El
mundo entero se ha conmovido y enfurecido
frente al fusilamiento, decretado por
el régimen talibán de Afganistán,
de dos gigantescas estatuas de Buda, en
Baniyán, a 125 kms. de Kabul la
capital. Las estatuas se encontraban en
grandes nichos en las montañas
(a la manera de las célebres grutas
chinas de Mogao), talladas en piedra arenisca,
y formaban parte de un complejo de capillas
y santuarios budistas excavados en las
rocas, en los siglos III y IV de nuestra
era.
Los
hechos
El
comunicado, hace una semana, de un funcionario
talibán, recogido por la Afghan
Islamic Press y citada por France Press,
es sencillamente escalofriante: “Se
están usando todas las armas para
destruir esas dos inmensas estatuas de
Buda. Las dos formaban parte de la imaginería
preislámica, cuya desaparición
ha sido ordenada por el mulah Mohamed
Omar, jefe supremo de los talibán”.
Ya se habían destruido varias docenas
de dolos de madera y piedra ( “que
insultaban al Islam”) en Herat,
Ghazni y Nangarhar; y la misma suerte
habían corrido antiguas piezas
de Museo en Kabul. En las dos estatuas
de Baniyán (la una de 53 mtrs.
y la otra de 35 mtrs. de altura) se daba
una extraña fusión de iconografía
india con influencias persa y griega.
Los rasgos eran budistas clásicos,
pero el atuendo era helénico. Lamentablemente
estas invaluables obras de arte no habían
sido declaradas por la UNESCO patrimonio
de la humanidad.
|
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
|
Algo
de historia y geografia
•
Afganistán ha sido históricamente
un lugar de paso permanente (la ruta de
seda) entre Asia central, la India, Extremo
Oriente y Próximo Oriente. Tiene
importantes yacimientos que arrancan desde
el paleolítico y tesoros arqueológicos
desde la edad de bronce. La región
entró a la órbita del Imperio
persa aquemenida tras la conquista de Ciro
II (seis siglos antes de Cristo), conformando
una de las provincias (satrapías).
Después recibió el influjo
griego con la conquista por Alejandro Magno,
que fundó ciudades como la de Ay–Khanom
(Dama Luna) al norte, que fue excavada en
1977 por una misión francesa.
• Los últimos 20 años
de Afganistán han sido una historia
de guerras y caos. A fines de 1994 comienzan
a infiltrarse desde los campos de refugiados
de Pakistán los talibanes, estudiantes
de las escuelas islámicas (madrassas),
quienes se adueñan del poder en 1996.
Desde entonces vienen intentando imponer
por la fuerza un nuevo orden social. La
región se ha polarizado entre Pakistán
y Arabia Saudita por un lado, y por el otro
la llamada Alianza del Norte, conformada
por Irán, Rusia, India y cuatro de
las Repúblicas de Asia central. Afganistán
había sido siempre un país
musulmán profundamente conservador,
pero tolerante con los hindúes, los
sikhs, los judíos. Hasta cuando llegaron
los talibanes y con su intolerancia armada,
el Islam dejó de ser un factor de
unidad.
Los
autores
Los
talibanes son estudiantes de las escuelas
islámicas, dirigidos por mullahs
casi analfabetas. Tuvieron un gran desarrollo
en Pakistán, tras la división
de la India (1947) y allí conformaron
un partido político que ha tenido
un cierto influjo en la década pasada:
el Jamiat–Ulema–e–Islami
(JUI). En Afganistán, dueños
desde 1996 de un 90% del país, han
dado muestras de no tener una concepción
de Estado–nación, de ignorar
la historia de su país y de manejar
un conocimiento del Islam sumario, casi
primitivo. Desde el comienzo la emprendieron
contra las mujeres, después contra
el grupo étnico hazara, contra las
fotografías y pinturas de la gente,
contra las muñecas de las niñas
(que están prohibidas por ley); y
ahora tras la violencia contra las personas,
aplican violencia contra las estatuas. Han
ofrecido el país como santuario a
los movimientos de oposición islámicos
de Asia central; han dado asilo desde 1996
a Oussama Ben Laden (a juicio de Estados
Unidos el mayor y más rico terrorista
del mundo); se financian con el contrabando
de bienes y exportan una gigantesca producción
de opio (heroína), que alcanzó
las 41.000 toneladas métricas en
1999. Hay fundamento para que la opinión
pública mundial de estos días
– a raíz del crimen cultural
perpetrado con el fusilamiento de las estatuas
de Buda– los tilde de oscurantistas,
vándalos, extremistas fanáticos
y fundamentalistas.
Fundamentalismo
y política
Fundamentalismo
es el término que suele usarse para
describir la afirmación de doctrinas
religiosas basadas en una interpretación
literal del Libro Sagrado. Las religiones
del Libro son el Judaísmo, el Cristianismo
y el Islam. El término se acuñó
en 1920 para designar a quienes “combaten
regiamente por las Cosas Fundamentales”.
Y las Cosas Fundamentales (The Fundamentals)
fue una colección en 12 volúmenes
de ensayos escritos entre 1910 y 1915 por
académicos y predicadores protestantes
de Inglaterra y Norteamérica. En
1919 se fundó la Asociación
Mundial de Cristianos Fundamentales. Cuando
el movimiento creció en Estados Unidos,
entre las denominaciones y sectas protestantes
vino la división que todavía
existe entre liberalismo y fundamentalismo.
En el mundo del Islam se aplica el término
a miembros de grupos militantes islámicos
como el Talibán, que aplican una
interpretación literal, extremista
y fanática a textos del Corán.
Un
estudio serio de Mahoma nos lleva a la conclusión
que fue más bien un hombre liberal
para su época. No fue ciertamente
un feminista, pero permitió que sus
mujeres fueran deshinibidas, francas, vibrantes.
Khadija fue una próspera comerciante.
A’isha, la preferida, fue en diferentes
épocas juez, activista política,
guerrera. Y entre las otras once esposas
o concubinas hubo una marroquinera, una
“imam”, una abogada de marginados
que fue reverenciada como la “Madre
de los pobres”. Se preocupó
por la educación de las muchachas
y estableció el derecho de la mujer
a tener y heredar su propiedad. A Jesús
lo apreció en su gigantesca estatura,
de María habló siempre bien.
Hay que reconocer que en el Islam ha predominado
una cierta corriente que, en nombre de la
fe, alienta tanto una agenda política
como una agenda social. Se hace menos distinción
entre la mesquita y el Estado, entre la
teología y la política. Pero
no se puede tildar de fundamentalistas a
todos los creyentes de Alá. Como
afirma Mary J. Deeb, experta en el Islam
de la American University de Washington:
“La mayoría de los musulmanes
son secularistas en el sentido de que ellos
ven que la política y sus creencias
pueden ser separadas”. Un grupo fanático
y fundamentalista como el Talibán
no es el Islam, sino una parte mínima
de la cara oscura del Islam. No olvidemos
que el Cristianismo tampoco está
libre de ciertos grupos fanáticos
fundamentalistas. Y nuestro mismo bolivarianismo
no está del todo vacunado contra
eventuales sectarismos y fundamentalismos
político–sociales. ¡
Dios y Bolívar nos libren de ellos
!
12 marzo 2001 |