Afganistán,
con sus prominentes y áridas montañas,
fue desde muy antiguo paso obligado de
las caravanas de seda como lo es hoy del
opio y de un gran contrabando de bienes
consumibles. Con sus 32 millones de habitantes
está encajonado entre cuatro gigantes:
la antigua Unión Soviética,
China, India e Irán. Objeto de
apetencia para las potencias de turno
y los poderes regionales, solamente logró
ser sometido a la fuerza por los mongoles,
bajo la férula legendaria de Gengis
Khan (siglo XIII). Afganistán es
una inaccesible tierra que por tres siglos
ha sido yunque desgastador de imperios
y fuerzas ocupantes. En ella encallaron
impotentes el Imperio Británico
en el siglo XIX y la Unión Soviética
el siglo pasado (años 1979–1989).
Hoy en día es escenario de un conflicto
armado agravado y atizado por las oscuras
fuerzas de Al Qaeda y los talibanes, que
personifican el lado negro del Islam.
En la coyuntura actual, Obama el nuevo
presidente de Estados Unidos ha focalizando
su atención en Afganistán
e instó a la OTAN a asumir allí
una tarea de largo aliento.
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Los
talibanes fusileros
En marzo del 2001, el mundo entero se conmovió
y enfureció frente al fusilamiento,
decretado por el régimen talibán
de Afganistán, de dos gigantescas
estatuas de Buda, en Baniyán, a 125
kms. de Kabul la capital. Las estatuas se
encontraban en grandes nichos en las montañas,
talladas en piedra arenisca, y formaban
parte de un complejo de capillas y santuarios
budistas excavados en las rocas, en los
siglos III y IV de nuestra era, antes del
Islam.
Los talibanes fueron estudiantes de las
escuelas islámicas, dirigidos por
mullahs casi analfabetas. Tuvieron su desarrollo
en Pakistán, tras la división
de la India (1947) y allí conformaron
un partido político. Se adueñaron
de un 90% de Afganistán en 1996.
Y dieron muestras de no tener una concepción
de Estado–nación, de ignorar
la historia de su país y de manejar
un conocimiento del Islam sumario, casi
primitivo. Con razón se los ha tildado
de oscurantistas, vándalos, extremistas
fanáticos y fundamentalistas.
En el 2001, Estados Unidos con ayuda de
una coalición internacional derribó
en tres meses el régimen talibán
e instaló en el poder al presidente
Hamid Karsai. Pero esa victoria fue engañosa.
El expresidente Bush por atender militarmente
la guerra en Irak, desatendió Afganistán,
y los talibanes resurgieron. El país
no se ha podido estabilizar y el conflicto
armado ha sido permanente por la presencia
de Al Qaeda y los talibanes en la complicada
frontera con Pakistán, donde tienen
refugio.
Contendores
en segunda vuelta
* Hamid Karzai actual presidente:
en los años 80 fue militante contra
los soviéticos, en los años
90 simpatizó con los talibanes a
quienes luego rechazó. Tras la caída
del régimen radical (2001) regresó
del exilio en Pakistán, con buenos
lazos con EUA y la CIA. Ganó las
elecciones de 2004; su período terminó
este mayo; se presentó para ser reelegido
en las elecciones del pasado agosto. Pero
aunque ganador, fue tal el cúmulo
de acusaciones de fraude y corrupción,
que tuvo que aceptar ir a segunda vuelta
el próximo 11 de noviembre.
*Abdullah Abdullah líder
de la oposición: fue ministro de
Relaciones exteriores de Karzai entre 2001
y 2006. Tiene 49 años, es médico.
Es partidario de aumentar las tropas extranjeras,
pero sostiene que la seguridad no depende
de ello sino de eliminar la corrupción.
No acepta formar un gobierno de unidad nacional
con Karsai.
Obama
se implica
El nuevo presidente Obama, tan parco y mesurado
en asuntos bélicos de otras regiones,
y con el pesado rótulo de Nobel de
Paz, ha manifestado que se implicará
a fondo en un escenario crítico y
crucial para las democracias occcidentales
como es el de Afganistán-Pakistán.
Para Obama, un objetivo estratégico
de EUA sigue siendo la derrota de Al Qaeda
y los talibanes. Y en eso no difiere de
su antecesor. Pero quiere pragmatismo y
resultados concretos. Obama -menos unidimensional
que Bush- cree sin embargo que la solución
no es exclusivamente militar (aunque está
enviando nuevos 14.000 soldados profesionales
con la mira puesta en que entrenen y capaciten
las FF.AA. afganas para que ellas controlen
el país). Enfatiza la necesidad de
otorgar mayor papel a la reconstrucción
civil, supuesto un gobierno afgano más
honesto y eficiente que el actual. Promete
más ayuda económica. Busca
algún tipo de reconciliación
de la población. Y sugiere la colaboración
indispensable de los vecinos Irán
e India. No puede caer -para salir del atolladero-
en el grave error de cálculo de su
predecesor el presidente Lindon B. Johnson
que sacrificó sus buenos programass
domésticos por atender una guerra
prolongada por 16 años (1959-1975),
enviando más y más tropas,
que resultó costosísima en
recursos y vidas. Y después fue todo
un gigantesco fiasco.
Conclusión
Como ha escrito Thomas Friedman del
New York Times, si Obama logra encontrar
la fórmula para un equilibrio preciso
de las tropas que necesita para estabilizar
Afganistán sin meter a su país
en un nuevo Vietnam, merecería otro
Premio Nobel, el de Física.
03 noviembre 2009 |