| Ni
democracia liberal ni dictadura del proletariado
Frente al doble reto en América Latina
del sub-desarrollo y de la amenaza comunista
internacional, entre los años 60
y 80, una ideología militarista de
Seguridad Nacional propugnó un camino
intermedio, más autoritario y eficiente
que el de la desacreditada democracia liberal,
y menos totalitario e inhumano que el de
la dictadura del proletariado. Tomó
inspiración de tres experiencias
externas a nuestro continente, a las que
añadió un ingrediente típicamente
latinoamericano:
1) Influyó la doctrina norteamericana
de la Seguridad Nacional, según
la cual, frente al comunismo internacional
hay que tomar medidas de seguridad no sólo
externa (contra posible agresión),
sino también interna (contra la penetración
económica, social, psicológica
y política). La Escuela Nacional
de Guerra, creada en los EUA en 1946, influyó
en Escuelas semejantes de varios de nuestros
países.
2) Influyó la así llamada
geopolítica alemana, según
la cual, tanto el espacio vital (geográfico)
como el espacio ideológico (político
y cultural), son decisivos para la supervivencia
de una Nación. Este pensamiento tuvo
su aplicación desenfrenada en la
ideología del nacional-socialismo
alemán.
3) Influyó también la doctrina
francesa de la contra-subversión.
La amarga experiencia de Francia en la guerra
de guerrillas, primero en Indochina (Vietnam)
y luégo en Argelia, mostró
claramente que a los enemigos externos-internos
hay que combatirlos no sólo en el
frente militar, sino también en el
frente político, económico
y psico-social.
4) El ingrediente latinoamericano
fue resultado de nuestra típica situación
de subdesarrollo. En nuestros países,
la lucha contra la subversión interna
y contra la penetración del comunismo
internacional no tiene éxito si no
se suprime el caldo de cultivo que las alimenta,
a saber: la pobreza, la desigualdad, la
injusticia social. No puede haber seguridad
nacional sin desarrollo; ni desarrollo sin
seguridad y orden. En nuestros países
seguridad y desarrollo van de la mano !
Una ideología con soles de
general
Citamos algunos de los elementos que dieron
la base ideológica a este modelo
político militar que se impuso en
Brasil y otros países del Cono Sur
(Argentina, Uruguay, Chile).
* El núcleo central de la doctrina
es la tripleta Nación - Seguridad-
Desarrollo, que debería unificar
a la Nación por encima de las contradicciones
sociales existentes.
* Se afirma una concepción totalizante
de la sociedad. La defensa de una Nación
no depende exclusivamente del presupuesto
militar, de la cantidad de tropa y armas,
sino de su potencial económico, de
sus valores e ideología, y de la
solidez de sus estructuras políticas
y sociales.
* Es importante la fijación de los
objetivos nacionales o "intereses
de la patria", que una clase dirigente
debe insuflar al conjunto pueblo-masa.
* Para la obtención de dichos objetivos
nacionales se considera que están
ya fracasados y superados los instrumentos
tradicionales de la democracia liberal,
a saber, el régimen parlamentario
y los partidos políticos. En adelante,
los instrumentos son: un régimen
fuertemente autoritario y una burocracia
eficazmente centralizada al servicio
del Estado. Son, en consecuencia, eliminados
los partidos políticos, los grupos
de presión y los mecanismos sindicales.
Nada de eso sirve para la seguridad nacional
y el modelo de desarrollo económico.
* Surge una nueva articulación de
las fuerzas sociales. Un grupo funcional
(militares+ burócratas+ tecnócratas)
es el que tiene a su cargo halar e impulsar
el modelo hacia los objetivos nacionales.
* En todo este modelo, los militares
tienen un papel nuevo y preponderante, para
el correcto funcionamiento tanto del gobierno
como del aparato burocrático del
Estado. Más aún, surge como
nueva instancia de decisión política,
un cuarto Poder, por sobre el poder Ejecutivo,
el Legislativo y el Judicial. Es el llamado
Consejo de Seguridad Nacional, integrado
por los Comandantes de las varias ramas
de las Fuerzas Armadas y Policiales. Por
eso afirmamos que es una ideología
distinguida con soles de general.
3. Ambivalencia de estas dictaduras
Cuando los militares intervienen en la vida
política de países subdesarrollados
-como ha sido el caso en algunos países
de América Latina- lo suelen hacer
por diferentes motivos y circunstancias.
