En
su acepción técnica, habría
que hablar de elecciones según las
dos clases que hay de democracias: la directa
y la indirecta o representativa. En la primera
el pueblo escoge directamente las decisiones
políticas; en la segunda, indirectamente
por conducto de los delegatarios o diputados
que elige para que lo representen en el
poder ejecutivo y legislativo.
Función de las elecciones
Su
función es política. En la
competición de varias personalidades,
partidos y grupos por el poder político,
es el pueblo quien elige y decide cómo
distribuye el poder. Lo hace por medio de
las elecciones. Para ello se sigue un proceso
que suele fijarse constitucionalmente, el
llamado proceso electoral. La forma concreta
como se hace el escrutinio suele ser una
ley electoral emanada del legislativo, que
es el llamado procedimiento o sistema electoral.
Y los resultados de las elecciones reflejan
lo que hoy se llama en ciencia política
el comportamiento electoral de un pueblo.
De estas tres cosas hablaremos.
De todos modos, la función esencial
de las elecciones radica en el voto como
hecho político, es decir, en la distribución
del Poder político que hace el pueblo
por medio de las elecciones.
El proceso electoral
Es
un proceso complejo, cuyos elementos son
los candidatos y los electores en una especie
de “diálogo”. Por un
lado, se esfuerzan los candidatos por ser
elegidos; por otro, los electores le dan
sus preferencias a un político (o
a varios ) o a un partido (o partidos) en
la repartición del poder político.
Es
un proceso que tiene como momentos: la votación,
el recuento de votos y la proclamación
de los resultados. Es un proceso que en
cada país adopta modalidades especiales
de voto. La más corriente en las
democracias occidentales es:
*Voto universal, que responde al lema: una
persona, un voto, sin tener en cuenta la
categoría de la persona que vota.
No se adopta la modalidad del voto “cualificado”,
según la cual una persona, en razón
de su mayor edad o mayor nivel de estudios
o por ser padre de familia, pudiera emitir
voto doble o triple. Tampoco se adopta la
modalidad del voto “restringido”,
según la cual solamente algunos ciudadanos
tendrían el derecho al voto (además
de tener la edad requerida y no haber perdido
sus derechos ciudadanos), vgr. solamente
los que saben leer y escribir, los que pagan
un mínimo de impuesto o tienen propiedad
raíz, los que profesan cierta religión.
*Voto directo, que responde al lema: Elijo
sin intermediario, de modo que el voto recae
directamente sobre el candidato o la lista
de candidatos y no sobre unos compromisarios
de partido que después se reunirían
para designar a los representantes definitivamente
elegidos.
*Voto libre, que responde al lema: Elijo
sin coacciones, de acuerdo con mi voluntad
y mis propias preferencias. Sin embargo
en la práctica se dan en todas partes
muchos abusos: compra y venta de votos,
coacción de patronos sobre sus trabajadores,
presiones del gobierno sobre sus empleados,
manipulación de los medios de comunicación,
etc.
*Voto secreto, que responde al lema: Elijo
sin fisgones, de modo que el contenido del
voto que se señaló en el tarjetón
no sea conocido por otros y ninguno pueda
ser fichado por el voto que puso en la urna
o en la máquina electrónica.
Esto para ayudar a la libertad de votación
y evitar las posibles coacciones.
Sistema electoral
Para
cada país la ley electoral organiza
en concreto la mecánica de las elecciones
y permite reglamentar en detalle todo lo
pertinente.
El
conjunto de votantes posibles con derecho
a voto forman el llamado Censo electoral
que se da a conocer al público en
listados.
Por
lo general, lo referente a las Elecciones
se rige por una Ley Orgánica del
Sufragio, emanada del Congreso (Asamblea
Nacional). Suele haber un Poder Electoral,
que lo ejerce el Consejo Nacional Electoral
como ente rector. Y como organismos subordinados
a él hay varias dependencias que
se debeian regir por los principios de independencia
orgánica, autonomía funcional
y presupuestaria, despartidización
de los organismos electorales, imparcialidad
y participación ciudadana, descentralización
de la administración electoral, transparencia
y celeridad del acto de votación
y escrutinios.
En
general, para el sistema electoral de un
país, es punto de máxima importancia
el modo de escrutinio que se adopte: por
listas, con representación proporcional
o por el sistema uninominal (por nombres
particulares y no por listas).
Comportamiento
electoral
Una rama importante de los estudios políticos
se dedica en cada país al comportamiento
que muestra el electorado a través
de varias elecciones. ¿Por qué
votan los que votan? ¿Por qué
no votan otros? ¿Por qué votan
por un partido y no por otro? ¿Por
qué se cambia de partido? ¿Cómo
se vende al público la imagen de
un candidato?
