¿Qué
es una élite?
Es
posible establecer qué es una élite,
pero no quiénes la componen. *
En primer lugar digamos lo que NO ES una
élite. De ordinario, la élite
no es un partido político. Solamente
lo es en el caso de los totalitarismos
y la dictadura de partido, en que el monopolio
del gobierno lo tiene un solo partido
y en esta forma se procrea y mantiene
permanentemente una misma élite
política, dueña del poder
estatal. La élite no es una superclase
de superhombres o supergirls, que toma
todas las decisiones de un gobierno. No
existe tal clase. El gobernar es algo
complejo en cuya toma de decisiones intervienen
muchos factores y muchas personas de todas
clases (desde funcionarios hasta eminencias
grises, esposas de personajes y aun adivinos).
El gobernar no es la función de
una élite sola.
La
élite no es una sola clase organizada,
la “minoría organizada”
de que hablaba en su época Gaetano
Mosca. En una sociedad suele haber varias
minorías organizadas. Unas son
más notorias e influyentes que
otras. Y también hay minorías
influyentes no organizadas que son también
élite. No se puede reducir la élite
a una sola de estas minorías o
grupos influyentes. El juego político
de una sociedad es algo complejo como
una corrida de toros o un partido de fútbol.
No se puede decir que la corrida o el
partido lo haga uno solo de sus muchos
o variados participantes; se hace con
la participación de todos y cada
uno, en su propia función y puesto.
En síntesis, la élite no
es una teoría general, cualquiera
que ella sea. No es sólo la clase
política de un partido, no es sólo
la clase dirigente que está en
el poder, no es sólo la clase organizada,
una minoría que busca el poder.
¿Qué es entonces?
**
Digamos ahora sí lo que SON las
élites.
Algo muy real y advertible. Es el
conjunto de los que de hecho influyen
en una sociedad por sus cualidades exclusivas.
o cargos que ocupan. Es el conjunto de
las categorías dirigentes de un
país.
No
necesariamente se identifican con un solo
grupo, ni la forman grupos organizados;
ni todos los que son dirigentes tienen
conciencia de que conforman una clase
elitista. Dentro de las categorías
dirigentes de una sociedad, unos son los
que dan ideas ( élites intelectuales
y culturales); otros dan la estructura
moral (élites religiosas y educativas);
otros suministran el combustible económico
y de producción (élites
económicas, empresariales y sindicales);
otros coordinan y mandan desde el gobierno
y con su influencia en él ( élites
políticas ).
Bien
resume esta concepción de élites
en cuanto categorías dirigentes,
el profesor y escritor francés
Raymond Aron[1],
cuando dice que son las minorías
que ocupan posiciones o realizan tales
funciones que no pueden menos de tener
un influjo en la conducción de
la sociedad
¿Y
por qué las élites son siempre
minorías?, podemos preguntarnos.
La respuesta es sencilla. Primero, porque
no todas las personas tienen las mismas
cualidades; unas tienen más que
otras. Segundo, porque no todos los que
tienen cualidades las aplican con el mismo
tesón; unos son más diligentes
y tesoneros que otros. Y tercero, porque
no todos los que aplican con tesón
sus cualidades tienen el mismo éxito
en su influjo por el poder político;
hay factores de suerte y juego de oportunidades.
El
concepto afín de 'burguesía'
El vocabulario marxista se ha apoderado
de las palabras ‘burgués’
y ‘oligarca’ y les ha dado
un sentido peyorativo que ha llegado a
predominar en nuestro medio ambiente.
Dentro de este esquema simplista, que
cada día se ajusta menos a la realidad
social de nuestro mundo contemporáneo,
burgueses y oligarcas son todos los que
no son proletarios. Y proletarios son
solamente los trabajadores manuales.
Los términos así usados
están ya muy lejos de su significado
original. El burgo era aquella pequeña
población amurallada, con sus torres
e iglesia, su justicia, su colegio, sus
gendarmes, su mercado y sus fiestas religiosas.
Había una diferencia fundamental
entre el burgués y el hombre de
los campos, el campesino. Más tarde,
cuando Luis XIV se rodeó de ricos
y cortesanos de las ciudades, ya el burgués
dejó de definirse por oposición
al campesino y vino a representar aquel
estamento social de la ciudad que no pertenecía
a la nobleza, ni a la corte. Era la gente
más abierta al progreso y a la
curiosidad intelectual, que a veces competía
e imitaba ridículamente a la nobleza,
al estilo de Monsieur Jourdan, el burgués
gentilhombre de Moliére. Pero de
esa gente con capacidad de acción
y voluntad de poder, saldrían los
líderes del nuevo mundo occidental.
De
la ridiculización que de los burgueses
hicieron más tarde los poetas románticos,
tomó Marx la caricatura y le dió
un sentido bastante caprichoso. Sustituyó
el viejo cuadro histórico que dividía
la sociedad entre nobleza, clero, burguesía
y campesinado. Y delineó un nuevo
esquema de lucha de clases, donde todo
lo que no fuera obrero-manual tenía
que ser burgués.