-Como garantes de la integridad y unidad
nacional: frente a procesos de dislocación
nacional, de deterioro grave del sistema
político, de divisiones regionales
o sociales inmanejables, de posible pérdida
de la soberanía por la penetración
del comunismo internacional, las Fuerzas
Armadas han surgido ante los ojos de la
población como el símbolo
de la unidad nacional y los defensores de
la Nación.
-Como instrumentos de modernización
política: frente a la ineficacia
de regímenes políticos corruptos
para atender al orden y progreso de la nación,
frente a la incapacidad de los dirigentes
civiles para resolver los problemas económicos
y sociales, las FF.AA. -con frecuencia el
único cuerpo racionalmente organizado
y resueltamente moderno de la sociedad-
han entrado en escena como gestores de un
proceso de modernización.
Esto ha dado lugar en América Latina
a una ambivalencia del “cesarismo”,
ha generado dos modelos de dictadura militar:
1)
Regímenes cesaristas de corte
conservador
En
algunos casos, las FF.AA. han intervenido
para eliminar gobiernos que se antojaban
demasiado débiles ante amenazas de
movimientos populares o del comunismo internacional,
y aparecieron bastante ligadas a grupos
sociales dominantes y muy preocupadas por
preservar el status quo.
Podrían señalarse los casos
en los que los militares derrocan en Argentina
al presidente Frondizi (1962), en Perú
al presidente Prado (1962), en Guatemala
al presidente Fuentes (1963), en Ecuador
al presidente Arosemena (1963), en República
Dominicana al presidente Bosch (1963),
en Honduras al presidente Villeda Morales
(1963), en Brasil al presidente Goulart
(1964), en Bolivia al presidente Paz Entensoro
(1964), en Argentina de nuevo al presidente
Illía (1966). Esta fue una primera
racha en A.L. entre los años 62
y 66. Una segunda racha se da en países
como Chile, cuando Pinochet derroca a
Salvador Allende para instaurar un régimen
militar que dura desde 1973 hasta 1990,
y en Uruguay los militares gobiernan desde
1973 hasta 1984 cuando se elige como presidente
a Julio Ma. Sanguinetti.
2) Regímenes cesaristas de corte
progresista
En otros casos encontramos en AL. dictaduras
militares que se profesan "revolucionarias"
y encarnan un ”cesarismo radical”,
que tiene en común el intentar frenar
la penetración económica extranjera,
una menor alineación internacional
con EUA y el intento de llevar a cabo ciertas
reformas sociales populares. Tres países
sirven de ejemplo: Perú con el régimen
militar de Velasco Alvarado (1968-1975),
Panamá con los gobiernos de Guardia
Nacional de Torrijos y Noriega (1968-1990)
y Bolivia con gobiernos reformistas militares
como los de Obando y Torres (1969-1971).
Valoración
Para juzgar del papel preponderante que
asumen los militares en el gobierno, hay
que saber distinguir sus varias formas.
Las dos primeras se pueden juzgar más
benévolamente que la tercera, pues
esas dos son simples casos de cesarismo
(de carácter caudillista y pragmático),
mientras que la tercera forma constituye
un verdadero caso de dictadura,
de carácter ideológico.
1a. forma) Existe la forma de gobierno militar
de intervención personal, que se
ve obligado a tomar el poder para solucionar
graves problemas y urgencias del país,
y luégo convocar a elecciones libres,
permitiendo que los civiles sigan llevando
el curso institucional de los destinos del
país.
2a. forma) Existe también la forma
de gobierno militar, por un periodo más
o menos largo, como resultado de contradicciones
políticas y/o socio-económicas
que han desbordado la capacidad de solución
de los partidos y del régimen ordinario
de la democracia formal.
3a. forma) Y existe también la forma
de gobierno militar de corte dictatorial
y a veces totalitarista. Busca perpetuarse
en el poder con todos los medios a su alcance;
la transformación que intenta hacer
de la sociedad la apoya en una base utópico-ideológica,
a veces de signo populista o justicialista,
a veces de signo fascista, a veces de signo
socialista. Esta tercera forma, la más
reprobable de todas, es por un lado la de
los regímenes de Seguridad Nacional
y por otro lado la de los regímenes
con elementos marxistas-populistas. Implica
una ideología política autocrática
y totalizante, que va contra todos los principios
y práctica de una auténtica
democracia.
