¡Moñona de Bush!
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En las elecciones del pasado martes 4 de noviembre en Estados Unidos, ha sucedido algo parecido a lo que en nuestra jerga deportiva expresamos cuando alguien hace 'moñona', tumbando todos los boliches con un sólo tiro de bola, pero certero y firme, o cuando un beisbolista mete carrera, con las bases llenas en un noveno inning, gracias a un formidable 'batazo'. George W. Bush ha roto todos los pronósticos y hecho historia en la tradición norteamericana de las elecciones a mitad de período presidencial.

Desde la época de Lincoln, el partido del Presidente siempre perdía estas elecciones. Hubo dos excepciones y ambas de presidentes demócratas: Franklin Delano Roosevelt y Bill Clinton. Los resultados de las urnas son una prueba contable (a pesar de un 63% de abstención del electorado) del amplio apoyo y popularidad con que cuenta el presidente de EUA. Le garantizan a Bush, para cumplir con su agenda, el control de las dos cámaras del Congreso (52 senadores sobre un total de 100 y 227 diputados en la Cámara baja sobre un total de 435). Aumentó además el número de gobernadores republicanos, ganando 20 de los 36 que estaban en juego. Y recibe un espaldarazo de la opinión pública de su país en la firme conducción de la política externa, coincidente con la perentoria Resolución frente a Iraq, que el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de aprobar por unanimidad (con el voto también de Siria, Rusia, Francia que se mostraban renuentes).

 

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¿Quién y cómo ganó?

La victoria fue republicana; pero cuenta mucho en ella la familia ( dinastía o nuevo clan Bush), y especialmente el desempeño personal de George W., hábil y acertadamente conducido por su estratega Karl Rove. Los republicanos se movieron y planearon bien la estrategia centrada en su líder, mientras los demócratas se confiaron y tuvieron vacío de liderazgo. A George W. Bush no le gusta viajar y rehuye particularmente los 'speeches' de campaña. Pero esta vez, montó una 'blitzkrieg' y se empeñó a fondo, recorriendo en cuatro días medio país, visitando 20 Estados y recogiendo millones para la campaña de sus candidatos, ligando su propia suerte a la de ellos. Como buen texano puso todo su prestigio en el asador. Bien lo resume el comentarista Matthew Cooper: "George W. Bush levantó dinero como Bill Clinton, nacionalizó la elección alrededor de su agenda como Newt Gingrich, y puso todo ello en la mesa como un buen jugador de las Vegas". Al enfatizar la seguridad nacional en la actual coyuntura de terrorismo internacional, logró que la opinión pública no diera tanta importancia a sus dos años de desaceleración económica y a los graves escándalos de corporaciones financieras que han ocurrido. Y prudentemente puso sordina a su propuesta inicial (poco popular) de cierta privatización de los Seguros Sociales. Los demócratas, en cambio, no forzaron suficientemente el argumento de la situación económica, cuando todos los electores saben que se ha deteriorado desde Clinton. No pelearon lo suficiente para quitar a los republicanos alguna siquiera de las 5 curules en el senado que estaban en cabeza de ellos y se disputaban ahora. Y se confiaron mucho en el tradicional apoyo de los hispanos, mientras la campaña de Jeb Bush, en la Florida, llegó no sólo a los ultras cubanos sino también a sectores que comienzan a ser influyentes como los colombianos, centroamericanos y portorriqueños.

Por lo demás, falló el liderazgo que debía conducir con inteligencia y dinamismo a los electores demócratas desde Washington. Por ello, la primera cabeza que rodó fue la de Mr. Daschle. El Partido Demócrata sigue controlando cuatro de los ocho Estados más grandes, como son California, Illinois, Pensilvania y Michigan. Pero hay quienes se preguntan si, ante la debacle actual, no debería el Partido definirse mejor en oposición al GOP y girar un poco más hacia la izquierda, quizás presentándose más populista.

Implicaciones del triunfo

Tras estas elecciones, queda claro que el pueblo norteamericano apoya la línea de gobierno de Bush jr. y su actitud firme frente a eventuales amenazas contra la seguridad nacional de EUA. Como lo ha dicho Robert Novak -del Washington Post y analista político de CNN-, "los estadounidenses hicieron sentir su voz y dijeron que la seguridad y la defensa nacional son la prioridad; respaldan al presidente cuando pone este tema en primera lìnea, aunque ello implique sacrificios en otras áreas". Le han dado luz verde para actuar contra el terrorismo internacional, la amenaza de Saddam Hussein y el rearme nuclear de Corea del Norte. Me parece podría comenzar a hablarse de una nueva era republicana, como la de Ronald Reagan (que abarcó desde 1980 hasta 1992). Caracterizada por una aparente buena economía y paz internacional, a pesar de la retórica guerrerista y considerable aumento de los gastos militares. Todo ello bien sustentado en el famoso slogan: "la paz sólo es posible desde una posición de fuerza". Estados Unidos no puede permitirse en su accionar una timidez suicida frente a poderosos adversarios que le pierdan el respeto.

Para Carlos Romero, "Clinton durante ocho largos años (1992-2000) desmanteló la resolución político-psicológica y la capacidad de respuesta militar de Estados Unidos". Como sugiere el mismo analista, dada la naturaleza del actual desafío y la necesidad de una decisión para prevalecer a toda costa, la conducción de EUA requiere claridad de miras, firmeza de propósitos y capacidad operacional de la respuesta. Todo ello lo está ofreciendo Bush jr., haciendo que el republicanismo tome nuevo impulso para más allá del 2004. Se corren, sin embargo, los graves riesgos y posibles errores cuando se gobierna con holgada mayoría, sin tantos controles y menor 'accountability'. Y para nuestros pueblos, al sur de Río Grande, el horizonte no se presenta favorable, pues la experiencia ha mostrado que en un mapamundi de acuerdo con la administración republicana -Africa muriéndose de hambre y América Latina con nuestros angustiosos problemas-, sencillamente no existimos.

11 noviembre 2002