sociedad como formas estables que responden a la necesidad de organización que tienen los hombres en los diversos campos de su actividad.

Hay institución familiar, instituciones sociales, culturales, religiosas, políticas. Ya definimos lo político con respecto al poder, es decir, cuando están en juego la dirección, la orientación y la organización de una comunidad. Es evidente entonces, que dentro de toda institución se da una actividad política, en cuanto que algunos de esos elementos buscan intervenir en las tomas de decisiones, en cuanto buscan participar en la dirección, la orientación, la organización de la respectiva institución.

La actividad política es pequeña y poco notoria en una institución sencilla como la familiar, donde el poder apenas se encuentra en período embrionario. Pero la actividad política se agiganta y la lucha por el poder se encarniza cuando se trata del poder del Estado, en donde el poder alcanza su forma más perfilada y su organización más completa. Como quiera que los fines del Estado son más universales que los de cualquier otra institución puramente humana, la política estatal polariza la atención más que cualquier otra, y la búsqueda o conservación del poder del Estado se vuelve una de las actividades humanas más apasionantes y exclusivas. Nos fijaremos, por ello, en los niveles de participación en la lucha política por el poder estatal.


Los estratos políticos

En la lucha por el poder estatal hay quienes tienen más acción política; otros menos; y otros casi nada. Los llamados “estratos políticos de la sociedad” están constituidos por aquellos que se interesan preponderantemente en la acción política. Los estratos apolíticos los conforman los abstencionistas, los indiferentes, apáticos y pasivos. Uno de los politistas más notables de nuestro tiempo, el norteamericano Robert Dahl[2], distingue en toda sociedad cuatro estratos (tres de ellos políticos y uno apolítico) conformados así:

1. Los que de hecho tienen el poder.
2. Los que buscan tener el poder.
3. Los que se interesan por la política.
4. Los que no se interesan por la política
(estrato apolítico).

Esta hipótesis la encontramos verificada en la vida cotidiana, donde quiera que se permita un cierto juego político. Hay quienes están en los puestos de mando del gobierno, quienes hacen funcionar los poderes públicos y administran la política. Están de turno en el corazón mismo de la política estatal.

Tenemos luégo las personas que no hablan y no viven sino por la política. Buscan la manera de ser elegidos. Gastan su tiempo, sus actividades y fuerzas en asuntos de política. Piénsese en los candidatos, en los miembros de los directorios políticos, en los militantes de los partidos.

Otras personas no se ocupan de politica sino eventualmente, pero con gusto van a votar, oyen discursos, leen prensa política, discuten de política.

Finalmente, hay personas alérgicas a todo lo que huela a política. Tachan estas actividades de sucias e inútiles. Denigran todo gobierno. Y llegado el día de las elecciones, se abstienen. Por lo general, viven despreocupados de toda actividad política, para dedicarse a otras actividades o a ninguna.


Formas de participación

La participación en política puede darse en varias formas.

*En forma institucional, cuando se participa en el funcionamiento o gestión de los poderes públicos (con cargos remunerados o simplemente ad honorem) y cuando se participa electoralmente (dando su aporte personal a la campaña y votando en las elecciones).

*En forma organizada, se participa en política por intermedio de los partidos que, en cuanto organizaciones libres y permanentes y auténticos portavoces del pueblo, deben ser los canales privilegiados de la expresión política de una democracia moderna. Dentro de cada partido se dan también varios círculos de participación de menor a mayor: están los simples electores que votan por el candidato o lista de partido; los simpatizantes o adherentes con quienes esporádicamente se puede contar para algún acto o manifestación del partido; y los militantes o activistas entre quienes descuellan los líderes del partido. Son también formas organizadas de hacer política los sindicatos cuando adhieren a un grupo político, los clubes políticos (en algunos países ), y quizá también las organizaciones subversivas.

*En forma autónoma y espontánea participan de ordinario en política la prensa, la TV, la radio y los así llamados “mentideros políticos” de nuestros cafés, salas sociales y clubes.

¿Por qué unas personas participan en política y otras no?

Se dan varias teorías para darle una explicación al fenómeno de los estratos políticos. El problema se centra en el hecho de la vocación política.

Existen teorías de orden psicológico y psicoanalítico que explican la vocación a la política por factores temperamentales (Eysenck) o como compensación a privaciones sufridas durante la infancia (Lasswell). Algunos tratarían de hallar en la política una compensación de estima de su yo que les faltó en su niñez, o un desfogue; y hay quienes en la política se sienten que son poderosos e influyentes. En otros hay canalización de su agresividad. Otras teorías explican la vocación a la política por la inculturación de la política (Dawson y Prewit). La política les permite a muchos integrarse socialmente y, a la vez, les procura un medio de escalar la jerarquía social. Algunos asocian la actividad política con las ventajas económicas que reportan al ofrecer oportunidades de viajes, negocios, influencias (Weber). Se piensa también que el motivo altruista de servicio al pueblo, de ayudar a la moralización de la comunidad, de conducir el país hacia mejores metas..., puede estar en la raíz de la vocación de algunos políticos. El “compromiso con la revolución” podría quizá mencionarse como uno de estos motivos más altruistas.

Cuerpos intermedios

Hoy parece algo “natural” (que viene dado por la naturaleza de las cosas) el que entre los particulares y el Estado moderno haya una amplia zona de actividades colectivas posibles, abierta a la aparición de cuerpos intermedios. Son éstos todas las asociaciones que, dentro del cuerpo social, agrupan a cierto número de ciudadanos con miras a realizar tal o cual tarea particular, ya sea para el provecho de sus miembros o para el servicio de toda la comunidad. En la sociedad actual estas asociaciones intermedias son cada día más numerosas, más indispensables para todo el organismo social y también más influyentes en la conducción de la cosa pública, lo que equivale a decir que tienen un creciente poder político. Algunos las llaman actualmente ONGs. (organizaciones no gubernamentales).

A este tipo de asociaciones intermedias pertenecen diferentes grupos: sindicatos, gremios de producción, gremios de comunicaciones, gremios de transportes, universidades, asociaciones educativas y culturales, grupos de escritores y artistas, cooperativas y juntas comunales, etc.


Participación y cultura política


Un nuevo concepto ha emergido con fuerza al impulsarse los estudios sobre democratización. Y es el de cultura política. Según Almond y Veba, ésta es un requisito de la democracia; las instituciones y las pautas de acción en un sistema político deben ser congruentes con la cultura política de la nación[3]. Los autores citados, con base en estudios específicos de cinco sociedades democráticas, muestran cómo la cultura sienta normas para el comportamiento que los miembros de la sociedad reconocen y generalmente siguen, incluso si ellos personalmente no comparten esos valores. Para el autor de la teoría de la “cultura-autoridad”[4] , es evidente que la cultura juega un papel dinámico en los procesos de cambio político.

 

[1] M. Weiner (1969): Modernización, México Robles, p. 264.

[2] R.A. Dahl (1976): Análisis político moderno, Barcelona Fontanella, p. 125-126.

[3] G. Almond y S. Veba (1963): The Civic Culture, Princeton University Press; (1980): The Civic Culture Revisited, Boston Little Brown.

[4] H. Eckstein (1988): “A culturalist Theory of political change”, American Political Science Review, 82, p. 789-804 y (1990): “Political culture and political change”, American Political Science Review, p. 253-258.