Un liderazgo de servicio a la
manera de Powell
Oren Harare, profesor de administración
en la Universidad de San Francisco, tiene
un interesante libro de 16 capítulos en
los que recoge hechos y palabras de Powell
que configuran lo que pueden llamarse
sus “secretos para el liderazgo”
(McGraw-Hill 2003). Recuerda que en cierta
ocasión el Gral. Powell le facilitó una
fotocopia de una hoja escrita a máquina
con el título “The Powell Way” (A la manera
de Powell,), que contenía las circunstancias
favorables y los atributos personales
que persuaden a la gente a aceptar al
líder. Textualmente consigna: “Usted
es un buen líder cuando las personas no
lo siguen sólo por curiosidad, sino porque
confían en usted. La confianza se basa
en que crean en usted. Ello implica: competencia/
carácter/ coraje/ lealtad/ serenidad/
desinterés/ sacrificio/ y empatía”.
Hay
un principio del liderazgo eficaz y es
que los líderes son nada sin seguidores.
Y por ello, “el mejor líder
es el líder que sirve”.
Si usted trabaja duro por su gente, la
hace más fuerte y más competente,
y eso se revierte para usted. Y el factor
confianza es esencial para que usted tenga
influencia y credibilidad. “¿Por
qué seguiría a alguien al
otro lado de la esquina?, pregunta Powell.
¿O por qué, siguiendo a
alguien, subiría a una colina o
entraría a un cuarto oscuro? La
razón es la confianza”.
Pero, ¿cómo se construye
la confianza? La respuesta es sencilla:
demuestre los atributos esenciales y los
rasgos personales que probablemente le
ayudarán a ganarse la confianza
de la gente. ¿Cuáles? 1.
Competencia, que incluye habilidades,
experiencia y algo más. 2. Carácter,
que implica defender algo: un valor, un
ideal, una causa, una misión. 3.
Coraje, que tiene que ver con la voluntad
de cumplir con el deber. 4. Lealtad, que
es una señal que apunta en tres
direcciones: hacia arriba, los superiores,
hacia abajo, los súbditos, hacia
los lados, los iguales. 5. Desinterés,
sacrificio compartido y empatía.
“Si las tropas tienen frío,
usted tiene frío. Pero asegúrese
de no mostrar que tiene frío ni
de actuar con frialdad”.
Las personas por sobre los planes
“La organización sola
no logra nada. Los planes tampoco logran
nada. Las teorías de administración
no son muy importantes. Las empresas tienen
éxito o fracasan gracias a las
personas involucradas”. Son
las personas las que hacen que las victorias
sean posibles. Un oficial del ejército
precisó bien lo que definió
la Guerra del Golfo Pérsico: “La
tecnología no ganó esta
guerra. Lo hicieron las personas altamente
entrenadas y motivadas, que además
estaban bien lideradas”. Al
tratar de obtener lo máximo de
las personas bajo su mando, Powell enfatiza
dos premisas: las personas son competentes
y cualquier tarea es importante. “Si
me dan a las personas adecuadas no me
importará mucho qué organización
me asignen. Siempre sucederán cosas
buenas. Si me dan a las personas equivocadas
no importará lo que hagan con la
organización, siempre sucederán
cosas malas”. Powell recomienda
mucho reclutar a las “mejores personas”,
ubicarlas bien y estimular su ascenso.
“Busque inteligencia y juicio, pero
ante todo capacidad para anticipar, para
prever qué habrá al volver
la esquina. También busque lealtad,
integridad, mucha energía, un ego
balanceado y el empuje para hacer las
cosas”. “Contrate personas
que sean mejores que usted. Ése
es el secreto de un buen liderazgo”.
El
poder multiplicador del optimismo
El
optimismo es un ingrediente necesario
del liderazgo. “Nunca permita que
el entusiasmo decaiga”. Ya lo decía
Winston Churchill: “el éxito se mide
por nuestra habilidad para mantener el
entusiasmo a pesar de los fracasos”.
El optimismo perpetuo es un multiplicador
de fuerza. Powell, recién designado Secretario
de Estado le expresó a un entrevistador
de la India: “Soy una persona muy optimista
respecto al mundo en el que vivimos. Aún
tenemos nuestros Iraks, nuestros Iranes
y nuestras Libias. Pero ninguno alcanza
el nivel de la Guerra Fría. Ninguno amenaza
nuestras vidas”. El mismo Powell ideó
tres frases llenas de optimismo, las cuales
suele tener debajo del vidrio de su escritorio.
Si su espíritu comienza a flaquear, les
echa un rápido vistazo: “*No es tan
malo como piensas. Las cosas se verán
mejor mañana temprano. * Eso se puede
hacer. * No pidas consejos sobre tus temores
o tus ideas negativas”.
29
marzo 2004