Natan
Sharansky
Es el autor del libro mencionado. Es más
que un simple político, más que un escritor,
y más que un teórico de la democracia.
Su voz, clara y acerada a favor de la
democracia, es la de un hombre, a la vez
testigo y protagonista en carne propia
de una lucha dispareja que unos pocos
espíritus libres se atrevieron a librar
contra el Leviatán soviético, que parecía
invencible. Nació en Danesk, Ukrania,
de familia judía, el 20 enero 1948. Fue
un notable disidente soviético, es actual
político israelí y autor de dos famosas
obras. Se graduó en Matemáticas Aplicadas
en el Instituto Técnico de Moscú. En 1973
trabajó como intérprete inglés para el
famoso físico y disidente Andrés Sajarov;
se volvió activista de derechos humanos
y uno de los fundadores del movimiento
judío Refusenik. En julio 1978 fue condenado
por supuestos cargos de “traición” y “espionaje
a favor de USA”, y sufrió por 9 años el
Gulag siberiano. Intercambiado en 1986
por un espía soviético, emigró a Israel
donde adoptó su actual nombre hebreo Natan
(Anatoly). En 1988 fue elegido presidente
del Foro Sionista y al año siguiente fue
distinguido por el Presidente Reagan con
la Medalla de la Libertad. En 1995 fundó
el partido político “Israel para aliyah
(ascenso)”, que obtuvo 7 escaños en el
Knesset (parlamento) de 1996. Desde 2003
es miembro del actual Gabinete de Sharon,
encargado de los asuntos de la Diáspora
judía, Jerusalem y la lucha contra el
Nuevo antisemitismo.
Sus
dos libros principales son: “Fear
No Evil. The Classic Memoir of One Man's
Triumph over a Police State”, 1998
(No temerle al Mal. Remembranza del Triunfo
de un sólo hombre sobre una Política de
Estado), una especie de autobiografía;
y “The Case for Democracy. The Power
of Freedom to Overcome Tyranny and Terror”,
2004 (en asocio con Ron Dermer) . El libro
es una apología de la democracia hecha
por quien ha vivido en primera persona
la persecución por un régimen opresor
y la batalla por la libertad, y que ha
visto al fin triunfar sus propios ideales
allí donde los enemigos parecían invencibles.
Su
mensaje
Sharansky afirma que la libertad es esencial
para la seguridad y la prosperidad, y
que todo pueblo y nación tienen derecho
a vivir libres en una sociedad democrática.
Sostiene que los derechos humanos, la
seguridad y la estabilidad pueden garantizarse
solamente si se libra al pueblo de sus
opresores y se le ayuda a convertirse
en una sociedad libre donde cada uno tenga
libertad de expresar su opinión. En consecuencia,
concluye, el mundo libre debe insistir
en promover la democracia para los pueblos
oprimidos en lugar de apaciguar a las
dictaduras y hacer negocios con los regímenes
tiranos. Confiesa en una entrevista, que
su libro “ilustra por qué la democracia
fue tan crucial para la estabilidad internacional
y la seguridad, y por qué dicho nexo ha
sido tan exitoso durante la Guerra Fría
y por qué el mundo libre ha traicionado
sus principios democráticos en Oslo. Con
base en él, esbocé mi plan para ayudar
a los Palestinos a construir una sociedad
libre y ayudar a los Israelíes y Palestinos
a forjar una paz duradera”.
Detallando
un poco más, el hilo conductor de sus
tesis es que la victoria de ayer puede,
y debe, ser el empeño de hoy, en cualquier
parte del mundo, en cualquier lugar donde
la dictadura y el totalitarismo tengan
prisioneros a los hombres en “sociedades
del pavor”. La promoción de la democracia
es la única garantía para la seguridad,
el bienestar y el progreso de la humanidad.
El desorden y la guerra son hijos de la
dictadura, cuya derrota es el presupuesto
para la creación de un mundo de dignidad.
No hay diferencia entre los pueblos respecto
a esto: se equivoca quien piense que la
democracia tenga límites geográficos y
culturales. La aparente adhesión –y a
veces aun entusiasmo- de los ciudadanos
de las sociedades cerradas por regímenes
autoritarios no son síntomas de rechazo
a la libertad; son, sencillamente, expresión
del terror, de la coerción, del silencio
doloroso.
En
el libro, las sociedades no-democráticas
son observadas con microscopìo para descubrir
los mecanismos de tiranía que las sostienen.
Suelen ellas utilizar estrategias para
infundir temor a la sociedad y tácticas
de intimidación. “Nondemocracy necessarily
equals fear” (la no democracia suele ir
paralela con el temor que se infunde).
Los líderes en las democracias se apoyan
en la voluntad popular; y por ello, tratan
de ganar los favores populares con actos
de buen gobierno, conducentes a un mejor
nivel de vida y progreso para los gobernados.
En las dictaduras, con una mala administración
pública, suele ocurrir lo contrario. Se
ven impulsadas a intimidar, a imponer
el terror, a crear peligros exteriores
para distraer la atención de los problemas
interiores y movilizar hacia allá las
masas en una política de supervivencia
de su poder en riesgo.
La
paz no puede basarse en la “estabilidad”
a toda costa. El tratar de apaciguar a
una dictadura (appeassement) es una ilusión
que ya ha sido pagada con precio elevado.
La única paz realmente duradera es la
que se afinca en la democracia, y sólo
la promoción de la democracia puede ampliar
los horizontes de la paz. Esta es la lección
que la historia ha enseñado, y éste debe
ser objetivo de toda nación verdaderamente
democrática.
14
marzo 2005