Es
evidente que el término “burgués”
en su significación marxista no
equivale al término “élites”,
tal como lo venimos entendiendo y utilizando
aquí[2].
Tampoco se puede sostener ya, teniendo
en cuenta la evolución actual de
las sociedades industriales, en las que
la inmensa mayoría de la población
tendría que ser tildada con el
calificativo marxista de burgués.
Ya no queda como poder la nobleza; la
población campesina no solo es
cada vez menor, sino que se transmuta
en una forma de sociedad industrial. Y
la misma clase de los trabajadores manuales
tiende a disminuir continuamente, para
ser absorbida dentro del creciente y muy
variado sector de los servicios.
La
circulación de élites
Se puede hablar de una doble circulación.
La que va de la masa a la formación
de personas con categoría de dirigentes;
y la alternación o sustitución
de una vieja élite por otra nueva.
Hoy
se considera que cierta fluidez y circulación
de categorías dirigentes o élites
propicia una sociedad más orgánica
y modernizada. Y, a la vez, una sociedad
moderna, que a todos les ofrece iguales
oportunidades y está abierta al
pluralismo, favorece, sin pretenderlo,
la circulación de categorías
dirigentes y el relevo de élites.
Sin que sea representativo de toda la
sociedad norteamericana y menos de nuestras
sociedades latinoamericanas, un serio
estudio de Robert Dahl es muy iluminador
al respecto[3].
Dicho politólogo examina, con precisión
y empirismo, toda la historia de New Haven
desde 1784 hasta 1960. Y encuentra que
hubo un progresivo sucederse de élites.
De un sistema político de desigualdades
acumuladas en manos de unos pocos, se
fue pasando al sistema hoy día
de desigualdades dispersas no-acumuladas,
que hacen que influyan , a la vez y proporcionalmente,
varias categorías dirigentes en
las grandes decisiones de New Haven .
*En una primera época (1784-1842),
en las manos de los patricios o notables
se concentraban todos los privilegios:
el prestigio social, la instrucción,
la religión del Estado, el dinero
y el monopolio del influjo político
(alcaldes y concejo municipal).
**En
una segunda época (1842-1900),
mandan los self-made men, los empresarios,
inicialmente de origen humilde pero que
han hecho fortuna, y tienen el dinero,
y con ello prestigio social, algo de popularidad
e influjo en los puestos oficiales.
***En
una tercera época (1900-1960),
los ex plebeyos, surgidos de los grupos
minoritarios y marginados de inmigrantes,
que inicialmente eran simples proletarios
y asalariados, son los que van surgiendo
y adueñándose de puestos
de prestigio e influjo. Pero no es ya
una élite -como fue en su tiempo
la de los patricios- la que gobierna actualmente
en New Haven, sino un sistema pluralista
donde hay líderes clave en los
varios sectores y el poder político
está repartido. Podría enseñarnos
algo este tipo de sociedad democrática
en la que no existe una clase o élite
que todo lo controla, sino que el prestigio
y el influjo se reparten entre varios
sectores dirigentes.
Elites y estructura de poder
Hipótesis explicativas
Entre
los analistas políticos hay bastante
acuerdo en admitir que el poder de dirección,
prácticamente en todas las sociedades,
está en manos de minorías.
Pero las controversias comienzan cuando
se trata de determinar la naturaleza de
estas minorías dirigentes[4].
Dejamos a un lado explicaciones poco científicas
e ingenuas como la calvinista. Según
ella, a esta minoría privilegiada
pertenecen los bendecidos y “predestinados>
por Dios; muy parecida es la teoría
marxista-leninista cuando reserva de antemano
y exclusivamente el derecho a mandar a
los cuadros bendecidos del Partido.
En
el mundo occidental se manejan tres hipótesis
principales, que se contraponen.
1.
La hipótesis MARXISTA
Ya
antes de Marx, se había propuesto
una teoría economicista: los que
mandan son los que tienen los medios de
producción. En el siglo XVIII,
el conde de Saint-Simon escribe una picante
carta al rey Luis XVIII en la que afirma
que el Reino de Francia se desintegraría
si se hiciera desaparecer a sus 50 mejores
industriales y economistas. En cambio,
no pasaría nada si se eliminara
al rey, a toda su corte, a la jerarquía
eclesiástica y a todos los parlamentarios.
Según
el marxismo, el poder está detentado
en las sociedades capitalistas por una
clase dominante y explotadora de la clase
proletaria, que con sus fuerzas auxiliares
lleva a cabo una acción “camuflada”
y “oculta” gracias a los aparatos
ideológicos de la democracia burguesa.
Asumiendo posiciones de Marx, así
lo siguen sosteniendo, a su modo, autores
más recientes como Poulantzas[5]
y Miliband[6] .
El poder lo siguen reteniendo quienes
controlan los medios de producción.
Y la pluralidad de élites no es
sino la tentativa de “camuflar”
la clase dominante de la que ellas son
parte.
b)La
hipótesis ELITISTA
El
poder pertenece a una sola élite,
dotada de una cierta unidad que supera
las estructuras constitucionales.