Cuando en América Latina prácticamente
entre 1984 y 1990 se retornó en todos
los países a regímenes de
democracia representativa (Brasil, Uruguay,
Argentina, Paraguay, Chile, Guatemala, Panamá,
Nicaragua, Haití...) -sólo
queda como excepción el "dinosaurio"
de Cuba-, puede intentarse una valoración
más serena y objetiva del fenómeno
dictadura latinoamericana, ya sea
de derecha o de izquierda, de inspiración
nacionalista o de inspiración marxista
revolucionaria
[2].
a) Todas han tenido un carácter provisorio.
Ninguno de estos regímenes autoritarios
ha sido definitivo ni ha logrado perpetuarse.
Las circunstancias que aparentemente los
legitimaban cambiaron, las reformas intentadas
fueron asumidas con otro signo; las "revoluciones"
prometidas no pudieron llevarse a cabo.
El hecho es la precariedad y temporalidad
de estos regímenes dictatoriales.
b) Todas han invocado un respaldo aparentemente
mayoritario. Inicialmente emplearon
la coerción, a nombre del pueblo,
contra los politicastros, contra una democracia
enfermiza, contra una casta social o económica,
contra una minoría de privilegiados.
Pero ese supuesto apoyo popular se volvió
en contra, cuando pudo expresarse libremente.
Donde se permitieron elecciones libres,
los regímenes cayeron por voluntad
del pueblo soberano.
c) Todas han tenido un carácter pedagógico.
El proceso ha servido para que las masas
comparen varios regímenes, se desilusionen
de promesas políticas de diferente
color, rechacen vicios y secuelas perniciosas
de administraciones públicas anteriores,
y tomen conciencia de que los destinos patrios
están siempre en sus propias manos.
Balance de aspectos positivos y
negativos
Asumiendo en bloque el controvertido proceso
de pasadas dictaduras en América
Latina, hay que reconocer que son más
los resultados negativos que los positivos
que ellas han dejado.
1. Como positivo pudiera reconocerse
en algunos casos que ciertos regímenes
militares (entre ellos algunos de Seguridad
Nacional) fueron en su momento una fuerza
cohesionada e inicialmente eficaz contra
la subversión comunista y la creciente
miseria, en países que estaban siendo
erosionados por la anarquía social
y política y por el caos económico.
En el caso del régimen sandinista
fue positivo el derrocamiento de la dinastía
Somoza y la recuperación del poder
para el pueblo, las formas de asociación
y participación popular que lograron
inducirse, el éxito de algunas de
las reformas en el campo de la educación,
la salud, la cultura, y una cierta toma
de distancia del imperialismo internacional
yanqui.
2. Como negativo queda un pavoroso
saldo, tanto de las dictaduras militares
como de las dictaduras progresistas y de
las revolucionarias, que puede identificarse
en los siguientes items:
* El que hayan adoptado, en la mayoría
de los casos, un modelo de desarrollo
neocapitalista liberal, muy abierto a la
penetración del capital extranjero,
con ventajas de acumulación de capital
y grandes desventajas de injusticia social
e inadecuada distribución de los
beneficios entre las clases populares y
sectores marginados. En todos los casos
el manejo económico estatista fue
desastroso y arruinó la economía
ya endeble del país.
* El que hayan instaurado un régimen
de autocracia, pisoteando elementos
básicos de una democracia política
(sistema representativo, sufragio libre
y universal, debate público, pluralismo
de participación). Se critica su
concepción totalizante -similar bajo
algunos aspectos con la concepción
totalitarizante del fascismo y del comunismo-
buscando a toda costa acumular un poder
absoluto, despótico y absorbente
sobre la sociedad civil.
* El que hayan incurrido en el despropósito
ético de que "el fin justifica
los medios". Con tal de lograr unos
la seguridad y otros el desarrollo o ambos
-bajo el rótulo de "objetivos
nacionales" o "metas revolucionarias"-
estos regímenes justificaron cualquier
intervención estatal, aunque se atropellaran
derechos fundamentales de las personas y
de los grupos sociales.
* El que hayan divorciado la nación
del pueblo. Gobernaron supuestamente
para el pueblo, sin el pueblo. La élite
"funcional" o "revolucionaria"
(militares+ burócratas+ tecnócratas)
pensaron, decidieron y actuaron por el pueblo,
pero sin consultarlo. Se negó la
participación popular y el libre
juego de los grupos intermedios en el manejo
de la cosa pública. |