Con
ocasión de las elecciones generales
en Italia del 13 de mayo del 2001, comentamos
en nuestra columna ("Poderoso Caballero
don Dinero"), la llamativa victoria
del multimillonario Berlusconi, liderando
una alianza de cinco fuerzas políticas
de derecha, llamada "La Casa de las
Libertades". "Forza Italia"
era la principal, fundada por II Cavaliere
en 1993, la "Alianza Nacional",
la "Liga Norte" y una pequeña
sub-coalición llamada "Biancofiori",
conformada por CCD (antes parte de la
DC) y por CDU (grupo cercano al Vaticano).
En
dichas elecciones, el electorado (con
apenas un 20% de abstención) votó
por una mejor y más competitiva
Italia, es decir, favoreció el
cambio pero no tumultuoso ni "revolucionario".
Silvio Berlusconi quedó controlando,
con su coalición de centro-derecha,
177 escaños del Senado (56%) y
368 diputados de la Cámara (58%).
En la historia ha sido frecuente el caso
de que el más rico en su región
o país es el que manda. En las
tribus primitivas el jefe es el que tiene
más cabras; en el antiguo Egipto
el más rico era el faraón,
en Roma el emperador; en el actual Marruecos
es el rey, en Brunei el sultán,
en Kuwait el emir, en Guinea el dictador.
Pero en las actuales democracias no es
frecuente el caso de que el gran "tycoon",
Berlusconi (con una fortuna calculada
en dol. $ 12.800 millones, que lo ubica
en el puesto 12 entre los más ricos
del mundo, según el magazín
Forbes) sea el que gobierne a Italia por
5 años. El temor inicial a que
tanto poder económico y mediático
acumulado en unas solas manos del gobernante
pudiera alterar su manejo del bien común
o aprovecharse para intereses personales
o de grupo, no ha cuajado hasta ahora
en eventuales escándalos. El empresario
privado con sus innegables logros y contagiosa
energía está mostrando que
tiene la capacidad de administrar también
lo público de un gran país.
Pero, en cambio, sí se han manifestado
las aristas fascistoides de los elementos
de extrema derecha con los que Berlusconi
ha tenido que gobernar.
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El
fascismo de ficción
El Fascismo estuvo simbolizado por un apretado
haz de flechas alrededor de un hacha contundente
-la de los lictores romanos-. Tuvo buen
asentamiento en Italia bajo el régimen
totalitario de Mussolini. Fueron 23 años
de un gobierno fuertemente autoritario (1922-1945),
inspirado en los principios de "orden,
obediencia, justicia". En los años
recientes de la actual democracia italiana,
no es raro encontrar que de dichas raíces
salen brotes de neofascismo y una yema de
cierta añoranza por acumular poder
físico del Estado, que a su vez sea
conducido con eficiencia por una fuerte
autoridad moral.
Valerio Evangelisti en su artículo
"La extrema derecha se viste de
ciencia-ficción" (Le Monde
Diplomatique, octobre 2001) subraya cómo
libros recientes italianos vienen reintroduciendo
de contrabando en la cultura del país
elementos ideológicos de extrema
derecha autoritaria. Nos podemos referir
a ellos con la expresión de "FANTAFASCISMO"
(libro de Gianfranco de Turris, Settimo
Sigillo, Roma 2000), que utilizamos para
el subtítulo de nuestra columna.
Ejemplos de tal literatura son: "El
vuelo del águila", "El
Retorno del Rey", "Occidente"
de Mario Farneti (Milano 2001). En "Las
Máscaras del poder" (Editrice
Nord, Milano 1999), Enrico Passaro, oficial
de aeronáutica y periodista del "Secolo",
evoca un nuevo milenarismo de paz cuando
se logre en Italia el equilibrio de 3 reinos
y 3 poderes: el del Ejército, el
de la Iglesia, el de los Empresarios. Algo
que nos recuerda la famosa "Élite
del poder" (militares+políticos+empresarios),
que Wright Milis aplica a los Estados Unidos
de Norteamérica. El malhadado intento
de echar por tierra este deseable equilibrio
conduce al borde de una catástrofe.
La misión de los héroes actuales
consistiría en conjurar este maleficio
y reinstalar el triple poder.
Coincidencialmente observamos aquí
que a la luz del éxito del reciente
filme "el señor de los anillos"
leímos una nota periodística
que afirmaba que Italia es uno de los pocos
países del mundo en el que el nombre
de J.R.R. Toikien (el autor australiano
de la famosa trilogía) fue monopolizado
por la derecha radical, hasta tal punto
que los campamentos de entrenamiento de
los jóvenes fascistas en los años
70 se denominaban "Campamento Hobbit",
por el joven ojiazul Frodo Bolsón,
quien como héroe un poco a pesar
suyo, encarna la mítica y aventurada
empresa de evitar que los monstruos arrebaten
el Anillo (el poder del Mal) para sus aviesas
intenciones. Su misión es destruir
el Anillo.
La tentación autoritaria
La administración Berlusconi no puede
catalogarse como "fascistoide".
"II Cavaliere" es un abierto neoliberal,
demócrata pluralista, convencido
personal de la utilidad para Italia de la
Unión Europea y de la Globalización.
Pero tiene que gobernar en "malas compañías",
las mismas que le dieron la victoria electoral:
la "Alianza Nacional del acomodaticio
Fini con sus tendencias fascistas y la "Liga
Norte" del incómodo ultranacionalista
Humberto Bossi, que rechaza el euro y una
legislación menos drástica
contra los inmigrantes. Esto podría
explicar las aristas autoritarias, xenófobas
y oscurantistas que denuncia Salvatore Palidda
en su artículo "Italia agarrada
por la tentación autoritaria"
(Le Monde Diplomatique, octobre
2001). "Amarga verificación:
la propaganda racista, la apología
del fascismo, el desprecio por las minorías,
la exaltación del pasado colonial,
el elogio de los modelos autoritarios, la
recuperación de un pasado retrógrado
e intolerante, el culto de la fuerza ya
no escandalizan. Por el contrario, se han
vuelto comida diaria. ¿Quién
puede asombrarse, en tal contexto, del comportamiento
de una fracción no pequeña
de fuerzas del orden en su misión
[de proteger despiadadamente a los líderes
de la globalización contra los manifestantes
en la reunión] de Genova?".
Conclusión
Ojalá podamos conciliar las "máscaras
del poder" en plena democracia, sin
que Sauron -que encarna el lado oscuro de
la existencia- impida que Frodo Bolsón
cumpla su misión.
18 febrero 2002 |