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INTRODUCCIÓN
La
nación coreana, actualmente
de 70 millones, que ocupa toda
la península de su mismo
nombre, poseía hace 50
años la más alta
homogeneidad entre los pueblos
de la tierra. Misma lengua, religión,
etnia, cultura, tradiciones, luchas
por liberar su península
de conquistadores de turno.
A
partir de 1948, quedó dividida
en dos Estados disímiles
y duramente enfrentados, separados
por el famoso paralelo 38. La
hermana del Norte, a la que le
ha tocado vivir medio siglo bajo
un sistema comunista, rígido
y totalitario, de partido único
(bajo la férula del dictador
Kim Il Sung desde 1953 hasta 1994
cuando muere y luégo la
de su hijo el actual Kim Jong
Il) no ha resultado favorecida.
El contraste es enorme en comparación
con su hermana del Sur, en sistema
democrático y con buen
nivel de vida.
Algo
parecido a lo que ocurrió
por 41 años con la suerte
de Alemania popular o comunista
(al oriente) y Alemania federal
democrática (al occidente)
hasta su reunificación
en 1989. El sistema de partido
único -inicialmente con
mucha mística, disciplina
y movilización- prometíe
un paraíso igualitario.
Pero mientras construye un aparato
bélico impresionante (exagerado
ejército, misiles de largo
alcance, armas nucleares, carrera
espacial), descuida la alimentación
y vivienda de su gente, la producción
industrial de bienes de consumo,
las facilidades y estímulos
para su población también
muy trabajadora y empresarial.
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