La
moneda
Desde hace 2.500 años, la moneda
circulante ha sido vehículo de
intercambio comercial entre personas,
grupos y regiones. La afición por
la numismática, que se inició
en el siglo XVII, coleccionando monedas
de las antiguas civilizaciones griega
y romana, es una forma culta de rastrear
la impronta histórica de los pueblos.
El moderno billete o borrador bancario
(bank draft) con valor de intercambio
real, se originó en el siglo XIII
entre los Lombardos del norte de Italia,
quienes eran activos comerciantes internacionales.
La moneda se ha venido constituyendo casi
en un signo patrio (como el escudo, la
bandera, el himno) al ser expresión
de la riqueza de una nación y prerrogativa
exclusiva del poder público que
la rige. La moneda es uno de los signos
de pertenencia a un Estado. LLeva en su
anverso símbolos nacionales que
afirman la identidad cultural del país.
La moneda simboliza, así, el vínculo
de la sociedad con el Estado soberano,
y por ello, sirve para pagar impuestos
o servicios, y se aplica con rigor la
ley cuando se la intenta falsificar.
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| El
euro de eurolandia
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El pasado 1º de enero entró en vigencia
el euro, la moneda o divisa común , adoptada
inicialmente por 11 países: Alemania, Austria,
Bélgica, España, Finlandia, Francia, Holanda,
Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal.
Es un paso más, decisivo e importante, hacia
la unión económica y monetaria europea (UEM).
Llega tras siglos de intentos de unificación,
desde Carlomagno hasta los fundadores del
Mercado Común Europeo y es el resultado
de 30 difíciles años de negociaciones. La
adopción de la nueva moneda común (aunque
haya que esperar hasta el 1º de enero del
2.002 para la entrada en circulación de
los billetes y monedas euros) es ya, para
muchos, el comienzo de una nueva era. Algo
que cambia no solamente el panorama financiero
del planeta, sino que podría alterar también
la situación política mundial, afianzando
un tercer bloque económico, político y aun
militar, frente al actual imperio del dólar
y del yen. Aunque a lo largo de la historia,
la unificación política siempre se ha dado
antes que la unidad monetaria, en este caso
del Euro el proceso se está dando a la inversa.
Las cifras son impresionantes. Eurolandia
cuenta con 292 millones de habitantes y
es suyo el 18.8% del valor total de las
exportaciones mundiales, superando el 14.1%
de Estados Unidos de Norteamérica
•
Aquel romántico liberal y gran escritor
de fines del siglo pasado, que fue Ernest
Renan, tiene páginas bellas sobre lo que
es la nación como comunidad, ligada no solamente
por lazos étnicos y territoriales, sino
especialmente por profundos vínculos culturales
emanados de un alma nacional que la inspira,
mueve e impulsa hacia adelante, día por
día, que es la voluntad de los ciudadanos.
Bien decía que “la Nación es un plebiscito
cotidiano”. Para él, “el alma de una Nación
está conformada por dos elementos: el compartir
un legado común de memorias del pasado y
un consenso presente de vivir juntos, compartiendo
la determinación de continuar viviendo la
herencia intacta recibida por todos”. Desde
este punto de vista, el lúcido escritor
de izquierda francés Regis Debray, ha emitido
recientes comentarios en los que advierte
críticamente que los símbolos adoptados
por el reciente euro no expresan bien el
alma que une a la nueva comunidad europea
(UEM). La contraposición con el dólar norteamericano
es elocuente. El billete verde cuenta una
historia magnificada, la de los fundadores
de la gran federación americana. El billete
de $ 1 recuerda a George Washington. El
de $ 2 a Thomas Jefferson. El de $ 5 a Abraham
Lincoln. El de $ 10 a Alexander Hamilton.
El de $ 20 a Andrew Jackson. El de $ 50
a Ulises Grant. Y el nuevo apetecible e
infalsificable billete de $ 100 proyecta
la figura de Benjamín Franklin sobre la
Galería famosa de la Independencia de Filadelfia.
Y en todos, la consigna de un país que aunque
pareciera que sólo cree en el dinero, confía
también en Dios (“In GOD We Trust”).
Por
el contrario, los próximos billetes euros
proyectan sólo frias imágenes técnicas de
computador, sin sustancia humana. Los euros
de 5 muestran una bahía antigua y un acueducto.
Los de 10 un portal romano y un puente de
piedra. Los de 200 una puerta de vidrio
y un acueducto. No tienen referentes a la
rica historia y a la tradición humanista
del alma europea. Dibujan pilares y columnas
que no se apoyan en nada. No hay nombres
propios (cuando Europa tiene tantos en todos
los campos!), ni retratos, ni frases escritas.
Tampoco hay paisajes célebres, ni fechas
ni lugares famosos. Mal se puede construir
una poderosa unidad sobre un simple supermercado,
aunque sea muy amplio. Si se quiere una
superpotencia futura hay que apoyarla más
explícitamente sobre un poder histórico,
cultural y político acumulado, sobre un
alma común inspiradora de gestas !
El
signo monetario venezolano
Nuestro
bolívar que hasta el Viernes negro de 1982,
de infeliz recordación, era símbolo contable
de una economía próspera y sólida, respetada
internacionalmente, está ahora reducido
a 134 veces en su valor real. El actual
billete de Bs. 10.000, nuestra máxima denominación,
visible y tangible, con la imagen del Libertador
y del teatro teresa Carreño, equivale hoy
apenas a Bs. 75 de hace 16 años. Se volvió
signo monetario de nuestro empobrecimiento
general. Pero sigue apuntando a dos grandes
referentes, el histórico y el cultural.
8
febrero 1999 |