A
pesar del incremento de las acciones terroristas
suicidas y la consigna de “guerra
total y salvaje”, impartida por
Al Zarqaui, jefe de la facción
satélite de Bin Laden en Irak -
en contubernio con los seguidores del
depuesto Sadam Hussein-, el pueblo iraquí
dio ayer a la faz del mundo el gran ejemplo
de ejercicio de soberanía y de
voluntad democrática. 14.5 millones
de ciudadanos no se dejaron intimidar
y 4.500 colegios electorales con sus correspondientes
centros de votación, atendidos
por funcionarios electorales, sobrevivieron
y funcionaron. En 14 de las 18 provincias,
las elecciones pudieron realizarse sin
mayores peripecias y en las otras cuatro
lo fueron parcialmente o quedaron aplazadas
por problemas mayores de seguridad. Por
primera vez, fueron elegidos, así,
entresacados de 111 listas previas de
los varios grupos políticos, 275
miembros del Parlamento que tendrá
funciones legislativas y también
constituyentes. Ellos designarán
el Presidente y el Vicepresidente del
gobierno de transición y redactarán
la Constitución definitiva. Han
quedado además elegidos los diputados
de las 18 Asambleas Provinciales. La jornada
electoral del 30 enero se constituye,
así, en un importante punto de
inflexión en la sangrienta tortura
a que ha sido sometido Irak.
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Un buen cauce de Constitución
El
ejercicio democrático de ayer fue
posible gracias a la Ley Administrativa
Transitoria, con características
de Constitución, que ayer se aplicó
y que había sido aprobada el 8 de
marzo de 2004. Sus bondades las subrayamos
entonces, en nuestra columna del 12 marzo.
Irak quedó consagrada –en su
sistema de gobierno- como una república
federal, democrática y plural (art.4);
pero se define el federalismo por la geografía,
la historia y la separación de poderes,
y no por las etnias o grupos religiosos.
Se reconoce al Gobierno Regional del Kurdistán
dentro de un Irak reunificado. Además
se abre el compás para que otro grupo
de provincias en el resto del país
puedan formar regiones y adquirir mayores
competencias. El kurdo es reconocido como
idioma cooficial junto al árabe.
El texto afirma la separación de
poderes, la necesidad de que las Fuerzas
Armadas se sometan al control de las autoridades
civiles de Irak y la prohibición
de milicias independientes. Asimismo sienta
las bases para una cooperación entre
el Ejército iraquí y las tropas
de la Coalición, negociando un acuerdo
de seguridad que hace referencia a la resolución
1.511 de la ONU. Como Carta de derechos
humanos ésta quedó siendo
la más avanzada del mundo árabe.
Consagra la igualdad de los iraquíes
ante la ley; las libertades de expresión,
de asociación y de credo; el derecho
a la educación y a la sanidad. Las
mujeres quedan en el mismo pie de igualdad
y libertad que los varones. La ley fija
como objetivo –reconociendo a la mujer
su papel en la sociedad- que "una cuarta
parte (25%) de los miembros de la Asamblea
Nacional sean mujeres".
Mayoría chiita
El
depuesto régimen de Sadam Hussein
se había apuntalado en los sunitas
y relegado a los shiitas, quienes estuvieron
marginados de las tareas de gobierno. Por
ello, éstos vieron en los actuales
comicios su gran oportunidad de sentirse
liberados y tenidos en cuenta en proporción
a su peso numérico (60% de la población).
Bajo el liderazgo del carismático
ayatolá Alí Sistani, con realismo
político (cuya excepción fue
el movimiento obstruccionista del joven
clérigo shiita Ben Sadir) ondearon
sus banderas (verdes, rojas y negras); buscaron
distanciarse del régimen iraní,
a la vez que convencieron a Estados Unidos
que no quieren repetir la experiencia de
un Estado islámico, clerical y poco
democrático como el de su vecino
e influyente Irán.
¿Todos
contentos?
•
Ante todo, Estados Unidos puede verse aliviado
con los resultados. Cuando George W. Bush,
el jueves de su posesión para el
segundo mandato, dijo que “la supervivencia
de la libertad de nuestra tierra cada vez
depende más del éxito de la
libertad en otras tierras”, sin duda
aludía a Irak. Y según un
sondeo Gallup posterior al discurso, el
60% de los estadounidenses cree que extender
la democracia en el mundo es “esencial”
para la seguridad de su país. Las
elecciones de ayer le permiten a EUA afianzar
su perspectiva de empezar a retirar sus
tropas a fines de año, obtenidos
los dos principales objetivos: la estabilidad
política del país y la formación
del Ejército iraquí, quizás
con una mayor injerencia de las Naciones
Unidas.
• Satisfacción debe quedar
en el primer ministro Iyad Alaui y en los
25 miembros de la Asamblea Nacional provisional
que condujeron el proceso a feliz término.
• Felices los kurdos que lograron
uno de sus grandes anhelos.
• A pesar del recelo y desconfianza
con que las monarquías árabes
de los países petroleros (todas sunitas)
ven el triunfo de los shiitas en Irak, el
shiismo triunfante ha sido enfático
en asegurar que no propiciarán un
modelo islámico clerical, teocrático
y bastante fundamentalista (con la bizarra
institución del Guía Supremo,
el Velayat Faquih, que controla los poderes
públicos y toda la vida no sólo
religiosa sino civil del país), como
ocurre en el vecino Irán. Aceptaron
la sugerencia de Estados Unidos de incluir
sunitas en sus listas electorales y prometen
dar presencia suni en el nuevo gobierno.
Además de que habrá este año
para los sunitas otras dos oportunidades
electorales: en octubre un referendum constitucional
y a finales del año elección
del nuevo definitivo gobierno. Pero todo
ello requiere un proceso paralelo de reconciliación
y de diálogo.
• Para muchos observadores internos
e internacionales se pudiera cuestionar
la legitimidad de unas elecciones efectuadas
en condición de país ocupado
por fuerzas extranjeras y bajo la presión
extrema de explosivos y carros bomba. Sin
embargo hay varios ejemplos históricos
en los que el proceso democrático
ha funcionado exitosamente, bajo la garantía
y protección de una potencia extranjera
que no se entremete en la política
interna partidista. El caso de Japón
es quizás uno de los más célebres
y perdurables. Es el mismo pueblo el que
debe determinar si acepta como legítimos
los resultados de los comicios.
Las elecciones, en medio del fragor
de la subversión armada y terrorista,
no aseguran el establecimiento de la democracia
en Irak. Pero sí son unas primeras
zancadas importantes en la dirección
correcta. El pueblo iraquí comienza
a avanzar en el proceso de reconstrucción
y de establecimiento de un nuevo Estado
más estable y democrático,
en el corazón de los países
petroleros.
31 enero 2005 |