Ya
en 1944, Paul Lazarsfeld[1]
había publicado un primer estudio
sobre las elecciones presidenciales de 1940
en Estados Unidos –en el que analizaba
el comportamiento de los votantes. Su hipótesis
de claro corte sociológico era: “Una
persona piensa políticamente como
es ella socialmente. Las características
sociales son las que determinan las preferencias
políticas” (p. 27). En la siguiente
década, tres escuelas de investigación
inician una importante producción
sobre el tema. Está la tradición
de sociología política iniciada
en la Universidad de Columbia. Está
la tradición de psicología
política de la Universidad Michigan.
Y está la tradición de economía
política que comenzó a aplicar
conceptos de racionalidad y autointerés
al estudio del comportamiento ciudadano.
Hoy
en día, se da mucha importancia a
indagar sobre los factores que más
influyen sobre las decisiones del voto.
Se asume que el ciudadano acude a la urna
intencionado y ya instrumentalmente motivado.
Las posiciones sociales influyen; pero viene
aumentando cada día más el
peso que tienen para el voto los asuntos
concretos (por ejemplo, cómo el partido
de gobierno está manejando la economía,
la política exterior del país,
el medio ambiente, los problemas educativo,
habitacional y de salud..)[2].
Recogemos
los resultados generales de algunos estudios.
Como ya dijimos, depositar el voto es el
final de un largo procedimiento influenciado
por diferentes factores. Los psicológicos
influyen más que los sociales y ambientales,
a no ser en épocas de grandes crisis
nacionales o económicas [3]
De ordinario y por ahora, votan más
los hombres que las mujeres, los que tienen
más que los que tienen menos, los
que viven en ciudades que los del campo,
los de más edad que los jóvenes,
los casados que los solteros, los que están
más integrados al sistema que los
desempleados y marginados[4]
.
Asimismo -como observa Lipset- tienden a
votar más por la izquierda los que
están mal y no bien instalados, los
que buscan se les brinden más oportunidades,
los que quieren cambio, los de menor condición
laboral, educativa y social[5]
.
Advierte Campbell que -aunque de ordinario
la gente vota más por los que juzga
favorecen sus intereses de grupo (un 45%)
y son una minoría los que votan por
razones propiamente ideológicas (sólo
un 5%)- sin embargo el hombre de la calle
sí percibe la política global
de los partidos, a saber, si su racimo ideológico
es de izquierda o de derecha, de progresismo
o de conservadurismo (un 2.5% del electorado
en Estados Unidos)[6]
.
En las elecciones presidenciales se suele
votar mucho más por partidos y por
candidatos que por programas. Cuanto más
identificada esté una persona con
su partido, más compromiso psicológico
tiene con la política y, de ordinario,
votará por la línea del partido,
sin “vender” fácilmente
su voto. Esta tendencia sin embargo, se
rompió en Venezuela, al hacer presencia
en el escenario político el abultado
fenómeno popular del chavismo (‘polo
patriótico’) que tumbó
en 1998 a los partidos, tal como venían
funcionando desde hacía 40 años.
Los medios de comunicación hoy no
son determinantes, pero sí refuerzan
las otras tendencias, puesto que proporcionan
a los votantes una gran variedad de fuentes
de información y potencialmente una
perspectiva crítica de los actores
políticos en competencia (partidos,
sindicatos, empresas, líderes)[7]
.
El computador (ordenador)-con su inmensa
capacidad de almacenaje de datos, de recuperación
y procesamiento- está facilitando
una investigación en esta área,
que era inimaginable hace apenas 40 años.
Y el uso reciiente y casi masivo del internet
constituye hoy una foma efectiva de hacer
y de intervenir en política como
lo demostró la campaña electoral
de Barack Obama en Estados Unidos.
Ha surgido el concepto de “votante
racional”. Concepto que funciona como
un puente entre los psicólogos políticos
y las versiones “realistas”
de la elección racional[8]
-versiones que intentan predecir el comportamiento
real del voto, en lugar de centrarse exclusivamente
en las condiciones de equilibrio entre la
demanda y la oferta de paquetes de políticas.
Los votantes racionales son aproximadamente
racionales al querer adaptarse a una situación
acerca de la cual apenas están vagamente
informados. Estos “inversores públicos”
-en contraste con los inversores privados-
tienen menos incentivos para reunir costosamente
información y la recogen en forma
económica a través de amigos
y usando atajos informativos y de calculo[9].
Pudiera hoy preguntarse en cada país
si existe un electorado responsable y maduro,
como lo describe Key[10]
.
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