Discurso
inaugural de Obama
Las
cosas no se presentan fáciles para
el nuevo presidente. El tiene conciencia
de todo ello, pero abunda en confianza
contagiosa. El discurso sobrio, sincero,
bien calculado del pasado 24 de febrero,
en sesión plenaria del Congreso
(Senado y Cámara de Representantes),
en el que presentó su primer presupueso
federal, tiene todas las características
de ser un discurso inaugural.
Enfrenta
con realismo la grave situación
de los bancos y el déficit fiscal
federal récord con que recibe su
mandato (que para este año es de
1.750 billones de $ dólares, equivalente
al 12% del PIB). No minimiza ni disimula
los inmensos desafíos tanto de
política interior como exterior.
Destaca su plan de estímulo económico
y sus propuestas regulatorias para los
sectores inmobiliario y financiero, para
luego abordar la reforma del sistema de
salud, la independencia energética,
el calentamiento global y la modernización
del sistema educacional. Graves asuntos
de política exterior como Pakistán,
Afganistán, Irán, Corea
del Norte, conflicto Israel-Palestina,
Rusia...están sobre su tablero
de ajedrez.
Da
señales expresas de que las grandes
decisiones sobre asuntos cruciales se
tomarán cuanto antes (dejando pendientes
detalles ulteriores de carpintería)
y que enfrentará esas decisiones
con prudencia y valentía. Deja
la impresión de ser un gobernante
que se crece con las enormes tareas que
tiene por delante.
Moraleja
"En tiempo de crisis, no podemos
caer en la tentación de gobernar
sin coraje o cediendo a fáciles
políticas del momento" (B.
Obama).