¿Quién
y cómo ganó?
La victoria fue republicana; pero cuenta
mucho en ella la familia ( dinastía
o nuevo clan Bush), y especialmente el
desempeño personal de George W.,
hábil y acertadamente conducido
por su estratega Karl Rove. Los republicanos
se movieron y planearon bien la estrategia
centrada en su líder, mientras
los demócratas se confiaron y tuvieron
vacío de liderazgo. A George W.
Bush no le gusta viajar y rehuye particularmente
los 'speeches' de campaña. Pero
esta vez, montó una 'blitzkrieg'
y se empeñó a fondo, recorriendo
en cuatro días medio país,
visitando 20 Estados y recogiendo millones
para la campaña de sus candidatos,
ligando su propia suerte a la de ellos.
Como buen texano puso todo su prestigio
en el asador. Bien lo resume el comentarista
Matthew Cooper: "George W. Bush levantó
dinero como Bill Clinton, nacionalizó
la elección alrededor de su agenda
como Newt Gingrich, y puso todo ello en
la mesa como un buen jugador de las Vegas".
Al enfatizar la seguridad nacional en
la actual coyuntura de terrorismo internacional,
logró que la opinión pública
no diera tanta importancia a sus dos años
de desaceleración económica
y a los graves escándalos de corporaciones
financieras que han ocurrido. Y prudentemente
puso sordina a su propuesta inicial (poco
popular) de cierta privatización
de los Seguros Sociales. Los demócratas,
en cambio, no forzaron suficientemente
el argumento de la situación económica,
cuando todos los electores saben que se
ha deteriorado desde Clinton. No pelearon
lo suficiente para quitar a los republicanos
alguna siquiera de las 5 curules en el
senado que estaban en cabeza de ellos
y se disputaban ahora. Y se confiaron
mucho en el tradicional apoyo de los hispanos,
mientras la campaña de Jeb Bush,
en la Florida, llegó no sólo
a los ultras cubanos sino también
a sectores que comienzan a ser influyentes
como los colombianos, centroamericanos
y portorriqueños.
Por lo demás, falló el liderazgo
que debía conducir con inteligencia
y dinamismo a los electores demócratas
desde Washington. Por ello, la primera
cabeza que rodó fue la de Mr. Daschle.
El Partido Demócrata sigue controlando
cuatro de los ocho Estados más
grandes, como son California, Illinois,
Pensilvania y Michigan. Pero hay quienes
se preguntan si, ante la debacle actual,
no debería el Partido definirse
mejor en oposición al GOP y girar
un poco más hacia la izquierda,
quizás presentándose más
populista.
Implicaciones
del triunfo
Tras estas elecciones, queda claro que
el pueblo norteamericano apoya la línea
de gobierno de Bush jr. y su actitud firme
frente a eventuales amenazas contra la
seguridad nacional de EUA. Como lo ha
dicho Robert Novak -del Washington Post
y analista político de CNN-, "los
estadounidenses hicieron sentir su voz
y dijeron que la seguridad y la defensa
nacional son la prioridad; respaldan al
presidente cuando pone este tema en primera
lìnea, aunque ello implique sacrificios
en otras áreas". Le han dado
luz verde para actuar contra el terrorismo
internacional, la amenaza de Saddam Hussein
y el rearme nuclear de Corea del Norte.
Me parece podría comenzar a hablarse
de una nueva era republicana, como la
de Ronald Reagan (que abarcó desde
1980 hasta 1992). Caracterizada por una
aparente buena economía y paz internacional,
a pesar de la retórica guerrerista
y considerable aumento de los gastos militares.
Todo ello bien sustentado en el famoso
slogan: "la paz sólo es posible
desde una posición de fuerza".
Estados Unidos no puede permitirse en
su accionar una timidez suicida frente
a poderosos adversarios que le pierdan
el respeto.
Para Carlos Romero, "Clinton durante
ocho largos años (1992-2000) desmanteló
la resolución político-psicológica
y la capacidad de respuesta militar de
Estados Unidos". Como sugiere el
mismo analista, dada la naturaleza del
actual desafío y la necesidad de
una decisión para prevalecer a
toda costa, la conducción de EUA
requiere claridad de miras, firmeza de
propósitos y capacidad operacional
de la respuesta. Todo ello lo está
ofreciendo Bush jr., haciendo que el republicanismo
tome nuevo impulso para más allá
del 2004. Se corren, sin embargo, los
graves riesgos y posibles errores cuando
se gobierna con holgada mayoría,
sin tantos controles y menor 'accountability'.
Y para nuestros pueblos, al sur de Río
Grande, el horizonte no se presenta favorable,
pues la experiencia ha mostrado que en
un mapamundi de acuerdo con la administración
republicana -Africa muriéndose
de hambre y América Latina con
nuestros angustiosos problemas-, sencillamente
no existimos.
11
noviembre 2002