•
Dentro de esta corriente son clásicas
las teorías de los italianos Mosca
y Pareto. Para Mosca (1858-1941) es un
hecho universal el que las sociedades
están regidas por una minoría
organizada: la “clase dirigente”,
la “classe política”[7].
Pareto define la élite por su superioridad
natural, psicológica, es decir
por sus cualidades eminentes. La élite
se compone de todos aquellos que manifiestan
cualidades excepcionales o que dan muestra
de aptitudes eminentes en su esfera de
actividad. Hacen parte de la élite
los que -por su trabajo o por sus dones
naturales- conocen un éxito superior
al que tienen de ordinario los otros hombres.
Juegan mucho en su éxito las cualidades
de astucia y de fuerza. Hay una cierta
circulación de élites que
ayuda a mantener el equilibrio del sistema
social. “Toda élite que no
está dispuesta a librar batalla
para defender sus posiciones está
en plena decadencia; no le queda más
que dejar su puesto a otra élite
que tenga las cualidades viriles que le
faltan a ella”.
•
Para Michels (1876-1936) donde quiera
que haya organización hay que afirmar
la “ley de hierro de la oligarquía”
: por razones psicológicas y técnicas,
las decisiones importantes se toman por
unos pocos. No puede haber gobierno directo
de las masas, sino estas son gobernadas
por una minoría dirigente. Y esto
ocurre al interior de los sindicatos y
de todo partido político nacional,
aunque se proclame el más democrático,
como era el Partido Socialista alemán
de comienzos de siglo[8].
•
En 1940 el americano James Burnham publica
The Managerial Revolution, que va a ser
traducido en español bajo otro
título: “La era de los organizadore”.
En síntesis, hoy en nuestras sociedades
técnicas y complejas -tanto capitalistas
como socialistas- el poder está
en manos de una élite directorial,
una oligarquía de “directores”
o “managers”. Estos tecnócratas
controlan la economía, y no porque
sean dueños de los medios de producción
o los mayores accionistas, sino por su
saber, por su competencia técnica,
que los hace merecedores de tener el poder.
•
En 1956 otro americano, Wrigth Mills,
publica The Power Elite
(La élite del poder). En la sociedad
moderna el poder está institucionalizado.
Pues bien, hay tres instituciones que
en EUA (y con sus variantes se puede afirmar
lo mismo en otros países) ocupan
“los puestos de comando estratégico
de la estructura social”: la institución
política, la institución
económica y la institución
militar. Ellas tienen entre sí
alianza, compenetración y solidaridad.
Constituyen la élite del poder.
•
En 1972 R.G. Schwartzenberg aplica a Francia
el modelo elitista de Wright Mills y delinea
un nuevo “triángulo del poder”
conformado por el poder político,
la alta administración burocrática
y los sectores económicos. Se constituye
así una casta, una élite,
única y polivalente, que tiende
a monopolizar el poder en dichos sectores
claves de la sociedad.
c)
La hipótesis PLURALISTA
La
realidad socio-política no es la
unidad de una clase dirigente, sino la
pluralidad de categorías dirigentes.
No existe una élite o clase dirigente
(ya sea política o económica
o el triángulo del poder), sino
varias categorías dirigentes.
No hay unidad, ni siquiera relativa, de
la élite; sino pluralidad de élites..
Así lo ha sostenido el francés
Raymond Aron en numerosos análisis[9],
y así lo sostiene el norteamericano
Robert Dahl al caracterizar las modernas
poliarquías” por la pluralidad
de centros de decisión autónomos,
que no conforman una élite dominante
sino una diversidad de líderes
de grupos independientes y entre sí
rivales, que logran por el método
del “regateo” un cierto consenso,
del que resulta un cierto equilibrio social[10].
Así lo sostenemos también
nosotros.
Recogiendo
bien la diferencia entre los dos enfoques
principales, G. Sola[11]
señala que los pluralistas conciben
el proceso político como una “arena”
o palestra en la cual numerosas élites
compiten incesantemente, o como una “area
de intercambio” en la cual los diversos
intereses más o menos repartidos
en los grupos de la colectividasd, se
enfrentan o se armonizan, se controlan
y se compaginan recíprocamente.
Su modelo es policéntrico: el poder
resulta subdividido y disperso en una
multiplicidad de autores y de sedes. En
cambio, los elitistas describen
la distribución del poder de acuerdo
a un modelo monocéntrico que resalta
el predominio de una única élite
o alianza.
En
general, las “categorías
dirigentes en nuestras sociedades modernas
son:
-la élite política, que
detenta o busca detentar la autoridad
en el marco del Estado; -los que detentan
“el poder cultural”, que influyen
en las maneras de pensar y de creer (sacerdotes,
intelectuales, escritores o sabios, ideólogos
de partidos); -los comandantes de las
Fuerzas Armadas y de la Policía;
-los “gestionarios del trabajo colectivo”,
propietarios o ejecutivos de los medios
de producción;
-los “conductores de masas”
(dirigentes sindicalistas y de partidos
políticos); -los altos funcionarios,
que detentan el “poder administrativo”;
–los que tienen poder e influjo
en los grandes medios de comunicación.