Un proceso de paz modelo
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Le reunión conjunta -el pasado 26 de marzo- de los dos líderes representativos: el del Partido Unionista Democrático (DUP), el pastor protestante de 81 años Ian Paisley, y el del Partido Sinn Fein, el católico de 56 años Gerry Adams, en uno de los salones del parlamento norirlandés, cierra exitosamente un complicado y sangriento conflicto que enfrentó por años a dos naciones hermanas, pertenecientes a la Comunidad Británica.

Una larga hostilidad histórica

La historia de Irlanda es una historia convulsionada, en la que se solapan dos enfrentamientos: el del nacionalismo irlandés frente al colonialismo inglés, y el de un ortodoxo Catolicismo frente a una poderosa rama del Protestantismo, la Anglicana. En Irlanda el conflicto entre protestantes y católicos data de 4 siglos. En 1603, las fuerzas inglesas devastan y se adueñan de la provincia nororiental de Ulster. Más tarde, en 1650, Oliver Cromwell acalla una rebelión imponiendo toda la autoridad inglesa sobre Irlanda

 

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Un pacto modelo pero laborioso

El Viernes Santo (abril 10) del año 1998 fue un día memorable para Irlanda, para Inglaterra y el mundo civilizado. Se firmó el Pacto de Stormont por los principales protagonistas de un conflicto que cobró en los últimos 30 años cerca de 3.700 vidas de ambos bandos dentro de una oblación de 1.7 millones. Lo atinado del pacto puede medirse por la complejidad de factores que había que manejar. Era como armar un cubo de Rubik. Había tres problemas superpuestos o solapados, a los que había que dar una solución tridimensional, sin asustar a las partes, haciendo justicia a cada una y exigiendo a cada una su cuota de concesiones. Un primer problema, subyacente y de larga data, es el de la convivencia de irlandeses y británicos en un territorio ocupado por ambos, y deseando ambos conservar sus propios vínculos, su identidad y su cultura. Un segundo problema, desde la separación de Westminster de la autoridad religiosa de Roma, es el de la convivencia pacífica de la comunidad protestante (anglicana) con la comunidad católica. Y un tercer problema - más político que cultural o religioso- es el de conciliar los intereses y apaciguar los temores de los unionistas (en su mayoría protestantes) que temen verse absorbidos contra su voluntad por una Irlanda unida (de mayoría católica), así como conciliar los intereses de los nacionalistas, que siendo minoría en el Ulster (6 condados del nordeste de Irlanda), tienen miedo de la integración con el resto del Reino Unido. Todas las partes obtuvieron algo y todas pagaron su precio, aunque a regañadientes Las elecciones legislativas para 108 escaños, del 7 de marzo, dieron como resultado 36 para el DUP y 28 para el Sinn Fein. En total 64, que conforma entre los dos una mayoría suficiente del 59% de la asamblea norirlandesa. Se prevé ahora que, el 8 de mayo próximo, se configure un gobierno de unión y compartido en las 10 carteras ministeriales para Irlanda del Norte, y un organismo conjunto entre Norte y Sur, y en consecuencia, unas relaciones que pueden llegar a ser fluidas entre una eventual Irlanda unida y Gran Bretaña. Se ha logrado, pues, el objetivo de la unificación de los pueblos, aunque no de los territorios.

Hoy se considera que fueron factores determinantes: el desarme de su ejército (IRA) que aceptó el Sinn Fein, su renuncia (en el 2.005) a la violencia armada como método de lucha política y la promesa, en enero de este año, de que cooperará con la Policía del Ulster aunque no le tiene mucha confianza.

Un final exitoso de paz

Por primera vez, el pasado 26, se encontraron de frente y juntos, pero sin darse las manos, el irreconciliable "Dr. NO" Paisley de 81 años, que en una larga carrera político-religiosa encarnó la tranca del juego y su oponente católico Adams. El protocolo tuvo que disponer la mesa del encuentro en forma de un diamante, duro y de punta tallada en la cabecera, de modo que a un lado Paisley y al otro Adams presidieran y quedaran juntos, pero oblicuos uno del otro. Son detalles de la diplomacia que acompañan a grandes hechos.

Moraleja

Estupenda lección de los irlandeses para países inmersos en conflictos armados de larga data, como Sri Lanka, Colombia, Líbano, Israel y Autonomía Palestina. "Es un triunfo de la política sobre la intolerancia, la amargura y el dolor" (Peter Hain, ministro británico para Irlanda del Norte).

02 mayo 2007