Lo
que parecía una empresa imposible,
con argumentos pesimistas de todo tipo,
logró cuajar en un acuerdo realmente
histórico, que puede servir de
modelo en otras latitudes, donde también
los odios siguen segando vidas, bienes,
futuro promisorio a punta de balas, de
explosivos, de atentados terroristas.
El
Pacto acordado en Stormont, el pasado
10 de abril, entre los representantes
de los católicos nacionalistas
del Ulster (Guerry Adams), de los protestantes
unionistas del Eire o República
de Irlanda (David Timbler), de las autoridades
gubernamentales de Gran Bretaña
(Tony Blair, primer ministro y Mo Mowlan,
ministra británica para Irlanda
del Norte ), con activa mediación
de personas como el democráta norteamericano
George Mitchell, hijo de padre irlandés,
pone fin a una larga historia de enfrentamientos
y a 30 años de odios y retalaciones
terroristas que dejaron 3.165 víctimas
de ambos bandos.
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Un
pacto modelo
Lo atinado del pacto puede medirse por la
complejidad de factores a los que había
que dar solución. Era como armar
un cubo de Rubik. Había tres problemas
superpuestos o solapados, a los que había
que dar una solución tridimensional,
sin asustar a las partes , haciendo justicia
a cada una y exigiendo a cada una su cuota
de concesiones. Un problema subyacente de
larga data es el de la convivencia de irlandeses
y británicos en un territorio ocupado
por ambos, y deseando ambos conservar sus
propios vínculos, su identidad y
su cultura. Un segundo problema, desde la
separación de Westminster de la autoridad
religiosa de Roma, es el de la convivencia
pacífica de la comunidad protestante
(anglicana) con la comunidad católica.
Y un tercer problema - más político
que cultural o religioso- es el de conciliar
los intereses y apaciguar los temores de
los unionistas (en su mayoría
protestantes) que temen verse absorbidos
contra su voluntad por una Irlanda unida
(de mayoría católica), y los
intereses de los nacionalistas,
que siendo minoría en el Ulster (6
condados del nordeste de Irlanda), tienen
miedo de la integración con el resto
del Reino Unido y rechazan el estatuto de
dominio directo ("direct rule")
que Londres le impuso a Belfast. La solución
de compromiso ha consistido en hallar un
paquete constitucional que responda equitativamente
al carácter británico de los
unionistas (en su mayoría protestantes)
y al carácter irlandés de
los nacionalistas (en su mayoría
católicos). Todas las partes obtuvieron
algo y todas pagaron algo. Se mantiene una
frontera segura (que da tranquilidad a los
unionistas), pero se la puede atravesar
pacíficamente (como lo han deseado
los nacionalistas). Se prevé cómo
se puede gobernar Irlanda del Norte, y un
organismo conjunto entre Norte y Sur, y
una relaciones que pueden llegar a ser fluidas
entre una eventual Irlanda unida y Gran
Bretaña.
1.
INSTITUCIONES DEMOCRATICAS. Una Asamblea
autónoma para Irlanda del Norte,
elegida democráticamente, ejercerá
los poderes legislativos y ejecutivo. El
nuevo Parlamento contará con 108
diputados, elegidos por un sistema proporcional.
Sus atribuciones serán las que tiene
actualmente el Ministerio para Irlanda del
Norte, designado por el Gobierno británico.
Las decisiones más trascendentales
deberán ser adoptadas por consenso
entre los representantes de las dos comunidades
del Ulster o por una mayoría del
60%. Al frente del poder ejecutivo atrbuído
a la Asamblea, habrá un primer ministro
(de una comunidad) y un viceprimer ministro
(de la otra comunidad).
2. ORGANO DE COOPERACION. El acuerdo crea
un Foro de cooperación, integrado
por los miembros más destacados de
los Ejecutivos de Dublin y de Belfast y
que dará cuenta de sus acuerdos (siempre
adoptados por consenso) a sus respectivos
Parlamento irlandés y norirlandés.
3. CONSEJO BRITANICO-IRLANDES. Con el objetivo
de promover el desarrollo armónico
de todas las islas, se crea este Consejo
con representantes de los parlamentos de
la República de Irlanda, del Reino
Unido y de las asambleas de Irlanda del
Norte, Escocia, Gales, la isla de Man y
las islas del Canal de la Mancha.
4. DESARME. Los firmantes se comprometieron
a impulsar un desarme completo de todos
los grupos paramilitares que operan en el
Ulster, que deberá estar cumplido
antes de dos años y supervisado por
una comisión independiente.
5. SEGURIDAD. El Gobierno británico
se compromete a replegar su fuerza militar
y desmantelar sus instalaciones militares
en el Ulster, a medida que la seguridad
ciudadana se vaya normalizando.
6. POLICIA Y JUSTICIA. Se prevé la
creación de una fuerza especial de
policía, sin armas y aceptable por
los nacionalistas republicanos.
7. LIBERACION DE PRESOS. Por parte de los
gobiernos de Londres y de Dublin, en un
plazo de dos años, saldrán
de las cárceles los convictos por
delitos relacionados con la violencia política,
cometidos o no en Irlanda del Norte.
8. DERECHOS HUMANOS. Todos se comprometen
al respeto de los derechos civiles y la
libertad religiosa, y a defender el derecho
a elegir libremente el lugar de residencia.
El Gobierno británico incorporará
a la legislación de Irlanda del Norte
la Convención Europea de los Derechos
Humanos, lo que permitirá a los ciudadanos
del Ulster acudir a los tribunales europeos.
(El texto original del acuerdo en inglés
puede consultarse en Internet: www.nio.gov.uk/agreement.htm
).
Como
complemento, nos parece interesante subrayar
que los Gobiernos británico e irlandés
se comprometieron a introducir reformas
constitucionales. Londres derogará
la legislación de 1.920 que declara
su soberanía sobre el Ulster. Y Dublin
(capital del Eire) suprimirá los
artículos de su Carta Magna, en los
que reivindica la anexión del Norte
de Irlanda. El objetivo será ahora
la unificación de los pueblos y no
de los territorios.
Una
declaración principista
En
una declaración de estilo sobrio
e inspiración elevada, en 6 párrafos,
los firmantes del acuerdo reconocen que
"las tragedias del pasado han dejado
un hondo y muy lamentable legado de sufrimiento";
tienen conciencia de que han negociado un
acuerdo "que ofrece una oportunidad
real e histórica para un nuevo comienzo”;
reafirman su "total y absoluto compromiso
con los medios exclusivamente democráticos
y pacíficos para resolver las diferencias
en materias políticas"; y esperan,
en espíritu de concordia, que este
acuerdo, presentado a los pueblos del Norte
y del Sur, sea por ellos refrendado en referendum
del próximo 22 de mayo.
27
abril 1998 |