Elecciones
Logo Enrique Neira

 

 

     

Decía Abraham Lincoln que “Dios debe querer mucho al hombre común y ordinario, porque hizo muchos de ellos”. Y porque somos muchos, los ciudadanos comunes y corrientes, tenemos tanto peso políticamente desde que se adoptaron el sufragio universal y la democracia política. En un sistema democrático, las elecciones son el medio más importante que tiene el pueblo para poder participar en el proceso político, y poder decidir sobre la forma como la sociedad deberá ser representada políticamente. Con todos sus vacíos y limitaciones, la elección de los representantes del pueblo, por medio del sufragio, sigue siendo condición necesaria , aunque no suficiente, de toda democracia política. Una baja participación electoral es índice alarmante de democracia débil.

¿Qué son las elecciones?

En general se llama elección el método legítimo por medio del cual los miembros de una organización escogen a las personas que ocupan la posiciones de autoridad de dicha organización. En su acepción ordinaria, se entiende por elecciones : la coyuntura política y el método legítimo por el que se realiza la designación de representantes del pueblo para participar en el poder político del Estado.

 

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En su acepción técnica, habría que hablar de elecciones según las dos clases que hay de democracias: la directa y la indirecta o representativa. En la primera el pueblo escoge directamente las decisiones políticas; en la segunda, indirectamente por conducto de los delegatarios o diputados que elige para que lo representen en el poder ejecutivo y legislativo.


Función de las elecciones

Su función es política. En la competición de varias personalidades, partidos y grupos por el poder político, es el pueblo quien elige y decide cómo distribuye el poder. Lo hace por medio de las elecciones. Para ello se sigue un proceso que suele fijarse constitucionalmente, el llamado proceso electoral. La forma concreta como se hace el escrutinio suele ser una ley electoral emanada del legislativo, que es el llamado procedimiento o sistema electoral. Y los resultados de las elecciones reflejan lo que hoy se llama en ciencia política el comportamiento electoral de un pueblo. De estas tres cosas hablaremos.

De todos modos, la función esencial de las elecciones radica en el voto como hecho político, es decir, en la distribución del Poder político que hace el pueblo por medio de las elecciones.


El proceso electoral

Es un proceso complejo, cuyos elementos son los candidatos y los electores en una especie de “diálogo”. Por un lado, se esfuerzan los candidatos por ser elegidos; por otro, los electores le dan sus preferencias a un político (o a varios ) o a un partido (o partidos) en la repartición del poder político.

Es un proceso que tiene como momentos: la votación, el recuento de votos y la proclamación de los resultados. Es un proceso que en cada país adopta modalidades especiales de voto. La más corriente en las democracias occidentales es:

*Voto universal, que responde al lema: una persona, un voto, sin tener en cuenta la categoría de la persona que vota. No se adopta la modalidad del voto “cualificado”, según la cual una persona, en razón de su mayor edad o mayor nivel de estudios o por ser padre de familia, pudiera emitir voto doble o triple. Tampoco se adopta la modalidad del voto “restringido”, según la cual solamente algunos ciudadanos tendrían el derecho al voto (además de tener la edad requerida y no haber perdido sus derechos ciudadanos), vgr. solamente los que saben leer y escribir, los que pagan un mínimo de impuesto o tienen propiedad raíz, los que profesan cierta religión.

*Voto directo, que responde al lema: Elijo sin intermediario, de modo que el voto recae directamente sobre el candidato o la lista de candidatos y no sobre unos compromisarios de partido que después se reunirían para designar a los representantes definitivamente elegidos.

*Voto libre, que responde al lema: Elijo sin coacciones, de acuerdo con mi voluntad y mis propias preferencias. Sin embargo en la práctica se dan en todas partes muchos abusos: compra y venta de votos, coacción de patronos sobre sus trabajadores, presiones del gobierno sobre sus empleados, manipulación de los medios de comunicación, etc.

*Voto secreto, que responde al lema: Elijo sin fisgones, de modo que el contenido del voto que se señaló en el tarjetón no sea conocido por otros y ninguno pueda ser fichado por el voto que puso en la urna o en la máquina electrónica. Esto para ayudar a la libertad de votación y evitar las posibles coacciones.


Sistema electoral

Para cada país la ley electoral organiza en concreto la mecánica de las elecciones y permite reglamentar en detalle todo lo pertinente.

El conjunto de votantes posibles con derecho a voto forman el llamado Censo electoral que se da a conocer al público en listados.

Por lo general, lo referente a las Elecciones se rige por una Ley Orgánica del Sufragio, emanada del Congreso (Asamblea Nacional). Suele haber un Poder Electoral, que lo ejerce el Consejo Nacional Electoral como ente rector. Y como organismos subordinados a él hay varias dependencias que se debeian regir por los principios de independencia orgánica, autonomía funcional y presupuestaria, despartidización de los organismos electorales, imparcialidad y participación ciudadana, descentralización de la administración electoral, transparencia y celeridad del acto de votación y escrutinios.

En general, para el sistema electoral de un país, es punto de máxima importancia el modo de escrutinio que se adopte: por listas, con representación proporcional o por el sistema uninominal (por nombres particulares y no por listas).

Comportamiento electoral


Una rama importante de los estudios políticos se dedica en cada país al comportamiento que muestra el electorado a través de varias elecciones. ¿Por qué votan los que votan? ¿Por qué no votan otros? ¿Por qué votan por un partido y no por otro? ¿Por qué se cambia de partido? ¿Cómo se vende al público la imagen de un candidato?

