Los
niveles de participación política
Las
instituciones humanas las ha ideado la sociedad
como formas estables que responden a la
necesidad de organización que tienen
los hombres en los diversos campos de su
actividad.
Hay institución familiar, instituciones
sociales, culturales, religiosas, políticas.
Ya definimos lo político con respecto
al poder, es decir, cuando están
en juego la dirección, la orientación
y la organización de una comunidad.
Es evidente entonces, que dentro de toda
institución se da una actividad política,
en cuanto que algunos de esos elementos
buscan intervenir en las tomas de decisiones,
en cuanto buscan participar en la dirección,
la orientación, la organización
de la respectiva institución.
La actividad política es pequeña
y poco notoria en una institución
sencilla como la familiar, donde el poder
apenas se encuentra en período embrionario.
Pero la actividad política se agiganta
y la lucha por el poder se encarniza cuando
se trata del poder del Estado, en donde
el poder alcanza su forma más perfilada
y su organización más completa.
Como quiera que los fines del Estado son
más universales que los de cualquier
otra institución puramente humana,
la política estatal polariza la atención
más que cualquier otra, y la búsqueda
o conservación del poder del Estado
se vuelve una de las actividades humanas
más apasionantes y exclusivas. Nos
fijaremos, por ello, en los niveles de participación
en la lucha política por el poder
estatal.
Los estratos políticos
En
la lucha por el poder estatal hay quienes
tienen más acción política;
otros menos; y otros casi nada. Los llamados
“estratos políticos de la sociedad”
están constituidos por aquellos que
se interesan preponderantemente en la acción
política. Los estratos apolíticos
los conforman los abstencionistas, los indiferentes,
apáticos y pasivos. Uno de los politistas
más notables de nuestro tiempo, el
norteamericano Robert Dahl[2],
distingue en toda sociedad cuatro estratos
(tres de ellos políticos y uno apolítico)
conformados así:
1. Los que de hecho tienen el poder.
2. Los que buscan tener el poder.
3. Los que se interesan por la política.
4. Los que no se interesan por la política
(estrato apolítico).
Esta hipótesis la encontramos verificada
en la vida cotidiana, donde quiera que se
permita un cierto juego político.
Hay quienes están en los puestos
de mando del gobierno, quienes hacen funcionar
los poderes públicos y administran
la política. Están de turno
en el corazón mismo de la política
estatal.
Tenemos
luégo las personas que no hablan
y no viven sino por la política.
Buscan la manera de ser elegidos. Gastan
su tiempo, sus actividades y fuerzas en
asuntos de política. Piénsese
en los candidatos, en los miembros de los
directorios políticos, en los militantes
de los partidos.
Otras
personas no se ocupan de politica sino eventualmente,
pero con gusto van a votar, oyen discursos,
leen prensa política, discuten de
política.
Finalmente,
hay personas alérgicas a todo lo
que huela a política. Tachan estas
actividades de sucias e inútiles.
Denigran todo gobierno. Y llegado el día
de las elecciones, se abstienen. Por lo
general, viven despreocupados de toda actividad
política, para dedicarse a otras
actividades o a ninguna.
Formas de participación
La
participación en política
puede darse en varias formas.
*En
forma institucional, cuando se participa
en el funcionamiento o gestión de
los poderes públicos (con cargos
remunerados o simplemente ad honorem) y
cuando se participa electoralmente (dando
su aporte personal a la campaña y
votando en las elecciones).
*En
forma organizada, se participa en política
por intermedio de los partidos que, en cuanto
organizaciones libres y permanentes y auténticos
portavoces del pueblo, deben ser los canales
privilegiados de la expresión política
de una democracia moderna. Dentro de cada
partido se dan también varios círculos
de participación de menor a mayor:
están los simples electores que votan
por el candidato o lista de partido; los
simpatizantes o adherentes con quienes esporádicamente
se puede contar para algún acto o
manifestación del partido; y los
militantes o activistas entre quienes descuellan
los líderes del partido. Son también
formas organizadas de hacer política
los sindicatos cuando adhieren a un grupo
político, los clubes políticos
(en algunos países ), y quizá
también las organizaciones subversivas.
*En
forma autónoma y espontánea
participan de ordinario en política
la prensa, la TV, la radio y los así
llamados “mentideros políticos”
de nuestros cafés, salas sociales
y clubes.
¿Por
qué unas personas participan en política
y otras no?
Se
dan varias teorías para darle una
explicación al fenómeno de
los estratos políticos. El problema
se centra en el hecho de la vocación
política.
Existen
teorías de orden psicológico
y psicoanalítico que explican la
vocación a la política por
factores temperamentales (Eysenck) o como
compensación a privaciones sufridas
durante la infancia (Lasswell). Algunos
tratarían de hallar en la política
una compensación de estima de su
yo que les faltó en su niñez,
o un desfogue; y hay quienes en la política
se sienten que son poderosos e influyentes.
En otros hay canalización de su agresividad.
Otras teorías explican la vocación
a la política por la inculturación
de la política (Dawson y Prewit).
La política les permite a muchos
integrarse socialmente y, a la vez, les
procura un medio de escalar la jerarquía
social. Algunos asocian la actividad política
con las ventajas económicas que reportan
al ofrecer oportunidades de viajes, negocios,
influencias (Weber). Se piensa también
que el motivo altruista de servicio al pueblo,
de ayudar a la moralización de la
comunidad, de conducir el país hacia
mejores metas..., puede estar en la raíz
de la vocación de algunos políticos.
El “compromiso con la revolución”
podría quizá mencionarse como
uno de estos motivos más altruistas.
Cuerpos
intermedios
Hoy
parece algo “natural” (que viene
dado por la naturaleza de las cosas) el
que entre los particulares y el Estado moderno
haya una amplia zona de actividades colectivas
posibles, abierta a la aparición
de cuerpos intermedios. Son éstos
todas las asociaciones que, dentro del cuerpo
social, agrupan a cierto número de
ciudadanos con miras a realizar tal o cual
tarea particular, ya sea para el provecho
de sus miembros o para el servicio de toda
la comunidad. En la sociedad actual estas
asociaciones intermedias son cada día
más numerosas, más indispensables
para todo el organismo social y también
más influyentes en la conducción
de la cosa pública, lo que equivale
a decir que tienen un creciente poder político.
Algunos las llaman actualmente ONGs. (organizaciones
no gubernamentales).
A este tipo de asociaciones intermedias
pertenecen diferentes grupos: sindicatos,
gremios de producción, gremios de
comunicaciones, gremios de transportes,
universidades, asociaciones educativas y
culturales, grupos de escritores y artistas,
cooperativas y juntas comunales, etc.
Participación y cultura política
Un nuevo concepto ha emergido con fuerza
al impulsarse los estudios sobre democratización.
Y es el de cultura política. Según
Almond y Veba, ésta es un requisito
de la democracia; las instituciones y las
pautas de acción en un sistema político
deben ser congruentes con la cultura política
de la nación[3].
Los autores citados, con base en estudios
específicos de cinco sociedades democráticas,
muestran cómo la cultura sienta normas
para el comportamiento que los miembros
de la sociedad reconocen y generalmente
siguen, incluso si ellos personalmente no
comparten esos valores. Para el autor de
la teoría de la “cultura-autoridad”[4]
, es evidente que la cultura juega un papel
dinámico en los procesos de cambio
político.
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