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El
famoso soliloquio de Hamlet, sopesando
con una mano la fatídica calavera,
("to be or not to be: that's the
question"), 'Ser o no ser, ahí
está el asunto' se repite ahora
en boca del todopoderoso Presidente de
los Estados Unidos de América.
Tras un año del terrible atentado
terrorista que conmovió en sus
cimientos al Imperio, y a pesar de haber
arrasado en Afganistán todo vestigio
del régimen talibán, EU
no acaba de sentirse seguro. Bin Laden
sobrevive como una amenaza ubícua,
que apunta a objetivos sensibles norteamericanos.
Y el genio maléfico de Saddam Hussein,
que tanto aterra a EU, emerge -de nuevo-
en Bagdad como escapado de la lámpara
maravillosa.
Estados
Unidos un año después
Es
gigantesco e interesante el material editado
a través de todos los medios mundiales
(visuales, hablados y escritos) con ocasión
del pasado 11 de setiembre. Fue un año
de duelo y pena comunitaria en el que
primaron los sentimientos de asombro,
consternación, impotencia y furia. Nueva
York sigue normalizándose y va restañando
sus ruinas, también sus heridas. Y Estados
Unidos trata de superar en democracia
lo que fue el golpe humillante que propinaron
sus enemigos a los grandes símbolos de
su poder. Ya nada será igual en Estados
Unidos. Como nación vive en un clima de
desasosiego, afectada por pesadillas y
por un síndrome de inseguridad. El discurso
político de la Administración Bush exalta
la grandeza heróica estadounidense, pero
contrastada con una mezcla apocalíptica
de destino (manifiesto) casi fatal. En
su 'speech' en la Ellis Island -teniendo
como fondo, bañada de luz, la Estatua
de la Libertad, que ha sido pórtico de
entrada para tantos inmigrantes de todo
el mundo-, Bush volvió a relievar las
virtudes del espíritu 'americano', con
miras a seguir movilizándolo en la batalla
mundial que lidera contra "el Mal". Y
al día siguiente, ante la Asamblea de
las Naciones Unidas, Bush no dejó lugar
a dudas que "el eje del Mal" pasa actualmente
por Irak (véase nuestro comentario "El
Eje del Mal como problemática internacional",
8 abril 2002). El cataclismo de las Torres
Gemelas - no natural sino intencionado
y ejecutado por voluntades humanas-, ha
puesto a reflexionar a los norteamericanos
sobre quiénes son y en qué creen, y su
papel en el mundo.
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Análisis
& Opinión
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La
amenaza Irak
Como Milosevic de Yugoslavia, Saddam Hussein
tiene a sus espaldas un nada envidiable
historial de violencia y belicismo. En
sus 30 años como gran "Master" de los
masters (señor de los señores de la guerra)
se enfrascó en un fuerte conflicto con
su vecino Irán (también de mayoría musulmana,
pero shiita); exterminó 100.000 kurdos
(en su frontera norte); invadió a Kuwait
en 1990 con intenciones de adueñarse también
del petróleo de Arabia Saudita. Una alianza
internacional, con el visto bueno de la
ONU, desató la Guerra del Golfo (enero-febrero
de 1991), que liberó a Kuwait e infligió
grave derrota a Irak. Inexplicablemente
se le perdonó la vida y el poder presidencial
a Saddam (decisión en la que pesó la opinión
del Gral. Collin Powell, entonces comandante
en jefe del gobierno de Bush, senior y
hoy secretario de Bush, junior). En los
términos del cese al fuego, Saddam se
comprometió a desmantelar su enorme arsenal
de armas químicas y biológicas, y abortar
el proyecto ya iniciado de armas nucleares.
Aceptó que un equipo de inspectores de
la ONU monitorearan la supresión de tales
armas. Pero Saddam con astucia y habilidad
diplomàtica, hizo inviable e intolerable
la tarea de los supervisores, quienes
abandonaron Irak en 1998. "Para Saddam
-ha escrito Johanna McGeary en un ´special
report´ de Time- la Guerra del Golfo no
fue una derrota sino una victoria: aunque
él fue sacado de Kuwait, él permaneció
en el poder. Desde entonces, ha superado
las estrictas sanciones económicas y ha
evadido las inspecciones de las Naciones
Unidas destinadas a eliminar sus armas
de destrucción masiva. Hoy Irak ha emergido
significativamente de su aislamiento".
Estados Unidos y su fiel aliada Gran Bretaña
tienen motivos -y aseguran tener pruebas
irrebatibles- de que Irak ha reconstruido
su poder letal, que le permitiría -en
un momento dado- chantajear efectivamente
a Israel, a Europa y a Estados Unidos.
La
respuesta de la Administración
Bush
Desde que asumió la Presidencia, Bush
hijo declaró que quería concluir la acción
nebulizadora del maléfico genio de Bagdad,
que había iniciado su padre en 1991. Así
lo expresó como candidato el 23 setiembre
y el 2 diciembre de 1999, y en el debate
con Gore del 11 octubre 2000. Su primera
acción militar fue bombardear Irak el
16 febrero 2001. Y dentro de la lógica
implacable de la guerra global contra
el terrorismo, le sobran hoy argumentos
para una acción PREVENTIVA (punitiva)
contra el potencial amenazador de Saddam.
Aunque no comprobada, es muy verosimil
la ayuda mutua Al Qaeda-Saddam. "Lo que
sabemos es que allá fuera existe una red
buscando estas cosas, y Saddam pasó todo
este tiempo armándolas. Seríamos idiotas
si no creyéramos que en cierto punto los
dos podrán encontrarse". Y ha montado
una novedosa doctrina del derecho de prevención
(por cierto inexistente en el derecho
internacional), que puede formularse como
"el derecho a atacar antes que el otro
ataque" y que responde al sabio consejo
sanitario de "mejor prevenir que curar".
Conclusión
Nos
alegramos de que los reflejos rápidos
de sobrevivencia (que suelen caracterizar
a los dictadores exitosos), hayan abortado
la posible acción preventiva de EU contra
Saddam, al aceptar éste, sin condiciones,
el reinicio de las tareas de supervisión
de la ONU en territorio iraquí. Puede
ser una simple táctica dilatoria para
ganar tiempo. EU y Gran Bretaña han advertido
a las Naciones Unidas que no se dejen
engañar y que se debe seguir siendo escépticos
y alertas. Pero, por ahora, se ha detenido
la amenaza del Imperio de abrir un nuevo
frente de confrontación internacional.
Como bien ha dicho el editorialista del
New York Times, "ésta puede ser una salida
para la resolución pacífica de la crisis
y, por ello, debe ser puesta a prueba".
23
septiembre 2002
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