Ya en 1944, Paul Lazarsfeld[1] había publicado un primer estudio sobre las elecciones presidenciales de 1940 en Estados Unidos –en el que analizaba el comportamiento de los votantes. Su hipótesis de claro corte sociológico era: “Una persona piensa políticamente como es ella socialmente. Las características sociales son las que determinan las preferencias políticas” (p. 27). En la siguiente década, tres escuelas de investigación inician una importante producción sobre el tema. Está la tradición de sociología política iniciada en la Universidad de Columbia. Está la tradición de psicología política de la Universidad Michigan. Y está la tradición de economía política que comenzó a aplicar conceptos de racionalidad y autointerés al estudio del comportamiento ciudadano.

Hoy en día, se da mucha importancia a indagar sobre los factores que más influyen sobre las decisiones del voto. Se asume que el ciudadano acude a la urna intencionado y ya instrumentalmente motivado. Las posiciones sociales influyen; pero viene aumentando cada día más el peso que tienen para el voto los asuntos concretos (por ejemplo, cómo el partido de gobierno está manejando la economía, la política exterior del país, el medio ambiente, los problemas educativo, habitacional y de salud..)[2].

Recogemos los resultados generales de algunos estudios. Como ya dijimos, depositar el voto es el final de un largo procedimiento influenciado por diferentes factores. Los psicológicos influyen más que los sociales y ambientales, a no ser en épocas de grandes crisis nacionales o económicas [3]

De ordinario y por ahora, votan más los hombres que las mujeres, los que tienen más que los que tienen menos, los que viven en ciudades que los del campo, los de más edad que los jóvenes, los casados que los solteros, los que están más integrados al sistema que los desempleados y marginados[4] .

Asimismo -como observa Lipset- tienden a votar más por la izquierda los que están mal y no bien instalados, los que buscan se les brinden más oportunidades, los que quieren cambio, los de menor condición laboral, educativa y social[5] .

Advierte Campbell que -aunque de ordinario la gente vota más por los que juzga favorecen sus intereses de grupo (un 45%) y son una minoría los que votan por razones propiamente ideológicas (sólo un 5%)- sin embargo el hombre de la calle sí percibe la política global de los partidos, a saber, si su racimo ideológico es de izquierda o de derecha, de progresismo o de conservadurismo (un 2.5% del electorado en Estados Unidos)[6] .

En las elecciones presidenciales se suele votar mucho más por partidos y por candidatos que por programas. Cuanto más identificada esté una persona con su partido, más compromiso psicológico tiene con la política y, de ordinario, votará por la línea del partido, sin “vender” fácilmente su voto. Esta tendencia sin embargo, se rompió en Venezuela, al hacer presencia en el escenario político el abultado fenómeno popular del chavismo (‘polo patriótico’) que tumbó en 1998 a los partidos, tal como venían funcionando desde hacía 40 años.

Los medios de comunicación hoy no son determinantes, pero sí refuerzan las otras tendencias, puesto que proporcionan a los votantes una gran variedad de fuentes de información y potencialmente una perspectiva crítica de los actores políticos en competencia (partidos, sindicatos, empresas, líderes)[7] .

El computador (ordenador)-con su inmensa capacidad de almacenaje de datos, de recuperación y procesamiento- está facilitando una investigación en esta área, que era inimaginable hace apenas 40 años. Y el uso reciiente y casi masivo del internet constituye hoy una foma efectiva de hacer y de intervenir en política como lo demostró la campaña electoral de Barack Obama en Estados Unidos.

Ha surgido el concepto de “votante racional”. Concepto que funciona como un puente entre los psicólogos políticos y las versiones “realistas” de la elección racional[8] -versiones que intentan predecir el comportamiento real del voto, en lugar de centrarse exclusivamente en las condiciones de equilibrio entre la demanda y la oferta de paquetes de políticas. Los votantes racionales son aproximadamente racionales al querer adaptarse a una situación acerca de la cual apenas están vagamente informados. Estos “inversores públicos” -en contraste con los inversores privados- tienen menos incentivos para reunir costosamente información y la recogen en forma económica a través de amigos y usando atajos informativos y de calculo[9].

Pudiera hoy preguntarse en cada país si existe un electorado responsable y maduro, como lo describe Key[10] .

 

[1] P. Lazarsfeld- B. Berelson y H. Gaudet (1944): The People’s Choice, New York, Columbian University Press.

[2] I. Budge-D. Farlie (1983): Explaining and Predicting Elections, Boston Allen and Unwin.

[3] A. Campbelll (1960): The American Voter, New York, p. 9-39.

[4] E. Lakeman-J.D. Lambert (1955): Voting in Democracies, London Faber.

[5] S.M. Lipset: The Psychology of Voting. Interesante obra resumida por el mismo autor en su artículo correspondiente en Handbook of Political Psychology (1963) San Francisco Jossey Bass. Traducción española 1980: Manual de Psicología Social, Madrid Paidós.

[6] A. Campbell et alii (1960): American Voter, New York Wiley, p.9-39.

[7] H. Semetko et alii (1991): The Formation of Campaign Agenda, Hillsdale Lawrence Erlbaum.

[8] A. Downs (1957): An Economic Theory of Democracy, New York Harper and Row.

[9] Franz Urban Pappi (2001): “Comportamiento político: votantes racionales y sistemas multipartidistas”, Nuevo Manual de Ciencia Política, T. I, p. 374- 399.

[10] V.O. Key (1966): The Responsible Electorate, New York.